El hombre detrás del conejo

Art Paul dibuja con un haz de luz la famosa cabeza de conejo en Chicago en 1972.
Imagen por cortesía Archivos Playboy, Suzanne Seed.

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de febrero de 2018

Hace 40 años Arthur Kretchmer, director editorial, compartió un taxi desde el aeropuerto con una extraña. Ella era una consultora internacional y tuvieron una conversación interesante. Cuando Kretchmer mencionó que trabajaba para PLAYBOY, dijo que era la empresa con el segundo logo más famoso en el mundo —después de Coca-Cola— pero la mujer sonrió y no estuvo de acuerdo. Ella había pasado mucho tiempo en Asia y acababa de regresar de África; sin dudarlo, le dijo a Kretchmer: “El de ustedes es el más reconocido en todo el mundo”. Kretchmer se ríe mientras cuenta la historia. Puede que la mujer haya creído que elogiaba a PLAYBOY, a Hugh Hefner o a él, pero de hecho le estaba rindiendo un homenaje a Art Paul.

Paul fue la primera persona contratada por Hefner, el director de arte y fundador de la naciente marca, y probó lo que valía con rapidez al esbozar la omnipresente cabeza del conejo en menos de una hora. Fue lo mejor que ha creado, sin duda, pero es solo una de sus incontables contribuciones a PLAYBOY.

En 1969, en un décimo piso, la entrada al departamento de arte de PLAYBOY en Chicago con piezas de arte de todo tipo: aceite, madera, collage, papel maché, yeso, entre otros, que Paul había creado para ilustrar artículos.

Como Hef lo dijo en su diario, la misión de Paul era “darle una apariencia sofisticada” a la revista. Tenía la labor de mejorar la estética visual general de la publicación, pero Paul tenía ambiciones más altas.

“Motivaba a los artistas a ser más personales, expresivos e innovadores para modificar el estilo de las ilustraciones”, me responde Paul por correo electrónico antes de conocernos en persona. Y potenció la actitud y la voz progresista de la revista, según él, gracias a su diseño. “Fui guiado por el espíritu de cambio de PLAYBOY y por la idea de que un buen diseño se puede aplicar a cualquier cosa, a cualquier tipo de arte”.

Buscó que todas las ediciones de la publicación fueran un viaje elegante visual. Kretchmer dice que leer PLAYBOY es como tomar “una aventura, una experiencia visual y de lectura”. De hecho, entre la comunidad de diseñadores, se convirtió en el destino favorito de los artistas e ilustradores más famosos para demostrar su talento. Andy Warhol, Salvador Dalí, James Rosenquist y Ed Paschke son algunos de los artistas reconocidos que publicaron parte de su trabajo en la revista, gracias a Paul.

Paul alrededor de 1985. The Art of Playboy, un documental sobre Art Paul
por la directora Jennifer Kwong, está en desarrollo en este momento.

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En la primera edición Hefner escribió sobre el hombre PLAYBOY, quien disfruta de las cosas finas de la vida: “Tomar cocteles y comer un par de aperitivos, con un poco de música de fondo, e invitar a una mujer para hablar sobre Picasso, Nietzsche, jazz y sexo”. Paul fue quien tradujo ese ideal gráficamente.

“La idea de que PLAYBOY era un producto sofisticado fue de Art Paul”, dice Robert Newman, el antiguo director de diseño de New York y Details, entre otras publicaciones. “Él fue quien le dio calidad a su sofisticación y sensualidad”. Las páginas lo evidenciaban y por lo general contaban con piezas de arte que fácilmente podrían haber salido de una galería. Y Paul no se limitaba a las opciones tradicionales de pinturas e ilustraciones para acompañar los artículos; también solicitó trabajar a través de medios diferentes, desde creaciones de técnica mixta hasta esculturas en piedra y piezas en acrílico.

El diseño de Paul, liberando a los artistas de las estrictas barreras de la dirección editorial, era radical en esa época.

“En los 50 las ilustraciones, por lo general, eran escogidas por los editores, junto con los directores de arte”, dice Paul. “Escogían una escena de una historia y la presentaban literalmente, con una leyenda en caso de que no fuera lo suficientemente literal. Una fórmula muy estricta”. En lugar de eso, él dice: “Les pedí que el ilustrador interpretara el sentimiento o la esencia de la historia. Era lo que le daba poder”.

