Filosofía, sexo y amor

Imagen por Cortesía Roberto Palacio F. Aguamanil de bronce con escena de Filis cabalgando a Aristóteles.

Escarbar en la vida íntima de los filósofos suena un poco extraño. ¿Marx, Kierkegaard, Kant hablando de masturbación, de perversiones y de amores imposibles? Pues sí.

La clase de filosofía para muchos fue un momento confuso en el cual nombraban a un montón de nombres impronunciables de gente que hablaba de cosas aún más raras de comprender. Unos pocos decidieron tomar el camino de esta disciplina y uno de ellos es Roberto Palacio. Luego de dedicarse a la academia se decantó por la literatura, y es que, al fin y al cabo, para él, la filosofía es un género literario más. “Mucha gente ha hecho mucho daño a la filosofía no sabiéndola enseñar”, dice.

En su nuevo libro La vida erótica de los filósofos, Roberto Palacio usa el sexo y el erotismo como excusa para hablarnos a los no filósofos de dos cosas fundamentales: uno, que la filosofía no tiene que estar encerrada en un libro o en salón de clases, sino que tiene una aplicación práctica. Y dos, que la vida íntima, las relaciones humanas, el sexo y el amor, tienen todo que ver con ella.

¿Por qué escribir sobre la vida erótica desde la filosofía?

En la filosofía hay dos concepciones. Si uno mira el famoso cuadro de Rafael La escuela de Atenas, ve que el artista hizo muy bien en dividir a la filosofía en dos. Esa división tiene muchas caras. Por un lado, los que piensan en la filosofía como algo trascendental versus los que ven la filosofía como algo emparentado con este mundo. Pero la división que a mí me interesa subrayar aquí es que hay un concepto de filosofía que murió y que la tradición académica enterró y es la filosofía como una forma de vida. La filosofía no es solo una serie de teorías y reflexiones racionales que se hacen en un determinado momento, sino que tiene que ver con una manera de vivir y ejercer la vida. Si uno coge a los antiguos estoicos, por ejemplo, tenían consejos muy valiosos para vivir. Lo que más ames, recomiendan, (que en mi caso es mi hija), antes de acostarla cada noche considera por un momento que ella quizá no amanezca mañana. Y esto es una sabiduría muy grande para vivir. Lo que más nos pega del dolor es lo sorpresivo que es a veces, lo explosivo. El estoico se previene en su vida. Creo que nos hacen hecho mucho daño tantos cursos de superación personal y este tipo de actitudes que dicen que si piensas así atraes la mala suerte. Es mucho más sensato el consejo de los estoicos en el sentido de contengámonos. “Divide las cosas, dice el estoico, entre las que puedes cambiar y las que no y en las que en alguna medida puedes cambiar, así no te desgastas tratando de cambiar cosas que no puedes cambiar. El libro tiene que ver con mirar las vidas de los filósofos. Su obra está compuesta en muchos casos de pautas muy teóricas, muy complejas, muy abstractas, pero nos dice algo de su vida.

Del libro rescato mucho su escritura porque como lo mencionas hace parte de esa lucha entre hacer la filosofía comprensible y cercana al lector

Hay una idea que subyace esta obra y es que la filosofía es un género literario más. Y no es una idea mía. Yo he sido admirador de la obra de Richard Rorty por muchos años. En una cultura secular la filosofía es un género literario. ¿Qué más es? ¿Es una especie de magia, una visión privilegiada? Esa visión del humanismo ya no se sostiene. La filosofía es esto y cuando la entendemos de esta manera empieza a volverse interesante. Lo del sexo fue más un pretexto. Queremos hablar de filosofía pero que tenga un interés especial para las personas, así que el tema del sexo interesa, no solo por el carácter del escándalo, sino más por su relación con la vida íntima. Nos invita a darle una segunda mirada a eso que en el colegio me lo dictaba un cura y era una mamera. Mucha gente ha hecho mucho daño a la filosofía no sabiéndola enseñar.

