¿Scarlett Johansson trans?

Comercial no puede ser equivalente a vacío o superficialidad, ya no en estos tiempos.
Imagen por Pittsburgh Post-Gazette

La polémica no termina. Scarlett Johansson va a protagonizar la historia de un hombre transgénero y la comunidad activista trans no está contenta con la noticia.

La cosa va más o menos así: Jean Marie Gill, el personaje que interpretará Johansson, nació mujer, pero se identificaba como hombre, así que adoptó el nombre y la personalidad de Dante “Tex” Gill. Dante fue conocido por ser propietario de varias salas de masajes en Pittsburgh, Estados Unidos en los años setenta y ochenta. La fama de sus burdeles disfrazados, sus lazos con la mafia y al final la evasión de impuestos que lo llevó a la cárcel, lo hicieron muy conocido en los Estados Unidos. Ahora, tendrá una película que cuente su historia.

Sin embargo, Rub & Tug, el nombre de esta producción dirigida por Rupert Sanders no ha sido bien recibida por la comunidad trans, quienes han levantado su voz de protesta, y con justa causa.

El asunto de que una actriz cisgénero (es decir, que se identifica como mujer y no como hombre trans), ocupe un papel que habla de la experiencia transgénero es de por sí cuestionable. ¿Por qué? Por varias razones. Por una parte, porque ocupa espacios que podrían ser usados por alguien cercano a la experiencia trans, una comunidad que históricamente ha sido discriminada e invisibilizada en los medios convencionales. Además, quien ocupa ese papel es una mujer que desborda privilegios y que nada tiene que ver con esta comunidad.

Esta no es la primera vez que critican a la actriz neoyorquina por ocupar papeles de alguna minoría o de una población subordinada. Cuando en 2012 interpretó al personaje de Motoko Kusanagi, de origen asiático, fue criticada por algo similar. En inglés el término whitewashing describe esa práctica y se refiere al uso de actrices y actores blancos en roles que originalmente corresponden a afrodescendientes, latinos u otras poblaciones históricamente excluidas.

Aunque la queja es muy válida, cuando se dan este tipo de polémicas generalmente salen personas que no son miembros de la minoría en cuestión, a decir que hay una exageración y así niegan el privilegio de quienes no tienen dificultad para encontrar papeles en el cine o la televisión, porque pertenecen a grupos no marginados. Por eso les parece absurdo que se pida que actores cisgénero no ocupen roles de personas trans. Entonces, la queja no es una exageración. Es un asunto de exclusión, de Hollywood tratando de ser incluyente con temas como el de esta película, pero fallando en la ejecución de su idea.

Un hombre trans representado por una mujer cis es un error, pero no parece evidente para todo el mundo, tal vez porque se ignoran las luchas de la comunidad trans por tener visibilidad en un medio que es reflejo de una sociedad que excluye a ciertas personas del mundo del entretenimiento por razones de raza, clase o género.

Tener a una actriz mujer, blanca, privilegiada interpretando un personaje que evoca casi todo lo opuesto es una oportunidad perdida para encontrar esa visibilidad, y de paso es un irrespeto a la lucha que ha permitido que estos temas estén llegando a la pantalla grande.

En respuesta a este episodio, un grupo de actores trans hicieron un video para mostrar sus críticas a que Johansson interprete a Dante. En el video, los actores hacen audiciones para ocupar papeles que la actriz ha hecho en el pasado (incluído el de Ghost In The Shell). Al final, uno de ellos es elegido, pregunta si acaso ese personaje es el de una mujer cis blanca. Cuando le dicen que sí, se retira disculpándose y diciendo que las mujeres cis son una población marginada en Hollywood y concluye con: “sé que hay personas que han vivido ese tipo de experiencias y podrían darle más autenticidad al papel. Me siento raro ocupando su lugar”.

Claro, la culpa no puede caer toda en Johansson. El equipo de la película es tan o más responsable como ella por incluir a personas no trans en las audiciones para este papel (recordemos que el director es el mismo de la polémica Ghost In The Shell). Aquí no se trata de cuestionar la capacidad histriónica de la talentosa actriz, pero este no es cualquier papel. Las películas que nos hablen de grupos históricamente excluidos y discriminados no pueden tratarse a la ligera por más comercial que apunte a ser la película. Comercial no puede ser equivalente a vacío o superficialidad, ya no en estos tiempos.

Además, esta no es la primera vez que pasa. La misma Johansson lo recordó cuando empezaron a lloverle críticas. Eddie Redmayne y Jared Leto, ambos hombres cis heterosexuales interpretaron y fueron alabados por ocupar papeles de mujeres trans y en su momento nadie (o tal vez muy pocos que no oímos) se quejó.

Por supuesto, las cualidades dramatúrgicas son vitales en el cine y deberían primar en un casting, pero el arte no está libre de la política y por eso mismo no se puede desconocer que no todo tipo de personas acceden al mundo del séptimo arte. La comunidad LGBT+ tiene muy poca representación en la vida pública, así como en su momento en el teatro las mujeres lo vivieron y sus papeles eran interpretados por hombres. La historia de la actuación como profesión no se puede sacar del resto de la historia, en ella las jerarquías sociales, el racismo y el sexismo han estado presentes.

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La cultura pop puede ser una gran aliada de la transformación cultural en la aproximación a temas tan delicados como la diversidad sexual, pero si no hay una reflexión en el cómo, el resultado va a ser un simple utilitarismo de una causa para un fin comercial

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Y es que más allá de esta producción en particular, lo que nos hace pensar esta noticia es que hablar de temas como el feminismo o la discriminación hacia la población LGBT+  pueden ser usados como una moda; una moda que aporta en algo y abre caminos, pero que si se plantea de esta manera solo estará usando la etiqueta vaciándola de contenido.

La cultura pop puede ser una gran aliada de la transformación cultural en la aproximación a temas tan delicados como la diversidad sexual, pero si no hay una reflexión en el cómo, el resultado va a ser un simple utilitarismo de una causa para un fin comercial o para que limpiemos nuestras conciencias creyendo que se está abriendo la mente al acercarnos a estos temas, pero sin ninguna reflexión.

Hollywood, en sus intentos por mostrarse más diverso, solo está siendo torpe (en el mejor de los casos) al dejarse llevar por la fórmula más simple de taquilla, ignorando las implicaciones de su decisión.

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