¡Un viajero Libre por Naturaleza!

Viajar nos abre la mente, nos conecta con nosotros mismos, con el planeta y con quienes lo habitan. Nos enseña a no juzgar, a entender que hay miles de formas de vivir y ver la vida. Un viaje por fuera de nuestra zona de confort hace que nos desapeguemos de las cosas materiales, que nos volvamos libres. Libres por naturaleza
Imagen por Christian Byfield

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de diciembre de 2017 

¿Qué quiero coleccionar en mi vida? ¿Qué es una vida exitosa? Si me hubieran hecho esas dos preguntas cuatro años atrás, mis respuestas serían totalmente diferente a las que doy hoy en día. Me llamo Christian Byfield, un ingeniero industrial colombiano que trabajaba como consultor con una corbata bien puesta cuatro años atrás. En mi nueva vida algunos me llaman escritor, viajero, instagramer o fotógrafo, descripciones con las que me siento más identificado y sonrío al oírlas.

Mi pasión: viajar conociendo este mundo, su naturaleza y su gente. La limitación principal: el tiempo. No soy de los que conocen cinco países en 15 días. Necesito tiempo, ahí es donde la idea de que el dinero lo es todo empieza a quebrarse. Para mí la libertad lo es todo, poder conectarme con una cascada, tener tiempo para leerme un libro sin afán en una playa, poder descubrir cada país con el tiempo necesario sin pensar en los preciados 15 días hábiles al año.

Como dicen por ahí, “cada cual es el autor de su propia vida”, así que tocaba actuar. En mis viajes me crucé con personas que marcaron mi vida y mi corazón, e hicieron que empezara a pensar en hacer una vuelta al mundo. ¿Qué mejor plan que ese? Conocer sitios y gente de todo tipo de contextos, religiones y razas.

En un viaje de trabajo extendí mi tiquete después de una reunión en Neiva y me fui directo a San Agustín, sitio al que le debo haber tomado esta sabía decisión. Conocí a Mark Bardi, un californiano con un perfil parecido al mío, haciendo su vuelta a Sudamérica, y me quedé charlando con él durante horas. Empecé a pensar en parar este “modelo” de vida que mucha gente ve como correcto y exitoso. Hice cuentas y tenía los ahorros, dinero que serviría para comprar un carro, para la cuota inicial de un apartamento o hacer un MBA. Me incliné por continuar mis estudios en la Universidad de la Vida e iniciar un recorrido alrededor mundo. Monetariamente no tiene mucho sentido dejar de ganar sueldo y empezar a gastar. Para mí es más importante ser libre, vivir lo que estoy viviendo frente a lo que dejé de ganar y ahorrar.

Después de muchos miedos procesados y una meditación con mi almohada que duró un año y medio, compré un tiquete para la vuelta al mundo. Me dediqué a viajar durante 754 días con mi mochila de 14 kg y toda la actitud posible. Viajaba solo, pero la realidad es que uno no está nunca solo. Si uno está abierto a conocer personas las conoce en cada esquina, encuentra locales y otros viajeros también con ganas de conocer e intercambiar historias con otros seres humanos.

Las responsabilidades de mi viaje eran conocer gente, ser feliz, escribir y tomar fotos de lo que estaba viviendo. Gracias a esto descubrí gente muy especial y lentamente el viaje se fue convirtiendo en mi trabajo. Ahora dedico mi tiempo completo a viajar por este lindo mundo haciendo lo que realmente me hace vibrar. Llevo cuatro años dedicado a mis viajes y he recorrido 64 países.

Al preguntarme sobre lo que es una vida exitosa, hoy en día estoy seguro de que se trata de hacer lo que a uno le apasiona en su día a día. ¿Qué quiero coleccionar? Solo se me viene una opción a la cabeza: sonrisas, muchas sonrisas ya que todos los seres humanos sonreímos en el mismo idioma.

Estos son algunos lugares con los que me he conectado enormemente.

Providencia, Colombia

Un mar colorido

Una pequeña isla donde solo aterrizan aviones pequeños y la felicidad despega gracias a un mar mágico de varios de colores. Desde la ventana del avión empieza el proceso de enamoramiento con este lugar del Caribe. Sus corales le ponen un color único al mar cristalino que la rodea. Un mar lleno de vida que deja a los buzos encantados gracias a varios tiburones que nadan al lado de uno y tortugas que se ponen nerviosas con nuestra presencia. Los domingos en la tarde hay sesión de voleibol (con apuestas) y música en la playa de Manzanillo. Los locales, sonrientes, bailan descalzos sobre la playa con el sonido del mar de fondo. No se puede olvidar ver el amanecer desde el punto más alto de la isla e irse en un kayak a Cayo Cangrejo.

Maasai Mara, Kenya

De safari en África

Amanece en la sabana africana, el sol empieza a colorear las nubes a su antojo. Los masái (los locales de esta zona) caminan con sus mantas de colores protegiéndose del frío de la madrugada. Porque aquí hace frío, a pesar de lo que mucha gente piensa. Esta es la mejor forma de empezar un safari en uno de los parques más emblemáticos de África: el Maasai Mara. Miles de hectáreas cargadas de vida esperan para que uno las recorra en búsqueda de leones, elefantes, jirafas, hienas y demás personajes de El rey león (‘Simba’ significa león en swahili, la lengua local). Para ver el amanecer volando con mucha paz, se puede hacer un safari en globo que le da una perspectiva muy linda de este ecosistema. Las cebras lo miran a uno, el sol empieza a salir y hace aparecer las sombras de los animales y los árboles.

