Entrevista Playboy: Juanes

Una conversación con el músico paisa sobre la industria, la era digital, el predominio de los artistas latinos en el mundo, sus aciertos y desaciertos, y la fuerza que históricamente ha tenido la música en una ciudad como Medellín.
Imagen por Omar Cruz

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de febrero de 2018

Con una carrera de casi 30 años, Juan Esteban Aristizábal se reinventa cada tanto con sus discos. Eso le ha permitido impactar a varias generaciones de colombianos, y aunque no todos son fanáticos de su música, se ha ganado un respeto enorme por su incansable trabajo como artista.

Al lanzar su carrera como solista, dejó a un lado su historia con los sonidos más radicales, y como era de esperarse fue muy criticado en su momento. Sin embargo, no ha perdido su pasión por el rock, y en su corazón siempre ha habido espacio para Metallica.

Sus hijos se han convertido en una influencia importante para su trabajo, y contribuyen a la constante evolución de su sonido. A pesar de haberse criado en los 80, no le tiene miedo a la tecnología y a la abrumadora transformación que esta ha traído para la música y la forma como la consumimos. De hecho, es uno de los artistas que ha hecho una transición amistosa tanto en redes sociales como en la construcción de sus discos con las herramientas que tiene a mano hoy.

Se animó a salirse de su zona de confort para hacer un disco completamente colombiano, hecho en nuestro país y con productores colombianos jóvenes, dándole un nuevo aire a sus composiciones y a su carrera. Mis planes son amarte fácilmente es el mejor disco que ha hecho el paisa, es un álbum honesto, sentido y experimental.

Su familia y su música son la sangre que hacen palpitar su corazón. Así no viva acá, Colombia lo motiva para seguir trabajando de la mano de la cultura para crear oportunidades de cambio social. Dice que es un optimista y cree que sí es posible transformar la sociedad a partir de notas y versos.

Horas antes de presentarse en un evento privado en Bogotá, nos recibió en su hotel con esa calidez que se ha transformado en uno de sus sellos inconfundibles.

Medellín es una ciudad muy particular, no solo por la gente, sino porque históricamente la música ha sido muy fuerte allí, con el tango, la salsa, discos Fuentes, el metal, el punk, el rap y el reguetón, ¿Por qué existe allí ese magnetismo hacia la música?

Mirá, esta es mi visión: Medellín es una ciudad que sufrió demasiado durante mucho tiempo, y yo creo que la música ha sido una manera de escape. Por ejemplo, a mí me tocó en los 80 con el metal, con el punk, y sigue siendo con el reguetón hoy en día, como fue la salsa en los 70. Pero siempre siento que ha sido una forma de escape para la gente, para la juventud y la creatividad de las generaciones que han estado ahí viviendo ese conflicto tan tenaz. Sigue siendo hoy en día con el hip hop y el breakdance, sigue pasando. Pero para mí es una manifestación cultural, como una especie de salida a esa cultura violenta que ha tenido la ciudad, y no es solo es eso, Medellín es una ciudad de contrastes, como es todo el país, no es que sea una ciudad violenta y punto. No.

Es una ciudad que sigue siendo feliz y generosa a pesar de todo.

¡Total, total! A pesar de todo. Quizás esa cercanía a esa situación difícil ha hecho que la gente goce mucho la vida. Yo recuerdo las épocas de los 90, con las bombas y todo esto, la gente igual salía a la calle e iba para donde fuera y no importaba, era una lucha constante frente a eso, ¿si me entendés? Una forma de decir: “Esto está pasando, pero no nos vamos a dejar vencer”.

Y en ese contexto de esa Medellín, ¿recuerdas el primer disco que compraste?  

El primer disco que yo compré fue el de Kraken, el Muere libre, era un sencillo que ellos habían sacado. Recuerdo el día que fui a la tienda a comprarlo y todo, yo vivía en el centro de Medellín, entonces para mí era como fácil caminar a las tiendas de discos, y me acuerdo de ese primer disco. Y fue una experiencia muy impresionante, poder llegar a mi casa con el disco y ponerlo en el tocadiscos y escuchar rock en español, era como ¡wow! Para mí fue muy trascendental esa banda y lo que causó en mí. Antes de Kraken estaban Parabellum, Astaroth, Ekrion, todas estas bandas que eran mucho más underground, pero que estaban ahí, y de todas formas hacían parte de ese momento cultural que vivíamos.

