El escenario giratorio

A lo largo de seis décadas, el Festival de Jazz de PLAYBOY se ha convertido en toda una tradición, desde sus inicios en Chicago hasta su actual sede en Los Ángeles
Imagen por cortesía Archivos Playboy

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de junio-julio de 2018

Era una promesa muy desafiante: “Ven a ver y a escuchar más estrellas de la música en un solo fin de semana que lo que la mayoría de gente ve en su vida entera” era la promesa intrépida que hacían los anuncios del PLAYBOY Jazz Festival (Festival de Jazz de Playboy). Pero esos tres días de agosto en 1959 entregaron más de lo anunciado.

La obra de Hugh Hefner, el primer festival de jazz, era parte de la celebración de los cinco años de PLAYBOY. Además fue una manera de hacerle publicidad a la revista y darle un estatus que la posicionaba en el territorio cultural. El cartel tenía a estrellas de primer nivel en el jazz como Dave Brubeck, Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, Duke Ellington, Count Basie, Coleman Hawkins, Nina Simone y Sonny Rollins. En cinco grandes actos se hicieron más de 30 shows (y la localidad más barata costaba poco más de un dólar). Ese fin de semana de agosto PLAYBOY dio el primer paso hacia la creación de lo que se convertiría en el evento de jazz que más ha durado entre todos los festivales en EE. UU., aunque pasarían dos décadas para que diera el segundo paso.

Desde el primer número de PLAYBOY en diciembre de 1953, el jazz siempre había sido la banda sonora. Fue uno de los cuatro temas que Hefner sugirió a sus lectores para discutir cuando estuvieran con una mujer: Nietzsche, Picasso y el sexo fueron los otros tres. En 1957 la revista hizo una encuesta a los lectores y les preguntó por los mejores actos de jazz; posteriormente lanzó varias colecciones de vinilos con los ganadores. Reseñas de música, lanzamientos de los trabajos de Gerry Mulligan y Charles Mingus, y anuncios de estéreos de alta fidelidad abundan en los primeros números de la revista. “Entre todas las manifestaciones artísticas, el jazz es la más íntima”, declaró Hefner, “y si volcamos pasión en él, recibimos una recompensa”. Para Hefner, esa pasión exigía una vía de escape, una salida que también estuviera viva.

El primer Festival de Jazz de Playboy tuvo lugar en agosto del año 1959 y fue en Chicago. Más tarde, Leonard Feather, reconocido como uno de los grandes críticos de la música, lo llamó “el fin de semana más grande en la historia del jazz”.

Sin embargo, el festival enfrentó una crisis antes de que estuviera en marcha, recuerda Dick Rosenzweig, quien había comenzado en 1958 lo que sería una carrera de casi 60 años con PLAYBOY: “Recibimos una llamada de la oficina del alcalde. Nos informaron que lo sentía mucho, pero ya no podríamos hacer el festival al aire libre, en Soldier Field”. Rápidamente el equipo de PLAYBOY aseguró el Chicago Stadium, un coliseo cerrado con aire acondicionado. “Llovió como en un diluvio ese fin de semana”, dice Rosenzweig, “así que le agradecemos al alcalde Daley”.

El festival se inauguró el viernes por la noche con el trompetista Miles Davis, quien tenía en ese momento 33 años, justo en el auge de sus capacidades; el festival le permitió extenderse en la maravillosa So What?, de su álbum clásico Kind of Blue junto a Cannonball Adderley en el saxofón alto. PLAYBOY donó las ganancias de esa noche a Chicago Urban League, una organización que vela por los derechos civiles. El trío de voces Lambert, Hendricks y Ross le puso el swing perfecto a la noche del sábado, mientras que Ella Fitzgerald cerró el fin de semana con How High the Moon en una versión un poco más movida, sorprendiendo a la multitud con ráfagas y ráfagas de un ágil scat. Fueron necesarios USD 10.000 —el doble de lo que ningún otro músico ganó ese fin de semana— para tener a Fitzgerald sobre la tarima.

Billboard declaró al evento como un “éxito rotundo”. Los músicos y la multitud estaban felices, la revista estaba eufórica. Cerca de 70 mil boletas se vendieron en esos tres días. Se hicieron planes muy ambiciosos para otra edición del festival de jazz en 1960 —una que tuviera lugar en tres ciudades—, pero nada se materializó. “Queríamos expandirnos, estábamos eufóricos, había mucho por hacer”, dice Rosenzweig. “Pero constantemente estábamos ocupados haciendo otros eventos y promociones”. El primer PLAYBOY Club, por ejemplo, abrió sus puertas en Chicago en el año 1960, y las sedes en todo el mundo pronto le siguieron. Con distracciones como esa, no es de extrañar que el festival se haya quedado en silencio.

***

A principios de los 70, Hefner compró la Mansión PLAYBOY y comenzó a pasar más tiempo en Los Ángeles. Cuando finalmente se mudó de Chicago a la costa oeste trajo consigo su amor por el jazz. Entonces, para el aniversario número 25 de la revista (en 1979), ¿qué mejor manera de celebrar que revivir el festival a 20 años de su edición original?

