Nos encanta reírnos de las crisis de las celebridades casi tanto como odiamos hablar de salud mental

Imagen por Playboy

El fin de semana, un prominente “genio” musical y una actriz insignificante entraron en un bar. Así es como todos hablan de los (constantes) escándalos públicos de Kanye West y Lindsay Lohan. Y mientras ambos acontecimientos eran expuestos en sus respectivas redes sociales (o las de Chris Rock) para que todo el mundo los viera, nuestra sociedad respondió ridiculizándolos tanto como pudieron.

Cada vez que una celebridad actúa o habla de una manera totalmente descabellada, los tweets que se vuelven virales son casi siempre los que se escriben de mala fe. Aquellos que señalan y se burlan de las estrellas por su extraño comportamiento, que en realidad podría ser un indicio de un problema subyacente más amplio. Tal vez Lohan—que recientemente fue acusada de presuntamente haber intentado secuestrar a alguien—, y Ye—el orgulloso partidario de un destacado líder mundial racista y sexista, son personas millonarias y malvadas. Sin embargo, cada uno ha vivido su buena cuota de traumas y han cargado con el dolor consecuencia de los mismos durante cada uno de sus episodios de escándalos y crisis públicas.

Las personas en crisis pasan mucho tiempo cayendo espiral antes de tocar fondo. Pero incluso si está fuera de nuestro control ayudar a las celebridades, al menos podemos aprender de sus errores, sobre los tratamientos que ciertamente no están recibiendo, y apoyar la ruptura del estigma que existe detrás de la salud mental. En lugar de hacer memes crueles, podríamos evitar que otras personas en el futuro tuvieran los mismos errores. Esa gente común, aquellos que no podrían recuperarse, personal, financiera, mentalmente o emocionalmente, de los problemas que pueden causar sus enfermedades, adicciones, y las malas decisiones, que estos momentos de crisis pueden traer. Pero, al parecer, solo sentimos empatía por estos temas cuando muere una celebridad. Tiene que haber otra manera de que nos importe.

No convertiré esto en una cuestión de género, porque sé que todos estamos aburridos del actual ciclo interminable de noticias hablando sobre misoginia y sexismo, pero algo importante a tener en cuenta es que el público considera que una de estas celebridades es un genio, mientras que la otra, que ya no parece ser talentosa, es un parásito; una actriz fracasada. Así que mientras los fanáticos de West le perdonan sus constantes discursos ilógicos sobrelos supuestos solo 800 esclavos, y tuitea declaraciones absurdas desde su jet privado camino a Calabasas, Lohan apenas y tiene una base de fanáticos que la apoya ocasionalmente. Sus frecuentes malas decisiones la llevan cada vez más cerca al límite y así la hemos tratado durante más de una década.

Lohan es el ejemplo consumado de esa época a mediados de los 2000 en la que las mujeres eran atacadas por libidinosas, por estar demasiado bronceadas y por ser demasiado fiesteras. Durante el mismo periodo, Britney Spears se afeitó la cabeza y golpeó el carro de un paparazzi con una sombrilla, y también fue el mismo en el que ignoramos cuando los paparazzi fotografiaron a Amy Winehouse y su novio Blake Civil-Fielder saliendo de su apartamento, ensangrentados debido a una pelea física que habían tenido. No tratamos de ayudar a estas mujeres, ni siquiera hablamos de las implicaciones que la fama tuvo en sus problemas de salud mental o adicciones. Las dejamos solas, para valerse por sí mismas, y en el caso de Winehouse, para morir en el intento.

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Tenemos que dejar de reírnos de todos estos escándalos públicos y en su lugar, tratar de averiguar cómo hablar al respecto.

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El fin de semana pasado, fuimos testigos de Lohan, caminando por las calles de París (donde había viajado para la semana de la moda) en una transmisión en vivo por Instagram. La vimos ofrecer ayuda a una familia Siria de refugiados, luego los seguimos por la calle para verla intentar quitarle un hijo a sus padres, acusándolos de traficar con sus hijos. Hablaba incoherencias, para simular que estaba hablando en árabe y le decía a la familia que están “arruinando la cultura árabe” al rechazarla. Afirmó de manera agresiva “No te metas con Palestina” con un acento inusual que nadie pudo ubicar. Y cuando no estaba hablando con este acento, lo hacía normalmente, con su voz áspera que todos adorábamos hace una década. Cuando la madre la golpea, ella grita, diciendo que está aterrorizada. En pocos minutos, se convirtió en un peligro para los niños y también, para ella misma. Debería haber quedado claro que no era un “truco publicitario”,— como muchos han afirmado en redes sociales, reduciéndolo a que Lohan es malvada y ya está— y tomarlo como un signo potencial de inestabilidad mental.

