¿Energías renovables para quién?

Imagen por Master Wen

Turbinas de viento cortan el aire en los istmos de Oaxaca en México. El sonido, que alguna vez fue distintivo, se ha vuelto más bien común en un país que vio como se quintuplicaba su presupuesto para energía renovable en 2017. Esta profunda transformación ha sido apoyada por el gobierno mexicano en su propósito de que en 2024 el 35% de la energía eléctrica del país venga de fuentes limpias. La iniciativa, impulsada por inversionistas privados, ha sido bien recibida por muchos, ya que envía el mensaje de que México está trabajando para hacer frente al cambio climático. Parece ser algo que beneficiará a todo el mundo.

La historia real es un poco más complicada. A comienzos del 2012 los protestantes llenaron las calles de Union Hidalgo, un pueblo pesquero en la costa sur de México para manifestarse en contra de la granja Eólica del Sur, que habría sido la más grande del país. Miembros de la comunidad indígena Zapoteco acusaron a Preneal, la compañía española tras el proyecto, de obtener un permiso ilegal del gobierno sin haber consultado antes a la comunidad que se vería afectada por esta. Los zapoteco dijeron que habían sido objeto de una campaña de violencia e intimidación por parte de los defensores del proyecto. Tras una serie de batallas en la corte se presentó una orden judicial para detener el proyecto. Al bloquear algo tan ambientalmente progresivo, los Zapoteco parecían estar planteando una pregunta a aquellos en el poder. ¿El mundo de quién iban a salvar?

Sin embargo en 2018, la energía renovable se ha establecido cómodamente como la fuente del combustible del planeta para el futuro, sacando lentamente del mercado a los combustibles fósiles tradicionales. “Tal vez el mayor impacto del Acuerdo de París es que una economía basada en la reducción de la huella de carbono ahora parece inevitable en el largo plazo” declaró en marzo de 2017 el fundador de Bloomberg New Energy Finance Michael Liebreich.

Incluso antes de la cumbre mundial en París para firmar el  muy necesario acuerdo, los inversores ya estaban poniendo su dinero en la energía renovable. En el primer cuarto de 2018 las energías renovables representaron un enorme 95% de la nueva capacidad de generación de energía. Y en 2017 se invirtieron $334 billones de dólares en el sector.   Casi 700 compañías e inversores en Estados Unidos se comprometieron a obtener el 100% de su energía de fuentes renovables y duplicar su eficiencia energética con la coalición We Mean Business. La mayor parte de estas inversiones se realizaron en el sector de la energía solar y eólica, pero las hidroeléctricas, los biocombustibles y la biomasa (la quema de materiales orgánicos) también vio grandes aumentos en la inversión. Pero este entusiasmo del mercado oculta una tosquedad social relacionada con el desarrollo de proyectos de energía renovable en todo el mundo.

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Al bloquear algo tan ambientalmente progresivo, los zapoteco parecían estar planteando una pregunta a aquellos en el poder. ¿El mundo de quién iban a salvar?

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En 2017 un reporte encargado por el Business & Human Rights Resource Centre advertía a quienes querían invertir en el sector de la energía renovable sobre los abusos a los derechos humanos que han tenido lugar mientras se desarrollaban proyectos del sector. El reporte encontró que de las compañías que respondieron a la encuesta, una gran mayoría no tenía normas básicas en una política para prevenir abusos contra los derechos humanos, lo que significa que ni siquiera habían considerado la posibilidad de que estos abusos ocurrieran. Sin siquiera la pretensión de preocuparse, según el informe, habría una mayor propensión a abusos contra los derechos humanos por parte de los desarrolladores.

Es un reporte disruptor de leer, está nombrando y apuntando a desarrolladores de energía renovable que parecen ser  los grandes defensores del movimiento de prevención del cambio climático. “Estamos en complicado acto de equilibrio”, dijo en una entrevista Andrea Armeni co-autora del reporte. “Apoyo estos proyectos, y los necesitamos para prevenir que siga avanzando el cambio climático al paso que lo está haciendo. Pero hoy tenemos que confiar ciegamente en que estas compañías sean “buenas” y aún no tenemos los estándares establecidos para asegurar que se comporten bien”.

