La delgada línea entre el arte y la pornografía

Imagen por Cortesía de Romy Alizée

Hay algo cautivador en la mirada de Romy Alizée: La manera en que mira a la cámara, su pelo oscuro y corto que se encrespa en la raíz y su expresión desentendida. Te mira con confianza y seguridad mientras hace que un hombre se incline sobre sus rodillas, su mano queda atrapada en el aire mientras le hace saber al espectador que él es el sumiso, y ella es la emperatriz.

La obra de Alizée es una reacción gutural a la moda y al erotismo. Cuando era adolescente se interesó por la moda y la cultura gótica, así como por el modelaje alternativo. “Esas mujeres son tan poderosas. Quiero ser como ellas”, recuerda haber pensado. La moda gótica resalta la alteridad—labial negro, ataduras y cuero— y de alguna forma, el mundo de Alizée es oscuro. Es curioso, sus sets son extrañamente simples. Lo que vemos podría estar sucediendo en cualquier parte, en cualquier cuarto.

La moda gótica está íntimamente relacionada con el BDSM y eso es algo que se puede ver en el trabajo de la artista. Aunque no está plagado de juguetes sexuales, cadenas o látex, se presentan algunas mordazas y escenas de azotes, lo que ayuda a obtener un resultado atractivo y juguetón. La cultura gótica también cuestiona los roles de género y celebra la androginia. En estas fotografías, la mujer recibe sexo oral y el hombre lo está dando, revirtiendo los estereotipos populares de las mujeres en las imágenes de clasificación x.

Su carrera en el arte comenzó a los 21 años, cuando se mudó a París y comenzó a trabajar como modelo, posando para fotógrafos como Laurent Benaim, Anders Petersen y el difunto Ren Hang. Una agresión sexual durante uno de sus trabajos la hizo querer escapar del negocio. Además, en ese momento, recuerda que su “visión de la desnudez estaba realmente lejos” de lo que quería “hacer como modelo”.

Dejó de comer antes de las sesiones de fotos, y su falta de confianza la llevó a un modo de vida poco saludable. “Me di cuenta, muy joven, de que había algo sobre mi cuerpo, y más tarde también mi sexualidad, que no estaba bajo mi control. Odiaba mi cuerpo y al tiempo estaba obsesionada con él. Podía pasar horas viéndome en el espejo. Creo que estaba tratando de acercarme a mi ser interior”.

“Conocí algunos fotógrafos maravillosos que me ayudaron a tener más confianza. Una concordancia de cosas me llevaron a tomar mis propias fotos”, explica. Así que tomó su trauma y sus obstáculos y los comenzó a usar como inspiración para tomar fotos de sus amigos y de sí misma.

Alizée se sintió empoderada cuando tomó el control de la imagen, especialmente con los autorretratos. Le dio la habilidad de ser la mujer que quería ser, “lejos de cualquier mirada masculina”. En una imagen muy dominante, está sentada con las piernas abiertas encima de una persona, usándola como si fuera una silla. El rol de poder cambia cuando Alizée mira con confianza a la cámara. En la imagen, las extremidades humanas debajo de ella, se vuelven casi invisibles. Ella es el sujeto y él es el objeto, una silla humana que, si no se mira con detenimiento, puede ser confundida con un mueble. Y eso es lo que resulta tan sorprendente de la obra de Alizée: es abiertamente erótica, obviamente, muy sensual y con clasificación x, pero no agruparíamos estas imágenes con el trabajo que se encuentra en sitios como Pornhub.

Otra forma en la que sus fotografías se diferencian de la pornografía es en la selección que hace de los colores. De acuerdo a la artista, la ausencia de color las hace “provocativas, punk, vintage y crudas al mismo tiempo”. Una mujer disfrutando en una cama es una imagen pornográfica, sí, pero no está artificialmente iluminada, ni saturada. Hace que las imágenes parezcan fotos casuales tomadas en la madrugada, el tipo de imágenes que puedes encontrar en una caja de zapatos escondida debajo de una cama, que tienen un nivel de intimidad, más allá de la clasificación X con la que cuentan.

También hay que resaltar las expresiones de quienes aparecen en sus fotos. En imágenes pornográficas tradicionales una mujer que esté recibiendo sexo oral aparecería retratada en el medio de un orgasmo, o con la boca abierta, los ojos en blanco y en un estado de euforia. Pero al ver que la modelo controla a su sumiso, la figura sin rostro en la imagen, el espectador no puede evitar sonreír. Él está sofocado entre sus piernas y ella ni siquiera puede molestarse en actuar para la cámara, en fingir algún tipo de placer. Es la reina de la cámara, la observadora, la modelo y la creadora.

Alizée dice que siempre ha estado obsesionada con la sexualidad, especialmente porque Francia está más bien atrasada en términos de igualdad de género. “A los hombres se les enseña a expresar su deseo a través de la dominación”, explica. En Francia hay un 25% de brecha salarial de género, y una mujer muere cada tres días por abuso. Mientras el presidente Emmanuel Macron admite que el país está “enfermo de sexismo”, el trabajo de Alizée se centra en los detalles construidos por una sociedad patriarcal y en el control sobre los cuerpos de las mujeres como si fueran una mercancía.

“En mis fotos las mujeres son reinas”, explica Alizée. Empodera a sus modelos a expresar sus fantasías sexuales más profundas y oscuras. Trata de proveer una zona libre para expresar su ser sexual más natural, sin juicios entre fotógrafo y modelo. Cuando Alizée es el sujeto, comienza por imaginarse a sí misma en el escenario frente a la cámara. Está creando un personaje para el espectador. Elimina la expectativa de que la mujer es consumida, absorbida y mercantilizada. En cambio, sus imágenes revelan una mujer moderna que es dominante y libre.

“Recibo mi inspiración de la ira de las mujeres, de la complejidad de las relaciones de hoy”, concluye. Y todas esas capas están exhibidas su libro debut, FURIE.

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Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de diciembre 2017  1 de julio de 1964 Aficionado al

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