CELEBRANDO EL PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA PSICODELIA

Imagen por Evgeniy Shvets

El científico suizo Albert Hoffman hizo su famoso y terrorífico viaje en bicicleta hace 75 años. Temiendo haberse envenenado, el viaje del trabajo a la casa, y las horas posteriores, estuvieron plagadas por la ansiedad, el miedo, la sensación de debilidad y la convicción de que su vecina era en realidad una bruja. En algún punto, el terror se esfumó y empezó a experimentar las “fantásticas y caleidoscópicas imágenes” que nublaban su vista. El ahora conocido como el Día de la bicicleta, da cuenta de la aventura del doctor Hoffmann y se constituyó como la primera experiencia de autoadministración de dietilamida de ácido lisérgico o LSD.

El mismo Hoffman desarrolló la droga en 1938 y accidentalmente se expuso a ella el 16 de abril de 1943, solo unos días antes del Día de la bicicleta, el 19 de abril. Continuó estudiando la droga durante toda su vida y creía firmemente que el LSD podía tener beneficios psiquiátricos y terapéuticos.

En la década de 1960, el psicólogo Dr. Timothy Leary había comenzado experimentos psicodélicos en humanos y decía que en combinación con terapia, los alucinógenos podrían ayudar a modificar el comportamiento de delincuentes y dejar como consecuencia experiencias espirituales capaces de transformar la vida. Muchas veces controversial, Leary ayudó a popularizar el LSD, el cual se consumió de manera recreativa y con el cual formó un movimiento cultural con consignas como “prender, sintonizar, abandonar” para comprometerse con la conciencia, pero desvinculándose de los “compromisos involuntarios o inconscientes”, como escribió en su autobiografía de 1983. En 1968, el LSD fue prohibido en Estados Unidos y la investigación se suspendió hasta que un resurgimiento en la década de 1990 ayudó a marcar el comienzo de una nueva ola de investigación psicodélica como herramienta en los tratamientos psiquiátricos para el trastorno de estrés postraumático, el trauma y la adicción.

Tres cuartos de siglo después del primer viaje de Hoffman, los psicodélicos (LSD, mescalina, psilocibina y el DMT) aún están presentes en la cultura. Mientras trabajan para acabar con el estigma de la contracultura de la década de 1970 – ese que dice que la droga no sirve para nada más que para alterar la salud mental- los líderes en este campo, investigadores y activistas confían en que la balanza se ajuste. “Las cosas han cambiado positivamente", dice el Dr. Ben Sessa, psiquiatra, investigador de la psicodelia y autor de The Psychedelic Renaissance. “Tenemos una gran cantidad de instituciones que llevan a cabo investigaciones psicodélicas. No es una investigación marginal, es una línea de cultura médica psicodélica”.

A principios de la década de 1990, los científicos comenzaron a reexaminar los efectos de los psicodélicos en la psiquiatría. Investigadores como Sessa y grupos como la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS) han logrado avances significativos en la ciencia que rodea a los alucinógenos a pesar de la clasificación en la Lista I de drogas, lo que significa que no tiene uso médico y sí un alto potencial de abuso. (Esta clasificación dificulta obtener la droga para hacer pruebas; los científicos necesitan aprobación de la FDA-Food and Drug Administration, oficina encargada en Estados Unidos de emitir las licencias sobre medicamentos y comida).

Fundado en 1986 para futuras investigaciones y proyectos educativos alrededor de los psicodélicos y de la marihuana, MAPS desarrolló un primer estudio piloto con MDMA como tratamiento para casos de síndrome de estrés postraumático en 2010 (PTSD por sus siglas en inglés). Veinte pacientes con este síndrome recibieron una sustancia placebo o MDMA durante dos sesiones de ocho horas. Los investigadores monitorearon los niveles de estrés de los pacientes cuatro días después de cada sesión y dos meses después de la última cita. Aquellos que habían recibido MDMA tenían niveles significativamente más bajos que aquellos que recibieron el placebo. Los científicos notaron la relativa seguridad del uso de esta droga durante el experimento. Los ensayos de la fase dos del estudio mostraron que 61 por ciento de los 107 participantes no presentaban síntomas de estrés postraumático luego de dos meses de tres sesiones con psicoterapia apoyada con MDMA. Después de un año, 68 por ciento no presentaba ningún síntoma de PTSD. La fase tres está planeada para ser ejecutada este año. Si todo va bien, la FDA podría aprobar el uso del MDMA para tratar el trastorno de estrés postraumático para el año 2021.

