Este podría ser el comienzo del fin de Monsanto

Imagen por Corey Brickley

En una corte de San Francisco, DeWayne “Lee” Johnson se sienta frente a la honorable juez Suzanne R Bolanos. Lee, un jardinero acosado por el cáncer y que demandó a Monsanto, la gigantesca empresa de agronegocios, estaba acostumbrado al aire fresco de Grizzly Bay mientras trabajaba en los terrenos del Distrito Escolar Unificado de Benicia. Ahora, está en una sala del tribunal, con su equipo de abogados a la espera de que la juez Bolanos emita el veredicto. Esto fue el viernes 10 de agosto. La corte había estado en sesión desde el 9 de julio.

Ya habían pasado cuatro años desde que Lee notara los primeros signos de su leucemia. Comenzó con un brote, luego comenzaron a aparecerle ciertas lesiones en la piel. En poco tiempo Lee ya estaba hablando por teléfono con Monsanto, preguntándoles si el uso del herbicida Roundup podía causar esas irritaciones. Los documentos de la corte revelan correos electrónicos que evidencian que Monsanto discutió el problema de Lee de forma interna pero nunca le respondieron a él directamente. Por lo que Lee continuó usando el herbicida.

En agosto de 2014 a Lee le diagnosticaron Linfoma epidermotrópico de células T. En 2016 ya había presentado una demanda contra Monsanto alegando que el uso del herbicida le había provocado cáncer. Para 2017 el cáncer había progresado a Linfoma no-Hodgkin. Le dijeron que su expectativa de vida llega hasta 2020. Lee tiene 46 años y tres hijos.

La interpretación del veredicto del jurado se hace de la manera típica: se dice en voz alta en forma de lista, con la pregunta y la respuesta leídas por el juez con una frialdad que contrasta con su peso. ¿Que Monsanto fallara en advertir sobre los riesgos de su herbicida fue un factor sustancial en el daño causado al Sr. Johnson? Respuesta en monótono: Sí. ¿Monsanto actuó con malicia u opresión hacia el Sr. Johnson? Sí. ¿La conducta constitutiva de malicia fue autorizada o cometida por ejecutivos de alto nivel en Monsanto? Sí.

Después de escuchar el veredicto, Lee comparte una mirada satisfecha con sus abogados. Le acaban de otorgar 289 millones de dólares por los daños causados debido a la exposición al glifosato presente en el herbicida de Monsanto, Roundup, y su sustituto genérico, Ranger PRO.

Durante el juicio, el abogado de Monsanto argumentó al jurado que en las décadas que llevan comercializándose productos con glifosato, no ha habido casos documentados de que estos hayan provocado cáncer, ni han existido estudios conclusivos que demuestren que el glifosato es cancerígeno.

Si el glifosato causa o no cáncer es algo muy discutido. Durante la etapa probatoria, los abogados de ambas partes obtienen evidencias mediante la interrogación de la contraparte, los abogados de Lee descubrieron correos electrónicos que demostraban que Monsanto ha sabido desde 1999, tras la publicación de un estudio revisado por pares sobre el tema, que el principal químico en sus herbicidas, el glifosato, puede estar ligado a ciertos tipos de cáncer. Estos correos electrónicos revelaron un esfuerzo coordinado dentro de Monsanto para contrarrestar este y cualquier otro estudio científico que pudiera generar preocupación por sus productos.

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Desde 1999, tras la publicación de un estudio revisado por pares sobre el tema, Monsanto sabe que el principal químico en sus herbicidas, el glifosato, puede estar ligado a ciertos tipos de cáncer

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Para esto Monsanto se aprovechó de algunos vacíos legales en la Ley de Control de Sustancias Tóxicas. Esta ley es administrada por la Agencia de Protección Ambiental, e impone la carga de probar el daño de un producto químico a la parte a la que puede afectar, en lugar de a la empresa que comercializa el producto. Lo que significa que Monsanto podría tomar provecho y contratar algunos expertos para opacar cualquier estudio que cuestione la seguridad de su producto. Hasta que se no encontró una conexión “innegable” (algo especialmente difícil, ya que los pesticidas no se han probado en seres humanos desde 1998 después de que en un estudio controvertido patrocinado por Dow Chemical le pidiera a estudiantes universitarios que ingirieran cantidades peligrosas de clorpirifos), Monsanto ni siquiera tuvo que poner una etiqueta de advertencia de agentes cancerígenos en sus productos.

En 2015, sin embargo, un fallo contra el glifosato atrajo la atención de Monsanto. En marzo de ese año, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud clasificó al glifosato como una sustancia química del Grupo 2A, lo que significa “probablemente carcinógeno para los seres humanos”. La clasificación 2A del glifosato significó una oportunidad para los adversarios de Monsanto, 5,000 de los cuales han presentado recientemente casos contra la compañía después del fallo de Lee. “Todos estos casos han surgido de la Clasificación IARC 2015”, le dijo a Playboy Robert F. Kennedy, Jr., uno de los fiscales que abogaron en nombre de Johnson. “[El informe] marcó un punto de inflexión porque durante años las personas sospecharon  que [el glifosato] provocaba cáncer, pero ningún juez concedía veracidad a ese argumento”.