Estábamos viendo a una persona que necesitaba ayuda inmediata, alguien a quien hemos visto luchar públicamente con sus adicciones y salud mental durante más de una década. No creo estuviese actuando de mala fe (y digo esto siendo una sobreviviente de secuestro). Creo que estaba pasando por una crisis de salud mental potenciada por el consumo de drogas. Lo que fue aún más extraño fue ver a Lohan caminando por las calles de París con amigos al día siguiente como si nada hubiese pasado e incluso celebró el día de Mean Girls (el 3 de octubre) con fanáticos en las redes sociales, mientras afirmaba que había hecho lo correcto.

Durante la última década, hemos normalizado la idea de que Lohan es alguien que no merece nuestra empatía, y desafortunadamente, no es difícil ver por qué; recientemente lanzó fuertes acusaciones a los sobrevivientes de abuso, afirmando que las víctimas del #Metoo eran débiles por no denunciarlo (se disculpó más tarde) y demostró su apoyo a Donald Trump (recientemente ha declarado que no siente nada, ninguna emoción por el actual Presidente de los Estados Unidos).

Pero, tratándose de una actriz que todos vimos crecer bajo los reflectores, rara vez procesamos sus problemas como nada más que titulares: su padre abusivo vendió grabaciones de sus conversaciones privadas, su fiestera “momager” con sus problemas financieros continuos, sus muchos encontrones con la ley y numerosos arrestos por conducir bajo la influencia de alcohol o narcóticos, sus adicciones al alcohol y la cocaína, la extraña relación entre ella y su ex novio Wilmer Valderrama (quien tenía 24 años, cuando ella tenía 17), las listas de medios que publicaron sus rumoreadas parejas sexuales, sus múltiples ingresos a rehabilitación, sus apariciones en la corte, el infame comercial de E-Trade con un bebé “adicto a la leche” llamado Lindsay, su período en prisión, su prohibición de ingreso al hotel Chateau Marmont, sus tres acusaciones por haber escapado de la escena de un accidente automovilístico. Y, aunque muchos de sus antiguos compañeros de “rebeldías” maduraron (Britney Spears, Paris Hilton, Nicole Richie, Kelly Osbourne) Lohan pareció quedarse estancada en el intento.

Más recientemente, Lohan tuvo una relación claramente tóxica con su ex, Egor Tarabasov, que fue documentado agarrándola violentamente, y a quien Lohan denunció a la policía (indicando que la estranguló y “casi la mata”). Y aunque no se presentaron cargos, nadie en los medios de comunicación pareció preocuparse por su bienestar. No impulsó una discusión exhaustiva sobre la violencia sistemática contra las mujeres, y esto fue mucho antes de que ella utilizara sus redes sociales para afirmar innecesariamente que Harvey Weinstein nunca la tocó, antes de que defendiera a Trump o intentara secuestrar a niños sirios. Ella misma dijo que a nadie le importó el supuesto abuso que había sufrido por parte de su novio, consciente de que se ha convertido en una burla desde que interpretara sus más estimados roles a principios de la década del 2000, por lo que la gente ha desestimado lo que ha sufrido e incluso la culparon por sus comportamientos pasados.

Hay tantas cosas que no sabemos y nunca sabremos acerca de lo que ese tipo de trauma puede hacerle a una mujer o a cualquier persona, pero ¿debería sorprendernos que se perdiera de la forma en que lo hizo? Aunque es raro que esté de acuerdo con el activismo agresivo que promulga Rose McGowan, estaba en lo cierto cuando le pidió a sus seguidores de Instagram que fueran comprensivos con Lohan porque “ser una niña actriz convertida en sex symbol afecta al cerebro de maneras que no se pueden comprender”. Ambas son personas que convirtieron su trauma en cosas completamente diferentes, Spears (bendita por siempre) sigue siendo la meta de oro de todas las mujeres que logran recomponerse tras enfrentarse a una crisis de salud mental.

