Entrevista Playboy: David Bowie - Septiembre de 1976

“Las chicas siempre suponen que he guardado mi virginidad heterosexual por algún motivo. Así que hice que todas estas chicas trataran de llevarme al otro lado otra vez: “Mira, David, no es tan malo, déjame te muestro”. O, mejor aún, ‘Ven te mostramos’. Siempre me hago el tonto”.
Imagen por Andy Kent

Alguna vez fue un cantante desaliñado de pelo rubio. Luego el líder de una banda de pop llamada The Buzz. Luego un obstinado baladista bisexual. Luego un guitarrista andrógino de pelo rojo, con un aire espacial, apoyado por The Spiders from Mars. Luego un cantante de soul. Luego un actor de cine… y finalmente, un artista astutamente conservador en plan Sinatra. David Bowie, sin duda, haría lo que fuera para lograrlo. Y ahora que lo logró, hará todo para quedarse ahí.

A sus 29 años, David Bowie (David Jones, nacido en Brixton, Inglaterra) es mucho más que cualquier estrella del rock. Es un manipulador de los medios. Solo hay un objetivo en su ecléctica carrera, la atención. Sin ella estaría marchito y muerto. Ante una audiencia que está pagando por verlo, si es posible.

En abril de 1975, Bowie anunció que renunciaba al rock. “Es un callejón sin salida aburrido. No habrá más discos o giras de rock & roll por mi parte. Lo último que quiero ser es un cantante de rock que no sirve para nada”. Esta fue la segunda vez que dio está declaración. Ya había anunciado su retiro del rock al final de un gran concierto en Londres en 1973, después de lanzar Diamond Dogs  y firmar una gira de tres meses por EEUU.

Esta vez, Bowie se comió sus propias palabras de forma espectacular. Organizó una entrevista vía satélite desde su casa en Los Ángeles con el presentador más famoso de la televisión británica, Russell Harty, para explicar que tenía un nuevo álbum de rock & roll, Station to Station. Además, Bowie no supo explicar bien sobre su gira mundial que duraría seis meses. El gobierno de España, mientras tanto, pedía urgentemente el satélite para contarle al mundo que el General Franco había muerto. Bowie, siempre el chico malo, se negó a parar la entrevista.

Bowie no es el hombre más amado en el negocio de la música. De todos modos ha dejado su marca. Cuando se presentó por primera vez en EEUU en 1972, se lo estaba restregando a su guitarrista, completamente maquillado y vistiendo lujosos vestidos femeninos. Instantáneamente creó un nuevo género - el glam rock – y le arrancó la inocencia al rock. Mick Jagger y los Rolling Stones, Elton John, Alice Cooper, Todd Rundgren, Lou Reed y bandas como Queen, Roxy Music, Slade, T-Rex y Cockney Rebel hicieron lo mismo.

Una vez Bowie había logrado que todo el mundo girara la cabeza para mirar su gira en EEUU, no fue mucho después que su LP sobre un semidiós fracasado del rock, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, llegara a la cima de los listados. Sus tres álbumes previos empezaron a venderse incontrolablemente. La prensa saltó a proclamar a Bowie como el artista que habíamos esperado desde la disolución de los Beatles. Igual de rápido, se voltearon a atacar este fenómeno. Había algo, parece, sobre la onda bisexual de la banda de Bowie que… no era saludable.

Músicos y críticos se unieron para rebelarse en contra de la decadencia de Bowie. Pero él había asumido una nueva fachada igualmente absurda, un disco soul. De repente, este frágil y amanerado rockero estaba tocando R&B. Y le funcionó. Bowie acumuló dos grandes éxitos, Young Americans y Fame. Luego vino la aceptación final: Se convirtió en uno en uno de los pocos blancos en ser invitado en el programa de televisión Soul Train.

Para acomodar la amplia base de su éxito, Bowie ha asumido la postura de un gran artista clásico, vistiendo pantalones formales negros y chaleco con camisa blanca. Station to Station alcanzó el estatus de oro, y su posterior gira mundial se agotó en todas sus paradas.

