El futuro perfecto

Robot sexuales, colonias en la luna y viajes en el tiempo. El futuro según PLAYBOY
Imagen por cortesía Playboy Archives

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de abril - mayo de 2018

La ilustración de apertura pertenece a una historia de 1979 escrita por la leyenda de la ciencia ficción Arthur C. Clarke. 

La imaginación nunca se ha quedado corta en PLAYBOY. A lo largo de las primeras cuatro décadas de la revista, los lectores ha encontrado muchas posibilidades y pronósticos sobre lo que puede venir. Ese futuro fue casi siempre prometedor: los escritores imaginaban que los robots participarían en el sexo, que las ciudades se construirían dentro de pirámides de 200 pisos y que las familias irían de vacaciones al espacio.

Ese optimismo no resulta sorprendente. La audiencia de la revista en la posguerra (mayoritariamente compuesta por hombres jóvenes acomodados) tenía pocas razones para creer que sus vidas no iban a ser aún mejores. A pesar de todo, el escapismo fue uno de los principios sobre los que se fundó esta publicación.

Abarcando desde predicciones tecnológicas futuristas hasta historias sexys y sesiones con chicas del otro mundo, esta es una mirada profunda a nuestros archivos para encontrar una serie de imágenes y augurios fascinantes.

AVIONES, TRENES Y COHETES

Teniendo en cuenta las elevadas aspiraciones que tienen la mayoría de playboys, no sorprende que la revista haya dedicado mucho espacio para hablar sobre el futuro de los viajes. El escritor científico David Rorvik soñó por todo lo alto en octubre de 1970 con sus predicciones sobre cómo sería el transporte a mediados de los años 80. Su visión de trenes subterráneos silenciosos —con los pasajeros viajando por tubos bajo la ciudad a más de 900 kilómetros por hora— se parece un poco al Hyperloop de Elon Musk. Rorvik también predijo la aparición de los carros eléctricos, aunque imaginó que circularían sobre rieles elevados y autopistas automáticas. Pronosticó que para acceder a las vías debías “insertar tu tarjeta de crédito en un dispositivo que instantáneamente revisa tu saldo y el estado de tu vehículo”. Eso suena como los sistemas de recolección electrónica de peajes [EZ Pass].

Siendo mucho menos atrevido, en enero de 1968, el reconocido pensador e inventor R. Buckminster Fuller visualizó una generación de aviones capaces de llevar entre 700 y 1000 pasajeros (en esa época los vuelos comerciales llegaban hasta más o menos 150). No estaba equivocado: el Airbus A380-800 se estrenó con una capacidad de 853 sillas.

En agosto de 1991 los escritores Harriet Bernstein y Malcolm Abrams pensaron que para el 2000 unos 10 o 20 pasajeros podrían abordar un módulo independiente en la estación del tren, allí el módulo sería transportado al aeropuerto y una cinta transportadora lo metería en un avión que lo llevaría a su destino final. Aunque los módulos tendrían todo tipo de comodidades, como cocinas y saunas, sigue sonando como viajar en un portaequipajes. Acertaron en una cosa: la llegada de los carros que parquean solos.

En 1968 R. Buckminster Fuller imaginó que las ciudades del futuro estarían albergadas en grandes pirámides.

COSAS DE ESCRITORES

¿Quién mejor para imaginar el futuro que un escritor de ciencia ficción? Después de todo, como señaló Anthony Boucher (autor de literatura fantástica) en mayo de 1958, los escritores de ciencia ficción frecuentemente se han adelantado a los científicos a la hora de imaginar los próximos adelantos tecnológicos. Uno podría preguntarse si estaba pensando en Arthur C. Clarke, que propuso la idea de los satélites geoestacionarios en 1945, y que luego escribiría 2001: Odisea del espacio. PLAYBOY publicó historias de algunos de los nombres más importantes de la ciencia ficción, y algunos de ellos fueron más allá para proyectar el futuro. En 1968 Clarke planteó cómo sería el primer contacto de la humanidad con los extraterrestres en When Earthman and Alien Meet. Era un convencido de la existencia de vida extraterrestre y pensaba que los alienígenas tal vez ya estaban familiarizados con nosotros: “Podría haber entidades que coleccionan sistemas solares como cuando un niño colecciona láminas. Si esto nos ocurriera nunca nos daríamos cuenta. ¿Qué saben las abejas del hombre que cultiva su miel?”.