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Creo que nos hacen hecho mucho daño tantos cursos de superación personal y este tipo de actitudes que dicen que si piensas así atraes la mala suerte. Es mucho más sensato el consejo de los estoicos.

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El libro va más allá del sexo y nos habla de la vida íntima, de las relaciones humanas, por eso quiero saber cómo vive el amor un filósofo y qué nos puede enseñar a los no filósofos

Hay dos partes en esto. Ha habido filósofos que han sido ignorantes en materia de sexo. Uno coge a Kant y se queda aterrado de este gran hombre, que es un gran referente porque nos enseñó a cambiar nuestro amor por Dios por el amor a la verdad, pero en este aspecto se le nota su ignorancia. Esto es algo propio del Siglo XVII. Es la lucha que se llamaba del bien contra el bien. Kant fue muy ignorante y los Kantianos me van a odiar, pero decía cosas como que era peor la masturbación al suicidio, porque en el suicidio cometes una falta y pagas con tu vida, en la masturbación cometes una falta y sales gratificado. Y claro que era una extrañeza para Kant y la única conclusión a la que llega es interesante: los seres humanos están mal hechos. Están hechos como una varita torcida, el fuste torcido de la humanidad.

Cuando uno estudia a los filósofos ve que tienen una incapacidad de tener relaciones conducentes. Ya decía Nietzsche que un filósofo casado es un personaje de comedia. Vivir las relaciones bajo una serie de conceptos es complejo. No hay un B o un A como distinto de un No A. A veces amamos a una persona y al mismo tiempo no la amamos. Pero los filósofos estamos enseñados a enfocar la realidad bajo conceptos. Y enfocar esa realidad a veces nos hace muy difícil la vida con otros. Por ejemplo, Kierkegaard que es un caso muy interesante. Kierkegaard persiguió a una mujer llamada Regina Olsen por no sé cuántos años y al fin después de 20 años de perseguirla ella le dice por fin que sí y él le dice en ese momento: pues no. Porque detrás es más pura e impoluta la posibilidad que el hecho cumplido. Hay citas en su obra muy dicientes, como cuando dice que “Cuando nos dos personas se enamoran deben tener el valor de abandonarse porque tienen muy poco que ganar y sí mucho que perder". Es muy interesante como muchos de estos personajes han vivido una propensión a la mala vida en pareja y demás, pero también una vocación por la soledad. La soledad es riesgo porque es el constante empatronamiento con uno mismo y es el constante ponerse a prueba. Y muchos filósofos tuvieron el valor de vivir su soledad. Una defensa muy hermosa de la soledad que hace Rainer Maria Rilke, el famoso poeta alemán, que decía acéptela, nadie más la comprenderá, no luches contra ella.

El tema de la perversión que mencionas en el libro tiene dos versiones, cuéntanos de eso

Yo me arrepiento de no haber metido más capítulos como el de la perversión el libro porque me parece un tema muy interesante. La perversión en cierta medida es una venganza contra el pasado de uno mismo. Desde el punto de vista psicoanalítico es muy interesante y desde el punto de vista filosófico también, porque es incluso una venganza contra la concepción de Dios. En el Siglo XVI se descubre que las mujeres tienen un órgano que solo cumple una función para la satisfacción sexual, que es el clítoris. Esto lo descubre un fisiólogo que se llama Reinaldo Columbas con ayuda de una prostituta que se llamaba Mona Sofía. Este fisiólogo abre sin saberlo un campo muy complicado. Si Dios le puso un clítoris por accidente a las mujeres entonces es un Dios imperfecto. ¡Vaya cosita que se le fue por accidente! Pero si lo puso a propósito entonces es que quiso que los seres humanos tuviéramos sexo por su mera gratificación. Esto no encajaba con la concepción que había previa a la época del placer. Todo acto que no fuera conducente a la reproducción era perverso. Obviamente esa concepción de la perversión después del descubrimiento del clítoris no cuadra y ciertamente hoy las naranjas de Monsanto me imagino que deben de ser perversas porque producen semillas de las cuales uno no puede sacar otro árbol de naranja. Aceptemos que Monsanto es perverso [Risas].