Ahora, en el mejor año para Bowie hasta ahora, el antiguo rey/reina brillante del rock está amenazando con cumplir una promesa por primera vez. Siempre ha afirmado ser una estrella del cine genuina, y su actuación en la más reciente película de Nicolas Roeg, The Man Who Fell to Earth se ha ganado grandes elogios. La decisión de Bowie de protagonizar fue, según el New York Times, “inspiradora, la actuación del Sr. Bowie es extraordinaria”.

Nos dimos cuenta de que era momento de ponernos al día con la cruzada de Bowie – como él le dice – de gobernar el mundo. Mandamos al periodista y colaborador de ROLLING STONE, Cameron Crowe, a visitar a la súper estrella más arrogante que invadió los medios en los setenta. Su reporte: “Mis conversaciones con Bowie empezaron a principios de 1975. Bowie es experto en ser encantador, así la compañía fuera de un ejecutivo aburrido, otro músico o un extraño. Tiene claro que es una máquina de lanzar titulares. Entre más impactantes eran sus revelaciones sobre sus encuentros homosexuales o sus inclinaciones fascistas, más grande era su sonrisa. Sabe exactamente lo que un entrevistador considera bueno, y le da precisamente eso. La verdad es probablemente inconsecuente”.

James Dean representó todo lo que campantemente hoy es respetado, el hombre jugador… Tenía una reputación un poco sórdida. Lo admiro inmensamente

Playboy: Comencemos con una pregunta que siempre tratas de evadir: ¿Qué tanto de tu bisexualidad es de verdad y cuánto es un truco?

Bowie: Es verdad, soy bisexual. Pero no puedo negar que he sabido usar eso muy bien. Supongo que es lo mejor que ha podido pasarme. También es divertido. Hablaremos al respecto.

Playboy: ¿Por qué dices que es lo mejor que te ha podido pasar?

Bowie: Bueno, por una cosa, las chicas siempre suponen que he guardado mi virginidad heterosexual por algún motivo. Así que hice que todas estas chicas trataran de llevarme al otro lado otra vez: “Mira, David, no es tan malo, déjame te muestro”. O, mejor aún, “Ven te mostramos”. Siempre me hago el tonto.

Por otro lado – estoy seguro de que quieres saber el otro lado también – cuando tenía 14 años, el sexo de repente se convirtió en algo muy importante para mí. No importaba con qué o quién fuera, mientras fuera una experiencia sexual. Entonces podía ser un chico guapo del colegio u otro que me llevaba a mi casa para tener sexo en mi habitación. Y así fue. Mi primera impresión fue, bueno, si alguna vez me llevan a la cárcel ya sé cómo mantenerme feliz.

Playboy: Lo cual no les gustaría mucho a tus compañeros heterosexuales de celda.

Bowie: Siempre he sido chauvinista, hasta en los días que estoy obsesionado por chicos. Pero siempre soy un caballero. Siempre he tratado a mis chicos como todas unas damas. Siempre los acompaño como se debe y, de hecho, supongo que si fuera mayor – como de 40 o 50 – sería un sugar daddy maravilloso en Kensington. Tendría un mayordomo que se llamara Richard para mandarlo todo el día.

Playboy: ¿Cuánto de eso se supone debemos creer? Tu antigua publicista, la célebre ex groupie Cherry Vanilla, dice que se acostó contigo y que no eres para nada gay. Dice que tú haces creer a la gente que te gustan los hombres.

Bowie: Oh, me encantaría conocer a ese impostor del que ella habla. Seguro no soy yo. De hecho, es una frase maravillosa. Cherry es casi tan buena como yo usando a los medios.

Playboy: Sin embargo, el hecho es que nunca te han visto como un amante hombre, ¿Por qué?

Bowie: Dios, superé lo de ser una reina hace mucho tiempo. Por un rato, fue 50-50; y ahora las únicas veces que me provoca es cuando voy a Japón. Hay muchos chicos guapos allá. De unos 18 o 19 años. Tienen una mentalidad maravillosa. Todos son reinas hasta que llegan a los 25, luego de la nada se vuelven samuráis, se casan y tienen miles de niños. Me encanta.

Playboy: ¿Por qué, cuando nadie más en el rock se ha atrevido a hablar del tema, tú escogiste explotar tu bisexualidad?