Tal vez podríamos conocer a nuestros hermanos interplanetarios mientras tomamos vacaciones en el espacio. En un panel de PLAYBOY llamado 1984 and Beyond, el escritor Algis Budrys aseguró que los hijos de su generación “sin duda” podrían comprar un tiquete para ir a la luna en una nave civil con la misma facilidad con que compraban un pasaje de avión en 1963. Aún más ambicioso, Poul Anderson visualizó en More Futures Than One “una imagen reconfortante para el año 2000, con la humanidad viviendo en paz, empezando a reparar un ecosistema desbalanceado”. La diabetes y el cáncer estarían curados, la energía limpia sería inagotable, los robots tenderían nuestras camas y las cocinas prepararían nuestro desayunos… si los sueños de Anderson su hubieran hecho realidad, este sería un mundo maravilloso.

Reflexionando sobre los computadores en The Mind of the Machine (1968), Clarke predijo que “la máquina inteligente sutilmente iría dando paso a las máquinas ultrainteligentes”.

LA CUARTA DIMENSIÓN

Cuando los escritores de la revista se involucraron con la ficción, con frecuencia se fijaron en un tema particular: los viajes en el tiempo. Uno de los ejemplos más poderosos estuvo en la historia que Ray Bradbury escribió en 1984, The Toynbee Convector, en la que un hombre de 130 años que aseguraba haber viajado al futuro reconoce que inventó todo lo que contó. Al fingir que había visitado el futuro pudo motivar a la gente de un presente oscuro para que las cosas mejoraran, en una especie de benéfico engaño, inspirado por H.G. Wells.

Time Machine (1973), de Robert F. Young, imagina al primer viajero en el tiempo como un antihéroe, un genio extraño “con ansias de encontrar la puerta hacia el mañana” y un difícil problema con la bebida. Su viaje a Nowhen es orquestado por unos investigadores que ayudan a que su yo futuro deje el alcohol.

Eros in Orbit (1992), de Arthur C. Clarke, se pregunta por “las ingrávidas maravillas del sexo en el espacio” y está acompañado por el sugestivo trabajo de Ron Villani.

Uno de los placeres de la ficción sobre viajes en el tiempo es su novedoso vocabulario: Needle in a Timestack (1983), de Robert Silverberg, nos cuenta cómo los humanos pueden hacer “paseos entre épocas”, y, aunque no tenías permiso para alterar la historia, era posible modificar tu línea de tiempo. En ese universo era posible hacer que las cosas “se deshicieran”, algo con lo que seguramente todos hemos soñado.

Entre las predicciones de David Rorvik en su artículo “The Transport Revolution” (1970) aparecían los trenes subterráneos silenciosos. Estos servirían al transporte público y viajarían más rápido que un tren bala. También habría algunos capaces de hacer viajes submarinos. Desafortunadamente la ropa que imaginó el ilustrador Gray Morrow aún no se encuentra disponible.

ROBOTS BUENOS, ROBOTS MALOS

Hace unos 65 años el escritor Harry Crosby, en Roll Out the Rolov, se anticipó a una época en la que mujeres y hombres podrían subcontratar sus tareas sexuales con robots: verdaderas máquinas del sexo. Finalmente Crosby no estaba tan alejado de la realidad; aunque todavía no hemos creado una robot que hable y camine (como la que diseñaron para Austin Powers), la tecnología sexual es una industria pujante que produce montones de muñecas personalizadas que pueden recordar la fecha de tu cumpleaños y tus preferencias en la cama.

Los robots sexuales más avanzados de hoy son un resultado parcial de la Inteligencia Artificial que Clarke mencionó en The Mind of the Machine, de 1968. En algún momento las “máquinas pensantes” superarán la capacidad mental de los seres humanos, pero esta nueva raza de aparatos ultrainteligentes —“nuestra descendencia mecánica”— no representa una amenaza para la humanidad. “Los hombres y las máquinas interactuarán continua y amablemente: no habrá puntos de conflicto”.

El industrial J. Paul Getty, fundador de Getty Oil Company y uno de los hombres más ricos sobre la Tierra, consideró en enero de 1966 la posibilidad de una sociedad futura que tuviera espacio para los humanos y las máquinas. Considerando el punto de vista económico (obviamente), Getty supuso que se perderían millones de empleos por la mano de obra de los robots. Más de medio siglo después, eso se ha confirmado muchísimas veces.

