Por qué decirle no a casarse

El último de mis amigos de la infancia acaba de casarse. Nunca fui el tipo de persona que soñaba despierta con una boda de cuento de hadas, yo fantaseaba con mi carrera porque la verdad es que tu carrera nunca se despertará una mañana y te dirá que ya no te quiere. Como nací y crecí en una ciudad como Las Vegas, donde las bodas tienen la misma santidad que una Big Mac, nunca entendí la obsesión de la gente con casarse. Ahora tengo 31 años, estoy soltera y todavía persigo mi propio sueño americano.

Crecí viendo a las princesas encontrar a sus príncipes encantadores, con una voz antes de los créditos que decía: “Y vivieron felices para siempre”. Este concepto de marketing y matrimonio —que nos enseñaron desde muy jóvenes— omite que el matrimonio no es el mayor desafío, el permanecer casado es la verdadera prueba. El hombre y la mujer tienen instrucciones de crecer, casarse y formar una familia. La Biblia incluso menciona el matrimonio varias veces: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser” (Génesis 2:24) Si está en la Biblia tiene que ser cierto... ¿verdad?

Pero entonces, ¿por qué el matrimonio es menos frecuente ahora que antes? Según Pew Research, “la gente espera más años para casarse, y el porcentaje de adultos que conviven y crían a sus hijos fuera del matrimonio ha aumentado significativamente. La edad promedio para el primer matrimonio ahora es 27 años para las mujeres y 29 para los hombres. En comparación con 1960, el promedio estaba en 20 para las mujeres y 23 para los hombres”. Quizás esto se deba a que el sueño americano —el ideal de que todas las personas en Estados Unidos tienen igualdad de oportunidades para lograr el éxito y la prosperidad— ha cambiado drásticamente. Hace cien años el mundo era diferente y las oportunidades también eran otras. Muchos de nuestros abuelos tienen historias de “pobre a rico”. Este ya no es el caso porque muchos de nosotros nacemos endeudados o salimos de la universidad con una crisis financiera. En 2018, más de 44 millones de estadounidenses tienen préstamos estudiantiles y los millennials entre las edades de 25 y 34 años están endeudados con un promedio de 132 millones de pesos cada uno. Si eso no cambia la manera en que vemos el mundo, no sé qué lo haga.

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Nuestros padres no tenían Tinder, Bumble o Grindr para satisfacer sus apetitos sexuales, pero ¿pueden imaginarse las historias de haber sido el caso?

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Los roles de género, las expectativas y las actitudes que tenemos respecto al matrimonio también se han tenido que cambiar. Los millenials trabajamos tan duro como los baby boomers, si no es que más, pero nos pagan mucho menos, así que, ¿por qué intentarlo, verdad? ¿Quién quiere casarse con alguien financieramente inestable? Ni siquiera quiero acostarme con alguien cuya vida es un completo desastre (o que no puede permitirse una buena comida en Chipotle). Ser financieramente independiente se ha convertido en una prioridad para nuestra generación y, de acuerdo con Psychology Today, los desacuerdos financieros son la razón número uno para la terapia de parejas y, en última instancia, para el divorcio.

E incluso si el matrimonio está en el panorama, lo aplazamos tanto como sea posible. Mientras crecía, muchos de los padres de mis amigos se divorciaron y eso nos generó un cierto recelo hacia la idea del matrimonio. Según la encuesta Gallup de 2016, más de la mitad de los millennials son solteros o no tienen hijos. En contraposición a 1950, una familia de cuatro podía sobrevivir con el salario de un padre trabajador mientras la madre se quedaba en casa a tiempo completo. Ahora, eso es prácticamente imposible... a menos que el padre sea Jeff Bezos.

Las aplicaciones de citas también han cambiado la forma en que vemos las relaciones y la conexión. Nuestros padres no tenían Tinder, Bumble o Grindr para satisfacer sus apetitos sexuales, pero ¿pueden imaginarse las historias de haber sido el caso? Esto es lo que las futuras generaciones tienen para esperar. Como millenials, muchos de nosotros todavía teníamos la indiscutible expectativa (de nuestros padres) de ir a la universidad, encontrar un buen trabajo, establecernos y casarnos, tal y como lo habían hecho las generaciones anteriores. Los millenials estaban a mitad de la carrera universitaria cuando el mercado inmobiliario se desplomó en 2008, lo que llevó a un colapso importante de la economía y encontrar un trabajo estable se convirtió en la prioridad número uno. El único problema era que no había muchos trabajos disponibles que proporcionan un ingreso estable, acorde al costo de vida. La inestabilidad financiera gracias a las deudas por préstamos estudiantes contribuye a la disminución de las tasas de matrimonio.

Los millennials todavía queremos casarnos. No me molestaría sentar cabeza, quedar embarazada y tener un bebé o tres, pero puede que no suceda hasta más adelante en mi vida. De hecho, una de las principales razones por las que las personas posponen el matrimonio hoy, es porque realmente se preocupan por lo que implica y no quieren que fracase. Andrew Cherlin, sociólogo de la Universidad Johns Hopkins, denomina estas uniones como “matrimonios de piedra angular”.

“La piedra angular es el último ladrillo que se coloca al construir un arco”, dice el Dr. Cherlin. El matrimonio solía ser el primer paso hacia la edad adulta. Ahora, a menudo es el último. (Cherlin, 2018, citado por el NY Times) Será interesante ver cómo estas nuevas tendencias afectarán el concepto comercial del matrimonio para las generaciones futuras. No me voy a casar en 2018 porque no estoy lista para eso, tal vez nunca lo esté, y eso también está bien.

Si eres un millennial soltero, debes saber que no estás solo, y que muy probablemente sigues soltero por razones externas a ti… a menos, por supuesto, que no sea así

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