No soy muy adepta de excusar los comportamientos de la gente, y Lohan hace parte de un subconjunto de celebridades para quienes puede que sea demasiado tarde y estén más allá de cualquier ayuda que se les pueda ofrecer. Puede que hayan sucedido demasiadas cosas y les sea imposible rehabilitarse, al menos en el ojo público.  Siendo una persona que alguna vez estuvo en la cima como actriz gracias a proyectos como The Parent Trap, Freaky Friday y Mean Girls, y luego entró en la lista negra de Hollywood debido al mal comportamiento del que hizo gala durante sus episodios de adicciones, es triste y sorprendente que Lohan esté donde está ahora. Nos olvidamos de que Lohan una vez fue alabada como una actriz prometedora, un caso similar a lo que sucedió con Jennifer Lawrence en los últimos años y que la posicionó como America's Sweetheart.

Lohan era brillante en sus actuaciones, y a principios de la década de 2000, esperábamos que llegara lejos. Lejos al nivel de Cate Blanchett. Es devastador, tenemos que dejar de reírnos de todos estos escándalos públicos y en su lugar, tratar de averiguar cómo hablar al respecto. Creo que, en el momento, con lo que sea que Lohan haya tomado, e independientemente de la mentira que se haya dicho a sí misma, pensó que estaba ayudando a los niños o que estaba reaccionando (aunque mentalmente mal) al rechazo. Ella necesita ayuda, y por el bien de aquellos que temen por su comportamiento, espero que la reciba. Desafortunadamente, debido a que se convirtió en lo que la sociedad consideraría irrelevante, y no está produciendo nada nuevo (excepto un reality show de MTV en 2019 que puede o no darse), las personas rara vez le perdonan sus errores. Al menos no de la manera en que perdonan a Kanye West.

Según Twitter, West se está adentrando cada vez más en la categoría de celebridades para las que creemos que es demasiado tarde. Se pasa los días desfilando con su gorra de  "Make America Great Again (MAGA)", alabando a Trump cada vez que se sube al escenario, hablando en The Fader sobre sus extrañas ideas e historia revisionista, y diciendo que cuando alguien no está de acuerdo con él es porque está ciego. Es más relevante que Lohan, y posiblemente más talentoso, por lo que sabemos que todos se olvidarán de su molestia con "Ye" en el instante exacto en que lance Yandhi en pleno Black Friday. West habla en las redes sociales como si estuviera en trances semi conscientes, a menudo tuiteando incoherentes divagaciones dispersas que lo terminan metiendo en serios problemas con sus fanáticos. Recientemente, le mandó un tuit a Kaepernick, un obvio opositor de Trump, ofreciendo presentárselo. También se paró sobre una mesa en el Colegio de Estudios Creativos de Detroit y se burló aleatoriamente de Elon Musk, quien ha sido parcialmente destronado en Tesla y podría enfrentar cargos de fraude, pidiéndole a los estudiantes que “dejen al pobre hombre en paz”.

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En lugar de fijarnos en lo que dicen las celebridades problemáticas y mentalmente inestables, debemos hablar sobre cómo evitar que esto le suceda a las generaciones futuras.

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West es conocido por desaparecer sin previo aviso de todas las plataformas de redes sociales, pero cuando finalmente regresa, su tono nunca cambia. Tuitea dibujitos hechos con palitos representando figuras con chakras totalmente alineados que explotan fuera de su cuerpo y (uno de los tweets más raros que he visto de él) una caja de comida para llevar llena de insectos reales (aparentemente) que se comió para celebrar que a su papá fue declarado en remisión. También tuitea regularmente información errónea o engañosa, luego retroactivamente le dice al mundo qué fue lo que quiso decir todo el tiempo, como cuando tuiteó la semana pasada que quería abolir la 13ª Enmienda, y luego retuiteó publicaciones daban a entender que quizás, solo tal vez, todo esto era código para decir que sabe más de lo que deja ver.

Pero el rapero vive en Calabasas, California, con el resto del clan Kardashian en una burbuja, probablemente lejos de los libros y las noticias. Se sale con la suya porque es un genio ungido por la sociedad. También es un actor brillante, así que todo esto es simplemente... triste. Es triste ver que un artista que alguna vez fue amado, ahora puede ser todo lo que necesita TMZ, que no es exactamente un faro de seguridad de las celebridades. Todo lo contrario, es el sitio donde la gente va a vender a sus amigos famosos. Sin embargo, allí estaba él, emocionado de aparecer en TMZ con su gorra de MAGA junto a Candace Owen, para gritar que la esclavitud fue una elección.