Sex and the Triple Znar-Fichi (1978), de Arthur Rosch, lleva a los lectores a la intergaláctica Flesh Bargain City, con ilustraciones sorprendentes de David Beck, que muestran algunos extraterrestres saliendo de rumba.

ACIERTOS

Una cosa que ocurre cuando predices el futuro es que si haces suficientes proyecciones es probable que algunas se hagan realidad. Sin embargo, preguntarle a un visionario como Bill Gates, incluso en 1994, es hacer un poco de trampa. En su entrevista de julio, Gates aseguró que pronto los emails y la Internet serían utilizados por millones de personas. ¡Bingo! Gates también describió lo que sería Netflix con años de anticipación: “Imagina que quieres ver una película. Para escogerla vas a mirar lo que le ha gustado a los demás y te basas en otras películas que has visto para saber si esta es para ti. Podrás consultar esa información. Luego escoges el video y después puedes decir cómo te pareció”. Ahora, por supuesto, puedes verlo en un TV de pantalla plana que ya había sido imaginado antes en PLAYBOY: la edición de diciembre de 1985 pedía a los lectores que imaginaran “una pantalla independiente, del tamaño de las actuales, pero completamente plana y delgada”.

Y ERRORES…

La proverbial bola de cristal de PLAYBOY muchas veces ha estado nublada. Por ejemplo, Buckminster Fuller se imaginó en 1968 que “la ciudad ideal del futuro” estaría metida en una enorme pirámide. Su visión de un hábitat cerrado y climatizado nos hace pensar en el Mall of the World de Dubai, que contendría parques y zonas verdes. Otra cosa que las dos ideas tienen en común es que ninguna se ha materializado.

En la edición de noviembre de 1968 el ingeniero Krafft A. Ehricke miró al cielo y se imaginó un resort espacial llamado Astropolis. La ciudad tendría hoteles para los viajeros interesados en cosas como el “baile ingrávido”. Parece tonto, pero en 1968 —con la carrera espacial en auge— parecía plausible. De hecho, la revista dijo que la idea de Ehricke era “una predicción con altísimas probabilidades”. Los planes para el turismo espacial todavía están andando: Virgin Galactic, de Richard Branson, busca empezar sus vuelos comerciales a finales de este año, aunque se trata de viajes sin estadías prolongadas.

SEXO CELESTIAL

Naturalmente las imágenes de la revista se aproximaron a lo desconocido, aunque de forma sarcástica. En Girls from Outer Space (agosto de 1962) PLAYBOY imaginó a las féminas extraterrestres. La premisa era sencilla: “Si hay chicas en el espacio, ¿cómo las asumiría PLAYBOY en la Tierra en el año 2000?”.

Las fotos mostraron a estas “extraterrestres exóticas” como chicas con pintura corporal azul, verde, roja y plateada, con accesorios que enriquecían la fantasía. El personaje de Venus en topless usa un casco que le suministra gas carbónico permanentemente.

Después del éxito de la película Close Encounters of the Third Kind, en 1978 se publicó Close Encounters of the Fourth Kind con nuevas especulaciones sobre el sexo alienígena, y una mujer plateada seducía a un terrícola. Afortunadamente para él, la chica tenía “básicamente el mismo equipo de una humana”. En otra escena, la extraterrestre calva se convierte en una bella mujer antes de tener sexo con el hombre que antes parecía rechazarla.

Close Encounters of the Fourth Kind fue una serie de imágenes de 1978 sobre el erotismo extraterrestre, que imaginaba el coqueteo entre una sofisticada humanoide y un hombre que no mostraba mucho interés.

El sexo en el espacio puede ser la premisa de Through Space and Time With Schwimmer and Jones, un comic de PLAYBOY publicado a finales de los 70 y comienzos de los 80. Los protagonistas se encuentran con muchas de las situaciones sociales que los hombres enfrentan en la Tierra. En la edición de octubre de 1979 se despiertan en su nave después de una noche en el planeta Nurgo, y descubren que estuvieron con unas chicas cubiertas de ojos, pelos y babas.

LA CUESTIÓN DEL FUTURO

Hay una razón por la que las pitonisas aparecen en las ferias y carnavales: es divertido especular sobre el futuro. Agarrar una vieja edición de PLAYBOY seguramente era una vía de escape temporal frente a la cotidianidad. Los lectores solo tienen que pasar la página para encontrar sus fantasías. Algunas cosas nunca cambian.

¿Quieres arreglar tus errores del pasado? En Needle in a Timestack (1983) de Robert Silverberg eso es posible.

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