Un colombiano brilla en un mar egipcio

Miguel Ángel Rodríguez marcó la historia deportiva del squash colombiano y consiguió lo que ningún latinoamericano había logrado

Imagen por BO 2018 photos, presentado por ROWE

“Describir la victoria de Miguel Ángel Rodríguez como la más sorprendente en las nueve décadas del torneo más viejo de squash [el British Open] se queda corto. Nadie lo pudo haber predicho”, escribió el periodista Richard Eaton en la revista Squash Player. El colombiano de 32 años logró la victoria más importante de la historia del squash colombiano derrotando a Mohamed El Shorbagy, el No. 1 del mundo, en 101 minutos repletos de intensidad. Miguel nunca se había acercado a algo así. Lo máximo que había logrado era llegar a semifinales de un Gran Slam, pero de alguna manera él sabía que lo iba a lograr. “Esa semana yo presentía que iba a pasar algo muy especial. Recibía muchos mensajes y me daba nostalgia leerlos, porque sentía que ya todo había pasado… como si ya hubiera ganado”, recuerda con una sonrisa tímida.

Pero todo pudo haber sido diferente, porque el destino, la vida, Dios o como quiera que lo llame cada uno, tenía planes para Miguel. El 7 de febrero de 2003 la familia Rodríguez Forero estuvo a cinco minutos de ser sepultada por la bomba del Club El Nogal en Bogotá. Como era costumbre, pasaban las noches dentro del club trabajando en su tienda deportiva y jugando squash, pero ese viernes la sincronía de las coincidencias confluyeron para su protección. Miguel y su hermana salieron temprano de las canchas y ambos querían irse. Constanza, su madre, no entendía el afán, pero complació a sus hijos y cerró la tienda temprano. Eran las 8:10 p.m. cuando, mientras cruzaban la puerta del parqueadero, se escuchó un estallido ensordecedor. Las calles se silenciaron y los gritos perturbaron ese sosiego. Habían explotado 200 kilos de C-4 en un atentado de las Farc que registró 36 muertos y más de 200 heridos. Constanza lo relata con tristeza, nostalgia y sorpresa, por la suerte que tuvieron, y se alivia cuando recuerda a sus hijos y sus logros.

Desde entonces, Miguel ha navegado contracorriente en un mar turbulento. Los recursos y el apoyo en Colombia para jugar squash son mínimos y prácticamente todo el esfuerzo económico corrió por cuenta de sus padres. Viajaba a Asia, Europa y Estados Unidos para competir. Ganaba, perdía, aprendía y comenzaba de nuevo, sin desfallecer su sueño de ser profesional. “Si uno sabe para dónde ir, se pueden lograr las cosas. Los demás desistían por los resultados o por lo económico”, comenta.

La egipcia Noul El Sherbini (izquierda) y el colombiano Miguel Ángel Rodríguez (derecha), los dos campeones del British Open 2018.

Ángel Mecías Rodríguez, su padre y maestro, fue el pionero del deporte en Colombia y campeón nacional por 11 años, pero el único que ha tenido reconocimiento internacional ha sido Miguel. “Yo creo que mi papá está viendo en mí los sueños que no pudo cumplir y, de alguna manera, es retribuirle el trabajo que hizo”, dice. Desde su familia partieron las bases del deporte, acompañadas por la pasión, la disciplina y el desprendimiento de una vida adolescente que no era de su gusto. “Salir cada ocho días me parece tenaz... Una noche de esas daña una semana de entrenamiento, entonces siempre fui muy familiar y saludable”. De a poco fue ganando nombre, principalmente por su estilo de juego atrevido y distinto. Miguel es de esos jugadores que hacen la diferencia por su entrega y locuras en la cancha, al punto de levantar al público y ser aplaudido por lanzarse a una bola baja o inventarse un disparo con la ayuda de las paredes.

Después de consagrarse como el No. 4 del mundo hace un par de años, la última temporada no transcurría como Miguel esperaba. Su meta era llegar a una final, pero en los seis Grand Slam del año que jugó no lo había logrado y la última oportunidad era el British Open, el campeonato más aclamado del deporte y considerado el Wimbledon del squash. El camino no fue fácil. Ganó la primera ronda frente a Ramy Ashour (No. 8 del mundo), en octavos a Omar Mossad (No. 17), en cuartos a Ali Farag (No. 2 y a quien nunca le había ganado) y en semifinales a Simon Rosner (No. 5). Después de descartar a varios favoritos se enfrentaría con El Shorbagy en finales, el No. 1 del planeta y a quien en 11 encuentros consecutivos no le había podido ganar. Siempre había sido su piedra en el zapato.

“Era difícil estar tranquilo durante la semana. Tenía ansiedad y nervios, pero nunca me desmotivé y yo sabía que podía ganarle”, recuerda Miguel. “Varios niños de Egipto me escribían que querían que yo ganara”. El Shorbagy tiene un estilo de juego muy físico y le reclama mucho al árbitro, por eso era vital tener una estrategia para enfrentarlo. El colombiano jugó como nunca lo había hecho, más ofensivo, positivo y decidido. Se notaba su seguridad, tanto en sus lanzamientos contra la madera por alcanzar una bola imposible como en los momentos clave para atacar. Después de un raquetazo bajo de Miguel, El Shorbagy se estiró pero no le alcanzó y el marcador 3-2 (11-7; 6-11; 8-11; 11-2 y 11-9) lo decretó campeón. El colombiano alzó los brazos, tiró su raqueta y gritó por los cielos. Logró una hazaña épica, que pocos creían que era posible. “Estaba consciente de que la gente no iba a poner las manos en el fuego por mí, pero yo sabía que lo iba a lograr”. Rendido, a gota fría, el egipcio se acercó y lo abrazó, mientras Miguel estaba al borde de las lágrimas.

Se convirtió en el primer latinoamericano en lograrlo, y su noticia se propagó por el mundo, como una de las victorias más sorpresivas de los últimos tiempos. Quién se iba a imaginar que el colombiano, que ni siquiera era cabeza de serie, se abriría paso para alcanzar la máxima gloria de la carrera de cualquier jugador de squash. Los 28 títulos en sus vitrinas demuestran su grandeza, su experiencia y la importancia para el país. Tal y como Sofía Gómez, Caterine Ibargüen o el mismo Juan Pablo Montoya, Miguel le ha abierto las puertas a los aspirantes colombianos en un deporte poco practicado y conocido en el país. Los esfuerzos de la World Squash Federation por que se convierta en un deporte olímpico están a punto de dar frutos y no duden que ‘La Bala de Cañón’, como apodan a Miguel, estará ahí para representarnos.

Miguel demostró su categoría, disciplina y ambición, y se coronó como el mejor jugador latinoamericano de la historia del squash.

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