La pregunta tiene un sentido específico y es que nuestros hijos no van a tener que hacer nada de eso, ni caminar cinco cuadras para conseguir un disco. Lo que tú hiciste de ir a comprar un disco, seguramente tuviste que hacer esfuerzos mayores para comprar otros, implicaba un compromiso con la música que hoy en día no se ve de la misma forma. ¿Qué perspectiva tienes frente a esto?

Hoy en día vos escuchás un pedacito del coro de una canción en Instagram o te vas a Spotify si querés oír una canción, pero en dos o tres semanas es obsoleta, y la información es súper rápida porque el cerebro de los chicos hoy es diferente, mejor dicho, todo está para que funcione de esa manera.

Todos tenemos acceso a mucha información y eso ha cambiado la manera de ver la vida: la política, la sociedad, la religión, la cultura. En general todo el mundo es diferente hoy, pasa con los libros, pasaba cuando llamábamos. Antes teníamos que ir a buscar un teléfono para llamar a la casa. Ahora ni siquiera tienes que usar el teléfono porque tenemos WhatsApp, te conectas a wifi… todo sigue ahí como esa tendencia de la tecnología y la evolución en todos los aspectos.

Yo sigo siendo un romántico de la música, de los álbumes. Lucho constantemente con la realidad, pues la verdad es que la realidad ahora no es así. Y la verdad es que es muy duro, yo veo a mis hijos consumir música y es la locura. Ni siquiera saben quién es el artista, a veces se involucran con el artista, pero no mucho. Escuchan una canción, después desaparece y luego aparece otra canción. No hay un seguimiento a menos que sea un fenómeno como de club de fans, algo que sea muy espectacular.

Sobre todo, lo de la música me parece increíble; en Snapchat son 15 segundos, por ejemplo, en Instagram es un minuto. En la música electrónica hace cinco o siete años vos no sabías quién era el DJ, hoy se han vuelto más importantes, ya sabes quién es David Guetta, y el otro, y el otro… hoy en día el consumo es demasiado rápido.

¿Y esto te cuesta?

Claro que me cuesta, porque vengo de otra época donde el valor por el trabajo de la obra, del álbum, era muy importante. Yo compraba los discos, me encanta el olor mismo cuando los destapaba, hasta cuando lo ponía y veía los créditos y todo eso. Pero tampoco me voy a quedar ahí clavado, también disfruto mucho de la tecnología. Me encanta meterme en Spotify y descubrir un montón de artistas que jamás en la vida habría podido llegar a descubrir. Entonces todo depende de cómo lo hagas, pero me sorprende mucho el consumo de la música porque ahora que sacas una canción cada dos o tres meses, y ya luego el disco no existe. Eso para mí es muy fuerte.

Más allá de Internet, y de que la gente tenga acceso a todos esos artistas que nunca pensamos que íbamos a descubrir, en otros lugares del mundo pasa lo mismo con la música latina. ¿Por qué hoy la música latina está siendo más fuerte que nunca?

Eso viene pasando hace muchos años y creo que se ha consolidado mucho más hoy. Spotify se convirtió en una plataforma que popularizó el reguetón, y habitantes de México y Brasil, por ejemplo, que se cuentan por millones y millones, pusieron por encima los números del reguetón. Entonces los artistas americanos dicen: “Ay, ¿qué es lo que está pasando con esos números, por qué están saliendo millones de views?”

De allá están buscando a los artistas latinos para colaborar.

Claro, es que se están dando cuenta de que para ser número uno en el mundo necesitas tener a México, Brasil, Colombia, Argentina. Como que hay un montón de factores que empiezan a hacer que la música latina se vuelva importante, y se equilibra todo. Los americanos o los japoneses pueden escuchar música de acá, nosotros podemos escuchar música de allá, y todo se vuelve más asequible, eso democratiza un poco la música, lo cual me parece genial.

No es algo nuevo que la música latina sea reconocida a nivel mundial, porque la salsa es conocida en todo el mundo, ¿pero qué tiene esta música latina de hoy?

Tiene la tecnología a su favor. Si vos ponés a La Fania de los 70 con las plataformas de música de hoy, que estaba a la moda y eran la tendencia en el mundo, seguramente en ese momento el Despacito hubiera sido de La Fania, ¿me entendés? Pero ahora esa es la tendencia, y dentro de siete o 10 años será otra cosa; el acceso a la información es algo clave. Vos podés conectarte de una manera muy directa y muy rápida con cualquier cosa; podés escuchar una canción facilísimo.

¿Tú crees que además los latinos estamos volviendo a oír música latina?

