La Filosofía Playboy

Filosofía Play Boy
Una introducción a la Filosofía Playboy  
Imagen por Chapman Baehler

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de diciembre 2017 

Hace 63 años mi padre publicó el primer ejemplar de PLAYBOY con 6 mil dólares que pidió prestados a todo aquel que se tomara el tiempo de escuchar su idea. Con los años, PLAYBOY llegó a ser algo mucho más grande de lo que él hubiera esperado, y el conejo se convirtió en una especie de test de Rorschach para la actitud de la gente hacia el sexo. Tanto los fans como los detractores debatieron el significado de la marca y lo que representaba el logotipo: lo que uno veía en ese conejo hablaba más de uno que de cualquier otra cosa.

Bajo los elementos de la cultura pop de la marca, que habitualmente salían a flote por ser de interés periodístico, estaba claro que el objetivo de mi padre al lanzar PLAYBOY era promover una conversación saludable sobre el sexo e incentivar el diálogo sobre temas sociales, filosóficos y religiosos. La idea detrás de la revista era que, si bien estos temas eran populares, casi nunca se discutían en público durante cenas o cocteles, como debería ocurrir; sin embargo, muchos malinterpretaron ese mensaje, no entendieron el punto y se concentraron en los desnudos sin complejos de la revista, en el enfoque revolucionario del sexo y en las conversaciones sobre el mismo. Y esto es una verdadera ironía, dado que el sexo es figurativamente el Big Bang detrás de nuestra existencia, de toda la existencia consciente y de la civilización misma. Para aclarar cualquier confusión, mi padre comenzó a escribir La Filosofía Playboy casi 10 años después de que la revista fuera publicada por primera vez en 1953, e hizo más de 20 entregas a lo largo de la década de 1960. Así la explicó:

“Aunque hemos sido conscientes de las virtudes de vernos a nosotros mismos como otros nos ven, también hemos sentido que la imagen ha sido distorsionada en algunas ocasiones. Al haber escuchado pacientemente durante tanto tiempo lo que otros piensan que representa Playboy, hemos decidido —en este noveno aniversario— expresar nuestro propio credo editorial y ofrecer algunas observaciones sobre nuestra sociedad actual y el papel de Playboy en ella, un esfuerzo que esperamos sea del interés de los amigos y los críticos por igual”.

Y aunque estoy retomando lo escrito por mi padre en La Filosofía Playboy, y a pesar de que los dos tenemos muchas opiniones en común, también tenemos grandes diferencias, que sospecho encontraré mientras continúo escribiendo estas entregas para dejar claro quiénes somos hoy. Pero una cosa es clara, y tanto mi padre como yo la entendemos en su forma más simple, y eso es lo que PLAYBOY y los Estados Unidos se esfuerzan por representar en su forma más grande: la libertad.

***

Probablemente muchos piensan que me involucré en el negocio por las fiestas que con frecuencia se asocian con PLAYBOY: la oportunidad de beber con gente interesante y la suerte de disfrutar de grandes aventuras. Independientemente de que haya tenido un lugar privilegiado en muchas experiencias increíbles a lo largo de mi vida, mi verdadero interés y mi pasión siempre han radicado en lo que muchos pueden considerar como cosas “aburridas”, pero que en realidad me parecen las más importantes, como la tradición de defender con firmeza las libertades civiles y la libertad de expresión.

En la década de 1950 la marca luchó contra el macartismo y decidió publicar  a escritores y artistas estadounidenses, además de otros personajes incluidos la lista negra del Gobierno. En los 60, la compañía promovió la integración racial en sus clubes, en sus ediciones y en los programas de televisión cuando pocos estaban dispuestos a hacerlo. A partir de la década de los 60, PLAYBOY publicó caricaturas e historias que desafiaron las normas sociales, y abogó por la comunidad LGBTI cuando la sociedad la había abandonado o, peor aún, atacado abiertamente.

Aunque es una bendición poder continuar algo que mi padre escribió con tanta convicción, mi verdadera motivación para traer de vuelta estas entregas es el hecho de que creo que hemos entrado en un momento en el que la historia está comenzando a repetirse. Y seré el primero en identificar la ironía mientras redacto esta primera entrega de la nueva Filosofía Playboy.

Escribo con orgullo sobre estos logros colectivos y hago notar que juntos elegimos a nuestro primer presidente afroamericano, presentamos los derechos de los homosexuales ante la Corte Suprema y fuimos testigos de la ley a favor del matrimonio igualitario, comenzamos a recorrer el camino hacia la legalización de la marihuana y vimos por primera vez a una mujer siendo candidata presidencial de un partido político importante. Esas son solo algunos de los triunfos que hemos disfrutado. Pero después de tanto progreso, nuestras victorias están en peligro. Así como el péndulo social y político se había movido a favor de los liberales, como la historia ha demostrado una y otra vez, el péndulo retrocede.

Fuimos testigos de tendencias similares en los años 60 y 70 cuando la gente comenzó a adoptar como mantra la idea de “permitir que las personas decidan lo que quieren hacer con sus vida”. Fue un cambio de conciencia. Después de esto, los 80 trajeron la crisis del sida y una nueva versión de la lucha entre el comunismo y el capitalismo que asustó a millones. El péndulo retrocedió hacia la tradición conservadora, que tuvo presidentes demócratas y republicanos por igual. Rove, Rumsfeld, Cheney y Bush dejaron la Casa Blanca, entonces Obama entró y convenció a algunos conservadores al no apoyar una serie de políticas liberales, como el matrimonio homosexual. No obstante, lo que siguió ha sido un acercamiento al liberalismo democrático del siglo XXI, pues las nuevas generaciones se inclinaron por expresar su deseo de más tolerancia y libertad.

Pero ahora estamos volviendo a la tradición, y esta no abarca de ninguna manera al individualismo. En este punto de la historia, la discusión intelectual más fuerte tiene que ver con crear una sociedad lo más libre posible que no ignore las implicaciones sociales y económicas de nuestras decisiones políticas.

Necesitamos identificar a nuestros aliados en un momento en el que, por el lado liberal, una cultura de corrección política desalienta el debate acerca de las temas que puedan herir los sentimientos de las personas y, por el lado conservador, los políticos parecen cómodos amenazando los derechos de grupos específicos con la creencia de que “los Estados Unidos serán grandes de  nuevo”.

Dejemos esto como una introducción y una declaración de que, independientemente de nuestra orientación sexual o punto de vista político, lo que estamos viendo en la sociedad ha ocurrido antes y que todos estamos de acuerdo en que los ataques contra los musulmanes, los derechos de las mujeres, la comunidad LGBTI o la libertad de expresión atentan contra nuestros propios derechos. Por eso, debemos estar listos para defenderlos a toda costa en el terreno intelectual.

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