¿Tu vibrador es racista?

Imagen por Sarah Maxwell

Recientemente tras una noche por los bares de West Hollywood, algunos amigos y yo terminamos entrando en una popular sex shop de Santa Monica Boulevard. Tras recorrer pasillos de “kin kits”, lubricantes comestibles y “octo-pleasers”, encontré la extensa colección de consoladores de la tienda, y como era de esperar, noté que muchos eran negros, y del tamaño de proyectiles de artillería.

Grandes penes negros. Un hallazgo inevitable en cualquier tienda para adultos y una de las categorías más buscadas en Pornhub (con más de 20.000 resultados). El estereotipo alrededor de las partes íntimas del cuerpo de un hombre negro es una tan inmutable en el imaginario colectivo que nunca lo había cuestionado hasta que crecí y fui testigo de cómo afectaba la percepción de ellos respecto a su masculinidad.

“Siempre pensé en esto como una experiencia extraña. Es todo un tema ver una versión barata de tu pene caracterizado como un juguete”, dice Tabias Olajuawon-Wilson, activista escolar que se identifica como no binario y fundador del blog BlaQueerFlow. “[Se evidencia en cómo] los hombres negros son tratados en las aplicaciones para buscar pareja tanto gay como hetero, en las que lo primero que te piden es una foto de tu pene o te preguntan si tienes un BBC (Big Black Cock)”.

Estas expectativas promueven las inseguridades cuando un hombre siente que su pene no está a la altura de las representaciones que acostumbramos ver en la pornografía. “Tomas esa noción que supone que los penes de los hombres negros son más grandes que los de cualquier otra especie en la tierra, luego lo representas así en la pornografía con hombres que están más bien lejos del promedio y obtienes una imagen muy distorsionada del rango en cuanto al tamaño”, dice el Dr Herbert Samuels, profesor de sexualidad humana de LaGuardia Community College en Nueva York.

Cuando veo estas partes de nosotros, recuerdo las pocas cosas que se valoran acá de los hombres negros: nuestros penes, nuestro estilo y nuestra música.

“Estos mitos afectan principalmente lo que los hombres negros piensan de sí mismos. Si eres negro, tienes un pene promedio y no te acuestas con 10 mujeres, 15 veces al día comienzas a pensar ‘¿cuál es mi problema?’ Tratas de vivir de acuerdo a un estereotipo de virilidad que para comenzar no es real.”

Olajuawon-Wilson está de acuerdo en que el racismo sexual que se puede apreciar en las sex shop y en la pornografía puede generar crisis de identidad. “Muchos de nosotros internalizamos lo que nos enseñan que significa ser una persona negra sexualmente activa, esto tiene innumerables efectos en nuestros comportamientos e inseguridades sexuales. Sentimos la necesidad de sobrecompensar ante la ansiedad de no rendir, para demostrar que somos auténticamente negros. Esto elimina la posibilidad de un imaginario de amor o intimidad”.

Además, aunque se trate de un juguete, la imagen de un pene negro en una sex shop trae consigo un pasado espeluznante. El desmembramiento de hombres negros a través de penectomías (cortar el pene) fue un modo de tortura durante la esclavitud y la época de las leyes de Jim Crow ,unas leyes estatales y locales que propugnaban la segregación racial. En 1934, en el caso de Claude Neal, un granjero de Florida acusado de matar a una mujer blanca, una multitud dispuesta a tomar la justicia en sus manos lo secuestró de la cárcel donde estaba recluido y lo castró antes de apuñalarlo, dispararle y luego colgarlo. A Sam Hose de Georgia le quitaron los genitales como recuerdo antes de quemarlo vivo en 1899.

“Separar un pene negro del cuerpo es una forma particular de violencia que se vio en principio durante la esclavitud. Antes las fotografías del pene negro después de un linchamiento o penectomía se enviaban por correo como si fueran tarjetas postales y regalos.”, dice Olajuawon-Wilson. “Centrar toda la sexualidad de la gente negra en el pene sostiene la idea de que no se trata de personas sino de objetos”.

