Jonathan Bennett sabe que es un ícono cultural

Imagen por Steven Taylor

Es una tarde tranquila y soleada en Newport Beach, California, pero Jonathan Bennett está muy animado. El actor y presentador de Halloween Wars en Food Network está en la terraza del jardín de mi casa de estilo Montauk, armando cajas de regalo rosadas con mi esposa, la chef Nikki Martin. Dentro de cada una hay mini botellas de Summer Water Rosé, máscaras faciales Glow Recipe Watermelon y lo mejor de todo el paquete, una copia de The Burn Cookbook: An Unofficial Unauthorized Cookbook for Mean Girls Fans, envuelto con papel rosado. Bennett y Martin se apresuran para lograr llevar todas estas cajas de regalo a la oficina de correos a tiempo para el lanzamiento del libro, que tendrá lugar en el National Mean Girls Day (el 3 de octubre, por supuesto). En la lista de destinatarios están: Mariah Carey, Britney Spears y Katy Perry, todas mega estrellas y grandes fanáticas del clásico de 2004.

“Nuestras recetas son fetch as fuck, y queremos que todos puedan prepararlas”, dice Bennett. El libro de cocina, es una parodia y así lo declara en su cubierta. La creación de Bennett y Martin, también es un intento no tan sutil de capitalizar la insaciable sed de cada fan de Mean Girls, una película que ha definido la adolescencia por más de una década.

Han pasado catorce años desde que se estrenó la película, escrita por Tina Fey y basada en la novela de Rosalind Wiseman de 2002, Queen Bees and Wannabes. Desde entonces, Bennett no ha vivido un solo día sin que lo reconozcan por su papel como Aaron Samuels, el interés amoroso del personaje interpretado por Lohan. Le ha tomado a Bennett todos estos años para poder aceptar que, sin importar cuánto éxito logre, siempre será reconocido como el atleta de secundaria que se dio la vuelta en la clase de matemáticas y preguntó: “¿Qué día es hoy?”: cuatro palabras que cambiaron su vida para siempre.

“Antes me molestaba”, me cuenta Bennett. “Pero ahora me siento honrado, porque aprendí a darme cuenta que es más que una simple película. La gente se conectó con ella de una forma que no sucede con otras películas. Y es casi terapéutica para algunas personas. Ven Mean Girls para sentirse mejor cuando están deprimidos, para superar una ruptura amorosa, o incluso cuando están enfermos y en la casa. Se reúnen para verla, y recitan los diálogos. La gente tiene una relación con la película”.

Bennett consiguió el papel de Aaron Samuels, estudiante de North Shore High School, su primer crédito cinematográfico, a los 22 años, un año después de mudarse a Los Ángeles desde Nueva York, donde había filmado All My Children. (Interpretó a  J.R. Chandler en el drama de ABC). Legiones de fanáticos  están de acuerdo en que fue una elección perfecta para interpretar a Samuels, pero en la realidad Bennett era bastante diferente de su personaje. “Hay un diálogo en la película en el que que dicen: ‘Todo lo que le importa es la escuela, su madre y sus amigos’”, dice Bennett. “Y eso es algo que compartimos. Pero Aaron jugaba fútbol y tuvieron que traer un entrenador para que me enseñara a patear una pelota”. Cuando Bennett habla de sí mismo en la secundaria, se describe como un “nerd del teatro”.

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He tenido una carrera extraña y he participado en proyectos para todos los grupos demográficos, pero todavía hay mujeres de todas las edades que se acercan a mí gracias a Mean Girls.

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Lanzada en abril de 2004, Mean Girls recaudó más de $100 millones USD, se convirtió en un éxito incontrolable y en un clásico de culto que engendró un musical de Broadway y sus propio día de celebración en Internet. “Obviamente no sabíamos en qué se convertiría”, dice Bennett. “Éramos solo un grupo de niños que pasaron tres meses en Toronto filmando una película. Fue como un campamento de actuación de verano con la gente de Saturday Night Live”.

