Somos hijos de las estrellas

Un libro reciente trata de acercarnos a las galaxias a partir de una mirada más humana de un universo para el que somos apenas criaturas microscópicas habitando una partícula mínima.

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de agosto-septiembre de 2018

Seguramente no nos alcanzará la existencia en este planeta para conocer y entender los misterios del origen de la raza humana, y mucho menos para conocer los secretos del universo.

Es por eso que María Teresa Ruiz, licenciada en astronomía de la Universidad de Chile y doctora en astrofísica de la Universidad de Princeton, Estados Unidos, se toma el trabajo de explicar cómo funcionan las ondas gravitacionales, la velocidad de la luz, las estrellas y las galaxias en el libro Hijos de las estrellas, un texto empático y gracioso que aterriza muchos conceptos de la ciencia —que muchas veces ha parecido inalcanzable— ante los ojos de cualquier lector interesado en profundizar en los procesos astronómicos vitales de nuestra existencia.

Además, la autora expone la importancia del papel del astrónomo en la sociedad, esa figura científica a veces desconocida y misteriosa con habilidades como la buena observación, la paciencia, la mentalidad analítica y la lógica. Describe los elementos imprescindibles de los astrónomos en un impactante recorrido fotográfico por los observatorios más importantes del mundo en el norte de Chile, en Hawái, Estados Unidos y en Canarias, España. Todo esto acompañado por imágenes de telescopios que lograron percibir fenómenos como los choques de partículas y caminos trazados por las estrellas. “Cuando se realiza una gran inversión para construir un observatorio óptico (con telescopios), se busca un lugar que sea oscuro, que no esté contaminado por luces de ciudades cercanas, que tenga un registro histórico de muchas noches despejadas al año, que tenga una montaña adecuada donde el viento no sea demasiado intenso ni turbulento y que la altura donde se forman las nubes sea más baja que la cumbre del observatorio”.

El libro también plantea distintas reflexiones que sutilmente enfatizan en que no somos el centro del universo, que de vez en cuando es bueno apagar las luces (apagar todo) y tumbarse boca arriba a detallar las estrellas para darnos cuenta de lo intrascendentes e imperfectos que somos frente a lo colosal de este y otros sistemas planetarios de miles de millones de años. Así que es mejor asumirlo: realmente no somos tan especiales ni tan importantes, pues estamos rodeados de distancias imposibles de alcanzar, algunas que ni siquiera comprendemos. “Si mandamos un mensaje a un planeta que esté cerca del centro de la galaxia (Vía Láctea), demorará 28 mil años en llegarle, y 28 mil años más tarde, es decir, 56 mil años después, recibiríamos la respuesta”, explica María Teresa.

María Teresa Ruíz es licenciada en astronomía de la Universidad de Chile. Fue galardonada con el Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1997 y es presidenta de la Academia Chilena de Ciencias. / Fotografía por: Lorena Palavecino

Otro de los temas que plantea Hijos de las estrellas es que sin duda alguna existen habitantes en otros sistemas que seguramente son muy diferentes a nosotros, con sus propios procesos de adaptación evolutiva que les permiten existir en las condiciones de sus propios planetas, por lo que seguramente cuentan con órganos y hábitos distintos a los nuestros. A esto se suma la percepción que hemos creado sobre el espacio-tiempo, pues la información que recibimos o logramos captar siempre está retrasada debido a que la luz se toma un tiempo muy breve en llegar a los ojos, como los sonidos al oído y los sabores al paladar mientras pasan por el cerebro y se procesan, razón por la cual, según la autora, es difícil asegurar que conocemos el presente, pues cuando lo captamos ya hace parte del pasado y de alguna manera debería aportar a nuestra visión del futuro.

Este viaje espacial por el que nos lleva María Teresa Ruíz también deja una lección sobre la importancia de aprovechar nuestro cortísimo paso por la Tierra y una invitación a pensar en ese futuro lejano en el que para entonces “el Sol se habrá extinguido, ya que solo le queda combustible para brillar unos cinco mil millones de años más”. Además, plantea otras posibilidades como el abrazo entre la Vía Láctea y la galaxia más cercana a ella, Andrómeda, que tendremos la oportunidad de ver en el cielo algún día, o si lograríamos superar una invasión extraterrestre. “Espero que nuestros herederos puedan disfrutar del espectáculo desde un exoplaneta que esté girando alrededor de una estrella tranquila y acogedora para el desarrollo de la vida, que sea el nuevo hogar de la humanidad”.

Hijos de las estrellas cuenta nuestra historia. Nos revela que la inmensidad del universo del cual hacemos una pequeñísima parte no deja nada al azar y que estamos formados por una mezcla de partículas y fenómenos que siguen evolucionando. Tal vez muchas de las respuestas que buscamos a diario estén allí, en una noche estrellada.

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