Acompañado con terapia, el MDMA puede ayudar sustancialmente a aquellos que sufren de trauma, pues son casos que generalmente requiere largos tratamientos. “Provee un modelo de tratamiento diferente al de otros fármacos”, dice Brad Burge, director de comunicaciones de MAPS. “La terapia psicodélica tiene un concepto mucho más amplio que involucra emociones, concientización y usa la droga como una ayuda en la terapia en vez de ser directamente el tratamiento”.

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“Tenemos una gran cantidad de instituciones que llevan a cabo investigaciones psicodélicas. No es una investigación marginal, es una línea de cultura médica psicodélica”

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Por más de una década, Sessa ha buscado investigaciones psicodélicas para determinar el papel de las drogas en el tratamiento de la adicción, el trauma, la ansiedad y la depresión. El uso supervisado de MDMA a corto plazo, por ejemplo, puede proporcionar un remedio más eficaz que el uso farmacéutico continuo. “Los tratamientos farmacológicos que utilizamos actualmente, ya sea para tratar la adicción, la depresión o los trastornos de ansiedad, simplemente enmascaran los síntomas y los tratan uno por uno sin llegar a la raíz del problema, que generalmente es un trauma”, dice. “El MDMA sitúa al paciente en un estado emocional seguro y en el que puede, por primera vez en su vida, hablar con claridad sin miedo y sin dolor”.

En el Reino Unido, Sessa ha estado trabajando en el primer estudio sobre el uso del MDMA para tratar el alcoholismo. Usando un enfoque similar al de la investigación de MDMA y el trastorno de estrés postraumático, los participantes recibirían dosis de la droga acompañadas con terapia para suprimir la adicción.

Una serie de otros estudios recientes también mostró resultados prometedores. En 2012, investigadores analizaron los resultados de seis ensayos para determinar la eficacia del LSD como tratamiento para el alcoholismo. En los ensayos, más de 500 participantes recibieron una dosis de LSD combinada con programas de tratamiento de alcohol. Se encontró que esta combinación estaba asociada a una disminución en el abuso del alcohol. Los científicos encontraron en 2016 que con una sola dosis de psilocibina con psicoterapia se podía reducir la ansiedad y la depresión en pacientes con cáncer y un estudio similar reveló además que el LSD también puede actuar como un reductor de la ansiedad en pacientes con cáncer. Se considera que los psicodélicos tienen un impacto positivo incluso en la vida de personas relativamente sanas. En una revisión de diferentes investigaciones hecha en 2017 se sugiere que las drogas podrían mejorar el bienestar si se consumen en dosis apropiadas y en un ambiente seguro.

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“Los tratamientos farmacológicos que utilizamos actualmente, ya sea para tratar la adicción, la depresión o los trastornos de ansiedad, simplemente enmascaran los síntomas y los tratan uno por uno sin llegar a la raíz del problema, que generalmente es un trauma”

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La experiencia personal del manejo de PTSD con el uso de psicodélicos inspiró a Zoe Helene a trabajar con mujeres ayudándolas a curarse de las “heridas y los demonios del patriarcado”. Después de que una ceremonia de ayahuasca le aliviara los síntomas del trauma por estrés postraumático, comenzó a defender un movimiento psicodélico feminista que incluye frecuentes retiros en el Amazonas, donde esta medicina es legal, y bajo la dirección de expertos locales que garantizan un ritual consciente culturalmente. “No se trata de consumir algo y salir de fiesta”, dice Helene.

Quizás la tendencia más notable en el uso de psicodélicos es la microdosis, donde las personas toman dosis bajas (y aun así ilegales) de LSD o psilocibina cada pocos días con la esperanza de aumentar la productividad y la creatividad. Esto es particularmente popular en Silicon Valley, en Estados Unidos. En 2017, la escritora Ayelet Waldman habló sobre sus experiencias con la microdosis en su libro A Really Good Day: How Microdosing Made a Mega Difference in My Mood, My Marriage, and My Life, llevando aún más lejos el movimiento hacia el terreno de lo cotidiano. En el transcurso de 30 días, Waldman documentó sus experiencias de microdosis y descubrió que era menos temperamental y más feliz. Aun así, hay muy poca investigación clínica que respalde cualquiera de estas afirmaciones.

