El éxtasis de dos formas: El vínculo eufórico entre las drogas y la espiritualidad

Imagen por Natalie Alvarado

Es un momento extraño en mi vida. Me he convertido en uno de esos memes en los que la mitad de mis amigos están haciendo viajes al Amazonas para probar la ayahuasca, y la otra mitad está casándose. No estoy muy segura lo que esto dice sobre mi elección de amigos, pero hizo darme cuenta sobre algo de mí misma : soy extremadamente ingenua. Aunque estoy fascinada por ellos, no he tenido la necesidad de probar sustancias psicoactivas y no puedo recordar la última vez que pensé en meterme en una iglesia.

He escuchado sobre los efectos espirituales y extracorporales que producen los psicoactivos y también he escuchado  a los más religiosos explicar experiencias similares, entonces ¿cuál es la diferencia? Si estas sustancias  y la religión pueden actuar de la misma manera ¿cómo a veces se juzgan mutuamente?

En mi viaje para descubrirlo, comencé con lo básico; entendiendo las sustancias psicoactivas fuera de las extrañas historias que mis amigos me han contado. Hablé con Melissa Howey, una psicoterapeuta de California centrada en la terapia asistida con psicoactivos y psicología transpersonal, para obtener una idea de cómo el cuerpo y la mente lo experimentan: “Intentando simplificar , las sustancias psicoactivas toman las tres capas de nuestro cerebro (neo mamífero, paleomamífero y reptil) y crean descargas sincronizadas de onda lenta (theta) entre ellas”. Los químicos de la felicidad —conocidos como serotonina, dopamina y oxitocina— envían mensajes desde el cerebro a las células nerviosas y obtienen un impulso significativo, aumentando así “los sentimientos trascendentes como la unidad, la iluminación y la conexión con los demás”.

A diferencia de las instituciones religiosas, lograr una nueva conciencia a través de las drogas a menudo incluye un chamán guía, especialmente cuando se trata de Ayahuasca y KAMBO. Según la Enciclopedia Británica, un chamán se traduce literalmente como “el que sabe”. Un verdadero chamán dirige a cualquier persona que solicite su ayuda para tener “relaciones directas con el mundo trascendente. Actúa como sanador, adivino y demás”.

Aquellos que toman Ayahuasca con la ayuda de un chamán, por ejemplo, serán guiados para (con suerte) lograr experiencias como viajar a otros reinos, conectarse con espíritus y autocurarse. A diferencia de los líderes religiosos más comunes, los chamanes utilizan medios naturales  como la meditación, el yoga, los rituales, la música y la estimulación visual. Howey afirma que estas prácticas  también pueden “afectar el sistema más importante del cuerpo, el inmunológico”. Los rituales comunitarios han servido como una táctica de supervivencia evolutiva para regular el sistema inmunológico y crear cohesión social”.

Por definición, el éxtasis religioso es un “estado alterado de la mente  caracterizado por una conciencia de lo exterior  muy reducida y una conciencia espiritual expandida, frecuentemente acompañada de visiones y euforia emocional (y a veces física). Plantea el mismo objetivo que el chamanismo de lograr la unidad con una conciencia superior y expandir la mente con experiencias psicodélicas, pero relegado a contextos exclusivamente religiosos. Esencialmente es el mismo propósito, solo agregando a Dios.

Por lo general estas experiencias dentro de las prácticas religiosas se dan cuando un individuo entra en contacto con algo o alguien que se percibe como santidad. Dependiendo de la religión, el individuo utilizará diferentes técnicas para lograr ese estado de éxtasis. Alexandra Roxo, entrenadora transformacional y sanadora, compartió un poco de su conocimiento sobre el tema: “Las personas han estado buscando estados de éxtasis a lo largo del tiempo. Si echas un vistazo a algún texto religioso, usualmente encuentras una búsqueda muy clara del éxtasis. Mis favoritos son los griegos, cuyos rituales involucraban sustancias psicodélicas, los sufíes y su danza de la felicidad,  las tantrikas y el viaje a los océanos de “Samadhi” o unión de elevación  con Dios”.

El camino más típico hacia el éxtasis religioso consiste en cuatro etapas comunes: la primera es la purga o eliminación de los deseos corporales; el segundo es la purificación de la voluntad; el tercero, la iluminación de la mente y finalmente, la unificación del ser o lo divino. Al examinar las religiones, noté un único factor de división: algunas asocian libremente su práctica con psicoactivos  como el peyote y la iglesia Nativa Americana,  otras no. En lugar de drogas, muchas religiones adoptan la postura de que el éxtasis religioso es un regalo de Dios, o de la figura religiosa que sigan, mientras otras creencias promueven el uso de sustancias para mejorar o crear una experiencia compartida.

Las religiones antidrogas, como el islam y el mormonismo, únicamente usan los medios no químicos practicados en muchas experiencias psicodélicas para lograr dicha unidad: cualquier cosa, desde la oración, el ayuno, los ejercicios de respiración, el ejercicio, el sexo o el baile. Realmente, la única diferencia entre las drogas y la religión —al menos cuando se trata del objetivo final de cada encuentro— es el marketing. “Los religiosos apuntan a un sistema y estructura de jerarquía e historia en vez de informar y colorear la experiencia”. explica Roxo “Los estados psicodélicos del éxtasis no requieren un marco, una jerarquía, un lenguaje de deidades o reglas estructuradas” ¿Por qué elegimos Apple o Samsung? es porque uno habla más de lo que somos que el otro, no porque sean tan diferentes. Ya sea que alguien decida elegir la ruta religiosa o psicodélica, simplemente son factores comerciales diferenciadores.

Howey, compartió un poco más de sabiduría sobre el tema: “Realmente creo que se logran estados similares de trascendencia. Las sustancias psicodélicas dan la posibilidad de ver más allá del reino de lo posible. Si lees Be Love Now de Ram Dass, él recuerda que, mientras investigaba las sustancias psicodélicas en Harvard, creía que estos estados de iluminación podían sostenerse a través de la espiritualidad, por lo que va a la India y encuentra a un gurú. En un momento dado, le da al maestro una fuerte dosis de LSD y tiene un impacto nulo en él porque ya vive en ese plano de conciencia. Permaneció inmutable ante ello.

Dass y el gurú, al igual que la condición humana, tienen una curiosidad innata por expandir la mente más allá de lo conocido. Especulamos sobre el significado de la vida. Sin embargo, depende de cada uno decidir cómo llegar allí.

 

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