El surgimiento de las humillatrices

Imagen por S. Nicole Lane

Reviso mi teléfono a eso de las 9 de la mañana. Estoy en el otro extremo de Estados Unidos y un hombre del sur de California me acaba de mandar un video en el que aparece cantando I’m a Little Teapot. Me quito las cobijas, abro las cortinas y me froto los ojos mientras lo escucho cantar y golpearse las bolas con una cuchara de palo cada vez que termina un verso. Lo escucho cantar “... Here is my spout!” tan desafinado como es humanamente posible, mientras me visto y me alisto para comenzar el día. “¿Volveré a tener una vida normal?”, me escribe después de una larga proclamación de su devoción y obediencia hacia mí. No respondo. Me envía 100 dólares.

He estado casi un año trabajando como humillatriz online, además de ser periodista. No tengo un calabozo en el que me pongo botas de cuero y elijo mi látigo favorito. Lo que sí hago es ignorar a mis clientes, darles tareas diarias y exigirles obediencia. Los actos de servidumbre vienen en diferentes formas. Dependiendo de mi humor, deseos o necesidad de entretenimiento, siempre estoy diciéndole a alguien que es “un pedazo de mierda inútil” o “un gusano inepto”.

Muchos han escuchado hablar de las dominatrices: mujeres que juegan un papel sádico en actividades sexuales. Las que son profesionales generalmente tienen un calabozo lleno de juguetes sexuales e interacción física con sus clientes. Las humillatrices son una subcategoría en la que un individuo humilla, verbal o físicamente, a otra persona que obtiene placer en ser la parte sumisa. De acuerdo a Kinkly, una humillatriz “inflinge estrés y angustia mental”.

La humillación no necesariamente tiene que ser una actividad sexual, pero puede incluir tareas diarias o tareas implementadas por el sumiso. La humillación se considera cercana a la “dominación financiera” donde los hombres disfrutan vaciando sus billeteras y cuentas bancarias arriesgándose a quedar en la quiebra, mientras reciben todas las variaciones posibles del calificativo “micropene”. La hipnosis es otro aspecto importante de mi rol como humillatriz mientras entreno a mis sumisos, con videos o audio, para que sean devotos de mi existencia.

Las tareas diarias o semanales que les asigno, incluyen la lectura de literatura feminista, ensayos de 300 palabras sobre esas lecturas, donaciones a Planned Parenthood o tomar sorbos de su orina. Mientras me rio como forma de respuesta les digo apodos insultantes y los veo ponerse bravos mientras intentan impresionarme y cumplir lo que les pido.

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No les envío fotos desnuda, ni actúo para ellos, rara vez les doy algo a cambio de su humillación. Lo que mantiene a estos hombres aquí es únicamente su deseo de ser humillados y de gastar todo su dinero

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A diferencia de otras, quiero que mis sumisos (me abstengo de usar la palabra “esclavo”) tengan  relaciones fuera de la nuestra, y exijo que demuestren amar a todas las mujeres. Después de todo, soy su hermana y su amiga. Mientras trabajo con la hipnosis y con la idea de que controlo su mente, no quiero que abandonen a sus otros seres queridos. Hace poco le ordené a uno de ellos que le diera sexo oral a su pareja todos los días de la semana y a otro le pedí comprarle el almuerzo a una compañera de su oficina.

“Siempre seré inferior a las mujeres. Siempre”, escribe un cliente.

Es importante tener en cuenta que no los chantajeo. No hay contratos y cualquiera de ellos se puede retirar cuando quiera. No los obligo a cumplir mis exigencias. Me buscan a mí o a otras como yo que se reirán de ellos, los llamarán cobardes y exigirán 100 dólares al final del día. Su fetiche es la humillación, la sociedad los alienta a ser hombres dominantes y masculinos. Yo existo para castrarlos. Lo que mantiene a estos hombres aquí es únicamente su deseo de ser humillados y de gastar todo su dinero. No les envío fotos desnuda, ni actúo para ellos, rara vez les doy algo a cambio de su humillación. Son libres de desaparecer en cualquier lugar del mundo donde nunca los podría encontrar. Ahí está la belleza de ser humillatriz online. Es fugaz y temporal, aunque muchos de estos hombres eligen permanecer bajo mi hipnosis y se someten a que los critique, humille y me ría de sus desgracias.

