El miedo a salir con gente que conocimos por internet

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A los 28 años —saliendo de una relación seria y sola en una ciudad nueva— decidí darle una oportunidad a Tinder. Era parte de una multitud que anunciaba orgullosamente su naturaleza anti-tecnológica, nos gustaba fingir que estábamos por encima de los algoritmos para nuestras interacciones románticas. Tendríamos nuestras interacciones románticas potencialmente borrachos en nuestros bares favoritos, gracias. Pero entonces dejé de tomar. Y mi posgrado estaba lleno de puras mujeres, pero ninguna me interesaba románticamente.

Los pocos hombres que conocí tampoco me causaron buena impresión. Todo esto puede haber tenido que ver con mi sobriedad recién adquirida, me dije a mí misma: “Tal vez simplemente no me gustan esas personas y no me di cuenta antes por la frecuencia y la cantidad que tomaba”. Créeme, después de unos cuantos tragos, es fácil ignorar la ineptitud o la estupidez. Pero, luego de que un accidente en 2015 me dejara una lesión cerebral grave, tomar no era una opción.

En fin, bajé Tinder y me sentí rechazada después de que pasó el primer día y no tuve matches. Entonces mi compañera de apartamento me explicó con paciencia que tenía que “deslizar” para jugar. Pero entonces surgió un nuevo problema: ninguna de las personas había escrito nada en sus biografías. Finalmente, encontré a dos personas con cosas escritas: uno tenía algunos libros, incluyendo The Lathe of Heaven de Ursla Le Guin y el otro estaba centrado en la música. El de los libros y yo tuvimos una gran conversación, pero solo usaba la versión de escritorio de la aplicación porque no tenía celular, y desafortunadamente esto hizo que nuestra conversación muriera. Rápidamente borré la aplicación.

Con el chico musical intercambiamos números cuando me sentí obligada a probar que tenía un tatuaje y no pude encontrar la manera de hacerlo por Tinder. Esto significaba que teníamos la información de contacto del otro cuando desinstalé la aplicación luego de 36 horas. Seguimos hablando, pero la conversación se descarriló cuando le dije que no tomaba. “Te invitaría a salir, pero realmente no sé qué haríamos, ya que las únicas cosas en las que puedo pensar son ir a tomar algo o algo así”. Teniendo en cuenta que mi ex me había terminado diciendo “Vivo mi vida en bares. Literalmente. Por mucho que te quiera dentro de ella ¿qué tan realista es que sigamos?”.

Una semana después o algo así, no estoy segura de qué me obligó a hacerlo, pero  le envié un mensaje de texto al chico musical diciéndole que fuéramos por un café a Thinking Coffee. Sorprendentemente, dijo que sí. Nos encontramos frente al café. Suena como una historia de amor digital ¿verdad? No tan rápido.

Todavía teníamos que tener una conversación real. Y vaya que lo hicimos. Comenzó con una pregunta inocente tipo “vamos a conocernos”: como sabía que yo era escritora, me preguntó sobre qué escribía. Mi respuesta tenía una intención mixta; quería hacerle saber mis valores y al mismo tiempo presumir mis créditos de publicación. Así que le dije que escribí un artículo sobre el tema del consentimiento en las relaciones para la revista The Boston Globe y que tendía a centrarme en los temas de la mujer. Hasta el día de hoy, no estoy segura de por qué respondió lo que dijo después.

¿Tal vez pensó que había encontrado algo en común? ¿Tal vez pensó que sería capaz de cambiar la forma de pensar de mi tonto cerebro femenino? No lo sé. “Probablemente conoces a la universidad Berklee. Trabajo en la parte administrativa allí, pero creo que toda la situación es realmente injusta para los instructores”. La “situación” a la que se refería involucraba el descubrimiento de que, en los últimos 13 años, la universidad de música Berklee ha despedido silenciosamente a 11 miembros de la facultad por conducta sexual inapropiada. Una historia que salió recientemente, cortesía de The Boston Globe. “Gran parte de la facultad es contratada directamente de los programas de música de Berklee”, explicó el chico musical. “Son solo unos años mayores que sus estudiantes. Y hacer música es tan íntimo, las señales se cruzan”. “Entiendo”, le contesté. “Como escritora en una escuela de posgrado, con frecuencia estoy en talleres y pienso para mis adentros, ‘debería tener sexo con la persona que me dio una opinión constructiva, independientemente de sus sentimientos’. Te entiendo totalmente”. Mi respuesta ni siquiera incluía la dinámica de poder implícita en la relación entre estudiantes y profesores. “Creo que a los instructores deberían darles entrenamientos obligatorios, ya sabes, para evitar esto”, continuó. Pero, ¿no lo son?, me pregunté. Y también, ¿por qué es necesario capacitar a las personas para que no actúen de forma inapropiada en su entorno laboral?

El chico musical, en un momento de iluminación, comprendió que mi silencio indicaba incomodidad y cambió de tema. “Entonces ¿es tu primera cita de Tinder?”, preguntó, respondí con un “Sí” y él continuó, “De hecho, había estado saliendo con una chica de Tinder por un tiempo pero luego dejamos hacerlo y ella se mudó. Está de vuelta en la ciudad y vive conmigo hasta encontrar un lugar donde vivir. No estamos juntos, pero creo que ella quiere que lo estemos”.

Ay, Dios. Al rato me disculpé y dije que tenía que irme. Él caminó conmigo hacia la estación de porque no sabía la mejor forma de volver por el camino hacia la línea verde del metro. Yo, siendo todo un caballero, lo acompañé. Después de separarnos, recibí un mensaje de texto que decía: “Normalmente trato de dar un beso en la primera cita, pero no lo hice y siento que debí hacerlo”. Quedé desconcertada. ¿Realmente este tipo tiene una percepción tan distinta a la que yo tuve?

¿Por qué pensó que algo de lo que ocurrió fue apropiado? “Me alegra que no lo hicieras porque no me habría gustado”, le respondí. “Eres uno en un millón. No estoy acostumbrada a alguien con un pensamiento tan anticuado”. No hace falta decir que no nos volvimos a encontrar y que todavía estoy soltera. Y aunque no hemos hablado desde entonces, el chico musical todavía ve todas mis historias de Instagram a pesar de que negué su solicitud de amistad en Facebook. Y es un poco raro.

Entonces, caballeros, un consejo: lean las reacciones y tengan un poco de sentido común y decencia a la hora de expresar sus opiniones.

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