Bowie: Diría que EEUU me obligó a hacerlo. Alguien me preguntó en una entrevista alguna vez – creo que era 1971 – si yo era gay. Le dije: “No, soy bisexual”. Este hombre, no tenía idea de lo que significaba el término. Entonces le expliqué. Todo fue publicado; y ahí fue donde comenzó todo, todo es tan nostálgico ahora, ¿no? El 71 fue un buen año en EEUU. El sexo todavía era impactante. Todo el mundo quería ver al raro. Pero eran muy ignorantes sobre lo que estaba haciendo. Todo estuvo ahí antes de que yo llegara. Sin querer, yo realmente traje el tema. Yo nunca, nunca había visto la palabra gay hasta que llegué acá, a EEUU. Se necesitó un poco de exposición y algunos rumores sobre mí antes de que los gays dijeran, “repudiamos a David Bowie”. Y así lo hicieron. Por supuesto. Ellos entendieron que yo no era la razón de su lucha.

Nadie entendía la forma europea de vestirse y adoptar una posición asexual, andrógina en cualquier persona. La gente salió a gritar. “¡Él está usando maquillaje y usa cosas que parecen vestidos!” aunque yo no fui el primero en publicitar la bisexualidad.

Playboy: ¿Quién fue?

Bowie: Dean. James Dean fue, de manera sutil y muy bien hecha, tengo una idea sobre esto. Dean probablemente era como yo. Elizabeth Taylor me lo dijo alguna vez. Dean era calculador. No era descuidado, él no era el rebelde que representó tan bien. No quería morirse. Pero sí creía en la premisa de llegar a los extremos, solo para agregar un corte más profundo a la personalidad.

James Dean representó todo lo que campantemente hoy es respetado, el hombre jugador. Era parte de su increíble magnetismo. Sabes, él era… una puta. Acostumbraba a pararse en Times Square para ganar algo de dinero e ir donde Lee Strasberg para aprender a ser como Marlon Brando. Tenía una reputación un poco sórdida. Lo admiro inmensamente, esto debe cubrir cualquier pregunta que te tengas sobre si tengo o no algún héroe.

Playboy: Gracias. Ahora, ¿qué hay de ti posando vestido de mujer para la portada de la versión inglesa del álbum The Man Who Sold the World?

Bowie: Curiosamente, y así nunca me vayas a creer, era una parodia de Gabriel Rossetti. Ligeramente torcido, obviamente. Entonces cuando me dijeron que el culto drag-queen se estaba formando detrás de mí, dije, “Bien, no traten de explicarlo; nadie va a tratar de entenderlo”. Seguiré el juego de cualquier cosa que sea una ruptura. Porque con la sed de escándalo – mira lo grande que es People – me dieron una buena oportunidad. Todos los periódicos escribieron sobre lo enfermo que yo estaba, y que estaba ayudando a matar el arte. Desperdiciaron todo el espacio que pudieron haber dado a verdaderos artistas. Quiero saber por qué gastaron todo ese tiempo, esfuerzo y papel en mi ropa y mis poses. ¿Por qué? Porque yo representaba una declaración de principios peligrosa.

Lo que sigue a esto, ahora que he decidido hablar un poco más – solo contigo – es, “¿Cómo se atreve a tener un ego tan intenso?”. Eso, por sí solo, es un peligro para algunas personas, ¿soy digno de que hablen de mí? Sinceramente creo, que sí. Tengo que cargar con la convicción de que yo soy mi propio medio. La única manera en que puedo ser efectivo como persona es ser arrogante y directo con mis puntos de vista. Así soy. Creo en mí de la manera más sincera.

Playboy: ¿Pero no estás teniendo problemas para la que gente te crea? Por, ejemplo, tu bien publicitada despedida del entretenimiento. Te has retirado dos veces, jurando que nunca más tendrás algo que ver con el rock & roll. Aun así, acabas de terminar una gira mundial de seis meses, promocionando tu más reciente álbum de rock & roll, Station to Station. ¿Cómo racionalizas estas contradicciones?