Yo creo que sí, pero también creo que el hip hop se ha metido muchísimo en la cultura latina, a través del reguetón, por ejemplo. Si ves el reguetón de hoy ya no es tan reguetón como era antes, sino que ya es más como trap, más como hip hop. Siento que todo se va conectando con esa cultura americana que tiene mucha influencia sobre la juventud latina.

Qué pena, pero las Kardashian tienen una influencia brutal en la juventud, entonces ellas salen con un video de un rapero entonces ese man se vuelve viral; cualquier cosa, cualquier prenda de vestir, cualquier cosa que esté ahí se vuelve un elemento de la cultura pop.

Todo eso hace más asequible que un chico de Buenaventura o de Villavicencio se pueda meter a su teléfono a ver a las Kardashian y dice: “Ve, está escuchando esta canción” o “están usando estos tenis”, entonces los quiere también. Es muy loco, porque el imaginario nuestro ha tenido un cambio muy fuerte y drástico en los últimos años por la cantidad de información que recibimos.

Más allá de ese alcance que le da la tecnología a la música, poniéndonos un poco como abogados del diablo. ¿Es realmente esta la mejor música que América Latina le puede ofrecer al mundo?

Yo creo que en este momento el mainstream de la música es lo que está pasando, ¿cierto? Tú escuchas lo más popular, pero eso no significa que sea lo único de la música latina, porque si profundizas vas a darte cuenta de que hay unas locuras y géneros de todo tipo con una calidad muy brutal.

No necesariamente lo más calidoso es lo más popular, pero tampoco le restaría méritos, por ejemplo, a Balvin, al mismo Maluma, a Nicky Jam o a Daddy Yankee, porque yo he aprendido que esta gente tiene una forma distinta de hacer la música, o los hip hoperos o los raperos; ellos tienen una forma totalmente distinta de hacer una canción y conceptualizar los sonidos. Ellos se sientan con una computadora y ya, ni siquiera tocan instrumentos, es muy loco, es como que te has sentado con una librería de sonidos brutal y armas una canción. Es más como el vibe, como la vibra, como el mantra que generan estos beats que ellos hacen.

Mientras si te vas con artistas como Mon Laferte o Juan Pablo Vega, y es armonía, melodía, letra, es una forma distinta, pero eso no significa que la otra sea mala. Para mí son formas distintas de hacer música.

¿Y tú como músico que sientes que les has aprendido a estos personajes y sus nuevas formas de hacer música?

Yo, por ejemplo, vengo de la forma tradicional de hacer música, con la guitarra, la melodía, con el grupo de músicos tocando, grabando. Y de repente he empezado a trabajar con chicos jóvenes de 22 o 23 años que se sientan con su laptop, no tocan ningún instrumento en ese momento, y de repente arman unos beats que tú dices: “¡Wow, qué nota de música!”. Eso viene también de la música electrónica, que se ha movido hacia la parte urbana, y digamos que he aprendido el gusto, me parece que tienen mucho gusto para hacer las cosas. A veces menos es más, por ejemplo. En el espectro sonoro de una canción tú tienes muchas opciones o puedes tener 50 instrumentos  —tracks de música, trompetas, vientos, coros y una cantidad de locuras— o puedes tener tres, nada más. Pero todo eso depende de cómo lo ecualizas, de cómo le pones los plugins y los efectos para que suenen, para darle una sensación súper agradable también, sin ser compleja. Entonces la complejidad está al editar, en vez de poner esa guitarra, pues no, no la voy a poner.

Para mí ese ha sido el choque cultural más fuerte que he tenido; de pronto tiendo a poner más guitarras y me dicen estos chicos: “No, mejor no las pongas, siempre las has puesto. No las pongas esta vez”. Entonces es como esa pelea… no pelea, pero esa discusión para encontrar esos mundos, son formas distintas. Para mí es súper valiosa.

Antes de trabajar con ellos, pensaba: “¡Ahh que va!, ¡yo soy un súper músico!” [Risas] “Yo soy más que estos manes”. Pero ya después, cuando me siento a trabajar con estos pelaos… me les quito el sombrero. De verdad que los respeto mucho, son chicos súper preparados, súper jóvenes, claros con todo lo que hacen. Pa’ mí han sido como un descubrimiento, y obviamente sigues encontrando otros músicos que también son talentosos en lo que hacen, yo creo que es cuestión de gustos.

“Para mí el arte no es un producto y el artista no es un producto, sino que son parte de ese engranaje, de ese lado duro que es la industria de la música”.