Naturalmente tenía que haber otra concepción de la perversión y es que es un concepto muy difícil, es un problema filosófico. Me gusta mucho la obra de un filósofo que se llama Thomas Nagel que se llama Ensayos sobre la vida humana. Nagel se mete en estos temas duros y trata de definirlos y la definición no es perfecta. La relación perversa se basa en una idea de Thomas Hobbes que buscaba definir la naturaleza del gusto. Es un juego de espejos donde yo me río contigo y tú te ríes en respuesta a mi risa y a mí me gusta esta respuesta, y a mí me gusta que te guste y así sucesivamente. Las relaciones que no son capaces de generar este bucle de retroalimentación las llama Nagel perversas. Con lo cual tampoco es una muy buena definición porque la masturbación también porque no puede generar retroalimentación, pero es mejor que la otra definición.

Aquí hay una anécdota interesante, la del Ganso de Barzini. En Alexanderplatz, en la década de 1930 en la Berlin de Weimar existían alrededor de 360 burdeles. Esto era el de Europa. En uno de esos se ofrecía un servicio muy interesante que recoge el periodista Luigi Barzini. Se tomaba un ganso vivo, el cliente lo penetraba, en el momento de la penetración alguien le corta la cabeza al ganso. Las contracciones espasmódicas del ganso parece que producían unos orgasmos absolutamente deleitables, pero fíjate cuántas perversiones se cometen acá: bestialismo, necrofilia, la penetración anal que se consideraba una perversión. Ahí hay algo muy interesante para analizar. Qué tanto de nuestro comportamiento es perverso y qué perversiones son aceptables y cuáles no.

Esta vida íntima de los filósofos nos hace pensar en la complejidad de las relaciones humanas y del amor…

Sí, nuestras relaciones están a la orden del día. Nuestro tiempo ha contado una historia de amor y la que tenemos es la de un amor que no se cumplirá. Es la historia de un amor fracasado, que llevamos con nosotros. Siempre hay ese amor que se recuerda, que en últimas quizás no se quiera realmente tener, que no se quiera realizar, pero es parte de nuestra historia. Muchas personas se describen a sí mismas como fracasadas en el amor.

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El proyecto es absurdo: tratar de atrapar la libertad del otro. El proyecto del amor es de ser amado, no de amar, de capturar la mirada de alguien

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Como si hubiera cierto gusto en ese fracaso

Sí, creo que es un fracaso del cual no quisiéramos que nos sacaran porque es un fracaso que nos define de una manera muy radical. Muchas personas dicen que quieren tener una relación, quieren tener a alguien, tiene lo demás resuelto en su vida, pero realmente no quieren el riesgo que implican las relaciones. El amor es un tema complicado y lo abordo en el libro en algunos instantes. Es una búsqueda de uno mismo que uno realiza a través de otro y en determinado momento de ese proceso estamos desnudos, como dice la canción de Pink Floyd Wearing the inside out, usando la parte de adentro en el exterior. Y claro el amor es un gran riesgo porque es el momento donde tratamos de transmutar el autoconocimiento por la esperanza y ese momento de entrega nos hace totalmente vulnerables. En esa relación realmente queremos impresionar al otro, capturar la libertad de otro, como dice Sartre. Hay una reflexión muy bonita de él sobre el amor donde dice que es un intento de capturar la libertad de otro, pero ese capturar la libertad es muy complicado. Si lo logro y lo convierto en parte mía, lo absorbo, se vuelve como un órgano interno. Yo no hablo con mi hígado. Pero si no lo capturo sigue siendo ajeno a mí, tampoco me pertenece. Esto para Sartre no tiene solución. No hay un punto medio. Trataron de vivir con Simon de Beauvoir de esta manera, sin absorberse, pero tampoco permitiendo que se fuera totalmente, pero el punto medio nunca se alcanzó. Tenemos relaciones en donde a veces hay una intimidad profunda y desmedida y a veces no nos poseemos y a veces nos hablamos como extraños, “buenas, pásame la sal” y en otros momentos nos regamos con el otro, le revelamos todo. Somos muy torpes en el amor. No solo los filósofos [Risas].