La película lanzó las carreras de Lohan, Rachel McAdams, Lizzy Caplan y Amanda Seyfried. McAdams se ha convertido en una nominada al Oscar, Caplan consiguió una nominación al Emmy por su papel en Master of Sex de Showtime, Seyfried ha protagonizado películas junto a Meryl Streep y Lohan; bueno, podemos imaginar que pronto lanzará una nueva fragancia llamada Mykonos.

La carrera de Bennett también ha progresado. Apareció en docenas de películas y programas de televisión, compitió en Dancing With the Stars y ha presentado más de 200 episodios de Cake Wars y su versión especial de la temporada, Halloween Wars, que acaba de estrenar su octava temporada. Aun así, para Bennett es casi imposible pedir un café en Starbucks,  sin que el barista escriba “Aaron Samuels” o un diálogo de la película en su vaso. “Quiero decir, todavía me río cada vez que alguien dice ‘porque soy un buen amigo’”, le dice Bennett a Playboy. “Es muy divertido para mí. Y ha tomado más fuerza en los últimos cinco años. He tenido una carrera extraña y he participado en proyectos para todos los grupos demográficos, pero todavía hay mujeres de todas las edades que se acercan a mí gracias a Mean Girls

¿Cómo puede una estrella que interpretó a un personaje icónico dejar de luchar contra la omnipresencia de ese personaje en su vida? La verdad es que muchos no lo hacen. Alfonso Riberio nunca superó a su personaje, Carlton Banks de la comedia de 1990 The Fresh Prince of Bel-Air. Daniel Radcliffe siempre será Harry Potter y, a pesar del éxito cinematográfico que ha tenido Jennifer Aniston, sigue siendo Rachel de Friends. Pero Bennett está “bien con todo eso”, dice. “Lidias con eso cuando te vuelves consciente de lo tonto que es. Hace catorce años, me di la vuelta en un salón de clases y le pedí a Lindsay Lohan que me prestara un lápiz, y desde ese momento soy un personaje de ficción con el que la gente fantasea”, dice Bennett. “Soy consciente de que, si bien no soy Aaron Samuels, la gente quiere que lo sea. Ahora lo respeto, en realidad. Si puedo aportar un poco de felicidad a la vida de las personas dejando que me peinen el pelo hacia atrás para tomarme una selfie, lo haré”.

Esta aceptación que tiene Bennett de su doppelganger cinematográfico es bastante reciente y puede rastrearse, de entre todos los lugares del mundo, a un Applebee en Nashville, Tennessee. “Mi papá tenía cáncer cerebral y solo le quedaban unos pocos meses de vida”, le dice a Playboy. “Estábamos sentados cenando, cuando unas chicas vinieron a pedirme una foto. Una de ellas estaba tan emocionada que temblaba y lloraba. Estaba en un lugar oscuro y reacio a levantarme, pero mi papá me obligó a hacerlo”. Después de salir del restaurante, el padre de Bennett le dijo que mirara dentro del restaurante, las chicas estaban mirando sus fotos con muchísima emoción y brillando de alegría. “¿Cuándo fue la última vez que viste a alguien tan feliz?”, Le preguntó su padre.

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Jonathan Bennett tiene mil millones de cosas sucediendo en todo momento en su cerebro y cuando me miras, puedes ver cómo cobran vida.

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“Me levanto cada mañana y hago una lista de gratitud con 10 cosas por las que estoy agradecido. Hacerlo cambia tu energía y trayectoria en este mundo. Cambió mi vida”. El libro de Bennett también es un homenaje a su madre, Ruthanne Bennett, ex propietaria de una empresa de catering. “Mi madre preparaba comidas caseras”, dice. “Después de que falleció, no quería que su legado se desvaneciera. Tenía sus recetas en trozos de papel y en el dorso de los sobres. Necesitaba ayuda para llenar los vacíos y recrearlas”.

