¿Es posible hackear un corazón roto?

Imagen por Jeremy Bishop

"Te odio, te voy a bloquear en todas partes”, le escribo a mi ex. El silencio duró aproximadamente dos horas antes de que el péndulo de súplicas recuperara su ímpetu, más o menos el mismo tiempo que tardé en llegar a mi casa durante los siguientes tres días: estaba en un campo de entrenamiento, pero para rupturas.

Evidentemente, su ira fue catalizada por mi participación en el retiro “Renovar”, un espacio con enfoque de alta intensidad para la curación, que combina “espiritualidad y ciencia” para dotar a las mujeres con herramientas para enfrentar su última relación, y “romper” con malos hábitos. Empaqué todo el equipaje de nuestra relación, los celos extra irracionales, asuntos digitales relacionados con dietas, el abuso físico/emocional leve, y tomé el camino a la recuperación emocional en Hudson, Nueva York. Imagino que él creyó que esto sería el último clavo en el ataúd de nuestra relación y lo enterraría seis metros bajo tierra, en algún lugar de la finca en Hudson, entre el estudio de meditación y los caballos miniatura.

 

Sus preocupaciones estaban justificadas. Yo misma, y la mayoría de las mujeres que habían cruzado el país para llegar hasta allá, lo hicimos en busca de respuestas. Antes de hablar sobre mi (único) año de relación entre sollozos, la profesora de yoga me explicó que descubrió que su esposo era un sugar daddy después de 25 años de estar juntos (Acá puedes leer el artículo que escribió al respecto). Una abogada millennial nos compartió que un día cuando llegó a su casa encontró a su novio de varios años haciendo las maletas, y nunca más lo volvió a ver. Las heridas, sin importar su profundidad, siguen doliendo independientemente del contexto.

Al frente de todo esto estuvo la audaz y a veces frenética Amy Chan, una experta en relaciones y columnista que se define a sí misma como una “hacker del corazón”, un título conveniente para atraer mujeres que se sienten listas para una solución rápida. Yo tenía mis dudas. El enfoque de Chan me pareció psico-balbuceo, muy parecido al del gen del festival Burning Man, pero con solo un vistazo a las mujeres de diferentes edades y etnias presentes aprovechando la experiencia con los maestros de tantra y los lectores del tarot, entendí que esto era el último recurso. Eso sí, por 1,500 a 2,500 dólares la noche, estábamos a punto de aprender cómo abordar el dolor dentro de nosotras mismas, nuestros intereses amorosos y, como resultado, nuestra sexualidad.

“Ahora pon tu mano en tu vagina y acúnala”, nos dijo la practicante de tantra y poliamorosa Lauren. La mujer a mi lado sollozó ligeramente mientras nos retorcíamos en la posición del gato/vaca, pero los siguientes 10 minutos de ejercicios de Kegels parecieron calmarla. Después de evaluar cada uno de nuestros estados sexuales actuales, nos animaron a renunciar a nuestros vibradores (¡adiós, rápida conveniencia!), y volver a lo básico, estimulando manualmente nuestro clítoris hasta el punto en que nosotras, como Lauren, podríamos tener orgasmos durante minutos y minutos.

 ·

Por 1,500 a 2,500 dólares la noche, estábamos a punto de aprender cómo abordar el dolor dentro de nosotras mismas, nuestros intereses amorosos y, como resultado, nuestra sexualidad.

·

Al día siguiente, fui a desayunar sintiéndome fresca y llena de una energía sexual recién descubierta... donde fui recibida por una amonestadora Amy Chan. Se nos exigió que entregáramos nuestros teléfonos, y solo pudimos recuperarlos cuando terminó el día. La noche anterior había estado compartiendo con mis compañeras de habitación las 21 llamadas perdidas de mi ex novio y la mezcla heterogénea de “¡¿contestame?” y “eres tan inmadura”. Una de ellas le contó su preocupación a Amy, quien me pidió que apagara mi teléfono hasta el final del retiro.

Durante mi relación me convencí de que el amor era difícil y que los buenos tiempos justificaban los malos. Piense en la letra de Blank Space de Taylor Swift: “You can tell me when it’s over/ if the high was worth the pain”. En una sesión posterior, Amy explicó cómo actúa la dopamina en el cuerpo luego de que has sufrido un maltrato. Muchos no pueden entender por qué una persona regresa con su abusador, pero la emoción que acompaña a la salida del sol, desde el “vete a la mierda puta” a “bebé, no quise decir eso, no puedo vivir sin ti”, es algo mucho más fuerte que vivir perpetuamente en un escenario de fantasías escuchando “te amo” todos los días. Es posible que hayas escuchado a personas que se describen como "adictas al drama", ahora sabes por qué.

