El impuesto a la vagina

Si eres mujer y estás leyendo este artículo, volver al supermercado no será la misma experiencia. Y se pondrá peor cuando veas que al final de tu vida habrás pagado más del doble que un hombre por las cosas que necesitas.

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de octubre-noviembre de 2018

Ser mujer es costoso. Aunque suene absurdo decirlo, sobre todo en pleno siglo XXI, está demostrado que la discriminación de género se disfraza de color rosado para llegar a los supermercados y subir el precio de cientos de productos. Este fenómeno es conocido como “el impuesto rosa”.

Cuando se piensa en el color rosado, muchos evocan imágenes de niñas vestidas como princesas paseando una Barbie en el carro convertible de un tono rosa más intenso; durante décadas (¿o siglos?) este color ha estado rotundamente asociado a la delicadeza y feminidad que deberían caracterizar a una mujer. Sin embargo, no siempre ha sido así.

La historiadora Jo Paoletti, directora y profesora de estudios americanos de la Universidad de Maryland, explica en su libro Pink and Blue: Telling the Girls from the Boys in America, que, desde el siglo XIX, los colores rosa y azul se han utilizado como significantes de género, especialmente para bebés y niños pequeños. Pero antes de esta época, el rosa era considerado como el más apropiado para el género masculino por ser un color más decidido y fuerte, mientras que el azul, más delicado y refinado, era el apropiado para las niñas.

Después de la Segunda Guerra Mundial los minoristas decidieron que la moda era vestir a los niños del modo contrario, percepción que se mantiene hasta nuestros días. Esta construcción social del género, que también ha sido discutida por teóricas feministas como Kate Millet o Judith Butler, describe que la identidad es algo que se aprende desde el nacimiento a través de cosas simples como los juguetes rosados o azules, conceptos que se van reforzando a lo largo de la vida a través de las actitudes o expectativas de comportamiento.

Es aquí donde cobra sentido que el mercado haya sacado provecho durante años de los imaginarios sobre este color para crear productos de consumo femenino con un valor superior, solo por el hecho de ser rosados.

Así las cosas, hagamos algunas cuentas. Hablemos de una mujer colombiana que inicia su rutina tomándose la píldora anticonceptiva. Este pastillero de 21 días tiene un costo promedio de $55.000, y solo algunos tipos de este medicamento están incluidos en el Plan Obligatorio de Salud porque algunas mujeres requieren dosis específicas de hormonas según el tipo de tratamiento (prevención del embarazo, endometriosis o síntomas de la menopausia). Contrario al uso de un método anticonceptivo más simple como el condón, cuyo precio oscila entre los $12.000 y $15.000 para un paquete de seis. Esto no quiere decir que solo los hombres compren condones, pero para ellos esa prevención es mucho más fácil y económica.

Durante el baño se utilizan, geles, bálsamos o jabones íntimos que cuestan aproximadamente $15.000. También debe usar una rasuradora rosada con etiqueta ‘For Woman’ que cuesta $16.500, $1.000 más que la misma máquina de afeitar de color azul oscuro. Si decidiera usar una máquina de afeitar más económica, tal vez optaría por comprar una espuma depilatoria que puede costar unos $14.000. Eso sin contar los precios de una depilación facial completa – que no se puede hacer con rasuradora – y cuesta entre $30.000 y $60.000 dependiendo de la técnica; más la despuntada de cabello que no baja de $10.000.

Aunque las mujeres usan estos productos a diario, en Colombia todavía son denominados como ‘artículos de lujo’, tal como lo explican los estudiantes de economía y administración de empresas de la Universidad de los Andes en el artículo académico Impuestos y desigualdad de género en Colombia: “al tener esta denominación no están exentos del impuesto al IVA del 19% y la variación de los precios en los artículos como en la rasuradora etiquetada ‘For Women’, hace que las mujeres paguen más por su cuidado personal que los hombres”.

Por otro lado, hay artículos que inevitablemente deben ser usados cada mes y para nada son un lujo: los tampones y toallas higiénicas. Aunque hoy se habla de nuevas opciones como la copa menstrual que cuesta alrededor de $90.000; a largo plazo sería una posibilidad más económica, aún es una alternativa desconocida para muchas y, seguramente, no todas estarían dispuestas a usarla por más ambientalmente sostenible que parezca.