Así que Bennett llamó a Martin, una compañera de la red de Food Network con quien se había hecho amigo. Martin recreó diligentemente algunas de las recetas de Bennett; dos de los favoritos llegaron a la edición final. “El resto de las recetas son de Nikki”, dice Bennett.

La madre de Bennett era su mayor fan y era super protectora con él. “Mi madre era muy amorosa y no quería que me lastimara. Yo fui un bebé prematuro, casi morí al nacer; y ella casi muere teniéndome a mí”. Fue su madre la que condujo durante toda la noche a la ciudad de Nueva York cuando obtuvo su primer agente a los 20 años. Después de dos años de trabajar en All My Children, y un papel intermedio en Law and Order, Bennett se sintió preparado para Hollywood.

“Me mudé a Los Ángeles y estaba en bancarrota”, dice. “Nadie le enseña a un joven de 20 años cómo ahorrar el dinero que gana en su trabajo como actor de una novela”. En Los Ángeles, Bennett comenzó a trabajar en el FAO Schwarz en The Grove, el famoso centro comercial al aire libre de la ciudad. “Era una de esas personas vestido como un soldado de juguete que saludaba a la gente que entraba a la tienda. Mi trabajo consistía en abrir la puerta y repartir calcomanías. En mi primer día en el trabajo, una mujer se me acercó y me preguntó si era J.R. de All My Children. Le respondí ‘No, pero se parece a mí’. Me sentí humillado y me fui”.

Bennett tuvo que ser paciente y aceptar cualquier trabajo que pudiera conseguir mientras audicionaba. Unos meses después consiguió una audición para Mean Girls. “Cuando salí de la prueba para Aaron Samuels, fui a ver la película Freaky Friday en el Teatro Chino de Grauman, para saber quién era esta niña Lindsay Lohan”, recuerda.

Aunque Bennett ha hecho una amplia variedad de trabajos de actuación, tiene una pasión inquebrantable: presentar programas de televisión y eventos. “Me encanta presentar porque puedo ser yo”, dice. “Estábamos filmando Halloween Wars y uno de los directores adjuntos me dijo: ‘No te preocupes, Jonathon, te sacaremos de aquí lo antes posible’. Y yo pensé, ¿por qué harías eso? Estoy haciendo lo que amo y viviendo el sueño que he tenido desde los cinco años. Y lo estoy haciendo en una de las redes más grandes del mundo, en mi propio programa. No quiero ir a casa. El presentador que ves en Halloween Wars o Cake Wars es el verdadero Jonathan”.

Claramente las directivas de Food Network ha confiado en Bennett para que presente algunos de sus programas más codiciados, y le dan la libertad de participar en la creación de fragmentos y parodias. “Fue entonces cuando me di cuenta de que me estaba convirtiendo en mi padre”, dice Bennett. “Mi padre era básicamente Clark Griswold, siempre tropezaba a propósito, entraba a un lugar y trataba de hacer reír a la gente con tonterías. Me avergonzaba todo el tiempo cuando era adolescente y ahora estoy haciendo todas esas cosas para ganarme la vida. La única diferencia es que me están pagando por ello”.

 

Puede que Bennett nunca logre dejar de ser el omnipresente chico de ensueño que se ve sexy con su cabello peinado hacia atrás, pero sus recientes descubrimientos lo han puesto de frente a la realidad con humildad y gratitud y han dirigido su vida hacia oportunidades brillantes. “Después de años en la actuación, descubrí que estaba subestimando todo lo gracioso y peculiar que me hace ser quien soy” dice. “Pero Jonathan Bennett tiene mil millones de cosas sucediendo en todo momento en su cerebro y cuando estoy presentando algo, puedes ver cómo cobra vida. Ese es mi don, mi peculiar, divertida y extraña personalidad es lo que me hace especial. Recientemente aprendí a aprovecharla y dejar que brille”.

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