Paul esperaba que los ilustradores presentaran trabajos llamativos, metafóricos e incluso inusuales, cualquier cosa que complementara el artículo. Por ejemplo, la pintura de Jerry Podwil del artículo Getting Off de diciembre de 1974: un bebé al lado de un sonajero roto, escarbando en su pañal en un acto aparente de masturbación. Ese tipo de libertad era atractiva para los artistas.

El equipo de arte de PLAYBOY junto a Paul / Hugh Hefner y Art Paul examinan negativos en 1955 / Para el estilo, las ilustraciones y el diseño de la revista, Paul también se involucró en las sesiones de fotos de las Playmates.  Aquí ajusta los detalles para la sesión de fotos de Terry Ryan, la primera supervisada por el equipo, en diciembre de 1954. 

“Nadie nunca me dijo que no estaba interesado en trabajar con nosotros”, dice Tom Staebler, quien empezó en el departamento de arte de PLAYBOY en 1968 y eventualmente se convirtió en el pupilo de Paul, y después en su sucesor. “No me importa quién es o qué tan grande sea. Todos querían trabajar para PLAYBOY”.

Pero díganle que su trabajo fue influyente y el modesto Paul dirá que no es cierto. Una vez más, no necesita alardear; que otros lo hagan por él. “Fue un visionario brillante y un verdadero maestro de la arquitectura de la revista”, dice Newman.

“PLAYBOY usaba la ilustración de una manera completamente distinta”, comenta Bart Crosby, un diseñador de Chicago y antiguo compañero de universidad de Paul. “Lo usaban como una metáfora o representación. Las ilustraciones eran dramáticas y perturbadoras. Art perpetuó y alentó eso. Cambió el mundo de la ilustración. Incluso las publicaciones más conservadoras comenzaron a ser un poco más atrevidas”.

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En una cálida mañana de otoño en Chicago, Paul me da la bienvenida al apartamento que ha compartido por más de cuatro décadas con la artista Suzanne Seed, su esposa. Con una barba blanca y alborotada, y usando una camisa y un pantalón negro, sonríe mientras se levanta de su silla de ruedas, toma su bastón de madera y me da un golpe suave en la espalda. En enero cumplirá 93 años y ha sufrido diferentes recaídas en la última década; la degeneración macular lo dejó casi ciego. Aun así, se mueve por todo su apartamento con curiosidad y alegría. El espacio, con una vista panorámica de la ciudad y un esporádico halcón, es impresionante, merecido tras una vida creativa y colaborativa. Casi cada metro cuadrado del apartamento está lleno de arte, fotografías y ornamentos, varios creados por Paul, Seed, sus amigos y compañeros.

Seed cumple la función de guía turístico en la mañana. Paul la sigue y asiente con aprobación cuando ella exhibe uno de sus trabajos favoritos y más venerados: una colección fantástica de sus dibujos que parecen interactuar el uno con el otro (él lo llama Conversaciones); un colorido collage de círculos concéntricos que irradian un capricho juvenil; bocetos de caras y cabezas que conducen a un contiguo estudio. A pesar de sus problemas de vista, Paul sigue dibujando. También toca los teclados y crea ideas musicales, que después encargará a uno de sus pretenciosos amigos para transformarlas en grabaciones de calidad. Hoy toca una de sus piezas más recientes en el sistema de altavoces del apartamento. Es un vals serpentino que retumba en la habitación. Paul cierra los ojos y se deja llevar.

La oficina de Art Paul de PLAYBOY en Chicago. “La forma sigue a la frustración” es su versión del diseño original. “La forma sigue a la función”, que significa que no se le ocurren todos los diseños igual de rápido a como hizo la cabeza del conejo.

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Art Paul nació en Chicago el 18 de enero de 1925. Sus padres son judíos y habían emigrado desde Ucrania con dos niños más. Cuando Paul tenía un año, su papá murió. “Pasamos muchos años luchando, incluso durante la Gran Depresión, pero mi mamá estaba dispuesta a mantener a la familia unida”, cuenta. Su hermano, Norman, soñaba con ser escultor, pero decidió trabajar para apoyar a su familia y avivó su interés por el arte. Su mamá también apoyaba las ambiciones de su hijo; él recuerda que ella lo dejaba pintar en la mitad de la casa, “porque era el lugar con la mejor luz”. Paul acompañaba a su hermano mayor en sus viajes a la escuela de arte y se fascinó por las incontables formas de creatividad. Comenzó a admirar el trabajo de Miguel Ángel, pero también lo encantaron las ilustraciones que vio en los libros y las revistas de los 30, como las obras de Norman Rockwell en The Saturday Evening Post. Era arte puro en sus diferentes formas.

