Barrios rodantes de mujeres al volante

Imagen por Dino Reich

Miré por muchas ventanas mientras manejaba desde Portland hasta Nuevo México. Mi cabeza giraba instintivamente al ver pasar los vehículos más grandes. ¿Había una mujer al volante?

Con mi sleeping bag extendido en el asiento trasero, estaba probando vivir como nómada. Pero también me dirigía a reunirme con un grupo de mujeres viajeras, muchas de las que viven así a tiempo completo.

El hotel Luna Mística —un grupo de remolques estacionados en un valle de Nuevo México— era mi destino. La propiedad fue sede de Women on the Road Gathering, una comunidad de más de 100 mujeres y personas inconformes con su género que viven en camionetas, vehículos recreativos, camiones e incluso automóviles. Women on the Road principalmente es un podcast sobre mujeres que viven en sus carros y es conducido por Laura Hughes que graba y produce el programa desde su camioneta. Pero también es una comunidad en línea, que se extiende por las redes sociales. Se asociaron con Vanlife Diaries, que organiza reuniones para mujeres que viven como nómadas.

Muchas llegarían solas, como yo. Algunas llegarían en caravanas; filas de antiguos camiones y camionetas Sprinter que se movían para formar círculos en los vecindarios temporales en el extremo de la propiedad. Vendrían a ver a viejos amigos, conocerían nuevos y se unirían a un deseo de crear vidas que serían extrañas para los que tienen una dirección fija.

“Niña, no deberías estar sola en una camioneta”. Lisa Jacobs casi le cree a su exnovio. Casualmente, le dijo esto por teléfono mientras Lisa recorría esta carretera, exactamente un año antes del primer día de la reunión. Lisa y su ex habían renovado su Nissan NV2500 modelo 2012, que compraron en Craigslist por 11.000 dólares. En la que viajarían y vivirían mientras iniciaban un negocio de remodelaciones para vehículos de este tipo. Pero se separaron antes de poder hacerlo.

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Es inspirador para cualquier persona que quiera vivir de esta manera; compra la camioneta y renuncia a tu trabajo, y tú también podrás abrir las puertas traseras y ver el amanecer en la playa con tu perro o un humano muy atractivo a tu lado.

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El año pasado, Lisa dejó a su ex en Denver, donde se separaron oficialmente. Cuando se devolvió a Texas, por primera vez estaba viajando sola en su furgoneta Freebird. Ella lo llamó al llegar a Nuevo México para tener una última conversación sobre el final de su relación.

“Niña...” Se ríe al recordar esa conversación, mirando hacia las montañas. Las temperaturas llegaron a bajo cero en la primera noche de la reunión, pero ahora estamos sentadas en las afueras de un Airstream en camisetas y gafas de sol. Pronto las actividades grupales llenarán el día.

“Siento mucho respeto por las personas que hacen esto solos desde el principio”, me dice. “No creo que lo hubiera hecho si no me hubiese visto obligada a hacerlo”. Cuando Lisa regresó a Texas después de su ruptura amorosa, no estaba segura de que haría con Freebird, hasta que otra mujer en una camioneta apareció en su puerta.

Cuando las personas que viven en sus camionetas o vanlifers no están en ciudades remotas del desierto, a menudo se les encuentra reunidos virtualmente en Instagram. Busca #Vanlife y verás más de 4 millones de fotos de personas y las camionetas a las que llaman hogar. Es inspirador para cualquier persona que quiera vivir de esta manera; compra la camioneta y renuncia a tu trabajo, y tú también podrás abrir las puertas traseras y ver el amanecer en la playa con tu perro o un humano muy atractivo a tu lado. Pero más allá de la superficialidad estética que emergen en las publicaciones más populares, hay una comunidad allí. Las personas que viven así, se conectan a través de comentarios y mensajes, y a veces sus caminos se cruzan en ciudades, campamentos y terrenos públicos en todo el país.

Lisa se conectó con Jess en Instagram, y luego recibió un correo electrónico que decía que Jess pasaría por Texas. Horas más tarde, una camioneta Sprinter estaba estacionada en la entrada de Lisa.

“Puedes hacerlo”, le dijo Jess a Lisa en un momento en que eso era todo lo que necesitaba escuchar. Así que lo hizo. Lisa se mudó a su camioneta en marzo de 2018 y ha estado viajando sola desde entonces. Lisa y Jess ahora son amigas en la vida real y las dos llegaron al encuentro junto a otras dos mujeres en un remolque mucho más grande que las camionetas que dejaron atrás.

Conocer a Lisa fue un alivio. Pasé mucho tiempo evitando la reunión el día anterior. Me detuve en un parque a orillas del Río Grande y escribí en mi diario mientras mi perro mordía palos en la sombra de los árboles. Luego paré por una cerveza, anhelando un poco más de tiempo a solas antes de unirme a la multitud de mujeres y sus camionetas (y a los muchos otros perros).

