Ver y resistir en la Sierra Nevada

Imagen por Sebastián Gómez Ruiz

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de agosto-septiembre de 2018

Una tela blanca amarrada a dos palos hace las veces de pantalla bajo un árbol frondoso. Frente a ella, y rodeados de casas tradicionales, está el grupo de espectadores sentado en sillas de plástico. Niños y jóvenes son mayoría. La audiencia mira fijamente a la pantalla. Se proyecta El valle de los arhuacos de 1964, dirigida por Vidal Antonio Rozo. La voz en off declara: “Esta película ha sido filmada en su totalidad en la agrupación de los indígenas arhuacos. Los personajes que en ella intervienen son indígenas puros que incluso desconocen la finalidad de una cámara cinematográfica. No son actores. Se les ha venido a sorprender en su auténtico y elemental  estilo de vida. […] Las cámaras cinematográficas penetran por vez primera en este mundo primitivo para dar fe de toda una civilización, cuyas raíces se pierden en los siglos remotos”. La voz acompaña las imágenes en tonos sepia de la comunidad arhuaca de hace algunas décadas; sus descendientes miran ahora con curiosidad esa particular forma en la que hablan de su pueblo.

La escena fue grabada en Katanzama, un asentamiento indígena en la Sierra Nevada de Santa Marta y hace parte del corto documental Wàsi (“Ver” en lengua arhuaca), codirigido por el antropólogo Sebastián Gómez Ruiz y el realizador arhuaco Amado Villafaña. El documental ha hecho parte de la selección oficial del Festival de Cine Verde de Barichara 2017, el Festival de Cine y Video de los Pueblos Indígenas — FICWALLMPU 2017 en Chile, donde obtuvo una distinción por el aporte a la identidad indígena, así como en la Semana pela Sobernia visual— Bombozila 2017 en Rio de Janeiro, Brasil y en el Ethnocineca- International Documentary Film Festival Vienna 2018 en Austria. Gómez Ruiz, que quería explorar la visión indígena en las producciones audiovisuales y conocer la interpretación que tienen de estas representaciones, se encontró en medio de un intercambio de imágenes y películas con un pueblo potente que usa elementos visuales como una manera de resistir.

Los pueblos originarios de la Sierra Nevada han luchado de muchas formas frente a las amenazas que los rodean, el uso de lo audiovisual es quizá la más reciente de ellas. Lo que no es nuevo en esta lucha es el objetivo: defender el territorio. Estas comunidades consideran fundamental preservar la armonía entre los humanos y la naturaleza, por esa razón no solo denuncian la intervención y destrucción que hace el hombre, sino que insisten en la responsabilidad compartida entre indígenas y no indígenas para reparar el daño.

Trabajo con imágenes con la comunidad de Katanzama en la Sierra Nevada de Santa Marta.

  • El cine y lo documental como forma de resistencia

Amado Villafaña carga su cámara como si fuera un poporo más. El poporo, aquel artefacto tan indispensable en la indumentaria de los hombres arhuacos, ahora viaja casi al mismo nivel que la Canon con que él captura fotos y videos.

En 2002, con el recrudecimiento de la violencia tras el inicio del primer gobierno de Álvaro Uribe, la Sierra Nevada quedó atrapada en un conflicto de varios actores armados. Amado fue amenazado y tuvo que abandonar la Sierra. Con el consejo de los mamos, la cámara se convirtió en el vehículo para mostrar lo que estaba pasando con su pueblo. Inicialmente de manera empírica y luego con ayuda de amigos fotógrafos y cursos sobre lenguaje audiovisual, se conformó en 2005 el Colectivo de Comunicación Zhigoneshi (CCZ). Bajo el lema “tú me ayudas, yo te ayudo” (lo que traduce esta palabra), el grupo se formó con realizadores audiovisuales de los pueblos Kogui, Arhuaco y Wiwa.

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“La minería categoriza entre legales e ilegales, pero eso es como si te fueran a sacar los ojos y te dijeran que te los van a sacar legalmente”.

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Con el CCZ, el colectivo Yosokwi y otras formas de organización de los realizadores indígenas, los pueblos de la Sierra han mostrado al mundo sus preocupaciones por las acciones de la sociedad no indígena que sin conciencia ataca a la naturaleza. “A la sociedad no indígena le decimos Hermanitos Menores – explica Amado-. El hermanito menor es como el árbol de navidad: cambia de colores a cada ratico. Así son las amenazas que le llegan al territorio y a la cultura. Siempre vienen vestidos de políticos o de religiosos, vienen como instituciones, como fuerzas armadas institucionalizadas, pero de todas maneras casi siempre el interés es en la tierra, en el territorio, es la explotación”, dice, con toda la vehemencia que su pueblo ha necesitado para defender la “Línea Negra”, el límite ancestral de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta: koguis, arhuacos, wiwas y kankuamos, en los departamentos de Cesar, Magdalena y Guajira.

Para los indígenas de la Sierra la lucha por la vida no se puede separar como lo hace el hermanito menor. Amado, transmitiendo el mensaje reiterado de los líderes indígenas, insiste en que “la lucha no es solamente por los derechos humanos y el bienestar de las personas, como ustedes dicen. Para nosotros los indígenas el derecho humano está en la naturaleza porque si la naturaleza está bien, nosotros estamos bien”.

  • El poder de la cámara

Tener las cámaras en sus manos no solo les ha permitido a los realizadores indígenas denunciar las amenazas sobre el territorio, sino contar su realidad desde una visión propia. Por muchos años el mundo indígena fue sido exotizado y representado solo en los términos del “hombre blanco”, como en aquel documental visto por la comunidad de Katanzama donde el narrador parece describir un día de safari. Por el contrario, para Sebastián Gómez, el cine hecho por indígenas “parte de temas propios, de unas preguntas y reivindicaciones políticas frente a lo que es la auto representación, la soberanía visual y la propiedad colectiva”.

Amado, con una voz llena de lucidez, explica el acercamiento a las cámara más como una necesidad y una estrategia: “Yo siempre he dicho que el pueblo arhuaco lleva muchos años de lucha y la hemos dado por medio del diálogo. Nos ha tocado primero aprender a hablar el español, después escribirlo, después comunicar a través de la imagen y del sonido. La sociedad no indígena ahora escucha por los ojos, entonces toca llevarle el mensaje por los ojos. Para un público que no es indígena, el mensaje es más fuerte cuando llega a través de imágenes”, concluye.

En Colombia los pueblos indígenas, no solo en la Sierra Nevada, se enfrentan constantemente a intervenciones públicas y privadas que atentan contra sus formas de vida y de paso contra la naturaleza que afecta a toda la sociedad. Le pregunto a Amado cuál es la amenaza actual más grande de la Sierra, luego de que proyectos como la desviación del Río Ranchería o la creación de Puerto Brisa afectaran la tierra dentro de la línea negra. Me responde que la lucha actual en la Sierra está en evitar que la minería cruce la Línea Negra: “La minería categoriza entre legales e ilegales, pero eso es como si te fueran a sacar los ojos y te dijeran que te los van a sacar legamente. Es una amenaza muy grande porque el blanco no ha entendido que la tierra es como un cuerpo humano, que todos sus órganos deben estar donde están para que el cuerpo permanezca sano. Lo que vemos que es muy grave, es ese afán de valorar tanto la plata que al final no importa la vida, no importa el agua, no importa la gente”.

* Wàsi fue posible gracias a la complicidad del pueblo de Kutunzama, el Mamo Camilo Izquierdo, Francesca Rauchi y Jesús Huertas

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