Eso en cuanto al hacer música, hablando ya de la industria y de la difusión de la música, ¿qué tanto trabajo te ha costado pasar de las formas cuando tu empezaste a las formas que se manejan hoy?

Ha sido un proceso, no puedo decirte que ha sido fácil, no. La industria de la música ha cambiado o está cambiando demasiado rápido. En los últimos 17 años, por ejemplo, cuando comencé como solista, el proceso de lanzar un álbum en ese entonces, la promoción que tú hacías, ir a la radio y las ventas de los discos, los videos en MTV, todo eso desapareció.

Hoy sacas una canción por las plataformas digitales, vas a la radio, sacas un video… YouTube es súper importante hoy en día. Digamos que ha sido un proceso para adaptarme; escucho nuevos artistas, escucho nueva música, tener a mis hijos como una referencia es importante porque veo lo que ellos están escuchando. De repente puedo escuchar algo que me gusta y les digo: “Vé, ¿qué es eso tan chévere?”, y entonces escucho y me meto a YouTube y busco el artista, escucho otras canciones y como que me empiezo a impregnar de ese otro vibe que está por ahí, pero es un proceso pues… uno podría fácilmente decir: “No, yo me quedo acá, esta es mi forma de ver la música y de hacerla y no me interesa nada más”, o me adapto a lo que está pasando.

A mí un día Juan Luis Guerra me dijo: “Hey, tú tienes que escuchar siempre nueva música, escucha nuevos artistas, no dejes nunca de escuchar nueva música porque eso es clave para mantenerse”. A mí eso se me quedó clavado y la verdad sí creo que vale la pena escuchar de todo pues, no solamente hip hop o trap, o sea yo escucho de todo.

De eso que has oído de lo que tus hijos escuchan, ¿qué te ha gustado?

Drake, por ejemplo, me parece una nota. Me pongo unos audífonos y escucho Drake y digo: “¡Wow! ¡Cómo suena esto!”; los ingenieros que hacen esa música, los que mezclan eso, de verdad que son genios. En general del mundo del hip hop me gusta como ellos producen las canciones, con pocos instrumentos, pero es muy agradable de escuchar. Artistas como Beck, por ejemplo, no es que sean nuevos, pero me parece que siempre han ido a la vanguardia, me parece que son súper especiales. Pues mis niños ¿qué oyen?, Bruno Mars, Justin Timberlake, Future… todos estos raperos [risas]. De verdad, en mi casa me la paso escuchando hip hop, pero por mis pelaos y de repente después de eso pasan a Nicky Jam o a Balvin y a Maluma y a no sé qué… Y hace parte de lo que está pasando, yo de todas formas les pongo los Beatles, les pongo Rolling Stones y le pongo Queen [risas] y les hablo de eso, pero…

También es importante empatar eso, que ellos sepan que esto existe y que lo pueden oír ahí también, que no se tienen que salir. ¿Tú les hablas de esos temas como si fueran clases?

[Risas] Pues no tan académicamente, pero cuando vamos en el carro para llevarlos al colegio, me dicen: “Pa ponte una canción de Metallica”, y la pongo a todo taco, y a ellos les encanta, y lo escuchan, ahí como aprendiendo. De repente les pongo algo de Juan Luis Guerra, a mí es que me gusta de todo…

Otro artista nuevo que me gusta es Shawn Mendes, me parece una nota. Ed Sheeran me encanta, un pelao que solamente con una guitarra haga lo que hace, me parece muy especial. ¿Qué más? Rihanna —no es tan nueva, pero me encanta—, Beyonce, Eminem…

Por ejemplo, mi niño Dante tiene ocho años, y le encanta Rap God, la canción de Eminem, y se la sabe, ¡se la sabe! Yo le pregunto: “¿Gordo, en qué momento te aprendiste esa canción?”. El man se la sabe toda, ¡juepucha! Puede ser por series o películas que les entra toda esa música, porque ellos no escuchan radio, rara vez. Es más Spotify, Snapchat…

Esa es otra cosa, la gente cada vez menos oye radio…

Pues para mí es muy importante. Es como una pata de la mesa, la radio, Internet, la prensa escrita, la televisión, creo que todo eso forma esa mesa donde todo se complementa.

A propósito de todos estos cambios que además hacen que la música evolucione, ¿en algún momento te has sentido presionado para hacer un disco o por hacer un tipo de música?