El proyecto es absurdo: tratar de atrapar la libertad del otro. El proyecto del amor es de ser amado, no de amar, de capturar la mirada de alguien, pero muchas veces es como capturar la mirada de una estatua. Si me hago desde cierto ángulo me mira y desde otro no, pero es desde mi perspectiva que eso ocurre. El otro está jugando a lo mismo, de una manera similar. No es raro que todo termine en una especie de desastre.

Nos quedas debiendo las historias de las filósofas…

Escribo desde mi perspectiva. No soy feminista y no me gustan los ismos. Creo que una mujer sería la más indicada para escribir desde su mirada como filósofa. No podría hablar del amor de una mujer, ha sido un misterio para generaciones de hombres, pero sí hay algo que se desprende de lo que he venido escribiendo y es que creo que la sexualidad masculina es muy poco comprendida. La hemos dada por sentada. Y creo que si uno cree en la igualdad no puede decir que los hombres son el mundo y que no hay que entenderlos y que lo específico es la sexualidad de las mujeres. Es un tema abierto, pero vale la pena pensar en por qué la sexualidad masculina no es exclusiva, que cuando a uno le gusta alguien no le puede gustar alguien más y eso es un derivado racionalista pero no corresponde mucho a la verdadera mentalidad masculina. Y siempre se ve como infidelidad, como engaño, pero si las lectoras quisieran entender la intimidad masculina tendrían que tener el valor de afrontar que no es excluyente. No defiendo la infidelidad, cuento un rasgo que solo se revela en los círculos masculinos. Le pido perdón a mis congéneres por estar revelando cosas que no debería. Y claro siempre ante la pareja el hombre lo niega, pero los intereses por otras personas están ahí. Y bueno, creo que a las mujeres les pasa también.

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"En el proceso yo me voy enamorando", dicen. Eso no sucede, uno en el proceso nunca se va enamorando. Uno se gusta de tal manera que es conducente a un amor, o no se gusta, pero uno no se lo puede proponer.

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¿Exigimos demasiado a nuestras parejas?

Hay una cosa muy complicada. Hoy esperamos de la pareja todo. Lo que en una aldea lo cumplía todo el mundo, ahora lo esperamos de una sola persona: que sea el mejor amigo, que sea el compañero sexual, que sea la persona con la que chismoseamos, que sea el infidente, que sea el que me configura el celular. Esperamos demasiado de la otra persona. Los hombres esperamos que la mujer nos cargue y nos lleve, que nos sepa consentir en el momento que queremos. Tantas cosas. La pareja no puede dar tanto y, sin embargo, lo esperamos de ella. Son relaciones que se ven abocadas en últimas a la decepción porque cuando esperas tanto de alguien es una vaina agotadora, sobre todo cuando las parejas viven muy aisladas y se encierran los dos: te hecho un chiste, luego peleamos, más tarde hacemos el amor…

¿Es algo se hace más evidente en el matrimonio?

Una cosa complicada del matrimonio es lo que nos proponernos. Vivimos en una época en que el matrimonio ya no es una obligación en general, pero lo más curioso es que nos autoimponemos algo que suponíamos que venía de instancias exteriores. Nosotros nos lo autoimponemos. La gente cuando tiene su novio de la universidad y lo ama y tienen sus primeras experiencias significativas con esa persona, de repente lo abandonan, lo cambian por hacer lo responsable. Se casan con la persona que es la correcta. “En el proceso yo me voy enamorando", dicen. Eso no sucede, uno en el proceso nunca se va enamorando. Uno se gusta de tal manera que es conducente a un amor, o no se gusta, pero uno no se lo puede proponer. Es como tratar de dormir despacio o rápido. Uno no se puede proponer amar a alguien, pero la gente cree que sí. Esto se da a un nivel colectivo también. Creíamos que la irrupción de la privacidad iba venir a través el esfuerzo de los gobiernos y de la política: nosotros mismos pusimos nuestra intimidad en la red, pero al mismo tiempo nos quejamos cuando se ve violentada y rota.

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