Paul comenzó a ver el mundo con una mirada artística. Específicamente tenía una fascinación con los rostros. Prefería dibujar los que se imaginaba, dice, “pero cuando miraba a las personas en las calles mientras vendía periódicos, o esos rostros saliendo del tren cuando me encontraba con mi hermano —quien venía del trabajo a la casa— veía caras tan increíbles como las que me imaginaba”.

Se ganó una beca en la Escuela de Arte de Chicago, pero sus estudios fueron interrumpidos por su servicio militar en la Segunda Guerra Mundial. Cuando regresó a la ciudad en 1945, se inscribió en el Instituto de Diseño, al que muchos se refieren como la Nueva Bauhaus por su fidelidad a los preceptos de la influyente escuela de arte alemana. “El diseño parecía estar más conectado con el mundo que la pintura”, dice Paul. Después de graduarse, abrió su propio estudio de diseño gráfico e ilustración, donde creó anuncios comerciales y otros trabajos para clientes reconocidos, incluyendo Marshall Field y la editorial Scott Foresman. Cuando le presentaron a Hef, Paul disfrutaba de una vida cómoda gracias a su negocio.

Los dos se conocieron en la primavera de 1953, después de que Hef renunció a su trabajo como redactor en Esquire. Llegó a la cita en el estudio de Paul y “se veía desaliñado, preocupado y cansado, como un hombre un poco salvaje, con varios papeles arrugados bajo su brazo”, recuerda Paul. Hef le contó su idea de una nueva revista para hombres e hizo lo mejor que pudo para convencerlo de unirse. Se llamaba Stag Party.

“Dudé mucho, porque tenía muchos buenos clientes que no quería dejar”, recuerda Paul, pero al final decidió tomar el trabajo de director de arte de lo que sería PLAYBOY. Dice que la promesa de Hef lo persuadió: “Me dio la libertad para escoger los trabajos de los artistas e ilustradores que estaba intentando promover con mis clientes”.

Los primeros días de PLAYBOY fueron agobiantes. Eran, en gran parte, solo Hef y Paul trabajando en la revista, tan de cerca que los dos discutían sobre a quién le tocaba sacar la basura. “Las primeras ediciones eran un borrador de lo que nos imaginábamos Hef y yo”, dice Paul. “Sabíamos que queríamos algo nuevo y experimental”. Su relación fue un crecimiento simbiótico: Hef le enseñaba a Paul cómo un editor hace una revista a partir del contenido y Paul le mostraba cómo el diseño podía complementar el contenido.

“Teníamos una relación de respeto mutuo y colaboración. Fue la mejor relación de trabajo que tuve”, cuenta Paul.

La primera edición que imprimieron, la histórica PLAYBOY de diciembre de 1953, tiene una importancia especial para Paul. Después de visitar los kioscos para descubrir cómo se destacaba una revista, se dio cuenta de que un fondo blanco podía atraer la atención. Otros diseñadores evitaban las portadas blancas o negras, porque a los distribuidores no les gustaban.

“Hef había comprado fotos de Marilyn Monroe en blanco y negro sentada en un carro, saludando, en un desfile”, recuerda. “Quité todo, menos a ella, y le añadí algunos bloques a un lado para insinuar el confeti, en los que puse una pequeña publicidad”. Todo sobre un fondo blanco con un texto rojo llamativo. “Se veía bien en medio de tanto color y el desorden de las demás revistas, igual que la sonrisa de Marilyn”.

Gran parte de las portadas de Paul de PLAYBOY eran arriesgadas, poco ortodoxas y a veces minimalistas. La portada de junio de 1957, por ejemplo, es blanca, con un par de mancuernas del conejo; lo más destacado de la revista es una página totalmente blanca, salvo por una mosca solitaria en la parte superior izquierda. Paul contrató un artista técnico para dibujar al insecto de manera hiperrealista. “Es uno de los favoritos de los diseñadores”, dice sobre la ilustración. “Les encanta que me atreví a hacer una página prácticamente blanca, como si la mosca acabase de aterrizar sobre la revista”. El ingenioso diseño de PLAYBOY lo caracterizó, con Paul incorporando portadas fuera de lo común, algo a lo que él llamaba “gráficas interactivas”.

La familia de Paul. Su madre (junto a Paul) siempre apoyó sus ambiciones artísticas. / Para los 25 años de Paul como director de arte, el equipo de PLAYBOY le agradeció con un dibujo ilustrado y personalizado. / Paul se sube a un avión para un vuelo de la Fuerza Aérea del Ejército, alrededor de 1943.

