Un forajido americano

Un incidente sobre fotos supuestamente indecentes transformó a Hugh Hefner en un defensor incansable de la libertad de expresión

Imagen por cortesía Archivos PLAYBOY

Era la tarde un 4 de junio de 1963 y Hugh Hefner dormía en su mansión de Chicago. Se había quedado despierto hasta altas horas de la madrugada trabajando en la entrega de agosto de su extensa Filosofía Playboy y necesitaba desesperadamente dormir. Pero no sería posible: la ama de llaves de Hefner lo despertó con la noticia de que cuatro miembros de la brigada contra los vicios del Departamento de Policía de Chicago estaban en la puerta con una orden de arresto. Hefner los tuvo esperando por más de una hora hasta que sus dos abogados llegaron. Finalmente, el editor en jefe de PLAYBOY salió con un suéter rosado, una camiseta deportiva blanca y pantalones oscuros. Pidió que le permitieran cambiarse de ropa y ponerse un traje. Accedieron a su petición, luego lo arrestaron y lo llevaron al edificio de la policía. ¿Los cargos? Publicar obscenidades. ¿El material en cuestión? El pictorial a todo color de la edición de PLAYBOY de junio de 1963 “The Nudest Jayne Mansfield”, y el vistazo tras bambalinas de la última película de la actriz.

Así como la difamación y los insultos, la obscenidad era entonces (y todavía es) clasificada como expresión no protegida, esto significa que no está cobijada por la Primera Enmienda. La definición de obscenidad había sido presentada en 1957 en el caso de Roth versus Estados Unidos: Una “persona promedio”, según la corte suprema, podría reconocerla cuando “el tema dominante del material apelara al interés lascivo”.

En otras palabras, la obscenidad era muy subjetiva y Hefner reconoció de inmediato lo que estaba en juego. “La libertad de expresión y de la prensa son preciadas y están garantizadas por nuestra constitución”, escribió más tarde en la edición de octubre de 1963 en la Filosofía Playboy, en la que se refirió a su arresto. “Sin ellas, todas las demás libertades se desvanecerían y nuestra democracia desaparecería”.

Foto de Hugh Hefner del archivo de la policía de Chicago

Hef fue liberado en menos de una hora tras pagar la fianza. Pero él y otros no dejaron de abrir interrogantes sobre los motivos expuestos por la ciudad de Chicago. Como el columnista del Chicago Sun-Times Irv Kupcinet cuestionó, “La pregunta obvia es: ¿Por qué ahora? PLAYBOY ha estado publicando desnudos por años”. Mansfield ya era entonces una favorita de PLAYBOY. Había aparecido por primera vez en la revista como la Playmate de febrero de 1955 y luego todos los años, menos uno en 1960, en febrero.

El fiscal de Chicago, John Melaniphy, le dijo a la prensa que el cargo por obscenidad estaba basado en una combinación de factores: la revista había impreso fotos de un hombre en traje de negocios junto a Mansfield desnuda, acostada en la cama, con frases que la describían retorciéndose de placer. Tomado en conjunto, afirmó Melaniphy, el contenido era tan sugerente como para ser considerado obsceno.

Pero tras el intento de censura Hefner veía otras intenciones que no tenían nada que ver con la desnudez. En diciembre de 1962 el comediante Lenny Bruce se había presentado en un club de Chicago y lo habían arrestado a mitad de su acto por obscenidad; la ciudad lo llevó a juicio en febrero de 1963. Hefner defendió al controversial comediante y su material en dos ediciones seguidas de la Filosofía Playboy. Él vio un tema de causa y efecto directos. “Critiqué a las autoridades de Chicago por el arresto de Lenny”, escribió más tarde en la nota Hugh Hefner’s Playboy. “En respuesta, las autoridades de Chicago vinieron a arrestarme. La excusa que usaron fueron las fotos de Jayne Mansfield”.

Los procedimientos legales se pusieron en marcha en el caso contra Hefner. En una audiencia el 25 de julio, la fiscalía argumentó que la revista PLAYBOY de junio de 1963 era pura “obscenidad porque sí”. El abogado de Hefner intentó, en vano, hacer que desestimaran el caso y se fijó la fecha del juicio para el otoño.