Encuentro a las multitudes agotadoras. Pero era fácil hablar con Lisa. Y la noche anterior ya se había revelado algo obvio sobre esta comunidad. A muchas de nosotras nos gusta estar solas. Pero también es un alivio cuando pueden reunirse con gente que lo entienden, especialmente con otras mujeres.

Foro por Shella Jaybird

Hubo un concierto en una gran carpa el día anterior. Ira Wolf, una cantante de folk usando un gorro tejido, cantó sobre vivir en su camioneta. Nos sentamos en un gran semicírculo. Algunas trajeron sillas del campamento, mientras que otras se sentaron en el piso mientras ella cantaba: "I'm no good at makin' small talk, but do you mind if I sit down? Indiana was a long shot and I could use another round I don't mean to be too bold, no it's not at all like me But when you're makin' your way home, would you like some company?".

Entre canciones, habló sobre las rupturas amorosas, noches solitarias en la carretera y tener que ir al baño en el bosque. Nos reímos, estuvimos de acuerdo y sentimos que la conocíamos. Las canciones de Wolf sobre los viajes por carretera hacen eco a una historia muy norteamericana: recorrer autopistas y caminos en busca de aventuras; buscando soledad, oportunidad o libertad, pero inevitablemente buscando amor. Traté de leer En el camino de Jack Kerouac antes de este viaje. Quería ver reflejado mi propio deseo de conducir. Pero en mi tercer intento en más de una década, me resultó imposible terminarlo ¿Por qué las mujeres siempre fueron retratadas como obstáculos para dejar atrás? ¿No querían ir a alguna parte? Dean y Sal nunca se hubieran quedado quietos el tiempo suficiente para disfrutar de la voz de Ira y sus letras conmovedoras.

Las mujeres que se reunieron en Taos están viviendo sus propias narraciones mientras viajan por carretera, aunque es difícil encontrar una historia reconocible sobre las mujeres que viajan por su cuenta. Todavía somos sospechosas. Todos nos han preguntado con incredulidad: ¿viajas sola? ¿es seguro? ¿y si pasa algo?

“Me encanta ir a pueblos pequeños”, me dice Lisa. “Es divertido sorprenderlos. La gente no espera que una mujer con cabello rosado salga de un gran remolque”.

Sentí en mi corazón la familiaridad de las letras de Wolf. Todas bebimos vino y nos movimos de un lado al otro. Algunas se secaron las lágrimas. Nos reconocimos en la música y en nosotras mismas.

El día siguiente hubo paneles sobre seguridad y sexismo. Nos dividimos en pequeños grupos para hablar sobre temas que nos siguen de un lado al otro. Puedes salir de la ciudad, pero no puedes dejar el frustrante hecho de que las mujeres enfrentan riesgos en sus recorridos por los que los hombres nunca se tendrían que preocupar.

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Me encanta ir a pueblos pequeños. Es divertido sorprenderlos. La gente no espera que una mujer con cabello rosado salga de un gran remolque.

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“¿Se sienten más seguras en compañía de otras mujeres cuando estacionan sus camionetas por la noche?”, pregunté al grupo.

“Sí”, dijeron varias al unísono, riéndose como si no hubiese discusión. Porque si eres una mujer que está sola en la carretera y estás acampando junto a un hombre (o peor, junto a un grupo de hombres), instintivamente estás prevenida. Pero aquí podemos relajarnos y hablar sobre si debemos instalar o no un inodoro en nuestros vehículos, cómo encontrar lugares seguros para estacionar y cómo los hombres esperan que no  sepamos nada sobre mecánica.

Cuando alguien preguntó si algo extraño nos había pasado mientras viajábamos solas, una mujer compartió su experiencia.

“Me siguieron… durante mucho tiempo”, dijo con voz entrecortada, y luego empezó a llorar. Instintivamente otras mujeres comenzaron a consolarla. Algunas personas miraron hacia otro lado.

Me fui después de los paneles, mientras que otras mujeres se reunieron para un rifa de equipo para acampar. Tenía que recorrer 3.000 kilómetros en los próximos tres días mientras iba a casa de mis papás en Connecticut. Después, con Ira Wolf en Spotify, me encontré en un camino de arena profunda, atravesando Colorado. Había estado buscando un campamento gratuito, pero debería haberme dado la vuelta cuando el camino se convirtió en arena. Puse las luces exploradoras, que solo servían para iluminar lo mucho que no podían ver.

“Estoy a salvo”, me dije a mí misma. “Estoy bien”. Y lo estaba. Pero también tenía miedo. Mis ruedas giraron y levantaron una gran montaña de arena en todas las direcciones. Decidí dar la vuelta y encontrar un motel. Pensé en las mujeres que acababa de conocer y dejar en Taos. Sabía que estaban a salvo, reunidas alrededor de fogatas. Y que en algún momento se atascarían en caminos arenosos en otros lugares. Y estarían bien. Así es la vida de carretera. No puedo preverlo todo, pero espero cruzar más caminos y compartir más historias con todas las mujeres que siguen viajando.

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