Ensenada de Utría, Colombia

Donde las ballenas nacen

Si las ballenas escogieron un sitio para dar a luz a sus ballenatos, este tiene que ser espectacular. ¡Así es! La ensenada de Utría, en el Chocó colombiano, queda ubicada en una de las zonas más húmedas y biodiversas del mundo. Una zona donde no hay carreteras debido a su densa jungla cargada de historias de indígenas, negros, tambores y naturaleza. Las ballenas llegan nadando desde el polo sur a comienzos de junio y se quedan en esta zona hasta octubre, año tras año. Canto tras canto. Al bucear uno oye y siente las vibraciones de su cantar. Al estar en un bote, las oye respirar, las ve saltar. Es un momento muy especial que es imposible de olvidar. Ranas rojas venenosas, tucanes y loros hacen parte de los habitantes de la zona. Una zona del mundo con una energía muy especial.

Salar de Uyuni, Bolivia

No todos los desiertos son de arena

Un espejo gigante, un desierto de sal ubicado en los Andes a 3650 msnm donde todo es blanco, todo. Esto se presta para tomar fotos con una perspectiva diferente. Para llegar es necesario viajar en camionetas 4x4 con guías expertos de la región. Para vivir una experiencia completa es mejor quedarse en un hotel hecho completamente de sal (paredes, pisos y demás elementos). Es una maravilla natural que se logra ver desde el espacio y al llegar uno se traslada a otro planeta. Al amanecer todo se pone rojo, las nubes, la sal y los flamencos que acostumbran a volar por estos cielos. Toda la región tiene maravillas naturales para ofrecer, cactus, llamas, lagunas verdes, nevados y geiseres que traen mensajes directos del centro de la Tierra. Hace frío y sol, es recomendable llevar un buen abrigo y gafas de sol.

Parque Nacional Yosemite, Estados Unidos

Naturaleza pura en EE. UU.

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En esta zona los que rascan los cielos son los pinos. Si uno los visita en invierno, están cargados de nieve. No se oye ningún sonido, de vez en cuando la nieve cae, ese es el canto del bosque. Este parque nacional ubicado en California ofrece un escape perfecto de las ciudades. Hay docenas de diferentes caminatas para hacer sin necesidad de guía, y permiten conocer este paraíso natural. Osos, patos, ríos, lagos y cascadas, hacen parte del paisaje. Queda a cuatro horas de San Francisco y se puede acampar o quedarse en hoteles muy cómodos dentro del parque. Lo importante acá es conectarse con el entorno y por las noches esconder muy bien la comida para no tener visitas inesperadas de los osos.

Las cascadas de Dunn, Jamaica

La energía de una cascada

Una isla con una calidad de gente espectacular que el mundo entero tiene en mente. Las cascadas… hay algo en estos sitios que me enamora; tienen una energía muy poderosa. Primero se oyen, después se ven, finalmente, se sienten. Estas cascadas, muy cerca de Ocho Ríos, son únicas en esta isla caribeña. Rodeadas de pura selva, su agua va viajando de piedra en piedra hasta llegar al mar. Se recomienda llegar muy temprano para evitar los buses de los tours masivos y poder tener tiempo de calidad con la cascada. Después de una sesión de agua, es necesario terminar el día con una cerveza Red Stripe, oyendo a Bob Marley (se oye en todas partes) y esperando al atardecer.

El oeste australiano

Un viaje de 8 mil kilómetros con una carpa

Un recorrido de ocho semanas entre Perth y Darwin por zonas vírgenes de Australia. No hay señal de celular, no hay Internet. Uno se desconecta para conectarse. Este fue mi hogar durante el recorrido. Viajando con personas que conocí por una página de viajeros, una estufa y víveres que no requieren nevera para vivir entre pueblo y pueblo. En este viaje uno descubre lo virgen y extensa que es esta isla gigante. Un país con un área similar a la de Estados Unidos, pero con el 10% de sus habitantes. El recorrido tiene varios parques nacionales, tiburones ballena, manta rayas y miles de canguros. Por las noches no es aconsejable manejar (ni el seguro cubre los accidentes) ya que a muchos canguros les gusta jugar en las carreteras.

Parque Nacional Karijini, Australia

Una escultura natural

Millones de años de agua y viento llevan esculpiendo mi escultura natural favorita. Un parque sagrado para los aborígenes australianos (los locales antes de que llegaran los ingleses). Esta zona da para quedarse varios días caminando y disfrutando de sus ríos y lagos fríos. Las cacatúas blancas resaltan con el rojo de las piedras, ellas proporcionan el canto de la experiencia. Los atardeceres tienen un toque morado que no he visto en ninguna otra parte del mundo. Por la noche se cocina en una fogata bajo un cielo estrellado, y quien no vea cinco estrellas fugaces no está autorizado a irse a dormir. Después un par días recorriéndolo y viviéndolo ya entiendo por qué este lugar es sagrado. Si yo tuviera el poder para volver algo sagrado, también lo declararía así.

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