La supuesta virilidad de los hombres negros los convirtió en una amenaza para la hombría de los blancos. Los linchamientos eran motivados por acusaciones de ser depredadores sexuales o, en el caso de Emmett Till, por silbarle a una mujer blanca.

“Desde El nacimiento de una nación de D.W. Griffith se habla de que tienes que ser cuidadoso porque son depredadores sexuales y violan a las mujeres blancas. Ha sido un argumento históricamente usado para mantener a los hombres negros en su lugar”, dice el doctor Samuels.

La idea de que un hombre negro es más masculino que otro hombre todavía hace que los maten. El “black buck”, un insulto racista que surgió en Estados Unidos tras el periodo de reconstrucción, se usó para describir a los afroamericanos irremediablemente salvajes. Podría verse a este término como el precursor del “thug” hoy. Una vez que se comienza hablar de que un grupo es desenfrenado o tiene un comportamiento salvaje, los actos de violencia contra ese grupo se normalizan y se vuelven mucho más sencillos de cometer. En las incontables instancias de brutalidad contra hombres negros por parte de la policía, el relato siempre termina en cómo el oficial sintió que “su vida corría peligro”. La justificación, a diferencia de los hombres negros, parece ser a prueba de balas. El miedo y la obsesión que la sociedad en general tiene con el pene de los negros es parte integral de la deshumanización de ellos.

Si eres negro, tienes un pene promedio y no te acuestas con 10 mujeres, 15 veces al día, comienzas a pensar ‘¿cuál es mi problema?’ Tratas de vivir de acuerdo a un estereotipo de virilidad que para comenzar no es real.

“Cuando veo estas partes de nosotros, recuerdo las pocas cosas que se valoran acá de los hombres negros: nuestros penes, nuestro estilo y nuestra música”, dice Olajuawon-Wilson. La fascinación por los penes negros acapara toda la conversación sin dejar lugar a discusiones más significativas en lo referente a la sexualidad negra y la salud sexual, además de hacer que la intimidad para ellos sea altamente heteronormativa marginalizando a menudo otras experiencias sexuales como lo son los queer y los no binarios.

Feelmore, una sex shop de Oakland, California de dueños negros, es un ejemplo raro de una verdadera representación de la sexualidad negra. Al entrar y recorrer la tienda se pueden encontrar con varitas de masaje de cuarzo, libros NSFW para colorear, hidro bombas con forma de pene y ediciones vintage de Playboy. Nenna Joiner, la dueña del local opina que, ya que “los estereotipos en la industria hacen parte del curso de las cosas”, lo que se debe hacer es luchar día a día por la inclusión con la esperanza de llevar mayor diversidad sexual y racial a esa industria.

“Buscamos en todas partes cosas que sean interesantes, cosas de distintos países, para que nuestros productos no tengan una línea homogénea y la boutique no se vea como cualquier otra. Muchas personas no están dispuestas a hacer ese trabajo”.

Joiner también quiere hacer de Feelmore más que un espacio de venta, un espacio de comunidad y para activistas. Con el eslogan “we really don’t give a fuck”, la tienda es el espacio para eventos de la comunidad que van desde talleres sobre lubricación hasta charlas sobre política local.

“Están sucediendo muchas cosas acá que reflejan nuestra comunidad. Queremos crear algo que no solamente se refiera a la industria del sexo, sino a las personas”, le cuenta Joiner a Playboy. “Pienso en este como un espacio de colisiones. Puede que te encuentres a un político acá, a un activista de Black Lives Matter o a un cura”.

Para citar a Hugh Hefner, Joiner dice ser una persona cuyo objetivo en la vida es  "crear algo diferente alrededor de nuestra cultura”. En su misión de ser un lugar para contextualizar la raza y el género en todas sus complejidades, Feelmore podría ser el futuro de las sex shop.

“Tienes que salir al mundo y crear eso que quieres ver”.

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