A ver, yo creo que la presión ha sido más personal, ¿me entendés? Porque realmente nunca ha sido que la disquera me haya dicho: “Hey, tienes que hacer esto o aquello”, jamás. Al contrario, ellos me dicen: “Haz lo que tengas que hacer, sé tú. Te vamos a apoyar como tú eres”, pero es más personal.

A veces voy por la calle y me dicen: “Hey, ¿por qué no has hecho reguetón si te vuelves más popular?” [Risas] ¿Sí me entendés? No sé, ¿yo cómo voy a hacer reguetón? Si eso no es lo mío… Me encanta el reguetón, pero pues no es lo mío.

Entonces, a veces la presión es más personal, sobre todo al tratar de ser original después de hacer tantas canciones, se va haciendo difícil cuando has hecho varios discos… ¿cómo puedes mantenerte fresco y original? Se trata de no caer en el mismo lenguaje, que es lo que nos pasa a todos, al final cuando tú escribes un artículo o yo hago una canción, siempre tiene ese mismo lenguaje que es tu forma de escribir y mi forma de componer, ¿sí o qué?

Tal vez la presión es para no caer en tu zona de confort…

Exacto, salirme de la zona de confort es lo que estoy tratando de hacer. Obviamente te sientes extraño, pero al final el resultado a veces vale la pena, a veces no. Pues así es el juego.

Cuando uno tiene la oportunidad de mirar de cerca la industria de la música, surge una serie de preguntas. Uno ve que un ejecutivo de mercadeo de una disquera hace cinco años estaba vendiendo bombillos, y mañana puede estar vendiendo jabones. ¿Es lo mismo vender una canción que vender un bombillo?

[Risas] Para mí eso es un drama, ¿me entendés? Porque hay un punto en el que vos sabés que sacás una canción, y que esa canción es un producto, pero al mismo tiempo yo como artista no me considero un producto. Yo hago mi música y no me considero un producto, pero al final soy un producto porque lo está consumiendo la gente. A mí eso me da muchas vueltas.

Yo no siento que sea así, pero al final cuando tú eres un ejecutivo de una disquera, tenés 20 artistas, son 20… productos. Productos que tenés que mercadear de acuerdo al perfil de cada artista, entonces buscás una manera de hacerlo.

Creo que las plataformas digitales han quitado todos los intermediarios y podés escuchar lo que te da la gana; te pueden vender 20 mil veces algo y tú escuchas lo que tú quieres. Obviamente, si prendes el televisor y ves un comercial, y luego abres una revista y ves otra vez lo mismo, luego vas a un cine y otra vez, pues de pronto te puede dar curiosidad.

Para mí el arte no es un producto y el artista no es un producto, sino que son parte de ese engranaje, de ese lado duro que es la industria de la música. Aunque entiendo lo que pasa, no puedo aceptarlo...

Se convierte en un dilema permanente…

Sí, es horrible. Es más, una banda alternativa como Slayer, por ejemplo, son un producto. Se mercadean en el mundo del metal, en las revistas de metal, y al final tú vas a consumir un concierto de ellos o una canción de ellos, vas a comprar un afiche o un documental, una camiseta, no sé… ¿sí me entiendes?

Lo importante es como uno se vea también, como tú te veas y como tú te sientas frente a esas cosas. Te pueden decir mil cosas, te pueden ayudar a hacer planes de marketing de todas las formas, pero si eres tú y es tu música lo que defiendes, pues bienvenido.

¿Por qué decidiste hacer Mis planes son amarte con Sky y Mosty (estos chicos jóvenes de los que hablabas hace un rato)? Teniendo la posibilidad de hacer música en EE. UU. con cualquier otro productor, ¿por qué venir a Medellín para hacer este disco?

En estos últimos 15 años como que viajé mucho por todos lados, trabajé con productores de otras partes y de repente dije: “¿Qué tiene de malo ir a mi ciudad y encontrarme con estos chicos que tienen 23 años, que son de mi ciudad y además saben exactamente quién soy yo como músico porque crecieron escuchando mis canciones?”. Sentí la necesidad de dejar el ego a un lado y darme una oportunidad de aprender con estos chicos. Y como te decía, al principio no era una decisión fácil, como que íbamos a ver qué pasa, pero cuando los conocí y empezamos a trabajar… me les quito el sombrero.

También para ellos hacer tu música es diferente a todo lo que producen.

Total. Fue algo de lado y lado, como un win win situation. Yo aprendí mucho de ellos y ellos aprendieron de lo que yo hago también. Fue un complemento.