El 15 de junio de 1979, el Festival de Jazz de Playboy estaba revitalizado, ahora era un evento de dos días que comenzó en la icónica etapa del medio domo del Hollywood Bowl. Darlene Chan, promotora local, produjo el evento. “Trabajé en todos los aspectos”, dice, “desde reservar talento hasta coordinar luces, sonido y transporte”. En las dos décadas que habían pasado entre el primer y el segundo festival de jazz, muchas cosas habían cambiado dentro del mundo del jazz, pero Chan y su equipo crearon un cartel notable que incluía a Benny Goodman, Sarah Vaughan, Art Blakey y Herbie Hancock. Algunas actuaciones que, tradicionalmente, estaban fuera del mundo del jazz —como Joni Mitchell, que tocó algunas melodías en colaboración con Mingus— hacían de este festival musicalmente incluyente.

Durante casi 40 años, el evento ha encabezado el verano en el Bowl, y Chan ha trabajado detrás de bastidores en cada versión. Se ha convertido en el inicio no oficial del verano en Los Ángeles. Una amplia gama de presentaciones de jazz (Tony Bennett, Ornette Coleman, Dianne Reeves), artistas de world music (Hugh Masekela, King Sunny Ade) y grupos pop (the Roots, Common, Ozomatli, Sheila E) han hecho sets de cincuenta minutos en el festival. Las multitudes son enérgicas —y gigantescas—, y hay razones para creer que se debe al contenido de sus canastas de picnic; una de las ventajas del Bowl es que los asistentes pueden llevar su propia comida y sus bebidas. Sumando las sillas de madera, las gradas y los palcos, el Bowl tiene capacidad para 17.500 espectadores. El sol de verano se extiende lentamente hacia la parte de atrás del escenario, un resplandor que se prolonga hasta la hora de la cena.

George Benson, guitarrista, vocalista y ganador del Grammy en diez oportunidades, ha sido un participante asiduo, pues está en el perfecto equilibrio entre el virtuosismo instrumental y la melodía fluida del R&B. Benson es un frontman genuino, natural y espontáneo que sabe cómo entretener tanto a los que beben champaña en las primeras filas frente al escenario como a los que beben shots y cocteles en la parte de atrás.

Sarah Vaughan cantó en el primer festival que se hizo en Los Ángeles / Miles Davis en el Festival de Jazz de Playboy en el año 1959 

“En un lugar tan grande como el Bowl, tienes que hacer lo posible por llegarle a las personas en la última fila”, dice Benson. “En un lugar pequeño, te escuchan, y se conectan; sienten lo que estás haciendo. Pero que ese mismo eco llegue hasta la última fila del Hollywood Bowl, es difícil. No es solo el sistema de sonido; es cómo tocas tu música y cómo escoges lo más adecuado para el público. Tienes que dar en el clavo”.

El festival se ha convertido en toda una institución que presenta a algunos de los músicos de jazz más importantes de la segunda mitad de nuestro siglo. También visibiliza el talento emergente; invitar artistas jóvenes a los espacios de apertura se ha convertido en una tradición. Y, como es el festival de jazz más grande de Los Ángeles, sirve como una medida de éxito para los artistas locales. El bajista y cantante Miles Mosley, miembro del colectivo West Coast Get Down, tocó por primera vez en el festival con su banda del colegio a finales de la década de 1990. El año pasado, Mosley tuvo su propio espacio en el festival: lideraba su banda de soul camaleónico con la que tocó un conjunto de canciones inspiradas en la Ciudad de los Ángeles. Para él, significó hacer realidad el sueño de su infancia. “El Festival de Jazz de Playboy es la cúspide, es eso que esperas lograr cuando apenas eres un niño y miras a tus héroes de la música”, dice. “Cuando eres tú el que ve a la multitud, y no al contrario, la experiencia cambia por completo”.

Ella Fitzgerald en el Festival de Jazz de Playboy en el año 1959  / Hef firmando la programación para un fan en 1983

Desde las tres de la tarde hasta las once de la noche, la música va de corrido, y esto se facilita gracias a una idea implementada por PLAYBOY: el escenario es una gran plataforma circular dividida en dos, lo que garantiza una banda sonora continua. Cuando una banda toca en el lado de la plataforma que mira hacia la audiencia, el otro es un torbellino de músicos y asistentes que montan rápidamente el equipo de la próxima banda. Cuando un acto termina, se desvanece en el siguiente a medida que el círculo gira lentamente para revelar el siguiente. Es diferente a cualquier otro festival en cuanto a su eficiencia.

“Tenemos la suerte de contar con la plataforma giratoria”, dice Chan. “Es lo que hace que nuestro festival sea diferente”. Cuando remodelaron el Bowl, PLAYBOY pagó para que esa plataforma estuviese instalada de manera permanente. Con la maquinaria antigua se requería de trabajadores que dieran la vuelta al escenario, “ahora solo presiono un botón”, dice Chan.

Casi 60 años después de su debut, el festival continúa con la misión de Hefner: llevar la música que podría ser para toda una vida a un solo fin de semana. (La lista de estrellas de este año incluye artistas como Charles Lloyd y Lucinda Williams). Lo único que los asistentes tienen que hacer es traer un sacacorchos.

ENTREVISTA
PLAYBOY

TE PODRÍA INTERESAR

Un hombre de su época

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de diciembre de 2017 La noticia llegó dos días antes

2017 Playmate Review

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de febrero de 2018 Escoger la Playmate de 2018 entre

RECOMENDADOS

¡Vamos a comer cerdo!

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de diciembre de 2017  Desde la comida callejera hasta la

¡Vamos a correr!

Cada año en Colombia se realizan casi 100 carreras en diferentes ciudades del país, incluyendo maratones, medias maratones, carreras recreativas

FICCIÓN

ÚLTIMOS ARTÍCULOS