Varios de mis clientes se imaginan cómo sería servirme físicamente. Un individuo imagina que su jaula, donde viviría, estaría dentro de mi armario y lo dejaría salir únicamente para limpiar la casa. Se imagina obligado a escucharme a mí y a mi pareja teniendo relaciones sexuales. Le promete servidumbre a mi compañero y a mí, y gran parte de su dinero se reparte entre nosotros, para cenar o salir por la noche.

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Las personas que participan de la humillación erótica encuentran placer en la inversión de roles, rompiendo el tabú social que declara que los hombres son dominantes y las mujeres sumisas.

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Lo mejor de todo esto es que es anónimo, y es una herramienta creativa donde ambas personas pueden sentirse estimuladas a lo largo del día. Espero cuatro cosas de mis sumisos todos los días:

1) Que me despierten con un mensaje de buenos días.

2) Que completen sus tareas y presenten evidencia para respaldarlo (imágenes, videos, audios)

3) Que me envíen fotos de su pene en castidad.

4) Que me envíen dinero a través de varias aplicaciones de transferencias en efectivo.

Hago pocas tareas a cambio de su placer:

1) Escribo una lista diaria o semanal de tareas y tienen un tiempo limitado para realizarlas.

2)            A veces les envío videos cortos a través de Snapchat de mis pies o audio de mi voz.

3)            Me siento y espero a que llegue el dinero a mi cuenta bancaria.

Pitágoras escribió: “Hay un buen principio que creó el orden, la luz y al hombre, y un principio malo que creó el caos, la oscuridad y a la mujer”. Como feminista, mi filosofía moral es iluminar, o al menos arrojar un poco de luz, sobre los hombres de mi vida que viven en un mundo empapado de la doctrina de que las mujeres son personas desiguales, inferiores y subordinadas. En mi vida diaria no soy necesariamente dominante con mi pareja. Mi vida laboral está separada de mis relaciones personales. Pero la dominación femenina, especialmente para las trabajadoras sexuales, es vista como una amenaza al poder de los hombres. Ser una humillatriz es otro trabajo que se complace en los placeres que estos hombres buscan en la fantasía del juego de roles.

El Dr. Justin Lehmiller escribe que, “Aunque la mayoría de las personas piensan que el masoquismo implica principalmente dolor físico, el dolor psicológico, como la humillación, lo acompaña con frecuencia”. Este educador sexual también señala un estudio realizado en Finlandia que encontró que el 70% de las personas han hecho parte de alguna forma de humillación verbal.

Por supuesto, todavía no hay evidencia concreta, de por qué algunas personas disfrutan de la humillación verbal, pero podría provenir de la “agresión sexual natural” del hombre y la “pasividad sexual natural” de la mujer. El BDSM fue clasificado médicamente como una anormalidad ya que estos roles pueden a veces invertirse. Las personas que participan de la humillación erótica encuentran placer en la inversión de roles, rompiendo el tabú social que declara que los hombres son dominantes y las mujeres son sumisas. El BDSM revela la imaginación sexual: les permite a los practicantes liberarse a sí mismos.

En mi mundo, y en el mundo de muchos otros, aplastamos verbalmente a cualquiera que esté dispuesto a ofrecerse voluntariamente, derribando el concepto de los roles tradicionales. El BDSM es más que sexo, es un estilo de vida.

Sasha, un sumiso del BDSM, escribe: “Ella prueba a los hombres; a veces los rompe, pero puede ser misericordiosa e indulgente. Es peligrosa. Debe ser tratada con el debido respeto, pero conoce a los hombres en su esencia. Conoce nuestra culpa y nuestra vergüenza, pero no se sorprende. Por lo tanto, es (o, cuando lo desea, puede ser) permisiva. En su seno, todo está bien”.

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