Diego Piñeros, punto por punto

Un colombiano utiliza la plastilina para invitarnos a entender que el arte es para todo el mundo
Imagen por cortesía Diego Piñeros

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de octubre-noviembre de 2018

Son las siete de la mañana en Suiza, y Diego Piñeros se prepara para trabajar. En su biblioteca no puede faltar un libro de Borges, y en el fondo se escucha desde el rock & roll de los Rolling Stones hasta la salsa de Bobby Cruz y Richie Ray. En su mesa de trabajo organiza el único material que necesita para empezar: plastilina. Sí, esa que todos usamos alguna vez en el colegio. “Utilizo plastilina porque los artistas tratan de hacer un mundo muy hermético en el que la gente no puede entrar, y decidí escoger lo más básico”. Al observar las obras de Diego es muy fácil sentirse identificado porque alguna vez en nuestras vidas tuvimos la oportunidad de entrar en contacto con este material, pero con el puntillismo Diego lo ha llevado a un nivel artístico extraordinario.

Todo empezó a sus siete años cuando encontró el placer de crear sus juguetes a partir de la plastilina. Recuerda que la primera vez que vio a las Tortugas Ninja, estas llamaron su atención porque sus nombres tenían claras referencias al mundo del arte, así que decidió recrearlas a su manera. Al descubrir que tenía un talento innato, decidió buscar la manera de ganar dinero con eso, y se le ocurrió vender pesebres en las tiendas de su barrio. Aunque no tuvo mucho éxito, fue perfeccionando su estilo y a los 14 años decidió diseñar un sistema educativo para enseñarle a los niños el poder de la plastilina. En su colegio, un amigo que conocía sus habilidades, le pidió que hiciera a Millonarios, su equipo de fútbol favorito. “Esto fue una locura, me empezaron a pedir de todos los equipos. Así formé mi empresa y empecé a exportar equipos de fútbol a Manchester, Madrid, Argentina y Brasil”.

Al finalizar el colegio, Diego fue ganador de una beca para estudiar artes plásticas en la Universidad de los Andes; durante este periodo trabajó como guía en el museo del Banco de la República. “El tiempo que tuve para aprender de las colecciones de arte en el museo fue muy importante porque tuve mayor contacto con el impresionismo, en donde entendí que lo que busca es crear una idea general de una imagen y esto logra que el cerebro mezcle los colores para formarla”. Lo anterior estaba ligado con lo que Piñeros realmente quería hacer porque el impresionismo fue la base del posimpresionismo (periodo en el que nace el puntillismo). Pero la decisión de dedicar su vida a este arte se fortaleció en 2010 cuando participó en el Cuarto Salón de Arte Bidimensional, una convocatoria pública nacional que se abrió como un espacio para la exposición de propuestas que se materialicen en dos dimensiones. En esa edición se presentaron 325 artistas con más de 500 trabajos, y Diego fue el ganador.

Las obras de Piñeros son narraciones sobre aspectos de la vida humana que abordan acontecimientos históricos, desde los escombros que ha dejado la Guerra Civil en Siria, hasta la historia de Tich Quang Duc, el monje budista que se inmoló como forma de protesta en contra del régimen del presidente de la República de Vietnam, Ngo Dinh Diem. Cada obra pasa por un proceso de selección previo en el que Diego trata de no ser tan anecdótico ni tan local para que sus creaciones sean de carácter universal. “En mis exposiciones puede haber imágenes de Vietnam, pero también de Japón, de la Costa Concordia en Italia, o de la película de Relatos Salvajes de Argentina”. Diego tiene un gran banco de imágenes y sin seguir un método conserva una línea conceptual de una falsa idea de progreso, en la que el ser humano cree que prosperar es armar y crear cosas. Lo anterior es producto de esa vanidad que tiene el ser humano de pensar que puede dominar y pasar por encima de todo lo que lo rodea. “Busco poner en evidencia que el ser humano es finito, frágil, y que generalmente se equivoca cuando cae en esa arrogancia. Igual trato de usar mucho humor, no quiero ser dramático. Lo importante es que se entienda en todos los idiomas sin utilizar el lenguaje escrito”, añade el artista.

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“El error es el único acto auténtico del ser humano, nacimos para cagarla”, dice Piñeros.

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La idea de que todo sea una copia de algún acontecimiento real es intencional porque según Piñeros en el arte y en la vida del mundo capitalista hay una competencia en la que se cree que todo tiene que ser nuevo, original, entonces se genera una lucha desaforada para ver quién llega primero. Pero Diego piensa que en la vida se debe compartir antes que competir. Para él todo está escrito: “lo único que hago es retomar toda la información que ya está en el aire y organizo unos discursos que señalan una problemática, soy muy pesimista en mi manera de ver la vida. El error es el único acto auténtico del ser humano, nacimos para cagarla”. Sus creaciones son recuentos de cosas que ponen en evidencia lo natural del fracaso en el ser humano. Referencias de películas, canciones y diferentes imágenes populares de las que muchas veces ni siquiera sabe quién es el autor. “Es paradójico porque tengo una técnica que no muchos utilizan, pero lo que me diferencia es que no trato de imponer su unicidad”, afirma.

Para nadie es un secreto que vivir del arte no es una tarea fácil; los artistas se ven en la necesidad de postularse para becas y premios para poder subsistir, Diego entendió su situación desde el inicio. “En Colombia es muy difícil, uno no se puede dedicar a esto. Llevo unos años en los que le dedico todo mi tiempo al arte porque no tengo familia, ni muchas obligaciones. El dinero que recibo me alcanza para lo básico. Pero en otros casos sería imposible vivir del arte. Los estímulos son muy pocos, sabemos cómo es la política en Colombia. Toda la inversión está destinada para la guerra y la corrupción. Lo que queda para la cultura, el deporte, el arte, la ciencia y la tecnología realmente es mínimo. Entonces a uno le toca apelar a la recursividad”. Piñeros vive su día a día gracias a los premios que ha ganado porque no vende muchas de sus obras y según él, el sistema de galerías es un negocio muy organizado en el que los artistas generalmente no reciben lo que deberían, a pesar de que ellos son la piedra angular; “Se habla de un ‘boom de arte’, pero eso es un boom para gente externa que se queda con las ganancias de un negocio que es del artista”.

Su pasión lo ha llevado hasta Suiza y junto a su amigo, Elkin Calderón, crearon un colectivo llamado La Decanatura con el interés de narrar audiovisualmente historias que han quedado en las ruinas del pasado. Los dos artistas fueron ganadores del premio VideoBrasil con su video Centro Espacial Satelital de Colombia, un homenaje al Centro de Comunicaciones Espaciales de Colombia que se inauguró el 25 de marzo de 1970 -un poco después de la llegada del hombre a la luna-, en el municipio de Chocontá, Cundinamarca. El premio les otorgó una residencia artística de tres meses en Suiza, en donde Diego se levanta a las siete de la mañana todos los días para trabajar y poner a prueba el poder de la plastilina, el único material que necesita para serle fiel a su idea de que “el arte es algo tan sublime del ser humano que, a pesar de que ha entrado a un nicho muy comercial, es para todo el mundo”.

Iggy Pop - martin schoeller-175x132cm  puntillismo en plastilina 2013.

Tich Quan Duc - Malcolm Browne 60x90cm - puntillismo en plastilina 2014.

Costa Concordia-60x90cm puntillismo en plastilina.

Faro. 60x90cm - puntillismo en plastilina  2014

Burning 60x90cm - puntillismo en plastilina  2014.

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