Bowie: Miento. Es algo muy fácil de hacer. No importa nada excepto lo que estoy haciendo en este momento. No puedo controlar todo lo que digo. Me importa un culo. No puedo siquiera recordar en qué creo y en qué no. El punto es convertirse en la persona que uno quiera convertirse. No tengo idea de dónde voy a estar dentro de un año. Un loco desquiciado, un dictador, algún tipo de reverendo; no sé. Esto es lo que me aleja del aburrimiento.

Playboy: ¿Qué más te aleja del aburrimiento?

Bowie: Lo que quieras.

Playboy: ¿Qué me dices de las drogas?

Bowie: ¿En qué año estamos? ¿76? Supongo que he estado tocando las puertas del cielo en los últimos 11 años, con una cosa o con otra. Las únicas drogas que uso, sin embargo, son las que me mantienen funcionando por largos periodos de tiempo. No me he involucrado con nada pesado desde el 68. Tuve un coqueteo leve con heroína en ese entonces, pero era más por el misterio y el enigma de probarla. Nunca la disfruté. Me gustan las drogas rápidas. Lo he dicho muchas veces. Odio las drogas lentas y bajas como la marihuana. Odio dormir. Prefiero estar despierto, trabajando todo el tiempo. Me enfurece que no podamos hacer nada con respecto al sueño o los resfriados.

Playboy: ¿Te acuerdas de la primera vez que te drogaste?

Bowie: ¿Con marihuana? He tomado muchas pastillas desde niño. Trece o catorce años. Pero la primera vez que me drogué con marihuana fue con John Paul Jones, de Led Zeppelin, hace muchos años cuando todavía él tocaba el bajo en los discos de Herman's Hermits. Estábamos hablando con Jack Elliot en algún lado y Jones me dijo, “Ven y te doy marihuana” lo pensé y le dije que, “Claro, voy darle una oportunidad”. Fuimos a su apartamento, tenía un cuarto inmenso, sin nada excepto un órgano Hammond, justo al lado del departamento de policía.

Había probado la cocaína, pero no la marihuana. No sé por qué pasó en ese orden, probablemente porque conocía a un par de marineros comerciantes que la traían de los puertos. Lo había hecho con ellos. Y detestaban la marihuana. Entonces observé con asombro mientras Jones armaba tres porros grandes. Los fumamos. Yo me drogué increíblemente y se transformó todo en un hambre tremenda, me comí dos panes completos. Después el teléfono sonó. Él me dijo, “¿Podrías contestar, por favor?” entonces bajé para contestar el teléfono, pero seguí caminando hacia la calle. Nunca volví. Estaba fascinado con las grietas del pavimento.

Playboy: ¿Alguna vez probaste los ácidos?

Bowie: Tres veces. Fue muy colorido, pero creo que mi imaginación es más rica. Naturalmente. Y con más sentido para mí. Los ácidos le dan a la gente un enlace con sus propias imágenes. Yo ya tenía eso. No era nada nuevo para mí. Simplemente generó una gran cantidad de colores. Luces brillantes y cosas, “Oh, mira. Veo a Dios en la ventana”. ¿Y qué? Nunca necesité ácidos para hacer música, tampoco.

Playboy: ¿Qué tanto han influenciado las drogas tu música?

Bowie: La música es una extensión de mí, entonces la pregunta sería, ¿qué han hecho las drogas conmigo? Me han jodido, creo. Me han jodido muy bien y he disfrutado ver como es estar jodido.

Playboy: ¿Entonces estás de acuerdo con el crítico que llamó al disco Young Americans, “un LP jodido de un rock star jodido”?

Bowie: Bueno, The Man Who Sold the World de hecho es el álbum más orientado a las drogas que he hecho. Ahí fue donde más jodido estaba. Young Americans probablemente está en un segundo puesto cercano. The Man fue cuando estaba sosteniendo una especie de bandera para el hachís. Cuando terminé de usar esa droga, me di cuenta de que había perjudicado mi imaginación. El final de las drogas lentas.

Playboy: Eso no suena como hombre que hace poco fue arrestado en Nueva York por posesión de ocho onzas de marihuana.

Bowie: Puedo asegurar que eso no era mío. No puedo decir mucho más, pero pertenecía a los otros que estaban en el cuarto cuando fuimos arrestados. Malditos marihuaneros. Qué ironía tan terrible, yo arrestado por marihuana. Esa cosa me enferma. No la he tocada en una década.