Además, ¿por qué no? Creo que el mundo ha cambiado tanto y uno a veces piensa en nombres y cosas, al final todo está aquí, en nuestro lugar.

¿Y por qué sale este disco, que es tan paisa y tan tú, pero no tiene ese sonido particular tuyo? Mis planes son amarte se abre un poco más.

Cuando empezamos a trabajar no teníamos claro lo que íbamos a hacer; hicimos muchas sesiones durante año y medio, nos juntábamos en Miami o yo iba a Medellín, me sentaba en el estudio de los chicos y hacíamos sesiones de dos, tres o hasta cuatro canciones. Al final juntamos como 28 o 30 canciones, no me acuerdo bien del número, pero eran bastantes.

Y en esas canciones había de todo, había más pop —un poquito como el álbum—, después otras más tradicionales, como la onda guasca mía, después había otras medio baladas, después había otras súper extrañas, que no salieron publicadas pero que estaban muy chéveres también. Al final como que encontramos las canciones y dijimos: “Bueno, esta está chévere, esta también”. Después Sky y Mosty decían cuáles les gustaban también y fuimos encontrando el grupo de canciones que armaron el disco, que es una historia, plasmada además en la película; son esos dos lados de lo que es mi música, que es lo más folclórico mezclado con elementos más electrónicos y el lado de puro pop, canciones como Ángel, Mis planes son amarte, Alguna vez, que son pop, así, sin nada de folclor ni mezclas.

Las colaboraciones son colombianas también.

Las colaboraciones son colombianas, por ejemplo, Kali Uchis que es de Pereira, una chica que yo conocí porque un amigo me mandó un link, y nadie sabe que ella es de acá, ni yo sabía, pensaba que era inglesa o algo así, cuando me di cuenta de que era de Pereira, pues más chévere todavía.

Con Fonseca, pues es amiguísimo mío del alma, parcero, colega, vecino, lo quiero mucho. Así se fue armando este disco cargado de mucho amor y mucha buena onda.

¿Cuáles consideras han sido tus aciertos más relevantes y tus errores más fuertes?

Creo que mis aciertos más relevantes han sido cuando yo he seguido el corazón mío, así firme, cuando estoy convencido de lo que quiero, de cómo lo quiero, y cuando he creído en mí. Y mis desaciertos han estado cuando me he dejado perturbar por cosas externas que me han hecho dudar de quien soy yo o de lo que siento y pienso.

Pero siento que el proceso normal de cualquier ser humano es ese; vos no siempre estás tan claro. Hay momentos de claridad, hay momentos en los que te sentís como un culo, ¿sí me entendés? Y dudás mucho de tus capacidades y todo. Pero creo que esas cosas han hecho ese proceso de madurez.

A veces, cuando me he quedado muy solo, siento que ha sido también malo; uno no puede quedarse solo y encerrarse en uno mismo, es lo peor que uno puede hacer. Uno tiene que estar abierto también, y compartir con la gente, dejarse contagiar por el cariño de la gente, en lugar de quedarte ahí, esa creo que ha sido mi lección.

Cuando miro para atrás, por ejemplo, veo que cuando cometes los errores, cuando fallas, uno se siente supermal, pero más adelante después de la vida te dice: “Eso tenía que pasar”. Cuando te das cuenta de eso es gratificante, porque te das cuenta de que ese error realmente no fue un error, fue un acierto. Tenías que pasar por ahí para poder entender y llegar al lugar donde estás, eso cura todo lo demás.

¿Qué perspectiva tienes hoy de Colombia frente a lo que ha venido pasando en el país: la implementación de la paz, las elecciones?

Pues mirá, yo viajo la mayoría del año, constantemente estoy viajando por todo lado, y la verdad es que cuando yo voy a estos sitios la gente está maravillada con Colombia, es increíble. Les gusta la música, me preguntan qué pasa en Colombia, que por qué llega tanta música de Colombia. Yo, por ejemplo, que puedo viajar y entrar y salir, me doy cuenta de lo valioso que es este lugar.

Obviamente, cuando ya te metes a observar las cosas, es un país como cualquier otro de Latinoamérica que tiene muchos problemas, y más Colombia porque ha tenido una historia tan complicada como la hemos vivido nosotros, ¿cierto? Pero si vos tomás una fotografía de Colombia hoy, y la comparas con la que fue en los 80, pues… es otra cosa.

