Este es el festival nudista en México

Imagen por Nechayka

Toma siete agotadoras horas llenas de fuertes vientos para llegar a mi hotel favorito en las montañas de las afueras de la ciudad de Oaxaca. Vale la pena, de hecho. Beso al dueño en la mejilla y trato de alguna manera sacar fuerzas para sonreír. El me pasa un porro, lleno de marihuana casi igual de grueso a mi pulgar. Es un ritual que hemos desarrollado a través de los años, y estoy muy agradecida de estar en Zipolite para el tercer festival nudista que hacen anualmente, donde no hay nada que esconder.

Como el desnudo público, el cannabis y otro tipo de substancias ilícitas con celebradas acá. Son parte de lo que hace a la larga playa uno de los destinos favoritas para nudistas, hippies y excéntricos de todo tipo. La primera vez que oí sobre Zipolite, como espero lo hayan hecho muchos de los viajeros antes que yo, fue con recomendaciones apasionadas de extraños a lo largo del camino, de la mujer que vendía postres en otra plata nudista en Columbia Británica, y de la pareja que compartía tina en unas termales donde era opcional tener ropa en algún lugar de Oregon. Todos estaban de acuerdo en algo, “si vas a México, tienes que ir a Zipolite”.

Con una población de más de 1,000 personas, Zipolite no es exactamente una ciudad llena de resorts, pero por esto mismo es tan popular entre la multitud que ama mirar la luna desde hace 50 años. Como en otros pueblos del sur de Oaxaca, las personas se resisten a ser gobernados por el Estado y los niveles federales. En muchos pueblos cerca de la montaña donde los turistas se enfocan en hongos mágicos, te puedes sentar y fumarte un porro en la arena mientras observas ballenas, o prender tu pipa en casi todos los restaurantes de la playa. La cultura del cannabis es tan aceptada, de hecho, que probablemente verás a los salvavidas cuando no están en turno echándose un plum en sus estaciones, y si caminas para disfrutar la sensación en tus pies de las olas, alguien seguramente te ofrecerá algún tipo de regalo intoxicante. Al mismo tiempo, puede que te cruces con la fricción entre las familias que van de vacaciones y los turistas traviesos que llevan la permisividad del pueblo al límite.

Rex/Shutterstock

Justo en la playa donde me estoy quedando, Cristina Coldabella está topless, su cuerpo está cubierto de pintura, bailando en una mesa que se mezcla con el sonido de las olas, moviendo sus brazos y llamando a algunos amigos para que se pinten igual que ella. La italiana lleva viviendo en Zipolite hace casi un año, un cambio impulsivo que vino después de visitar a un amigo y se terminó enamorando del paisaje. “En Zipolite no hay tabúes, no hay que tenerle miedo a estar desnudo”. Y señala su torso desnudo y su calzón de bikini pintado. “En Italia, no hubiera hecho algo parecido, pero Zipolite es un lugar especial. Te abre la mente. Acá”, dice ella recorriendo el panorama con asombro, “acá vives libremente”. Toma un poco de cerveza, que consiguió en el bar del Hotel Nude (organizador del festival) cuando les ofrecieron ser las primeras 30 personas en hacerse una prueba de VIH, organizada por AHF México, una organización sin ánimo de lucro.

Nallely Diaz de Ciudad de México, termina de pintar un par de cerezas en los senos de una mujer y me hace un gesto de que es mi turno. Mientras me cubre el pecho que girasoles amarillos con naranja y hojas de parra verdes, me cuenta sobre la organización del festival. Ella está en la junta directiva de la Federación Nudista de México y hace parte del comité organizador desde su creación en 2016. “Zipolite es la única playa nudista pública en México”, cuenta. Mientras técnicamente todas las playas en México con públicas, los hoteles y los resorts no tienen reparos en comprar terrenos aledaños y hacer virtualmente imposible el acceso la costa sin pagar. Fuera de Zipolite, los nudistas hacen yoga en ambientes cerrados o en jardines privados, visitan los tradicionales temazcales (saunas hechos de adobe o ladrillos), pagan las tarifas para visitar playas manejadas por cadenas grandes, y planean actividades en parques recreacionales. Pero nada le gana a la libertad que tiene esta playa.

Cuando Coldabella termina de pintar, un trabajo que se ve muy elaborado para los cinco minutos que se demoró la charla, me pasa un panfleto y llamo a su siguiente cliente. Luego de reflexionar de que el nudismo no es acerca del sexo o de ser swinger, y que un cuerpo desnudo no es una invitación para ninguna de las dos, el papel brillante me dice que puede llamar a alguien de seguridad si percibo algún tipo de acoso o abuso. Hay un mensaje que resuena en este festival, así seas nudista buscando sal y sol, una persona gay que quiere gritarle al mundo amor, un hippie libre que no puede pagar una evaluación estándar de salud sexual, o un viajero buscando expandir literal y metafóricamente su horizonte: estás a salvo acá.

Entonces guárdate lo miedos que puedas tenerle a las olas. Zipolite dicen, algunos, que significa “la playa de la muerte” y absolutamente hace honor a su nombre. Corrientes fuerte y olas grandes, especialmente cerca a las partes rocosas, han terminado en numerosos accidentes. Banderas verdes, amarillas y rojas marcan las áreas donde es más seguro nadar, y esto tiene que ser obedecido estrictamente. No, esta playa no tiene las olas calmadas y silenciosas de la Riviera Maya, donde puedes observar en el agua a los peces en los corales. Acá las olas pegan y revuelven el agua, las corrientes empujan y halan sin descanso. Pero si le das el respeto que se merece al océano, Zipolite te va a dar buenos momentos.

Jair Flores, administrador del Hotel Nude, y presidente de la asociación de hoteles locales, lo dice mejor: “Zipolite cautiva, con la calidez de su gente, con el ritmo lento de la vida. Te cambia la perspectiva. En una palabra, Zipolite es mágica”.

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