Playboy: En la canción Station to Station, sin embargo, te refieres a la cocaína.

Bowie: Sí, sí. La línea es, “It´s not the side effects of the cocaine… I´m thinking that it must be love”. ¿Las emisoras la censuraron?

Playboy: No que yo sepa. ¿Tienes algún tipo de reserva sobre usar esa línea en la canción?

Bowie: No, de ninguna manera.

Playboy: Uno puede interpretar que estás defendiendo el uso de cocaína. ¿O ese es el mensaje?

Bowie: No tengo ningún mensaje. En realidad, no tengo nada que decir, ni sugerencias o consejos, nada. Sólo sugiero algunas ideas para que la gente se quede oyendo un poco más. Y después de todo, de pronto ellos saquen mensajes y me eviten el tener que explicar. Mi carrera ha sido un poco así. Me salgo con la mía.

Playboy: Aseguras que te gusta trabajar todo el tiempo, pero solo lanzas un disco por año. ¿Qué haces exactamente cuando no estás en sesiones de grabación?

Bowie: Escribo canciones, guiones y poemas, pinto, hago fotografía Kirlian, me manejo a mí mismo, actúo, produzco, grabo, a veces salgo de gira. Podría darte cinco álbumes nuevos e inéditos de David Bowie, podría pasártelos ya mismo. Tengo una acumulación de material increíble. Trabajo, trabajo, trabajo…

Playboy: ¿Alguna vez te relajas?

Bowie: Si estás preguntando si tengo vacaciones o no, la respuesta es no. Encuentro toda mi relajación en el contexto del trabajo; soy muy serio con eso. Siempre he pensado que lo único que hay que hacer es tratar de vivir como Superman, desde el comienzo. Me sentí insignificante siendo como cualquier otra persona. No podía existir pensando en todo lo importante que sería ser una buena persona. Pensé, “a la mierda eso; no quiero ser otro ciudadano honesto”. Quiero ser una súper persona y mejorar todo el equipo que me dieron para poder trabajar al 300 %. Creo que es posible hacerlo.

Playboy: ¿Al estar analizándote todo el tiempo no tiendes a volverte un poco esquizofrénico?

Bowie: Las cuatro partes de mí tendríamos que hablar sobre eso. ¿Soy esquizofrénico? Una parte de mi probablemente sí es, pero la otra parte está centrada, sólida como una roca. De hecho, no soy para nada esquizofrénico. Creo que mi forma de pensar está bastante fragmentada, es bien obvio. A veces pienso en seis cosas diferentes a la vez. Terminan interrumpiéndose unas a las otras. No es muy bueno cuando estoy conduciendo.

Playboy: ¿Alguna vez has tenido problema decidiendo cuál es tu versión real?

Bowie: He aprendido a moverme conmigo mismo. Honestamente no sé dónde está el verdadero David Jones. Tengo tantas capas que ya se me olvidó cómo es el núcleo. No sabría cómo es si lo encontrara. Ser famoso ayuda a postergar los problemas de descubrirme a mí mismo. Lo digo en serio. Es la razón principal por la cual he sido tan apasionado en ser aceptado, porque he luchado en usar mi cerebro para usos artísticos. Quiero dejar una huella. En mis primeras cosas, lo hice pretenciosamente. Muéstrales algo que tenga que ver con análisis intelectual o pensamiento analítico aplicado y van a bostezar. Pero algo que es pretencioso, que te mantenga fascinado, es lo único que asombra. Impacta igual lo que hizo Dylan hace 14 años como el sexo hace muchos años atrás.

Playboy: ¿Dices que el sexo ya no asombra?

Bowie: Por favor. Disculpa Hugh. El sexo nunca ha generado asombro, es la gente que lo hace la que se asombra. Personas asombradas, teniendo sexo. Ahora a nadie le importa. Todo el mundo se acuesta con todo el mundo. Lo único que asombra ahora son los extremos. Si yo me pusiera a hablar basura mientras me masturbo. A menos que hagas algo así, nadie te va a poner atención. No por mucho. Tienes que pegarles en la cabeza.

Playboy: ¿Es esa la fórmula del éxito de Bowie?