Hasta 2017 los productos de protección femenina estaban gravados con un IVA del 16 % hasta que el Grupo Género y Justicia Económica – un equipo de mujeres académicas, estudiantes y activistas – creó la campaña Menstruación Libre de Impuestos, buscando que las niñas y mujeres en Colombia no tengan que pagar ningún tributo cuando adquieren productos de higiene menstrual. La iniciativa logró que el gobierno redujera al 5 % el IVA en toallas higiénicas y tampones, que aún no son considerados productos esenciales. “En Colombia hay 13.295.845 niñas y mujeres entre los 10 y los 44 años de edad que pagan anualmente en promedio $95.000 por toallas higiénicas y/o tampones, lo que significa un gasto anual total de $1,26 billones. En pocas palabras, las mujeres contribuimos anualmente con $202.097 millones en IVA por menstruar”, afirman Laura Rangel y otras integrantes del Grupo Género en la investigación para la campaña.

Esto también indica la existencia de una sociedad patriarcal que ha impulsado esa división de géneros, soportada por un Estado que, consciente o inconscientemente, emite leyes que afectan a la población femenina al estar atadas a la condición biológica de las mujeres.

Durante la regla las mujeres necesitan 5 toallas al día, es decir, 25 por ciclo. Los 13 períodos menstruales al año requiere de 325 toallas. / Fotografía por Julie Cuello

Durante el debate legislativo de la Ley 1819 de 2016, que estableció el IVA del 5 % para productos de higiene femenina, el Gobierno no justificó la decisión de poner esta tarifa. Luego, en la intervención presentada ante la Corte Constitucional, el Ministerio de Hacienda expresó que esta reducción es una medida que contribuye a superar las brechas de género existentes en la economía. “El Gobierno plantea que es injusto y desproporcionado que mujeres con capacidad de pago se beneficien con un
0 %. Sin embargo, nosotras consideramos que este impuesto debe suprimirse porque discrimina a las mujeres de cualquier estrato. Todas deben adquirir estos productos durante los días de sangrado del ciclo menstrual.”, declaró Laura.

Actualmente, la Corte Constitucional admitió tres demandas para eliminar el impuesto, con miras a la nueva reforma tributaria del Gobierno Duque. La primera demanda se interrumpió después de que la magistrada Cristina Pardo Schlesinger se declarara impedida para tomar posición frente al tema. En la segunda, el magistrado ponente Antonio José Lizarazo registró un proyecto de fallo y aún se desconoce si apoya o no la inconstitucionalidad del impuesto. La fecha de vencimiento para dictar sentencia es el 7 de diciembre.

El tercer proceso se encuentra suspendido desde el 8 de noviembre de 2017, por lo que aún el debate está abierto a la participación de la ciudadanía.  “A pesar de que no hay un texto presentado formalmente al Congreso, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, ha planteado que todos los productos de la canasta básica deben gravarse con el IVA (19 % o 16 %). Si el Gobierno avanza con esta propuesta, significaría una mayor carga tributaria para las mujeres, que pasarían a pagar del 5 al 19 % del IVA, lo que sería una clara violación al derecho a la igualdad. Si esto sucede, tendríamos que acudir nuevamente a la Corte para que declare la inconstitucionalidad del impuesto”, afirma Rangel, quien también asegura que los derechos de las mujeres y la perspectiva de género no son prioridades para el presidente Duque y su partido, el Centro Democrático. Eso, sin mencionar la brecha salarial existente entre géneros, y las cifras de desempleo que, según el DANE, a julio de 2018, muestran un 12,4 % para las mujeres frente a un 7,4 % en el caso de los hombres.

Lo más desafortunado de la historia es que a lo largo de la vida el panorama no parece mejorar. El estudio De la cuna al bastón. El costo de ser una consumidora, realizado por el Departamento de Asuntos del Consumidor en Nueva York, afirma que las mujeres pagan 42 % más en productos desde que son niñas hasta ser ancianas, frente a un 18 % de los hombres, después comparar los precios de ropa, juguetes y accesorios para niños; así como de ropa para adultos – industria en la que se usa menos tela para prendas femeninas–, productos de aseo personal y artículos para el cuidado de la salud relacionada con los adultos mayores, en la que hasta los pañales para la incontinencia resultaron ser más costosos para las mujeres.

