La crisis en la masculinidad después del #MeToo

Imagen por Imagen: Julia Tim

Después de un reciente artículo que publiqué en Vox sobre si la adicción al sexo es un trastorno mental “real” o una excusa utilizada por los hombres para escapar del castigo por crímenes sexuales, recibí una avalancha de correos electrónicos de hombres. Decenas de hombres. Algunos pidieron consejo sobre cómo tratar problemas sexuales, otros (incluido un terapeuta) lanzaron insultos, acusándome de ser, entre otros epítetos, “conveniente” y “una perra mojigata”. Respondí a las preguntas sinceras y borré a los trolls.

Luego me llegó un mensaje directo en Facebook de un hombre al que llamaré Aaron, una pequeña aventura de hace muchos años. “Por cierto... nuestra pequeña cita fue solo eso, ¿verdad? ¿No te obligué a nada? Recuerdo la noche con bastante cariño”.

Recordaba que todo lo que hicimos juntos ese largo fin de semana en Nueva Orleans fue consensuado. Aaron me confesó que otra cita de una década antes que había creído consensuada aparentemente no lo era. La mujer le dijo luego que había sido una violación y se negó a hablarle, incluso para permitirle disculparse.

Veía los puntos en el chat de Aaron que me indicaban que estaba escribiendo. Luego estas palabras aparecieron: “Eso todavía me persigue”.

Le devolví el mensaje: “Probablemente eso sea algo bueno, aunque creo que no querías causar daño”.

Ya sea intencional o no, forzar una escala variable de conductas intimidatorias hacia las mujeres solo porque usted puede es reprochable. Si bien es meritorio que tantos hombres se horroricen con cada confesión #MeToo o con el desenmascaramiento de un alto perfil (¿tú Matt Lauer?), la conciencia de la omnipresencia de la coacción sexual es solo el primer paso.

Todavía hay mucha confusión entre los hombres sobre lo que constituye un comportamiento inaceptable, aunque creo que cada vez más se está aplicando el consejo que da Samantha Bee sobre qué deben hacer su pene: “simplemente mantén este asunto dentro de tus pantalones”. Un amigo que creía saber mucho, me dijo que él creía que el acoso sexual estaba disminuyendo porque “rara vez veía obreros echando piropos”. Le pregunté, “¿Y cuándo fue la última vez que caminaste en los zapatos de una adolescente?”.

Mi profesionalismo me obligó a no criticar al paciente que dijo con toda confianza: “He estado haciendo un gran examen de conciencia y sé que nunca me he pasado de raya con una mujer ni personalmente ni profesionalmente". Tras una revisión, se dio cuenta de que asintiendo con la cabeza en un comentario dirigido a una colega sobre cómo la reciente pérdida de peso la dejó “curvilínea en todos los lugares correctos” no fue un halago para ella. Especialmente cuando estaba a punto de dar una presentación fundamental en una habitación llena de ejecutivos. Mi paciente dijo: “Wow, pensé que se sentiría halagada. Estoy avergonzado de mi género. Estoy avergonzado de mí mismo”.

¿Qué será necesario para que este replanteamiento de lo que significa ser hombre sea más que un bache y dé un salto hacia un cambio real y duradero?

“TODOS LOS HOMBRES FUERON CRIADOS COMO PREDADORES”

No se puede negar que en este escenario post-Weinstein muchos hombres están lidiando con grietas en su autoimagen de buenos hombres que tratan bien a las mujeres.

Existe una creciente curiosidad acerca de cómo esa imagen concuerda con la cultura misógina en la que los jóvenes son criados tradicionalmente. Por ejemplo, incitándose mutuamente para lograr 'hitos' como visitar clubes de striptease o presionar en las citas para llegar a la siguiente base.

El coach Raymond DePaola, dice: “Cuando salió la cinta del llamado 'pussygate' de Trump, algunos hombres dijeron:  'Las charlas privadas no significan nada'. Otros replicaron: 'Ninguno de los hombres con los que salgo habla así'. Pero eso tampoco es cierto. Cuando los hombres están juntos, quieren encajar. Incluso si no dicen cosas sexistas, tampoco lo denuncian”.

La avalancha de declaraciones #MeToo dividió la psique de DePaola. “Me doy cuenta de que incluso comportamientos que había pensado que eran inocentes como coquetear con una mujer que estaba sola en un bar, podría haberla hecho sentir incómoda e incluso asustada. Nada se puede percibir como inocente, todo puede dar miedo”. Y añade: “Lucho con la culpa y la vergüenza porque siento que fui criado, como todos los hombres, como depredadores”.

Aquellos que llevan esa naturaleza depredadora mucho más allá de coquetear en un bar, usualmente tienen percepciones distorsionadas de cuán sexualmente activos son sus pares, creyendo en los alardes que ocurren en los espacios privados y en las charlas entre amigos. Sherry Hamby, editora de la revista Psychology of Violence, dice: “Los hombres entienden que no deben agredir sexualmente a las mujeres. No es la falta de información lo que los hace hacerlo. Por el contrario, su desesperación por recopilar palmadas en la espalda de otros hombres, sumado a la falta de empatía y al exceso de narcisismo, puede llevarlos a ignorar el daño obvio que están causando”.

Los estudios también señalan, entre otros factores, la percepción errónea de una mujer sonriendo, haciendo contacto visual o incluso simplemente bebiendo como un signo de interés sexual.