En California, la designación provocó la adición de glifosato a la lista estatal de cancerígenos conocidos según lo estipulado en la Proposición 65. Una de las estipulaciones de la Prop. 65 es que las compañías deben advertir formalmente a los consumidores si un producto contiene sustancias químicas que el grupo de trabajo de IARC considere como posibles carcinogénicos.

Pero Monsanto discrepó de lo que consideraba California, el estado con la industria agrícola más grande de la nación, utilizando un organismo internacional para definir lo que se considera cancerígeno. Y, como suelen hacer las grandes corporaciones con millones de dólares, apeló.

Primero, la apelación fue rechazada por el Tribunal de Apelaciones del Quinto Distrito de California. Luego, una semana después de que el jurado de San Francisco fallara a favor de Lee, la apelación fue rechazada por la Corte Suprema de California.

Steph Tai, profesor de derecho en la Universidad de Wisconsin - Madison, quien me ayudó a revisar los archivos del caso, puso en contexto el disenso de Monsanto. “Piensa en las artes marciales mixtas ”, me dice por teléfono. “Cuando la comisión de juego del estado, la cual supervisa las artes marciales mixtas está estableciendo sus leyes antidopaje, rutinariamente miran a las agencias internacionales y adoptan sus políticas. Lo mismo pasa con el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos, que utiliza estándares internacionales para establecer su agenda”.

Monsanto sigue siendo intransigente. Cuando les pregunté por teléfono por qué no podían poner una pequeña advertencia sobre sus herbicidas, un representante me dijo: “El glifosato no es un cancerígeno. Y sería ilegal poner una advertencia donde no se necesita una”.

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Monsanto sigue siendo intransigente. Cuando les pregunté por teléfono por qué no podían poner una pequeña advertencia sobre sus herbicidas, un representante me dijo: “El glifosato no es un cancerígeno. Y sería ilegal poner una advertencia donde no se necesita una”.

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Dada la posible pérdida económica que podría causar la designación 2A, Monsanto tiene buenas razones para jugársela. El glifosato fue desarrollado por un químico de Monsanto en 1974, y desde su introducción se han rociado 1.8 millones de toneladas de herbicidas con predominio de glifosato en los campos de Estados Unidos. Según las presentaciones anuales de Monsanto, desde 2008, sus herbicidas proporcionaron en promedio el 31% de sus 15 mil millones de dólares en ingresos anuales.

El surgimiento de Monsanto desde su fundación en 1901 hasta convertirse en el mayor proveedor de productos agrícolas en el mundo ha sido objeto de continua controversia. Junto con su segmento de productividad agrícola (el ala herbicida), también tiene un segmento masivo de semillas y genómica que es responsable del 75% de sus ingresos. Sus semillas de soya y maíz, todas modificadas genéticamente, son utilizadas por la mayoría de los agricultores en Estados Unidos y se desarrollaron para soportar la controvertida cantidad de herbicidas con glifosato que reciben. El control de Monsanto en el mercado es tan dominante que los organismos genéticamente modificados (GMO por su sigla en inglés), han recibido muchísima más polémica de la que merecen.

En medio del alboroto actual, Monsanto finalizó su adquisición por parte de Bayer AG, el gigante farmacéutico alemán, por 66 mil millones de dólares. Bayer le sumará una considerable cantidad de fuerza legislativa a la próxima apelación de Monsanto sobre el fallo del jurado en el caso Lee. Han citado más de 800 estudios y revisiones que contrarrestan la designación cancerígena del glifosato de parte de IARC y siguen presionando incluso considerando que la Corte Suprema de California falló en contra de su apelación para eliminar la lista de registros carcinogénicos de la Prop. 65 de la IARC.

Robert Kennedy y sus colegas siguen confiados. “Durante el juicio previo, la juez Bolanos falló a favor de Monsanto, y no pudimos mostrar el 80% de las pruebas con las que vinimos armados”. Kennedy cree que este conservadurismo le jugará en contra a Monsanto en el largo plazo, ya que una apelación será más difícil de asegurar. Y, pronto, Bayer tendrá que lidiar con demandas adicionales. “Tenemos alrededor de media docena de casos programados para St. Louis”, dice Kennedy. “Creemos que un caso se desarrollará muy pronto en Montana y otro que esperamos que ocurra rápido en Oakland”.

“Imagínense si Monsanto perdiera más casos”, dice Andrew Behar, CEO de As You Sow, una organización sin ánimo de lucro que promueve las prácticas corporativas sostenibles mediante la participación de los accionistas. “Podría quebrar a Bayer. Tienen que estar rodando cabezas por allá”.

Bayer se negó a ser entrevistado para esta historia, pero me compartieron un informe sobre los beneficios y la seguridad del glifosato y una publicación en el blog de Scott Partridge, vicepresidente de Monsanto, sobre por qué el veredicto fue incorrecto. Tres días después del veredicto, Werner Baumann, CEO de Bayer, dijo a los inversionistas que el glifosato sigue siendo el futuro de Bayer. “A pesar del veredicto del 10 de agosto, nada ha cambiado con respecto a nuestra estrategia, el atractivo potencial de sinergia y el crecimiento a más largo plazo” que Bayer ve en la adquisición de Monsanto. Sus declaraciones son contrarias a la disminución del 31% en el precio de las acciones de Bayer desde que se anunció el veredicto.

ENTREVISTA
PLAYBOY

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