‘La vida misma’, los avatares de la existencia

El creador de la serie This is Us nos ofrece un ambicioso trabajo acerca de la vida, la muerte y lo que está en medio de las dos.
Imagen por Cine Colombia

Luego de Danny Collins, una notable pero algo acaramelada cinta acerca de un cantante en decadencia interpretado por Al Pacino, Dan Fogelman vuelve a la pantalla grande con La vida misma, un trabajo en apariencia arriesgado que termina siendo víctima del exceso de sacarina y de los deseos (aunque bien intencionados) de ofrecer fórmulas para poder soportar el peso de la existencia.

El creador de la afamada serie para la televisión This is Us logró atraer a un elenco de primera categoría, el cual interpreta a una serie de personajes que se conectarán progresivamente a partir de algunos sucesos aleatorios y otros producidos por el libre albedrío, los cuales tendrán consecuencias tanto positivas como negativas para ellos como para las personas que los rodean.

Fogelman (quien también es el guionista), decide llevar su ambición un poco más allá, basando su relato en la teoría literaria del narrador sospechoso, sugerida en 1961 por Wayne C. Booth en su Retórica de la ficción. La idea de un narrador poco fiable, es llevada a cabo por Samuel L. Jackson (interpretándose a sí mismo como narrador omnisciente), como por varios de los personajes (en primera persona). Asimismo, este narrador sospechoso es el tema central de la tesis de grado de literatura llevada a cabo por el personaje de Abby (Olivia Wilde). Si les dificulta entender, no se preocupen. La vida misma abandona rápidamente cualquier tipo de complejidad narrativa para sucumbir a la tentación de transformarse en un efímero y edulcorado relato de superación. Es como si El ladrón de orquídeas o Synecdoche: New York no hubieran sido escritas por el gran Charlie Kaufman, sino por Paulo Coelho.

La película, dividida en cinco capítulos, nos cuenta en su primer capítulo la historia de Will (Oscar Isaac) y Abby, una pareja que encuentra el amor en una fiesta en la que se disfrazan de Vincent Vega y Mia Wallace (un guiño demasiado obvio a Tarantino). La pareja perdidamente enamorada también comparte sus diferencias sobre la calidad del álbum Time Out of Mind de Bob Dylan (un guiño menos obvio a Cameron Crowe). Y luego, la tragedia oscurece el tierno romance (referencia a Meet Joe Black).

En el capítulo dos Dylan (un nombre totalmente predecible), la hija de Will y Abby (encarnada por Olivia Cooke), es una adolescente problemática y de actitud punk, la cual es criada por su paciente y cariñoso abuelo Irwin (Mandy Patinkin). Vemos como Dylan convierte el tema Make you Feel my Love incluido en el mencionado álbum de Bob Dylan, en una canción llena de rabia y alejada del sentimentalismo de la versión original (clara metáfora sobre la descomposición familiar que sufre la chica).

El capítulo tres parece estar desconectado de la historia desarrollada en los dos capítulos anteriores, y cuenta la historia del triángulo amoroso que se entreteje entre el Señor Saccione (Antonio Banderas), el dueño de una plantación de olivos, su empleado Javier (Sergio Peris-Mencheta de la serie Snowfall) e Isabel, la esposa de Javier (Laia Costa). Aquí vamos a ver escenas de celos, monólogos sobre el pasado y decisiones que van a afectar el futuro de Rodrigo, el hijo de Javier e Isabel.

El capítulo cuatro nos muestra a Rodrigo (Alex Monner), estudiando en la universidad y enamorándose de Dylan, en una extraordinaria casualidad que solo puede ser producto de un guion de cine, ya que Rodrigo fue el responsable involuntario de la tragedia que oscureció la vida de Dylan.

El capítulo cinco sirve para unir todas las historias y para informarnos (alerta de spoiler) que el narrador sospechoso es ¡la vida misma! (la referencia a Coelho no es gratuita).

Es una pena que los riesgos tomados al inicio y relacionados con el excéntrico narrador interpretado por Jackson (quien estuvo en Pulp Fiction) y el personaje de la psiquiatra Cait, interpretada por Annette Bening (quien protagonizó American Beauty, otra cinta referenciada por Fogelman), se diluyan en una serie de relatos de corte tradicional y que terminan siendo mensajes de superación.

Un narrador sospechoso nos diría que la vida a veces nos enseña que la ambición rompe el saco. Pero también nos diría que, pese a las pérdidas y los fracasos, la vida continúa. Solo tenemos una vida y por eso hay que vivirla al máximo. ¡Qué mensaje tan bello!

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