La hermandad secreta de los escritores eróticos

Los hombres aún tienen que interiorizar la literatura erótica, pero hay un creciente número de ellos que la está escribiendo utilizando seudónimos
Imagen por Tim Peacock

Antes de que Chance Carter, de 36 años, escribiera su libro Bad Boy Daddy, publicó historias eróticas durante dos años bajo un seudónimo femenino hasta que una escritora lo acusó en Facebook de engañar a sus lectores. Ella alegó que los hombres que trabajan en este género literario bajo nombres de mujeres eran cobardes e inmorales. Entonces Carter adoptó un nuevo seudónimo, uno innegablemente masculino y alcanzó el estrellato. Según Carter, ha estado regularmente posicionado dentro de los 100 mejores escritores en Amazon desde ese entonces. Bad Boy Daddy ostenta más de 2.500 reseñas y estuvo durante una semana en los puestos más altos en las listas de libros digitales de distribuidores en línea.

Se dice que las mujeres prefieren escritoras cuando se habla de literatura erótica porque los hombres no saben crear una buena historia cargada de sexo. Esta teoría está basada, en parte, en que los hombres no consumen este tipo de libros.

En 2014 una encuesta realizada por Nielsen sobre escritores románticos norteamericanos, por ejemplo, encontró que solo el 18% de los lectores eran hombres.

Ogi Ogas, neurocientífico computacional y coautor de A Billion Wicked Thoughts: What the Internet Tells Us About Sexual Relationships [Mil millones de pensamientos retorcidos: Lo que Internet nos dice sobre las relaciones sexuales], cree que esto sucede por las diferencias fundamentales entre el cerebro de los hombres y las mujeres. “Una de las diferencias más básicas es que el cerebro masculino responde ante cualquier estimulación sexual. Unos senos, dos mujeres besándose, mujeres mayores”, le contó Ogas a Time.com. “El deseo femenino requiere de múltiples estimulaciones… Para un hombre, la herramienta más común para masturbarse es un video de 60 segundos. Para una mujer, puede ser una novela de 250 páginas… Las historias tienen mayor flexibilidad para ofrecer más variedad de estimulaciones”.

La razón original de Carter para adoptar un nombre femenino es semejante a la razón de J.K. Rowling de poner su nombre abreviado en las portadas de Harry Potter: su editor no creía que los jóvenes quisieran leer la historia de un joven mago escrita por una mujer. “Durante siglos, las escritoras en géneros dominados por hombres han tenido que usar seudónimos para ser publicadas”, dice LN Bey, un escritor erótico que publica bajo un nombre de género neutral. Carter dice que maneja un grupo de alrededor 400 personas para romance y escritores eróticos, la cantidad entre hombres y mujeres es pareja, pero los seudónimos en un 99% tienen sonoridad femenina.

“Este es un negocio socialmente riesgoso y estigmatizado, de pronto mucho más para los hombres”, dice Bey. “Muchas mujeres no leen a autores hombres porque tienen la percepción de que su trabajo va a ser misógino, con historias que digan ‘ponte de rodillas, perra’ y no tengan un aspecto profundo psicológicamente”. Dejando a un lado el género, los escritores eróticos tienden a ser protagonistas de chismes en sus trabajos por muchas razones. Robert Fleming, quien se describe como el primer editor en compilar la antología de ficción erótica hecha por escritores afrodescendientes, adoptó el seudónimo Cole Riley para distanciar su escritura creativa de su trabajo como periodista en The New York Times y Essence. Como muchos otros, Fleming llegó a la literatura erótica por casualidad: dice que tuve su primer trabajo en este género después de hablar con el editor general de Oui, una revista de fotografías de desnudos (antigua publicación de Playboy), en un ascensor. “Me presentó un mundo completamente nuevo”, dice. “Estaba pasando el mejor momento en mi vida”.

M. Christian, que ha sido publicado en la colección de los mejores escritores eróticos de Estados Unidos, escribe en este género para expandir su espectro. “Puedo experimentar con todo tipo de técnicas para contar una historia”, dice. “He aprendido que es esencial desafiarse a uno mismo para no envejecer creativa o personalmente”. Christian no usa un seudónimo para proteger su reputación: él usa uno porque simplemente no le gusta su verdadero nombre.

Según Carter, los nombres falsos ayudan a los autores a crear una marca. “Si quisiera escribir una novela de vaqueros, usaría un nombre que sonara a algo de vaqueros”, dice. “Sin seudónimos, toda tu carrera como escritor sería descubierta cada vez que alguien te buscara. Las personas que leen mis historias eróticas no estarían interesadas en los ensayos sobre derecho que escribí hace 10 años”.

Por ahora, la literatura erótica es una de las pocas industrias donde los hombres están en desventaja. “Es difícil poner un nombre masculino en una novela sexy, cuando las listas están llenas de libros escritos por mujeres”, dice Carter. “Es como llegar en bicicleta a una convención de harlistas”.

 

El pasado accidentado de la literatura erótica

Revisamos los altos y bajos a través de la historia de este género.

 

Aprox. 1150 A.C.

Los egipcios crearon los Papiros Eróticos de Turín, apodados como “la primera revista en el mundo para hombres”, se encuentra en el Museo Egizio de Italia.

1748

John Cleland publica Fanny Hill, una de las primeras muestras de novela pornográfica escrita en inglés.

1819

Merriam-Webster cita los inicios de la palabra erótica, derivada de Eros, dios griego del amor.

1921

Por su pasaje hablando de masturbación, Ulises de James Joyce fue vetado durante 12 años en Estados Unidos.

1992

Madonna lanza su disco Erotica al mismo tiempo que aparece su libro Sex. El álbum ha vendido más de 6 millones de copias en todo el mundo.

2015

Cincuenta sombras de Grey rompe récords a nivel mundial, llegando a ganar USD 571 millones en las taquillas.

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