West, como Lohan, ha pedido el apoyo para Trump, y, como Lohan, ha sido llamado anti-mujeres, aunque yo diría que West se lleva el premio mayor en lo que a esto último respecta. West siempre ha apoyado a personas peligrosas y terribles, como en 2016 cuando tuiteó que Bill Cosby era inocente antes de que fuera condenado a prisión por violación el mes pasado. También se lanzó a Twitter la semana pasada para despotricar acerca de estar avergonzado por haberse sentido avergonzado al respecto de su amistad con el delincuente sexual, ASAP Bari, ahora que el caso ha sido desestimado. Se disculpó por haberse sentido demasiado avergonzado para hacer pública su amistad, y dijo que apoya a Bari, independientemente de los cargos de asalto. Y luego está el caso de Ian Connor, que trabajó como modelo para Yeezy, a pesar de la 21 acusaciones por violación que pesan en su contra. Ah, y también está grabando y lanzando un álbum que aparentemente está reservado para el abusador acusado, y que incluye, irresponsablemente, al propio Connor, a 6ix9ine y al fallecido XXXTentación (quienes han enfrentado problemas legales por presunto abuso sexual o doméstico). Y, al parecer, Rihanna también hace parte del álbum, lo que es irrespetuoso dada la historia turbulenta con su ex Chris Brown.

En el último episodio de Keeping Up with the Kardashians, exhibe extraños celos por sus hijos, discutiendo con su esposa Kim Kardashian por una curita y diciendo que ella hace más por sus hijos que por él. West, al igual que Lohan, parece atrofiado, como si algo le hubiese sucedido en el pasado y, mientras que muchos otros raperos maduraron (Snoop, Wayne, Jay Z), él sigue siendo, de alguna manera, el mismo Kanye de mediados de la década del 2000. Un hombre adulto condenado a comportarse siempre como un niño.

West ha tenido su buena cantidad de escándalos, aunque la mayoría de las personas los llamarían momentos indignantes. Siempre se ha salido del libreto, se ha lanzado en diatribas de Twitter de una hora, ha irrumpido en el escenario de ceremonias de entrega de premios, e incluso afirmó que al presidente no le importaban los negros después del huracán Katrina y así sucesivamente. Y no es que esté por completo equivocado acerca de cualquiera de sus declaraciones. Es como si su corazón estuviera en el lugar correcto, pero la forma en que se expresa siempre parece indicar un problema más importante. Tal vez cuando West comenzó a mostrar síntomas de enfermedad mental, pudimos haber tenido una conversación al respecto, pero, en la década de los 2000, eso estaba fuera de discusión. No estábamos equipados para hablar de eso entonces.

Hace varios meses, West proclamó que tenía trastorno bipolar y, de repente, su comportamiento comenzó a tener sentido. Era justo lo que los fanáticos necesitaban para perdonar que West se hubiese puesto del lado de Trump, ya que la mayoría de los fanáticos creían que su admiración por el POTUS era una especie performance de un genio artístico. Ahora sabemos que West está completamente seguro de sus convicciones y creencias políticas, y la gente ya está analizando el álbum que dijo que se lanzaría el pasado sábado, que ahora está esperando para grabar en África. Entre otras declaraciones que ha realizado recientemente, West ha declarado que se está mudando de nuevo a Chicago para construir escuelas y ayudar a la comunidad, a pesar de que su esposa se quede en California, y también afirmó que Chicago será la primera ciudad con autos voladores; gracias, sin duda, a él.

West también admitió, que decidió dejar de tomar sus medicamentos. Como alguien que lucha contra el trastorno bipolar, sé que el trabajo que tengo que hacer por mí misma nunca termina, y trabajaré en ello por el resto de mi vida, no sea que me detenga y termine lastimada.

West está mentalmente enfermo, y Lohan, aunque sabemos menos sobre el estado de su salud mental, ha tenido un problema continuo y grave de adicción y lo ha hecho público en el pasado. En lugar de fijarnos en lo que dicen las celebridades problemáticas y mentalmente inestables, debemos hablar sobre cómo evitar que esto  le suceda a las generaciones futuras. Tal vez si tratamos adecuadamente a las celebridades afectadas, las generaciones del futuro no tendrán tantos problemas a la hora de pedir ayuda y obtendrán los recursos para buscarla libremente. El ciclo de noticias de la semana pasada, desde que el discurso de Lohan en Instagram y la diatriba que hizo West Saturday Night Live inspirada en MAGA, ha sido uno de ridiculización y de fijarse en los síntomas, en lugar de explorar la causa de todo esto.

Actuamos como adolescentes cuando somos testigos de un episodio escandaloso, público y en toda regla, reímos porque no estamos seguros de cómo reaccionar. Puede que sea imposible salvar a las celebridades, pero podemos esforzarnos en cómo discutimos estos problemas en el futuro.

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