El porno y la educación sexual

A propósito del nuevo anuncio del Salón Erótico de Barcelona, pensemos en la educación sexual que recibimos y las consecuencias que trae
Imagen por Video SEB 2018

Llega un nuevo año del Salón Erótico de Barcelona (SEB), un evento dedicado a hablar sin tapujos del sexo y el erotismo. El SEB además abre un espacio para una industria clave en la economía del mundo, porque sabemos que el sexo mueve millones.

En años pasados hemos visto que los realizadores del SEB crean videos potentes donde van mucho más allá de la promoción del evento. El video de este año llega con una reflexión inaplazable: en una sociedad sin educación sexual, el porno es el libro de instrucciones.

Por supuesto que el objetivo del SEB no es acabar con el porno, sino cuestionar lo que la pornografía tradicional hace con la sexualidad que construimos, pues a través del porno “hemos aprendido cómo, cuándo y dónde meterla”, afirman, mandando un claro mensaje a nuestra sociedad patriarcal.

El punto con que el porno sea el libro de texto para aprender de sexo es problemático por cómo se hace y lo que se muestra. Así, el video abre la discusión al decir que con ese “libro” no solo se aprende de sexo, sino de paso ciertos estereotipos donde, por ejemplo, una mujer con un escote es un sinónimo de tener ganas de sexo, que una mamada que no produzca arcadas no es lo suficientemente buena, que una mujer borracha es una oportunidad, o que, si una mujer no opone resistencia física en el sexo, no se trata de una violación.

La reflexión que trae el video continúa en torno al porno machista, el más común, diciendo que al ser la única clase de educación sexual a la que asistirán las nuevas generaciones, seguirá aportando a que ocurran violaciones en manada, a perpetuar la sexualidad como un espacio violento. Pero el video acaba con una sentencia: “En una sociedad sin educación sexual era necesario que el porno cambiara”.

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“El porno crea expectativas de cosas que muy pocas veces van a pasar en la vida real, o peor, está cimentado en situaciones de abuso”

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La pornografía crea expectativas de cosas que muy pocas veces van a pasar en la vida real, o peor, está cimentado en situaciones de abuso, no consentimiento en distintos niveles y normalización de conductas que afectan especialmente a las mujeres, aunque en realidad impacta tanto a hombres como a mujeres. Además, lo que se retrata en el porno es algo que incluso actores y actrices de la industria no pueden cumplir en sus vidas fuera de pantalla.

Poco a poco se oyen voces que empiezan a diseccionar el porno y lo hacen pasar al tablero. Gran parte de ellas vienen de mujeres que, desde el feminismo, cuestionan las bases del porno convencional. Entre las principales críticas está que el porno no representa el placer femenino con precisión, que a veces se ve demasiado rudo, que puede ser un mar difícil de navegar hasta encontrar la esquina que más nos guste (sobre todo a las mujeres) y, especialmente, que dejan la sensación de que muchas piezas del cine para adultos son representaciones de prácticas denigrantes y, en el peor de los casos, abusivas sexualmente con sus protagonistas.

Por supuesto hay alternativas. Directoras de cine para adultos se han dado a la tarea de incluir otras miradas pensando en el sexo como algo más global y no siguen la estructura tradicional en sus filmes. Erika Lust es una de ellas, pero hay muchas más que hacen porno atractivo para mujeres y hombres, pero en otros términos.

Pero más allá de cuestionar el porno, habría que pensar en esa combinación del porno y la educación sexual, que por lo general es deficiente, por decir lo menos. Es una lástima que la forma en que aprendemos de sexo esté enmarcada entre la mojigatería y las prácticas denigrantes. Tal vez no sea su caso y usted sí recibió una súper educación sexual, si es así, lo felicitamos, pero sepa que no es la norma.

La gran realidad es que la mala educación sexual no es un asunto de Colombia, ni de América Latina, aunque sí es cierto que no es mundial, pues hay países que han encarado de mejor manera este tema. Pensemos en Noruega, por ejemplo, que planea suspender la educación sexual y reemplazarla con pornografía en vivo -y por televisión. El objetivo de esta campaña es llegar al público adolescente y educarlo sin tapujos.

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“La educación sexual nos beneficia a todos y por supuesto a todas, porque no hay espacios en nuestra sociedad que no estén permeados por la desigualdad entre hombres y mujeres”

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Puede parecer muy rara esta medida, pero no hay que ir tan lejos para ver casos que funcionan. En Colombia el profesor Luis Miguel Bermúdez, Premio Compartir al Maestro 2017 demostró que una buena educación sexual no debe partir desde el miedo y la restricción, sino de un proyecto de ciudadanía sexual para que los más jóvenes conozcan sus derechos sexuales y reproductivos. El resultado fue un descenso significativo en los embarazos no deseados en el colegio donde enseña, además del impacto en la formación de cientos de adolescentes que han pasado por sus clases.

La educación sexual nos beneficia a todos y por supuesto a todas, porque no hay espacios en nuestra sociedad que no estén permeados por la desigualdad entre hombres y mujeres. O, dicho de otro modo, donde lo femenino no sea visto como inferior. ¿Cuántos chistes, memes, videos circulan en grupos de hombres sobre mamadas y cuántos sobre cunnilingus (o sexo oral hacia las mujeres)? ¿Por qué es motivo de chiste pensar en una persona dando sexo oral a un hombre, por qué tiene que verse como una victoria mientras el otro tipo de sexo oral se reserva para la vida privada si es que ocurre?

No estoy pidiendo que se incrementen los chistes sexistas, solo que ahora en contra de los hombres. Sería desagradable que se convierta en burla algo tan sublime como el sexo oral que reciben las mujeres. Al contrario (nuevamente), necesitamos es información y voluntad para cerrar la brecha entre el sexo que reciben unos y otras. El porno está, definitivamente, atravesado por una cultura sexista que debe cambiar y una buena educación es parte de esa transformación.

 

 

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