La mujer según Laura Esquivel

En Como agua para chocolate la escritora mexicana habla de los deseos sexuales de la mujer, deseos que aún en muchas culturas son tabú
Imagen por Scoopnest.com

En el día de la mujer recordamos a Como agua para chocolate un libro que, hace 29 años, habló de la mujer como una persona activa sexualmente, con poder de decisión y que luchó en contra de los prejuicios de una sociedad conservadora.

Laura Esquivel es una escritora mexicana, que estudió docencia y teatro, y su novela más conocida es Como agua para chocolate. En su obra fusiona lo sobrenatural con lo mundano y le da un papel fundamental a la importancia de la cocina en la vida de la protagonista.

La novela sitúa al lector en los tiempos de la Revolución Mexicana, una época en donde la mujer cumplía un rol limitado a las tareas del hogar, directamente ligadas a un tradicionalismo cultural que define el actuar de cada uno de los personajes.

Los 12 capítulos de la obra se desarrollan a partir de exquisitas recetas típicas de México que hacen salivar al lector. Cada receta es el comienzo de la historia de una familia, constituida principalmente por mamá Elena, sus tres hijas, Rosaura, Gertrudis, y Tita, además de Nacha y Chencha, ayudantes de los quehaceres del rancho. Mamá Elena, al morir su esposo, se convierte en la cabeza de la familia y al vivir en un mundo de hombres, se convierte en una mujer dura, que se caracteriza por ser extremadamente estricta y fiel a las tradiciones que determinan el futuro de Tita, quien, por ser la menor de sus tres hijas, debe cuidarla hasta el día de su muerte, lo que le impide casarse con Pedro, el hombre a quien ama.

Los dos protagonistas se conocen en una reunión social y se enamoran perdidamente uno del otro, tan así, que él ante la negativa de comprometerse libremente, se casa con Rosaura, la hermana del medio, con la finalidad de estar cerca de Tita.

Resulta muy seductora la forma en que la historia de este amor se desenvuelve en un mismo escenario, ya que la mayor parte del tiempo, Tita y Pedro conviven en la casa esforzándose inútilmente por apagar una llama que crece con el tiempo. Es peculiar la relación entre la cocina y los sentimientos de Tita, pues para ella es algo más que un simple recinto en donde se elaboran los alimentos, es un refugio en donde misteriosamente su comida expresa lo que piensa y siente, ya que por la represión que se vivía en aquella casa, Tita había perdido la posibilidad de tener una voz y de ser escuchada. El que su comida hiciera que los comensales rieran, lloraran o hasta se excitaran es una denuncia de la autora ante el tabú de lo que significa la sexualidad para la mujer.

Esquivel genera en el lector una inevitable empatía a partir de los sentimientos de Tita, una mujer que vive determinada por las convicciones sociales. Su sufrimiento es un reflejo de la frustración que sienten muchas mujeres al ser enmarcadas en un imaginario social que les impide expresar lo que sienten, tener el poder de decisión para empoderarse de sus vidas, sentir libremente, amar y soñar. Muchas aún están encerradas en estos estereotipos por lo que adoptan la sumisión como un mecanismo para sobrevivir.

Como agua para chocolate, en definitiva, es una obra que cautiva, envuelve y permite soñar, pero principalmente denuncia la calidad de vida de muchas mujeres que aún no tienen una voz en el mundo.

 

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