Los hongos mágicos que cuestan 10.000 dólares la libra

Imagen por Timothy Dykes

Esta historia podría comenzar en muchos lugares: las montañas de Bután, en Praga o Viena o Venice Beach, pero en última instancia, todos los caminos llevan a mi cocina, donde acabo de usar los restos, aún tibios, de mi café de la mañana para pasar unas cápsula de 11 dólares hongos raros del Himalaya. Son las 10 de la mañana de un miércoles y no estoy segura de lo que vaya a pasar, pero espero que algo suceda. Estos hongos no me van hacer volar en un sentido psicodélico, en vez de eso me ayudarán a experimentar nociones prometedoras de mayor vitalidad, inmunidad y resistencia mental y física.

Al menos estos son algunos de los beneficios potenciales que figuran en el pequeño frasco de vidrio de Cordyceps+. En el interior hay 30 cápsulas de gel transparentes, cada una compuesta por una combinación de ocho hierbas y el componente clave: cordyceps. Juntos, estos ingredientes se mezclan en un color marrón mate como el de la arena húmeda. Cada cápsula contiene 58.33 mg (o .00012 libras) del hongo cordyceps. Una libra de este hongo se vende por 10.000 dólares, lo que lo convierte en el hongo más caro del mundo, a la par del oro y las trufas. Mi pequeño frasco se vende por 168 dólares y dura entre 10 y 15 días—o sea que es más costoso que las zapatillas Gucci que me regaló la mamá de un amigo—el único producto de lujo que tengo y, ciertamente, el único dentro de mi cuerpo.

“Alguien me preguntó al principio, ¿qué quieres hacer?”, dice Joel Einhorn, el fundador de HANAH, la compañía con sede en Venice, California que fabrica Cordyceps +. “Pensé: ‘Quiero crear un canal para la medicina herbal’”. Y es una noción atractiva, particularmente en una industria de salud y bienestar natural llena de tinturas, lociones, vitaminas, cristales y el famoso huevo Yoni de Gwyneth Paltrow, que llevó a la compañía GOOP a ser demandada luego de que instruyera a las mujeres a poner trozos de jade en sus vaginas. Con diferentes regulaciones y productos prometiendo cosas y beneficios que muchas veces no han sido comprobados por la FDA (la agencia estadounidense que vigila comidas y medicamentos), la industria de los suplementos está valorizada en 37 mil millones de dólares al año, que explotó con la introducción del bienestar holístico y basado en la naturaleza, en la cultura popular.

Pero incluso para aquellos que están obsesionados con lograr una salud óptima, el cordyceps tiene una reputación casi mítica. Esto tiene algo que ver con su origen igualmente mítico. El hongo crece exclusivamente en la meseta tibetana, un tramo de 1600 kilómetros, rodeado por las montañas más altas del mundo y poblado principalmente por yaks, que se extiende desde el oeste de China hasta Nepal. Aquí, el hongo cordyceps sinensis se alimenta de larvas de oruga de la polilla fantasma. Primero, la oruga se entierra unos centímetros en el suelo, luego el hongo entra en ella y, con el tiempo, la mata y la consume. Es un proceso no muy diferente a varias de mis relaciones románticas. Los cordyceps crecen a partir de los restos momificados de esta oruga: imagina una oruga normal, pero muerta y con un cuerno de hongo parecido al de un narval que sale de su cabeza. Este cuerno es lo que se extrae del suelo durante la cosecha de cordyceps, que dura de tres a seis semanas cada primavera, después de que se derrite la nieve.

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Los cordyceps crecen a partir de los restos momificados de esta oruga: imagina una oruga normal, pero muerta y con un cuerno de hongo parecido al de un narval que sale de su cabeza.

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Einhorn se encontró con el Cordyceps aproximadamente 15 años después de su primera aparición en los titulares, cuando una lesión cerebral lo llevó al Reino de Bután, un país con 800,000 habitantes que es famoso por medir sus índices de felicidad nacional. Einhorn nació en Chicago y se fue a Viena como estudiante de intercambio. Se enamoró de la majestuosa ciudad austriaca y consiguió un trabajo en un negocio allí durante el boom tecnológico de finales de los 90. Este trabajo lo llevó a Praga, donde hizo una fortuna en la capital checa posterior a la Revolución de Terciopelo, pero odiaba tener que sentarse en una oficina todo el día.

Con la esperanza de sentirse satisfecho con su vida, Einhorn comenzó su propio fondo de inversión y ganó aún más dinero para él y sus socios. De cheque en cheque, abrió un club nocturno checo llamado The Roxy, comenzó a tocar como DJ, compitió en triatlones, lanzó una línea de ropa, abrió una agencia de viajes al servicio de la industria cinematográfica checa y se desempeñó como doble de Tom Cruise en Misión imposible: Protocolo fantasma. Estaba ganando cantidades de seis cifras, practicando snowboard y pasando los días en un circuito de celebridades checas de bajo nivel. La vida era buena, pero aún así, Einhorn sintió que tenía un propósito mayor que el de hacerse pasar por Tom Cruise.

Luego se cayó de su bicicleta. Su cabeza golpeó el suelo, y cuando se detuvo, su clavícula sobresalía de su espalda. “Si no hubiera estado usando un casco”, dice. “Estaría muerto o alimentándome por un pitillo el resto de mi vida”. Cuando fue dado de alta de un hospital de Praga después del accidente, estaba deprimido y se sentía constantemente mareado. Pero un encuentro casual con el maestro ayurvédico, el doctor V.A. Venugopal lo empujó al mundo de la medicina ayurvédica, e incluso después de que este régimen holístico lo ayudara a curarse del accidente, Einhorn estaba dispuesto a seguir tomando los suplementos que habían reparado su cerebro y lo habían llevado a un nuevo nivel de claridad mental y resistencia física.