Al enfocarse en la realidad que enfrenta el desarrollo de la energía renovable y el rol crucial que tendrá en la economía del planeta, los autores del reporte, todos partidarios del desarrollo de energía renovable trataban de prevenir futuros abusos cometido en nombre del progreso ambiental. Y este foco es crucial porque gran parte de ese desarrollo sucede en lugares que en algún momento fueron muy calurosos o inhóspitos para desarrollos a gran escala. Por lo general estos son lugares sin mucha protección legal. De acuerdo a un reporte encargado por Rights and Resources Initiative, el 65% de los espacios rurales del mundo pertenecen a comunidades indígenas o rurales que las administran con sistemas tradicionales de gobierno y uso de tierras. De ese 65%, solo una pequeña fracción ha conseguido reconocimiento legal y formal de los gobiernos estatales. Lo que significa que los políticos y burócratas pueden vender esas tierras a grandes corporaciones sin tener que consultar a las comunidades que viven ahí. Esta es la situación en gran parte de los países en vías de desarrollo.

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Notamos un tipo inquietante de neocolonialismo económico que ocurre donde hay pueblos que poco han tenido que ver con el calentamiento global de nuestro planeta pero que han sido expulsados para dejar espacio a la infraestructura necesaria para salvarlo.

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“Notamos un tipo inquietante de neocolonialismo económico que ocurre donde hay pueblos que poco han tenido que ver con el calentamiento global de nuestro planeta pero que han sido expulsados para dejar espacio a la infraestructura necesaria para salvarlo”.

le cuenta Armeni a Playboy. La ironía de todo es que los esfuerzos para impulsar proyectos de energía renovable no se hacen en busca de dinero, sino supuestamente para salvar al planeta. Se supone que la energía renovable es el eslabón perdido entre una economía sucia y una limpia limpia donde las emisiones de carbono son limitadas y los bosques y la biodiversidad pueden prosperar junto con el producto interno bruto mundial. Excepto que la búsqueda de esta dualidad y el capital que domina, ignoran una fuente igualmente productiva de reducción de carbono: los propios pueblos indígenas.

Los pueblos indígenas son responsables de salvaguardar algunos de los bosques y selvas más importantes del mundo que contienen más de una cuarta parte de las reservas de carbono del mundo. La salud de los bosques y selvas permite a nuestro mundo almacenar, en el lado conservador, 54,546 millones de toneladas métricas de carbono (MtC), que es más de 250 veces las emisiones de dióxido de carbono provenientes del transporte aéreo mundial en 2015. Y la mejor manera de mantener estos bosques es si continúan en manos de los pueblos indígenas. Según un estudio de 28 naciones que comparó los esfuerzos de conservación dentro de las tierras controladas por los pueblos indígenas con las de las "zonas de protección" gestionadas por el gobierno, las comunidades indígenas lograron "resultados de conservación al menos iguales con una fracción del presupuesto de las áreas protegidas, invertir en los pueblos indígenas es el medio más eficiente de proteger los bosques ". Tal eficiencia debería ser celebrada por los desarrolladores renovables que dicen buscar producir más energía con menos insumos.

Una posible asociación con los pueblos indígenas no es imposible en el sector de las energías renovables. Los grupos indígenas se están asociando con empresas de energía renovable para promover el crecimiento del sector. Pero las empresas deberían ir más allá de recurrir a un medio rentable. Deben formar asociaciones directas con la comunidad.

Muchos en el sector financiero tienen la idea de que preferirían invertir en empresas que, a través de la asociación o de acciones, son propiedad directa de sus empleados. Es un interesante rasgo socialista en el corazón de uno de los sectores más capitalistas: el deseo de que los trabajadores tengan una participación en la empresa más allá de su salario obligatorio. ¿Por qué los desarrolladores de energía renovable no pueden adoptar esto y promoverlo con las personas de las que dependen para sus proyectos? En lugar de que los desarrolladores paguen a los propietarios de la tierra un cheque de alquiler, que no siempre se hace y que puede ser malversado por un funcionario corrupto, podrían asociarse con las comunidades y compartir los beneficios ambientales y económicos de su infraestructura. Eso garantiza que la tierra estuviera controlada por los más adecuados para el trabajo.

 

 

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