Bowie: Siempre ha sido esa. Nunca ha cambiado. Por ejemplo, lo que hice con mi Ziggy Stardust fue empacar un cantante de rock & roll plástico, pero completamente creíble; mucho mejor que el que los Monkees pudieran fabricar. Es decir, mi cantante plástico de rock & roll era más plástico que cualquier otro. Y eso era lo que se necesitaba en el momento. Y todavía lo es. Muchas personas quieren que sus ídolos y dioses sean superficiales, como juguetes baratos. ¿Por qué crees que los adolescentes son como son? Andan por ahí como hormigas, masticando chicle y llevando un estilo diferente cada día; eso es tan profundo como lo quieras llevar. No es de extrañar que Ziggy fuera tan exitoso.

Playboy: ¿Es por esto que dices que te convertiste en Ziggy en un punto?

Bowie: Pero sin pensarlo. Al principio, asumí ese personaje en el escenario. Luego todo el mundo empezó a tratarme como a Ziggy: como si yo fuera la gran cosa, como si yo moviera masas. Me convencí de que era un mesías. Muy miedoso. Me desperté bastante rápido.

Playboy: ¿Alguna vez te has preocupado que tus fans se rindieran contigo; que no quieran oír a Bowie cantando soul o lo que sea?

Bowie: Bueno, ellos tienen que entender cómo empezó este viaje. Nunca he sido músico.

Playboy: ¿Qué has sido?

Bowie: Desafortunadamente siempre he querido ser un director de películas. Y los dos medios se amalgamaron inconscientemente, entonces terminé haciendo películas en discos. Eso crea el concepto básico de un álbum, que se convierte en un caballo que anda despacio al final. Ahora sé que, si voy a hacer discos, tengo que hacer algo que disfrute musicalmente, de lo contrario haz la maldita película. Muchos de mis álbumes, cómo Aladdin Sane, Ziggy y Diamond Dogs, solo estaban al 50 %. Debieron ser visuales también, creo que parte de los actores talentosos están en el rock. Creo que un renacimiento en las películas vendrá del rock. No a causa de eso, a pesar de eso.

Playboy: Pero has dicho que encuentras al rock depresivo y estéril, hasta maligno.

Bowie: Es depresivo y estéril, y sí, al final maligno. Cualquier cosa que contribuya al estancamiento es mala. Cuando es familiar, ya no es rock & roll. Es sonido blanco. Solo mira a la música disco, el interminable ritmo adormecedor. Es muy peligroso.

Entonces yo seguí. Establecí el hecho de que soy un artista, David Bowie, no otro cantante aburrido de rock, tengo una película, y haré muchas cosas más, corriendo muchos riesgos. El minuto en el que te das cuenta que estás en terreno seguro, estás muerto. Estás terminado. Se acabó. Lo último que quiero es establecerme, quiero acostarme cada noche y decir, “Si nunca vuelvo a despertarme, ciertamente habré vivido mientras estuve vivo”.

Playboy: Volvamos a la música disco. Dijiste que era terrible, aun así, tuviste la canción disco más importante del año pasado con Fame y volviste a tenerla este año con Golden Years. ¿Cómo puedes explicar esto?

Bowie: Amo el disco. Es una manera encantadora de escaparse. Me gusta, mientras no esté sonando día y noche; que es lo que pasa en estos días. Fame fue un engaño increíble que funcionó. Muy halagador. Haría lo que fuera hasta fallar. Y cuando triunfo, también renuncio. Estoy asombrado de que la gente le guste mi disco dance, de hecho. Pero seamos honestos; mi R&B es bastante plástico. Young Americans, el álbum donde está Fame, es, digamos, un disco soul definitivamente plástico. Son sobras aplastadas de música étnica que sobrevive la era del rock Muzak, escrito y cantado por un blanco británico. Si tú me hubieras puesto Young Americans hace cinco años, hubiera dicho, “Esto es un álbum de R&B”, y me hubiera reído. A carcajadas.

Playboy: ¿Cómo te pareció la versión que hizo Barbra Streisand de tu canción Life on Mars?

Bowie: Terrible. Perdón Barb, pero fue atroz.

Playboy: ¿Cómo te convertiste en un rockero, de todas formas?