En noviembre 19 se eligió un jurado conformado por 11 mujeres y un hombre. El juicio comenzó el día siguiente. Reporteros de periódicos, estaciones de radio y programas de televisión abarrotaron los juzgados municipales de Chicago. Hefner asistió acompañado por una Playmate. Un publicista de PLAYBOY entregó copias de la Filosofía Playboy.

El juicio fue feroz, pero sin mayores incidentes. La ciudad argumentó que las fotos de Mansfield incitaban el apetito sexual. Para apoyar su caso la fiscalía llevó a cuatro expertos, incluyendo un profesor de psicología de la Universidad de Loyola quien testificó que las fotografías de la actriz desnuda apelaban “al interés lascivo del lector promedio”. Bajo el examen cruzado, el profesor se negó a reconocer que su opinión era personal en vez de profesional, pero sí admitió que los juicios morales caen fuera del ámbito de la psicología.

Naturalmente la defensa reunió su propio equipo de expertos en psicología en el estrado, quienes declararon por su parte que el material no era obsceno. El abogado de Hef incluso apeló al patriotismo del juez al hacer referencia al texto de Benjamin Franklin Letters to Young Men on Choosing a Mistress (Cartas a los hombres jóvenes sobre elegir amante) y llamando a Franklin un “playboy de 1776”. Hefner fue llamado a testificar; declaró que únicamente un cinco por ciento de su revista estaba dedicada a mujeres desnudas o semidesnudas. También argumentó que cada lector de manera individual debía ser capaz de decidir lo que encontraban aceptable moral y éticamente.

El 6 de diciembre ambas partes descansaron y la decisión pasó a manos del jurado. Tomó solo 8 horas de deliberación para que se dieran cuenta de que estaban estancados; luego revelaron a la prensa que habían llegado a un punto muerto con el voto siete a cinco a favor de la absolución. El 7 de diciembre el juez declaró nulo el juicio y liberó a Hefner de los cargos.

Tras su juicio Hefner parecía más decidido que nunca a liberar a la sociedad de las restricciones del conservatismo. El enredo legal no lo había intimidado, de hecho, aparentemente lo hizo más desafiante: En febrero de 1964 PLAYBOY publicó una sesión de fotos que parecía ser una afilada respuesta a los críticos de las fotos de Mansfield. Tomadas en el set de una película, las imágenes de nuevo incluían un hombre vestido sentado junto a una actriz desnuda en una cama. Y el juicio, en última instancia, había resultado ser bueno para la revista; la publicidad masiva del caso llevó a lo que Hefner denominó “una virtual venta total” de la edición de junio de 1963, cerca de 2.1 millones de copias fueron vendidas.

El pictorial de 1968 The Nudest Jane Mansfield metió a Hefner en problemas con las autoridades de Chicago, cuyos fiscales argumentaron que las fotos y descripciones eran demasiado sugestivas para imprimirse. Esta es una de las fotos citadas en la corte, y la portada de la edición de junio con una mirada al pictorial.  

El intento de Chicago de restringir el creciente imperio de Hefner parecía haber impulsado su evolución como defensor de la libertad de expresión. “Debemos estar constantemente alerta”, escribió Hefner en la Filosofía Playboy de octubre de 1963, “para asegurarnos de que la etiqueta ‘obsceno’ no sea usada para censurar otras áreas de la libertad de expresión y de la prensa que son nuestra herencia más preciada, pero a la que algunos miembros de nuestra sociedad, por cualquiera que sea la razón, parecen objetar”.

Hefner no se limitó a hablar. En 1964 formó la fundación Hugh M. Hefner cuya principal meta es defender los derechos de la Primera Enmienda, y adicionalmente impulsar las libertades civiles. Con los años la fundación ha dado premios a más de 100 individuos—desde abogados y bibliotecarios, a estudiantes de secundaria y periodistas— para reconocer su trabajo luchando contra la censura y garantizando las protecciones de la Primera Enmienda.

En 2010 Hefner reflexionó sobre los orígenes de sus convicciones. “Vi la hipocresía en la noción de que la obscenidad podía de alguna manera estar conectada al sexo, en vez de a la guerra o al fanatismo”, le dijo a Vanity Fair. “Creo que el sexo, cuando se entiende de la manera apropiada, puede representar lo mejor de lo que somos”.

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