Reconociendo el potencial de las microdosis, Paul Austin fundó The Third Wave, una plataforma para la defensa e información de los psicodélicos empezó a ofrecer recursos y entrenamiento para personas que quieran optimizar su bienestar general. El tema de la microdosis, dice, introduce a las personas al mundo psicodélico, el primer paso para la normalización de la percepción social en torno a las drogas y para que la práctica se vuelva más común. “Si los psicodélicos van a ser utilizados por una población convencional, fuera de un entorno clínico, entonces tenemos que comenzar a construir un diálogo cultural”, dice Austin, “así las personas pueden alfabetizarse en sustancia psicodélicas, teniendo un marco básico de sustancias y así pueden amplificar el mensaje a través del tema de la microdosis”.

Austin reconoce, sin embargo, el privilegio que rodea la microdosificación: es una tendencia que atrae a un grupo demográfico específico. “Hay algo que es lo legal, lo que es ilegal y lo que llamamos la zona gris que es básicamente -y esto es algo he ido entendiendo- ese lugar donde la aplicación de la ley no está particularmente enfocada... aquí estaría esta tendencia que en gran medida es de una clase media o alta de gente blanca”.

Incluso si la FDA aprueba el uso psicodélico para fines médicos, aún estaría altamente penalizado y solo disponible para aquellos que tienen los medios para obtenerlos, dice Jag Davies, director de estrategia de comunicaciones de Drug Policy Alliance. “Las personas que se beneficiarían de esto seguramente serían las más privilegiadas de nuestra sociedad y no aquellas que están sufriendo lo peor de la prohibición de las drogas”, dice Davies. “Se necesita un enfoque complementario a la criminalización. Por ejemplo, implementar políticas que reduzcan los encarcelamientos. La gente piensa que casi nadie es arrestado por psicodélicos, todavía hay miles de personas en Estados Unidos que cada año, jóvenes no blancos especialmente, que son encarcelados en comparación con los arrestos sobre la población que usa psicodélicos. Obtener la aprobación de la terapia psicodélica no les ayudará tanto”. La educación pública continua sobre los resultados de los ensayos clínicos y las mejores prácticas para una fiesta más segura minimizarían el estigma en torno a los psicodélicos y movería la balanza hacia acabar las detenciones por posesión.

La meta de cambiar la forma de pensar de la población en general yace en la raíz del trabajo alrededor del mundo psicodélico. Muchas de las representaciones del LSD de la década de 1960 pintan una imagen de fiesta salvaje y luego la muerte resultante de accidentes relacionados con la droga o incluso suicidios. Si bien se considera no adictivo, ningún medicamento viene sin riesgos. Se sabe que los psicodélicos pueden traer pánico, comportamientos peligrosos y alucinaciones. “La cultura funciona así”, dice Burge. “A pesar de que la tecnología de vanguardia está avanzando mostrando otras cosas, todavía está la memoria y la memoria puede significar un desafío a la hora de hacer grandes cambios”, explica.

La sociedad tiene la tendencia a categorizar las drogas entre “buenas” y “malas”, dice Davies. Se determinó que los psicodélicos pertenecen a este último grupo debido a los mensajes que recibimos de la Guerra antidrogas. “A pesar de que ha habido todo este progreso con la investigación psicodélica, la gran mayoría de la sociedad todavía cree que no se pueden usar de forma segura y con moderación fuera del contexto médico”, dice.

Austin, sin embargo, es optimista y señala que los avances científicos y la mayor conciencia a través de la cultura popular y de algunas personalidades han ayudado a cambiar las cosas. “Estamos buscando líderes culturales que hablen abiertamente sobre el uso psicodélico”, dice Austin. “Eso, desde mi punto de vista, es lo que acelera el proceso de educación cultural. Creo que está haciendo las cosas más accesibles para las personas, pues está atrayendo a una amplia franja de personas a que se relacionen con el tema y que no lo han hecho antes”.

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