El problema estaba en que era casi imposible conseguir suplementos herbales de alta calidad y bajo costo. La mayoría de las empresas tienen cultivos artificiales en masa en lugar de cosechar de los entornos naturales, comprometiendo así su efectividad. Es una práctica aún más común ahora que la industria ha crecido, y una que Einhorn califica como una estafa masiva. “Imagínate tomar uvas Pinot Noir y plantarlas en Arizona”, dice. “Vas a conseguir uvas; vas a conseguir vino, pero no tendrá nada que ver con el Pinot Noir real”.

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Así que su pasión lo llevó a la India en busca de las mejores hierbas, luego desarrolló HANAH en Praga y, a través de un amigo excepcionalmente bien conectado, vinculó a Jigyel Ugyen Wangchuk, el príncipe heredero de Bután. (El hermano de Wangchuck, el rey Jigme Namgyel Wangchuck cambió el sistema de gobierno de Bután a una democracia parlamentaria en 2008, aunque la familia real sigue siendo querida). El rey de Bhután invitó a Einhorn al Reino, situado en el extremo oriental del Himalaya, ya que la familia real estaba interesada en abrir las fronteras al comercio. Pensaron que Einhorn, con su interés en las hierbas y suplementos de alta calidad, sería un buen comerciante para el producto más solicitado de su país: cordyceps.

Poco después, Einhorn estuvo en un viaje de seis días por la meseta tibetana, donde observó a los recolectores arrancar orugas momificadas de la tierra recién descongelada. El hongo es, para la gente de la zona, un cultivo comercial de las proporciones de la fiebre del oro. En 2008, Los Angeles Times publicó el perfil de un nómada tibetano que ganaba 1.000 dólares a la semana, una suma muy alta en el país, mediante la recolección del hongo. Einhorn escuchó que los recolectores caminaban a través de la capital butanesa de Thimphu con el equivalente a un millón de dólares en efectivo en bolsas atadas a su yak. Algunos de estos cosechadores llevaban sus cosechas a la ciudad, compraban suministros para el año y regresaban en helicóptero a su aldea.

“Bután se está convirtiendo en un destino y un lugar genial para visitar, no solo para los turistas sino también para quienes se interesan en los remedios herbales y otras exportaciones”, dice Einhorn, que contrasta a Bután con el Amazonas, donde la industria farmacéutica ha saqueado a muchas poblaciones indígenas. “[La gente a cargo] en Bután quiere asegurarse de que los locales sí reciban un pedazo de la torta”.

De hecho, la demanda de cordyceps es significativa. El hongo se considera un símbolo de estatus en toda Asia y se está volviendo cada vez más popular entre los atletas, directores ejecutivos y la gente de Silicon Valley que siempre está en busca de algo que les pueda dar una ventaja competitiva a medida que arrastran a la humanidad, pateando y gritando, hacia el futuro. Los frascos de cada lote de Cordyceps+ están numerados individualmente y cuando el lote se vende por completo, el producto está legítimamente agotado hasta que llega la próxima cosecha de Cordyceps a Venecia desde Bhutan. El último lote de HANAH se agotó en días. Y si bien puedes ingresar a Whole Foods o Erehwon y encontrar miles de productos con cordyceps, Einhorn dice que la mayoría de estos hongos se cultivan en laboratorios y es menos probable que ofrezcan los beneficios completos de los cordyceps que se encuentran a 12300 kilómetros de distancia.

También es rápido en señalar que HANAH, en colaboración con el estricto gobierno de Bután, es consciente de la sostenibilidad. Mientras que los recolectores en China reportan una menor disponibilidad del hongo debido a la sobreexplotación y la destrucción del ecosistema de Plateau, Bután, donde los ciudadanos deben usar túnicas tradicionales mientras están en público y los turistas deben gastar una cierta cantidad de dinero durante su estadía para poder ingresar al país, tiene regulaciones estrictas sobre la ventana de recolección, e incluso envía guardias a los lugares de cosecha para regular la recolección y cuidar que no se destruyan los frágiles ecosistemas en los que se encuentran los hongos. En conjunto, todo resulta en una alianza transcontinental legítima y sostenible llevada a cabo sobre las espaldas momificadas de insectos valiosos.

En lo que respecta a mí, en los 14 días que me tomó consumir mis cordyceps, me sentí bastante segura de la vida. Me desperté sintiéndome descansada y obligada a tratar de inhalar las feromonas de cualquier hombre semi atractivo en un radio de 6 metros. Me resfrié pero me recuperé rápidamente. Mi digestión mejoró y me sentí tranquila, a pesar del estado general de las cosas. Más significativamente, estuve centrada. Nunca he tomado Adderall (anfetamina utilizada para tratar el trastorno de déficit de atención), pero supongo que así se debe sentir. Cuando me senté a trabajar, en lugar de enviar mensajes de texto o mirar Instagram, realmente trabajé. Hice las cosas en un plazo razonable y al final de la jornada laboral no me sentí ansiosa ante la perspectiva del día siguiente. Para el cuarto día, eliminé Twitter, Facebook e Instagram de mi teléfono y descubrí que, en su ausencia, mi cerebro se siente mejor, como si alguien hubiera vertido refrigerante en él. Cuando mi pequeño frasco se termina, soy como Cenicienta cuando su carroza se convierte en una calabaza: mi digestión se vuelve más lenta, tengo menos ganas de oler a la población masculina en general y re instalo todas mis aplicaciones sociales.

En última instancia, el Cordyceps me mostró cómo es la vida con una energía y un enfoque que es difícil de lograr por mi cuenta. Sería genial sentirse tan bien de nuevo, si pudiera permitirme el lujo.

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