Una introducción a la nueva y peligrosa tendencia de YouTube: Viagra Dosing

Imagen por Jultud

A lo largo del año pasado una tendencia inquietante ha encontrado hogar en el hoyo de basura cultural conocido como YouTube. “Bromas” en las que hombres aparentemente añaden sustancias desconocidas en las bebidas de mujeres desprevenidas y luego filman el caos que se produce cuando intentan seducirlas, han generado millones de visitas en la popular plataforma.

Bajo la categoría de entretenimiento, estas “Viagra pranks” suceden en supuestas citas a ciegas, o incluso cuando las estrellas de YouTube se aprovechan de sus crédulas novias. En un video, después de que un hombre llamado Derek pusiera “algunas de las drogas más fuertes” que pudo encontrar en la bebida de su novia, ella reacciona horrorizada al descubrir su “broma” y arremete contra él.

“¿Por qué haces eso, Derek?” Pregunta ella. “No es divertido. Me siento muy rara en este momento. No es chistoso. No puedes poner algo así en mi bebida. No me parece natural en absoluto. Derek, no puedes grabar a alguien así. Esto es vergonzoso”.

Pero más que vergonzoso es peligroso. YouTube se ha convertido en un cómplice de la normalización del comportamiento depredador que destruye miles de vidas cada año. De hecho, según la Red Nacional de Violación, Abuso e Incesto de Estados Unidos, cada 98 segundos ocurre una agresión sexual en ese país; una de cada cinco mujeres en los campus universitarios informa que ha sido víctima de esto. Y aunque una investigación de Polygon llevó a YouTube a reafirmar sus “políticas claras que prohíben el contenido dañino o peligroso”, estos populares videos de “Viagra femenina” (algunos de los cuales cuentan con hasta 3,6 millones de visitas) todavía están disponibles en la plataforma. También hace notar el hecho poco observado de que adicionar sustancias en la bebida de alguien más, es mucho más común de lo que se podría pensar.

En Psychology of Violence, una revista publicada por la American Psychological Association, un equipo liderado por Suzanne C. Swan, profesora de la Universidad de Carolina del Sur, examinó datos de encuestas en las que participaron más de 6,000 estudiantes de tres universidades. Su investigación determinó que 462 estudiantes (7.8 por ciento) informaron un total de 539 incidentes en los que habían sido drogados, mientras que 83 estudiantes (1.4 por ciento) confesaron haber drogado a alguien o conocer a alguien que lo había hecho.

“Estos datos indican que drogar a alguien es más que una simple leyenda urbana”, dijo Swan. Pero mientras que los hombres representaban un alarmante 21 por ciento de las víctimas, las mujeres no solo tenían más probabilidades de denunciar una agresión sexual, sino que eran mucho más propensas a ser víctimas de este tipo de prácticas. “Incluso si el motivo detrás de esto es simplemente ‘por diversión’ sin la intención de aprovecharse o abusar de la persona drogada, lo que se está haciendo es colocar una droga en el cuerpo de otra persona sin su consentimiento, lo que es una conducta coercitiva y controladora”.

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Mientras que activistas como Tarana Burke trabajan incansablemente para prestar asistencia a los sobrevivientes de violencia sexual y ayudarlos a descubrir vías para sanar, YouTube está incluyendo un acto criminal en su modelo de negocio.

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Alcohol.org realizó una investigación similar, y de las 900 personas que encuestaron, al 50 por ciento de las mujeres, algún extraño les había echado alguna droga en su comida o bebida, mientras que el 32 por ciento de los hombres habían sido blanco de un agresor desconocido. También es de destacar que el 52 por ciento de los hombres y un 62 por ciento de las mujeres se negaron a denunciar ante las autoridades. Esto se debe, presumiblemente, a que se sienten avergonzados, tienen miedo de las consecuencias, sienten arrepentimiento y angustia, o a una falta de fe en el sistema de justicia penal. “Me tomó semanas decirle a alguien lo que pasó”, le dijo una mujer a Verily. “Meses para contarle a mi familia. Y pasó un año antes de que finalmente buscara asesoramiento para lidiar con la depresión en la que había caído”.

Pero para aquellos lo suficientemente valientes para hablar al respecto, el trauma relacionado con la agresión presenta su propio conjunto de desafíos. Los efectos neurológicos de una experiencia traumática pueden impedir el funcionamiento cerebral ejecutivo y la capacidad de recordar sucesos. Esto explica por qué el comportamiento de una víctima puede ser distante o confuso para los fiscales, los médicos o la policía. “Es posible que las víctimas no puedan recordar inmediatamente todos los detalles del trauma con precisión, y su comportamiento puede ser confuso porque demuestran poca emoción”, dice la Dra. Rebecca Campbell, profesora de psicología de la Universidad del Estado de Michigan.

La normalización de la violencia sexual a través de estos videos aumenta el peligro para las mujeres y contribuye activamente a la cultura de la violación. Si bien la llegada de la era #MeToo ha permitido que las discusiones sobre los ataques sexuales evolucionen de un tabú a un discurso establecido que hace mucho tiempo hacía falta, el lenguaje de género y la estructura patriarcal del abuso sexual demuestran que todavía hay mucho trabajo por hacer.

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“Hablamos de cuántas mujeres fueron violadas el año pasado, no de cuántos hombres violaron a esas mujeres. Se hace evidente cómo el uso de la voz pasiva tiene un efecto político”.

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En una charla viral de TED de 2013, Violence Against Women—It's A Men's Issue, el educador Jackson Katz señala que la pasividad se utiliza a menudo para absolver a los hombres de toda culpabilidad. “Hablamos de cuántas mujeres fueron violadas el año pasado, no de cuántos hombres violaron a esas mujeres”, dice. “Se hace evidente cómo el uso de la voz pasiva tiene un efecto político. Hace que la atención y la culpa se centre en la mujeres en vez de en los muchachos y en los hombres. Incluso el término ‘violencia contra las mujeres’ es problemático. [...] Es algo malo que les sucede a las mujeres, pero por como lo expresa el término, parece ser que no hay nadie responsable por esos actos de violencia”.

Por esto es que este nuevo papel de YouTube en la cultura de la violación es tan molesto. Mientras que activistas como Tarana Burke trabajan incansablemente para prestar asistencia a los sobrevivientes de violencia sexual y ayudarlos a descubrir vías para sanar, YouTube está incluyendo un acto criminal en su modelo de negocio. Bill Cosby se está enfrentando a una pena de entre tres a diez años de prisión por tener el mismo comportamiento que YouTube ha elegido monetizar en lugar de amonestar. Es un acto tan grave que incluso sus propios usuarios han llamado la atención al respecto.

“No sé por qué a la gente le gustan esos videos. No son graciosos, son raros. Y contribuyen a que la gente piense que ese tipo de cosas están bien”, le dijo el YouTuber Kurtis Conner a sus suscriptores. “Poner un cojín whoope (un cojín de broma que imita el sonido de un pedo) en el sofá, es una cosa. ¿Pero pulverizar drogas y ponerlas en una bebida? Eso es algo criminal y trivializa el acto de drogar a una mujer”.

¿Puede ser que esas bromas sean actuadas? Por supuesto. Pero sin un aviso legal que diga eso, el mensaje subyacente pone en peligro a una cantidad innumerable de mujeres. Y en una sociedad en la que se reportaron 320,000 incidentes de violación y agresión sexual en 2016, la negativa de YouTube a eliminar este contenido de su plataforma resulta indefendible.

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