El departamento de arte de PLAYBOY era un lugar de trabajo emocionante. Con escenógrafos y creadores de modelos dentro del equipo, los directores de arte no tenían barreras creativas. “Si te lo podías imaginar, se podía hacer”, dice Staebler. La comunidad creativa lo notó: en sus primeros 15 años, PLAYBOY recibió más de 150 distinciones, y fue reconocida por el Club de Directores de Arte de Nueva York y la Sociedad de Ilustradores. Paul ganó cientos de premios por su trabajo y viajó por todo el mundo con su exhibición llamada Beyond Illustration, mostrando algunas de sus piezas de arte más célebres en museos y galerías, desde Europa hasta Asia. Incluso le ayudó a dar forma al contenido editorial de la revista. A él se le atribuye la sección anual Year in Sex, que debutó en febrero de 1977, aunque, como Kretchmer decía entre risas en la reunión donde Paul les presentó la idea, Hef bromeó y dijo: “Qué gran trabajo has hecho. Me alegra que yo lo haya sugerido”.

Algunos directores de arte se convirtieron en sinónimos de la revista que trabajan igual que Paul, dice el director de arte de Rolling Stone, Mark Maltais. Después de tres décadas al mando del departamento de arte de PLAYBOY, Paul sintió que su ciclo había terminado. Se fue de la revista a finales de 1982.

Paul pasó las siguientes décadas trabajando en su estudio (contribuyendo con ilustraciones para PLAYBOY de vez en cuando), presentando y organizando exposiciones en todos lados, desde Japón hasta Chicago. En 1986 entró al Salón de la Fama de los Directores de Arte y recibió un premio vitalicio del American Institute of Graphic Arts (AIGA), y del Instituto de Diseño del Instituto Tecnológico de Illinois.

Estuvo ocupado en los 90 y mantuvo una vida artística. En 2016, junto al Museo de Diseño de Chicago, creó un diseño a mano para Threadless, la comunidad online de artistas. “El mañana es una gran invención. Es la mejor definición de esperanza”, dice. En 2015 los creadores del popular juego Cards Against Hummanity lo contrataron para crear una pieza de edición limitada, que incluye ilustraciones del monólogo Seven Words You Can Never Say on Television de George Calin de 1972. Paul decidió ilustrar Fuck.

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De vuelta en su apartamento, Paul está sentado en su sofá, repasando una colección de su trabajo. Está callado y reflexivo. Mira las páginas con calma. Se detiene y apunta a la portada de febrero de 1967, una hermosa mujer acostada debajo de una sábana arrugada, formando con su cuerpo el logo de la marca y con una pequeña sonrisa en su rostro. Paul pasa sus dedos por encima de su antiguo diseño. Con un susurro dice: “Esta sí que fue buena”.

Diseños memorables

La mano de Art Paul se puede ver reflejada en todos los aspectos visuales de PLAYBOY, desde las piezas de otros artistas hasta sus propias creaciones. Abajo están algunos de sus especímenes más destacados.

  • “Tuve esta idea de una mujer posando con la forma del conejo”, dijo Paul en Playboy’s Greatest Covers. “Le pregunté a Donna [Michelle] y no hubo ningún problema”.

  • La portada minimalista en la edición de junio de 1957 fue dirigida por Paul, quien comenta acerca del concepto: “Todo blanco con solo un par de mancuernas Playboy sueltas, como si estuvieran en un tocador”.

  • Paul (arriba) creó la imagen para la historia de septiembre de 1959, “The Taste of Fear”, escrita por Hugh G. Foster, el pseudónimo del escritor Gordon Khan, quien había sido denunciado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses.

  • “Chaplin fue uno de mis actores favoritos, por su divertida creatividad. Por eso usamos el texto (su apellido) en una forma curiosa que encajó con la historia”, dice Paul sobre la ilustración que creó para el perfil del comediante en marzo de 1960.

  • La colorida pieza de Paul para una historia de John McPhee en 1971 es una de sus favoritas. “Luego, McPhee aseguró que en la historia el campeón prefería la otra mano, pero dijo que no le importó el error porque la imagen era muy fuerte”, dice Paul.

  • La ilustración en tinta de Paul acompaña el artículo de Larry Heinemann de julio de 1989 sobre el estrés postraumático que sufren los soldados soviéticos en su regreso de Afganistán. El ave es una paloma de paz. “Quedaba bien el hecho de mostrarla como algo triste”, dice Paul.

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