Yo soy optimista, no me dejo contagiar por la negatividad de la gente. Tampoco soy inocente, sé que las cosas son muy difíciles, pero creo que es un proceso que vamos a vivir y que lo que está pasando en Colombia es históricamente necesario. Este proceso de la paz, este posconflicto va a durar 15, quizá 20 años, no sé… Pero ¿qué tal que no comience ahora? ¿Entonces cuándo? Lo que está pasando es lo que tiene que pasar, y va a llegar a un momento donde vamos a estar mucho mejor. Yo soy súper optimista, sinceramente.

Ya cuando después te metés acá, es muy heavy; el tema de la política es muy complicado, mucha división, mucho odio… eso me parece muy fuerte. Porque eso pasa en ese canal, pero después estás con la gente, vas a un restaurante o a un concierto, la gente es muy chévere. En ese mundo es donde la gente es muy conflictiva.

¿Pero no crees que eso igual permea a toda la sociedad?

Obvio, obvio porque el pesimismo se contagia, es muy fuerte. Yo hablo con mis hermanos, por ejemplo, y a veces mi hermana me dice: “Ah, pero es que tú no vives acá”, y yo le digo: “Pero vení, mirá…”. Eso también da perspectiva, ver las cosas desde allá.

No todo el mundo que está en la política es malo, no todo el mundo que está en el ejército es malo, no todo el mundo que está en la policía es malo, no todo el mundo que está en la música es malo, no todo el mundo que está en la iglesia es malo, ¿me entendés? No todos los políticos son corruptos, no se puede uno clavar con una sola cosa.

Ahora, que existe el mundo en el que existimos porque como seres humanos somos es así, es verdad. Pero sí me parece que hay cosas para hacer, que tenemos una gran oportunidad para transformar este país.

¿Qué herramientas crees que tienes para ayudar a transformar al país?

Pues hacer parte de la cultura, hacer parte del movimiento cultural del país, para mí eso es clave. Lo que yo he hecho lo he logrado porque otros antes lo hicieron y me inspiraron para decir: “Hey, yo puedo esto”. Si él lo hizo, maybe yo lo puedo hacer también, y seguro alguien está pensando eso mismo, y creo que todos los aciertos y todos los errores que uno comete los demás ya pueden evitarlos. Es una cosa muy chévere también porque uno hace parte de esa cadena de evolución cultural que hace que el país hoy en día tenga tantos músicos. Es que ahora hay mucho talento, es una locura.

Que no haya espacios, por ejemplo, eso es otra cosa. Eso puede llegar después, porque primero era combatiendo contra la guerrilla, ahora es contra la corrupción, no sabemos contra qué más, pero llegará un momento en el que se acomodarán las cosas, y quizá haya más derechos para los artistas, para los músicos, donde haya leyes que controlen la cantidad de música que se ponga nacional o en español en los medios, como pasa en Brasil o en Argentina, o como pasa en España y en muchos otros lugares.

¿Serías partidario de este tipo de reglamentaciones?

A mí me parece que es importante, lo veo como algo positivo porque generaría un movimiento importantísimo a la industria nacional, pero no me tomes a mal porque no estoy pensando en nada que tenga que ver con censura, un tema inmencionable. Sino que haya más espacio para la gente, porque la única radio que te pone si eres un artista joven es Radiónica, es muy difícil. De pronto Marchena en Los 40 te pone, pero es muy difícil…

Si existiera un control de calidad y un tipo de control sobre eso, creo que habría más oportunidad para que la gente escuchara más música nacional, es que acá hay mucha música buena.

Por ejemplo, hace poquito se murió Rodrigo Silva —de Silva y Villalba—, yo leí la historia de ese señor y quería llorar. Se murió sin pensión, sin salud, en la miseria... Eso no está bien.

Los actores también están peleando por eso mismo, la cultura no es un tema que realmente preocupe o interese al Estado.

Los actores se han movido mucho más que los músicos; los músicos están muy atrás en ese aspecto. Los actores ya han avanzado mucho. Está la Ley del Cine, van al Congreso, han hecho de todo. Los músicos no hemos hecho nada, esa es la realidad.

¿Y por qué crees que los medios de acá no le dan el espacio que merece la música nacional?

No sé, cosas culturales quizá. Antes cuando yo estaba en Medellín en los 90, que sonara algo nacional en la radio era casi imposible. Pues, de hecho, yo recuerdo que Compañía Ilimitada, Kraken, Pasaporte, eso fue como el comienzo…

Puede ser un control de calidad, yo creo que la gente de Colombia sí cree en lo de acá, sí creo que la gente apoya a los artistas. Es más cuestión de que las grandes empresas crean y apuesten por los artistas nacionales. No sé por qué…

Con las bandas y artistas que ya existen, que decidieron hacer música y están ahí en la mitad, ¿por qué nadie les ayuda? ¿Por qué pasa eso?