Bowie: ¿La verdad? Estaba quebrado. Me metí en el rock porque era una forma divertida de hacer dinero y tomarse cuatro o cinco años para crear mi siguiente movida. Antes era pintor, estudiaba arte comercial en el Colegio Técnico de Bromley. Probé la publicidad y fue terrible. Lo más bajo. Pero era bueno con mi saxofón, entonces dejé la publicidad y pensé “Le puedo dar una oportunidad al rock”. Puedes pasarla bien haciendo eso y tener dinero suficiente para vivir. Especialmente en esa época. Era la época de la moda: tener ropa linda ya era la mitad del camino.

Playboy: Pero la ropa linda cuesta dinero.

Bowie: En esa época, no necesariamente. Yo vivía de la basura de los callejones de Carnaby. Carnaby Street de hecho, en una época, estuvo de moda; antes de que se volviera conocida por todo el mundo en Londres. Los mejores diseñadores jóvenes estaban ahí y como eran italianos muy finos, si cualquiera de sus camisas no tenía un botón iba directo a la basura. Y nosotros íbamos a los callejones y sacábamos cosas de los contenedores de basura. Armarios de ropa enteros a cambio de nada. Lo único que tocaba hacer era pegar un botón o coser una manga. Recuerdo cuando robaba todo. Tenía que verme a la moda. Todos caímos en el juego de querer ser el siguiente Elvis Presley, saltando de pequeñas bandas a pequeñas bandas. Estuve en un grupo llamado David Jones and the Buzz, otro llamado David Jones and the Lower Third, incluso una compañía de mimos llamada Feathers.

Playboy: ¿Cómo fue ser mimo?

Bowie: Mira, ser mimo es muy fácil. No había mucha competencia. Yo era medianamente bueno. Mi técnica era más bien pobre, de hecho, pero nadie se daba cuenta. Tengo un muy buen cuerpo y hace lo que yo quiera, pero no soy lo suficientemente disciplinado como para competir con Marcel Marceau. Ser mimo me ayudó mucho para aprender de lenguaje corporal. Eso es todo.

Playboy: ¿Angela, tu esposa, no tuvo que ver con conseguirte tu primer contrato de grabación?

Bowie: Angela y yo nos conocimos porque estábamos saliendo con el mismo hombre. Otro de sus novios, un cazatalentos de Mercury Records, la llevó a un show en The Roundhouse, donde yo iba a tocar. Él me odió. Ella pensó que yo era genial. Al final, ella amenazó con dejarlo si no me firmaba. Entonces me firmó.

Playboy: ¿Y cómo se resolvió la situación con el novio que tenían en común?

Bowie: Me casé con Angela y ambos seguimos saliendo con él.

Playboy: ¿Por qué te casaste con ella?

Bowie: Porque me di cuenta de que ella sería una de las pocas mujeres con que las que podría ser capaz de vivir más de una semana. Ella es lo suficientemente agradable como para volver. Y para mí siempre lo será. No hay nadie más exigente que yo. No físicamente, necesariamente, pero mentalmente. Soy agotador. Muy intenso en todo lo que hago. Asusto a casi todas las personas que han vivido conmigo.

Playboy: ¿Estabas enamorado de Angela?

Bowie: Nunca he estado enamorado. Me enamoré una vez, y fue una experiencia terrible. Me dejó podrido, me drenó, y fue una enfermedad. Fue una cosa odiosa. Estar enamorado es algo que engendra ira y celos, cualquier cosa menos amor, parece ser. Es casi como el catolicismo, u otra religión por así decirlo.

Playboy: ¿En qué crees?

Bowie: En mí. Política. Sexo…

Playboy: Algunos psiquiatras podrían decir que tu es comportamiento compulsivo. ¿El hecho de que haya demencia en tu familia te asusta?

Bowie: Mi hermano Terry está en un asilo en este momento. Me gustaría creer que la demencia es porque en nuestra familia somos genios, pero sé que esa no es la verdad. Algunos de ellos – una buena cantidad – son nadie. Soy aficionado de la demencia, de hecho. Es algo bueno para usar en las fiestas, ¿no crees? Todo el mundo siente empatía con una familia loca. Todo el mundo dice, “Ah, sí, me familia es medio loca”. La mía de hecho lo es. No estoy jodiendo. La mayoría están locos, están saliendo o entrando a una clínica. O muertos.

