Arcade Fire encendió la llama en Bogotá

La banda canadiense ofreció en Bogotá un concierto extenso, comprometido e inolvidable
Imagen por Rodrigo Torrijos

Poco antes de la media noche, anunciados como si fueran feroces luchadores mexicanos que estrechaban las manos de su público, los integrantes de Arcade Fire subieron al escenario y fueron acompañados por Los Gaiteros de Ovejas para empezar su show con Everything Now, Haïti y Here Comes the Night Time. Poco antes del concierto, Stuart Bogie (flauta, saxofón y teclados) estuvo ensayando con el conjunto folclórico en el backstage, pero a la hora del concierto el sonido no les ayudó, y los instrumentos típicos prácticamente no pudieron ser escuchados por la gente. Una lástima.

Sin embargo, el concierto fue una gran celebración liderada por el gigantesco (en todo el sentido de la palabra) Win Butler y su esposa, la incansable Régine Chassagne. El público no dejó de bailar en los temas más pop del setlist, y acompañó con sus voces todos los grandes clásicos de Funeral y Neon Bible. Aunque la fiesta corría por cuenta de los álbumes más recientes, piezas de los primeros años como No Cars Go, Neighborhood #1 (Tunnels), My Body Is a Cage o Neon Bible,  lograron momentos solemnes y conmovedores, que contrastaron –ajustándose perfectamente- con las canciones más alegres.

El espectáculo mostró un sorprendente diseño en sus proyecciones y en el manejo de las luces, con una banda completamente entregada, que se mezcló sin prevenciones con el público, para dar uno de los grandes conciertos del año. Uno de los pocos aspectos negativos tuvo que ver con la hora. De hecho, durante las entrevistas concedidas en la zona de camerinos, Win Butler preguntó “¿Cómo es que la gente viene a un show tan tarde en un día laboral?”. Lo grave fue que faltando unas cinco canciones para el final muchas personas empezaron a abandonar el lugar, y la localidad delantera quedó bastante desocupada para el cierre triunfal, que llegó con la poderosísima Wake Up.

El público enloqueció con esta canción, y entonó el coro con una fuerza inusitada. La letra de este tema, que en sus comienzos tenía otro sentido, ha cobrado ahora cierto sentido político vinculado a un despertar de la conciencia social, y -más allá de esas consideraciones- anoche logró un momento esplendoroso. Para el cierre Los Gaiteros de Ovejas subieron nuevamente a la tarima, esta vez acompañados por la gente de Bomba Estéreo, teloneros de la gira de Arcade Fire.

Mientras la gente iba saliendo, Butler y sus amigos armaron una especie de comparsa con sus instrumentos de percusión, saliendo del reciento rodeados por el público, lanzando panderetas, estrechando manos, y haciendo felices a decenas de asistentes que tuvieron la suerte de estar allí hasta casi las 2:30 am.

La noche fue mágica, y esperamos que haya una próxima vez. Pero ojalá esa próxima noche empiece un par de horas más temprano, sobre todo si el concierto termina siendo un martes.

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