Porque van a la radio y no les ponen la música. El formato, ese es el problema. Es como cuando vas a la discoteca y para entrar tenés que seguir un código de vestimenta, y no todo el mundo tiene el mismo código, entonces muchos artistas independientes de repente no encuentran una entrada.

Pero si existieran emisoras que apoyaran a todos estos manes, seguramente todo sería distinto. Igual está YouTube. Medrano empezó ahí y ahora es un man muy reconocido. Las plataformas digitales también han sido fundamentales para todos.

Es cuestión de tiempo, a medida que evolucionemos como sociedad y podamos aceptar lo que somos y lo que hacemos con más apoyo.

En todo ese contexto, teniendo en cuenta eso, además de la perspectiva política, ¿por qué es tan difícil que los músicos colombianos se comprometan en términos políticos con cualquier cosa?

Yo siento que, la parte política con la música siempre ha sido mal relacionada; para la mayoría de los músicos —y yo lo he vivido en carne propia— es desagradable cuando te metes en esos temas porque siempre te aporrean. Nunca sales ganando, pero creo que la conciencia ahora está más elevada, para que todo el mundo diga: “¿Qué pasa?”, ese el momento de pronto en el que se puede empezar a hablar y tener esa conversación.

Me parece válido poner esto en la agenda pública para que todos los pelaos y los músicos empecemos a pensar que de pronto es algo importante, que esto tenga una oportunidad para valorar más al artista nacional, que tengan más derechos, que tengan más difusión. Al mismo tiempo genere más conciertos y más movimiento.

No hay lugares para tocar en Colombia, eso es una vergüenza. O sea, hay pocos lugares, sinceramente. Uno no puede hacer una gira en Colombia y decir: “Voy a tocar en este venue, y en este, y aquel”. México, por ejemplo, sí está en ese aspecto mucho más avanzado, entonces creo que falta infraestructura no solo en las carreteras, sino también en la parte cultural, para la música y para el teatro. Me imagino que eso vendrá con el tiempo.

Por eso creo que es importante todo lo que está pasando, porque los problemas se arreglan de a poquito, como de a uno.

Cuando lees la mayoría de las historias de las bandas que uno admira, todas se fueron en una van, los cuatro amigos, con sus instrumentos y se fueron a recorrer el país; tocaban en bares y terminaron siendo los más grandes del planeta. Eso acá no puede pasar, ¿cómo lo vas a hacer si no hay dónde?

Ahora —por lo menos en apariencia— uno se puede mover más por el país.

Exacto, por eso te digo, van cambiando cosas que van generando otras. La calidad por ejemplo, hoy en día es mucho mejor que la de hace 15 años, me refiero al tema de ingeniería, por ejemplo. Los pelaos hoy en día están mucho más estudiados para grabar un álbum y mezclarlo bien. Mosty por ejemplo, es un genio. ¡Ese pelao, es un genio! ¿Tú sabías que ese pelao creó una marca de parlantes? Él solo. Y los escuchas y los comparas con cualquier otra marca gringa o alemana, y son tremendos, no te puedes imaginar. Y ese pelao es de Medellín, es un nerdo de Medellín que es un genio. Es organizado, tiene su vida clarísima, yo vivo inspirado por esos pelaos, en serio. Y así como ellos, hay un montón de gente.

Sabemos que es un paso a la vez, ¿pero no crees que se están demorando demasiado para invertir en la cultura?

A mí sí me parece. Mirá que el primer presupuesto que recortan siempre es el de la cultura porque piensan que eso no es importante, yo no entiendo por qué piensan eso. Obviamente la seguridad es importante, ¿pero cuál es la raíz de esa violencia? ¿Qué es lo que la está causando? Muchas otras cosas que van atrás. Yo creo que la cultura es una manera muy poderosa de ayudar a que estos chicos no se metan en ese camino. ¿Y si no tienen ninguna otra oportunidad?

Ahora sí, los pelaos ya ven que pueden hacer reguetón, pueden hacer rap, pueden ser break dancers, y ven que eso los hace importantes en el barrio, pero llegan otros manes, güevón, con armas y con nenas… ¿sí me entendés? Es una cultura mafiosa muy dura que nos ha tocado, y hasta que no cambien las políticas contra eso, eso no va a cambiar.

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