Playboy: ¿Qué piensan de ti?

Bowie: No tengo idea. No he hablado con nadie en años. Mi papá está muerto. Creo que hablé con mi mamá hace un par de años. No entiendo a ninguno. Ya no es una cuestión de que me entiendan. El zapato está en otro pie.

Playboy: Con frecuencia dices que crees firmemente en el fascismo. A pesar de eso dices que un día te vas a lanzar para ser Primer Ministro de Inglaterra. ¿Más manipulación de los medios?

Bowie: Dios, todo es manipulación de los medios. Me encantaría entrar en la política. Un día lo haré. Me encantaría ser Primer Ministro. Y sí, creo firmemente en el fascismo. La única forma en que podemos acelerar el tipo de liberalismo que está en el aire en este momento es acelerar el progreso de una tiranía de derecha, totalmente dictatorial, y terminarlo lo más rápido posible. Las personas siempre han respondido con más eficiencia a un régimen. Un liberal pierde su tiempo diciendo, “¿Bueno, ahora, que ideas tienes?”. Muéstrales qué tienen que hacer, por el amor de Dios. Si no lo haces, nada se va a hacer. No soporto a las personas dando vueltas. La televisión es el fascista más exitoso, no necesita decir más. Las estrellas del rock son fascistas también. Adolfo Hitler fue uno de los primeros rock stars.

Playboy: ¿Cómo es eso?

Bowie: Piénsalo. Mira algunos de sus videos y mira cómo se mueve. Creo que era igual de bueno que Jagger. Es asombroso. Y cuando se subía al escenario, manejaba al público. ¡Dios! Él no era un político. Era un artista de los medios. Él usó la política y el teatro y creó estas cosas que gobernaron y controlaron el show durante esos 12 años. El mundo nunca reconocerá su estilo. Él puso en escena a un país.

La verdad, me gustaría ser Primer Ministro, pero creo que primero tengo que crear mi propio país. No quiero ser Primer Ministro de un país viejo. Debería crear un estado donde me gustaría vivir primero. Sueño que un día pueda comprar compañías y canales de televisión, ser su dueño y controlarlos.

Playboy: ¿Te parece más útil la actuación que el rock & roll?

Bowie: El rock & roll es actuar. En todos mis discos estoy actuando algunas. Por eso no estoy orgulloso de todos mis discos, extrañas la parte visual.

Playboy: ¿Crees que se han aprovechado de ti durante esto años?

Bowie: No se han aprovechado. Me han explotado.

Playboy: ¿Estás sugiriendo que no has hecho todo lo has querido? 

Bowie: ¿Qué, dinero? Dios, no; no hemos hecho nada. Todo lo que he hecho es un impacto y un cambio, que es, por supuesto, un montón. Me lo digo todo el tiempo. Lo mejor para decir sobre esto es que es un arquetipo del negocio del rock & roll. Lee los reportes sobre los Beatles, los Stones y otros grandes artistas y júntalos; es una imagen muy precisa de mi negocio. John Lennon ha pasado por todo. John me dijo, “Sigue el juego. Sobrevive. Vas a pasar por una moledora y te van a mover para todos lados. La clave es llegar al otro lado”. Le dije algo pretencioso como, “tengo un gran manager. Todo está bien. Soy un artista de los setenta”. La última vez que hablé con John, le dije que tenía razón. Me habían estafado.

Playboy: ¿No eres un hombre rico? ¿Después de cinco discos de oro?

Bowie: Ahora, sí, excesivamente. ¡No! ¡Espera, EEUU! No del todo. No tengo ni un centavo a mi nombre, estoy abogando por la pobreza en este momento, pero potencialmente soy muy rico. Teóricamente soy rico, pero no adinerado.

Playboy: Última pregunta. ¿Crees y respaldas todo lo que has dicho?

Bowie: Todo, menos los comentarios incendiarios.


 “Me encantaría entrar en la política. Un día lo haré. Me encantaría ser Primer Ministro. Y sí, creo firmemente en el fascismo”.


 

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