Este valor adicional, que se suma a los productos pensados para las mujeres, se llama “el impuesto rosa”, y hasta el momento no tiene ningún estudio en Colombia porque se niega o se desconoce su existencia. Así que, para evidenciar lo que sucede, dividamos los productos en dos categorías: los que están disponibles también para los hombres y los que son solo para mujeres, pues la desigualdad radica en justificar que el costo adicional tiene que ver con que los insumos o ingredientes para producir artículos de mujeres son más caros. Sin embargo “el impuesto rosa” se ve en los artículos que están disponibles tanto para hombres como para mujeres. Pero muchas veces los consumidores no tienen el control sobre los componentes o textiles utilizados en los productos, y se deben tomar decisiones de compra basadas en lo que está disponible en el mercado.

María Carolina Corcione, profesora de postgrado en protección al consumidor de la Universidad Externado de Colombia y gerente legal de Unilever, afirma que “usualmente son las cadenas de supermercados las que hacen estas diferenciaciones en los precios. Los productores dan un valor sugerido al público, pero son las grandes superficies las que deciden el costo final para el cliente”. Por esta razón una mujer de estrato 2 o 3 que decida comprar toallas higiénicas en determinado supermercado o tienda de barrio, no pagaría lo mismo que una de estrato 5 o 6, incluso si la compra se realiza en la misma cadena de supermercados. Según Corcione, esto también está relacionado con el comportamiento de los consumidores y sus preferencias: “A las mujeres les gusta que las cuchillas sean rosaditas o que tengan cierto diseño, y cuando se acercan a un estante y solo ven las azules no las compran, entonces desde la perspectiva del mercadeo es un indicio de que estarían dispuestas a pagar más por eso, incluso si tienen la misma forma o los mismos ingredientes.”

“El impuesto rosa” se evidencia generalmente en productos de higiene, sobre todo si desde el mercadeo están especializados por género. Y es que el diseño influye, de cierto modo, en la percepción que tienen las mujeres sobre los productos que consumen, pues hay colores y formas que intuitivamente llevan a pensar que un producto suplirá las necesidades de una mujer.

Daniella Calle Donado es profesional en diseño industrial del Savannah College of Art and Design en Georgia, Estados Unidos, y actualmente se desempeña como analista de investigación y desarrollo especializado en productos de consumo masivo. Ella explica que los estudios de mercado no siempre arrojan los resultados esperados. “Hicimos estudios que afirmaban que las mujeres prefieren consumir yogures bajos en calorías, así que creamos un producto especializado (pensado en el consumo de las mujeres) que tuviera eso en cuenta, pero que inevitablemente es más caro de producir, lo que hace que varíe el precio final para las clientas. Sin embargo, nos dimos cuenta de que eran los hombres quienes más compraban ese producto, seguramente en la búsqueda de proteínas bajas en grasa”.

Desde el punto de vista físico, los diseños son completamente diferentes para cada género; “estéticamente los hombres buscan ángulos predominantes, líneas rectas. La mujer busca curvas y ángulos suaves. Eso viene de la proyección de los ideales de género que relacionan a la mujer con la delicadeza y un cuerpo que tenga curvas, en cambio el hombre debe ser brusco y firme”. Pero esto no implica que un producto deba ser más costoso que el otro.

Como la experiencia en el supermercado ya no será la misma puedes denunciar esta problemática en redes sociales con el #NoPinkTax, campaña que propone visibilizar la existencia de este impuesto a nivel mundial y evidenciar la desigualdad de género, que en Colombia seguirá presente mientras las mujeres sigan gastando más y ganando menos.

***

En un recorrido por varios supermercados de Bogotá, comparando precios únicamente en estantes de aseo personal y teniendo en cuenta productos como desodorantes, afeitadoras, pañales para incontinencia y jabones, PLAYBOY encontró diferencias promedio en los precios como:

ENTREVISTA
PLAYBOY

TE PODRÍA INTERESAR

Tom Petty
20 preguntas: Tom Petty

P1 Diste una dura batalla en los medios para que tu disco Hard Promises costara menos de U$8.98, ¿cuánto va

RECOMENDADOS

¡Vamos a comer cerdo!

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de diciembre de 2017  Desde la comida callejera hasta la

¡Vamos a correr!

Cada año en Colombia se realizan casi 100 carreras en diferentes ciudades del país, incluyendo maratones, medias maratones, carreras recreativas

Esclavitud humana

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de octubre-noviembre de 2018 Piense en esto: casi todos los productos que usted consume y

FICCIÓN

ÚLTIMOS ARTÍCULOS