“Perder el amor es doloroso, pero el amor no es dolor”, se convirtió en mi mantra de todo el fin de semana, algo que se nos dijo que generáramos individualmente para disipar las ideas falsas sobre las relaciones que teníamos. Hubo muchas otras teorías conductuales que se trataron para indicar dónde estábamos equivocadas. Las emociones son temporales, pero pueden extenderse si las alimentamos (entre los mejores nutrientes están: la música triste y pasar días enteros en la cama), y nuestra infancia determina nuestro estilo de apego como adultos. Una mujer se fue repentinamente a mitad del fin de semana, excusándose con compromisos laborales.

A lo largo de nuestro sábado de 17 horas, solo hubo ciertas actividades que realmente resaltaron. El análisis psicológico tenía sentido, el hipnotismo (meditar para encontrar nuestro niño interior) más o menos funcionaba. Realmente traté de relacionarme con la lectura del tarot y aproveché la oportunidad de quemar una carta a mi ex, pero no estaba segura de si realmente estaba sanando, evolucionando, eliminando los hábitos que me hacían regresar al mismo ciclo siempre. Y entonces fui domada.

 ·

Es como dicen: nunca subestimes el poder restaurador de una buena lancha a motor.

·

Vestida por completo con una sudadera, una dominatriz de voz suave, Domina Colette, se quitó la ropa pieza por pieza, revelando cosas sobre su dismorfia corporal y sus intentos de relación abierta. Finalmente, de pie ante nosotros, luciendo lencería negra y tacones de aguja, pidió que pasara una voluntaria, que resulté siendo yo. “Cierra los ojos”, ordenó Colette, “ponte de rodillas”. Se quitó el sostén para frotarme sus pechos en la cara, tiró de mi cabello y me pidió que me chupara los dedos. Hice lo que me dijo, frente a otras 20 mujeres, sobrias, a las 11 de la mañana.

Si bien la escena probablemente parecía el juego previo de una porno lésbica amateur, me sorprendió la sensibilidad de la sesión. El ambiente era tan tierno, tan incondicionalmente abierto que se sentía casi maternal. Todas las demás clases fueron casi una lucha por conectarse, con el enfoque alegre de los entrenadores que intentaba atraer a las hippies de la nueva era, a las micro-gerentes del dolor y a las ansiosas crónicas que había entre nosotras. El trabajo personal que cada uno de ellos predicaba -decían- les había traído el éxito profesional y/o al amor de sus vidas (Amy afirma que siempre obtiene “lo que ella quiere” al manifestarlo). Entonces, nuevamente, a miles de dólares y kilómetros de distancia de nuestra vida diaria, las participantes podrían haber estado lo suficientemente desesperadas como para creer en cualquier cosa. Sin embargo, al concluir el fin de semana, estábamos en un punto donde esto era lo más libre que cualquiera de nosotras se había sentido.

“¿Alguna vez te volveré a ver?”, leía la notificación de mis DM de Instagram mientras subía al tren de las 4.30 p.m. rumbo a la ciudad. Aquí estaba. Me enfrenté a la pregunta que había estado evitando: al volver a la vida real, ¿el campo de entrenamiento me había dado lo que necesitaba para seguir adelante? ¿Estaba arreglado? Tal vez, tal vez no, pero en las últimas 56 horas, por primera vez en 12 meses, me había puesto a mí primero. Ahora, si me caigo del vagón, con la ayuda de varias enseñanzas, lecturas e incluso azotes, tengo la fuerza para volverme a levantar. ¿Alguna vez lo volveré a ver? El tiempo lo dirá... pero por ahora, silencio

ENTREVISTA
PLAYBOY

TE PODRÍA INTERESAR

RECOMENDADOS

¡Vamos a comer cerdo!

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de diciembre de 2017  Desde la comida callejera hasta la

¡Vamos a correr!

Cada año en Colombia se realizan casi 100 carreras en diferentes ciudades del país, incluyendo maratones, medias maratones, carreras recreativas

El poder de la Ayahuasca

La respuesta de Tim fue corta y dulce. “Este es el mejor mensaje que he recibido. Te mando el dato con todo el gusto”, escribió.

FICCIÓN

ÚLTIMOS ARTÍCULOS