El productor de teatro Seth Greenleaf se encuentra entre los hombres estupefactos ante la omnipresencia del problema. “Soy muy protector con las mujeres, así que nunca he [coaccionado sexualmente a alguien], y nadie a mi alrededor lo haría. Pero como hombre blanco heterosexual, nunca he estado en una situación de desventaja. Estoy empezando a reconocer mis derechos y me doy cuenta de que no todos tienen la opción de decir no. Esta relación con el poder tiene que ser reexaminada”.

"LO QUE SEA QUE DIGA SALDRÁ MAL”

Neil Kramer ha estado creando olas cibernéticas con sus intentos en las redes sociales para “defender a la mayoría de los hombres”.

El escritor con sede en Queens dice: “La mayoría de mis contactos en redes sociales son mujeres y las trato como individuos antes de pensar en su género. Ahora se siente como un 'nosotras' versus 'ellos'. Cualquier cosa que diga saldrá mal y me atacarán por expresar una opinión”.

Y agrega, “Hay muchos ataques a lo masculino. Si los roles se invirtieran y los hombres estuvieran escribiendo sobre mujeres de la misma manera que las mujeres escriben: no puedo confiar en ningún hombre, sería visto como reprochable”.

En el mundo fuera de línea, él es consciente de cómo él, un hombre alto, robusto y de mediana edad, puede ser percibido como una amenaza, al contarme por ejemplo sobre haber estado solo en una calle residencial tranquila con una mujer y alejarse deliberadamente para que ella no se sintiera amenazada. Lo que realmente entristece a Kramer es que se siente injustamente incluido en “todo lo malo de los hombres”.

Las mujeres confrontadas con estos sentimientos suelen responder de manera similar a la forma en que contestaron recientemente a una publicación de Kramer: Lidie con eso. Las mujeres no son responsables de que lo expulsen de su zona de confort. #notgoingback.

Mi corta aventura, Aaron, está luchando, aunque a la defensiva, con un cargo mucho más serio, el de ser etiquetado como violador. Se dio cuenta muy tarde de que debería haberse detenido cuando su pareja titubeó durante el sexo. Aaron explica su razonamiento en tercera persona: “Se siente tan bien una vez que el sexo ha comenzado que él puede sentirse obligado a continuar”.

“¿Sentirse obligado?”

Aaron aclaró que estaba “obligado” en el sentido que “los hombres son criados para ser hombres ... no para ser débiles ... Es una mentalidad de dinosaurio, de cavernícola, que un hombre mayor tiende a cumplir”.

La experiencia ha convertido a Aaron en “100 por ciento más dócil”. Agregó otra cara sonriente al veredicto: “Ya no soy tan asesino de mujeres”.

Dije adiós y cerré nuestro chat estremeciéndome. El Aaron con el que hice el amor en Nueva Orleans hace mil años fue cariñoso y considerado. Creí que Aaron se habría retirado si se lo hubiera pedido. Por supuesto que no le hubiera pedido que lo hiciera.

EL ÚNICO CAMINO POSIBLE PARA CAMBIAR

En la década de 1970, el Dr. Edward Gurowitz descubrió que una mujer con la que había tenido relaciones sexuales se sintió coaccionada. “Hablé con ella y le dejé en claro que esa no era mi intención. Ella lo entendió, pero no puedes desconectar esa campana. Solo puedes estar más atento la próxima vez para notar las señales”.

Hoy, el psicólogo y consultor es el presidente electo de Mankind Project USA (https://mankindproject.org/) , una organización mundial de hombres con la misión de ayudarlos a “hacerse cargo del impacto de sus acciones y acabar con las estupideces que nos han enseñado que son los fundamentos de ser hombre”. Lo hacen a través de grupos de capacitación y apoyo para hombres donde pueden aprender a ser autocríticos y volver a examinar cómo definen la masculinidad.

Es un gran esfuerzo para alterar lo que los estudios muestran es una hostilidad arraigada hacia las mujeres, el cual es un fuerte indicador de posible agresión física y sexual. De hecho, muchos hombres llevan inconscientemente una sensación de “dominación internalizada”, la opinión de que su sexo es superior. Esta creencia hace que sea aceptable aprovecharse de aquellos que pueden estar operando bajo una opresión internalizada.

Gurowitz dice: “Trabajo con hombres en corporaciones, ayudándolos a tomar conciencia de sus propios prejuicios inconscientes. Cuando entramos en una empresa como Kaiser o Ebay, comenzamos una conversación sobre la importancia del liderazgo incluyente, en vez de mantener a las mujeres en el lado equivocado del techo de cristal”.

En los últimos 30 años, casi 70,000 hombres se han capacitado a través de varios capítulos del Mankind Project. Gurowitz dice: “Vivo en el corazón de Silicon Valley y hace cinco, seis años, cuando hablé de estos temas, pocas personas querían escuchar. Ahora, al menos están prestando atención”.

El cambio no ocurrirá sin esfuerzos educativos constantes. Me entristeció ver que el diluvio inicial de tweets #HowIWillChange, que documenta las promesas de los hombres de cambiar sus comportamientos sexistas, se desacelera en las últimas semanas.

Otro componente es el apoyo social. Los hombres y las mujeres que se presentan para revelar sus historias de acoso y abuso reciben elogios de muchos, pero obviamente no de todos. Todavía se necesita una enorme cantidad de coraje para hablar públicamente en un entorno hostil. También se debe alentar a los hombres que admiten los errores del pasado y prometen ser conscientes de su comportamiento de ahora en adelante.

Elogiado o no, el coach de vida Raymond DePaola se compromete a seguir evolucionando. “Es esencial seguir hablando con otros hombres sobre las formas en que hemos lastimado a las mujeres. Es tan difícil para nosotros salir detrás de la máscara del machista, del pedante, pero sé que no soy el único luchando y sintiéndose solo en una isla”.

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