Disonancia Cognitiva: Las justificaciones mentirosas

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Hablemos un poco de ese sentimiento de conformidad absoluta y reiteración de la satisfacción que todos experimentamos cada que hacemos una compra.

Por ejemplo, a la hora de adquirir un celular tenemos miles de opciones y planes pero nos encaprichamos con un modelo particular y lo compramos. Inmediatamente después de la compra, le contamos a todos que tenemos un nuevo teléfono, que es genial, que tiene tales características y de repente nos convertimos en un remedo de comercial de televisión; todo es color de rosa y felicidad hasta que comenzamos a ver la más mínima falla o algún impedimento que tenga el aparato que otros probablemente no habrían tenido. Esto nos hace reflexionar sobre si fue la mejor compra, y al tiempo intensificamos nuestro discurso publicitario resaltando las cualidades de nuestro producto y los defectos de los otros.

¿Por qué hacemos esto?

Simple, porque no queremos ver, saber y sentir que hemos tomado la decisión incorrecta, que estamos equivocados. Seamos sinceros el orgullo siempre está en juego y vivimos pensando que siempre hay alguien detrás nuestro esperando que fallemos para tomar nuestro puesto. Y lo más importante: necesitamos convencernos a nosotros mismos por sobre todas las cosas. Encapricharse con algo que no funciona como debería y malgastar dinero no es una opción. No queremos escuchar cosas que nos hagan sentir tontos o cuestionarnos, así que intentamos convencernos de que nuestras adquisiciones y decisiones son las mejores. No es raro escuchar frases como “Pa’ eso trabajo” y “Una vez al año no hace daño” en este contexto.

A esto se le denomina ‘disonancia cognitiva’, concepto formulado por Leon Festinger por primera vez en 1957. Plantea que al producirse una incongruencia o disonancia entre los pensamientos y creencias de una persona, ésta se ve automáticamente forzada a generar ideas nuevas para reducir la tensión y lograr entonces que sus creencias y actitudes concuerden, este proceso se denomina reducción de la disonancia.

También se presenta un caso de disonancia cognitiva y en mi opinión el más importante, cuando hay una incongruencia entre el actuar de una persona, sus palabras y lo que piensa. Cuando la disonancia cognitiva se limita al consumismo resulta en algo que a corto plazo solo afecta a un círculo más bien pequeño de personas, el problema es que este tipo de comportamientos se extienden a la esfera de convivencia social. En este plano nos referimos a lo que comúnmente denominamos como hipocresía, que es cuando las ideas de una persona, sus creencias y sus acciones no concuerdan, lo que da lugar a un proceso de disonancia. Y casi que podría hablarse de un proceso natural del pensamiento bien sea porque lo que se piensa no es realizable o porque lo “correcto” para el mundo no siempre va de la mano con lo que creemos correcto para nosotros.

Podemos tomar el ejemplo de una persona que dice ser católica, todos los días clama por la tolerancia y el respeto, por el amor al prójimo, pide porque no hayan más muertes y va a la iglesia todos los domingos; pero un día se ve obligado a trabajar con una persona con ideales distintos a los suyos, trata por todos los medios de cambiar a su compañero de trabajo, muestra una actitud de disgusto y rechazo hacia su colega, piensa que es una abominación, habla mal de él y desea librarse de esa persona. Entonces intentará convencerse de que está bien discriminarlo porque es una persona rara que se sale de sus cánones personales y por tanto sociales, con lo que pretende disminuir la disonancia que le provoca su actitud y comienza a ajustar sus creencias con la manera en la que se comporta.

Ese proceso de reducción de la disonancia ha estado presente a lo largo de la historia, desde la esclavitud en la que se decía que los negros no tenían alma, no podían ir al cielo y por eso estaba bien tratarlos como objetos, hasta  sucesos como el holocausto. Incluso en situaciones cotidianas cuando la pereza nos gana y llegamos tarde al trabajo, a clase o a alguna cita, la justificación será muy probablemente que al fin y al cabo nadie llega a tiempo, que con seguridad había trancón y no podían esperar que llegaras a la hora pactada; o que la impuntualidad es un rasgo de la personalidad y que además muchos estudios dicen que ser impuntual te hace más inteligente y todas son excusas mentirosas. La realidad es que vivimos en medio de la constante necesidad de justificarnos y necesitamos saber que todo lo que hacemos es por una causa racional y válida, no por conformidad o capricho.

Cuando pensamos que de alguna manera hemos fracasado, generamos disonancia y buscamos justificaciones para el supuesto fracaso o tomamos la frustración como una lección importante para llegar al éxito. Necesitamos ser los mejores porque entre tantas personas en el mundo si no nos sentimos especiales entramos en disonancia. Todo el mundo quiere ser bueno en lo que hace y a nadie le gusta que le digan que está equivocado porque eso implica que se han tomado malas decisiones.

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