Amor al primer mensaje

Imagen por Adam Solomon

“Necesito tomarlo con calma”, dice Jason y sus palabras parecen más una disculpa que una afirmación. El brillo del iPhone X se refleja en sus lentes mientras navega por sus mensajes directos en Instagram. Hace poco tiempo que es soltero y aprovecha la simplicidad que le ofrece la aplicación para iniciar conversaciones con mujeres en los márgenes de su círculo social. Los mensajes son respetuosos, directos al punto y perspicaces—algo que aprecia mucho—. Conversa con alguien sobre hip-hop y le pregunta a otra persona sobre su estética en diseño de interiores. Jason siempre va al punto antes de que los mensajes se extiendan: su objetivo es lograr tener conversaciones cara a cara.

Con estos acercamientos ha obtenido respuestas variadas, desde una sesión de besos hasta una cita. Independientemente de su índice de éxitos, Jason ve los mensajes como un camino para conocer mejor la personalidad de una potencial relación romántica, es la versión digital de acercarse a conversar con una extraña en un bar. “Es una forma de explorar montones de posibilidades que normalmente no se podrían”, dice. “Permite muchas más oportunidades para que se de una chispa, una conexión, para crear más interacciones en el camino”.

El arte del “DM sliding”—o en términos corrientes, el acto de enviar mensajes directos a alguien con potencial romántico— se ha ganado una mala reputación por ser el medio preferido de los hambrientos, una fuente inagotable de memes y la tarjeta de presentación de los trolls de internet. Pero eso no afecta su popularidad. Un estudio realizado por Facebook el año pasado demostró que el uso de los mensajes directos ha aumentado casi un 67% en los últimos dos años. Y cuando se toma con seriedad como una forma legítima de comunicación, puede acelerar el proceso de conocer a alguien (la posibilidad de enviar un mensaje sin antes tener que esperar a que te regresen el Like), ampliar la cantidad de posibles parejas y proporcionar temas de conversación que no se pueden encontrar en las apps de citas (“Vi lo que publicaste, me gustó, ¿puedes contarme un poco sobre eso?”). “Creo que, de alguna forma, le permite a las personas intentar interactuar”, dice Janelle Ward, investigadora en comunicaciones y redes sociales. “Puede ampliar el campo de juego porque es fácil conocer más personas de esa forma. Creo que es un puente a lo que todos queremos: interacciones humanas con otros”.

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Siento que en Instagram, cuando conversas con alguien por mensaje interno puedes darte cuenta, de inmediato, si esa persona es un bicho raro

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Dada la naturaleza de las redes sociales, hay pocas barreras para comenzar a hacer parte de la vida de de esa persona que te interesa. A través de las imágenes publicadas, las experiencias transmitidas o los comentarios espontáneos, es fácil determinar si alguien comparte los suficiente intereses con nosotros y que aún así siga siendo una persona interesante. “Generar interés implica mezclar temas en común y ser intrigante, para provocar curiosidad en otros”, dice Jason. “Hay que ser directo con algunas cosas y vago con otras. Al final creo que se vuelve una forma más dinámica de interactuar que un mensaje de texto, por ejemplo”.

Por supuesto, hay ciertas reglas implícitas cuando se interactúa por mensajes directos “Evita comentarios que puedan tener connotaciones sexuales o piropos, nada de ‘hola sexi’ o ‘eres muy hermosa’, ese tipo de comentarios son como de acosador”, dice Samantha Burns, consejera amorosa y autora de Breaking Up & Bouncing Back, sugiere que preguntes cosas específicas basándote en los intereses que hacen públicos en su perfil y dejes de lado la apariencia física.

Colin Kerrigan no sigue las reglas de nadie. Mientras viajaba solo por varios países, Kerrigan deslizó a la derecha en el perfil de Tinder de una sus compañeras de viaje. Prefirió mandarle un mensaje a Instagram (que tenía vinculado con Tinder) antes que esperar a que ella le correspondiera. Pasaron los días siguientes turisteando juntos en Berlín. “No soy del tipo que se acerca a una desconocida para conversar, a menos que se de naturalmente”, dice Kerrigan, “vi que ella estaba en Tinder y sabía que estaba soltera, así que le envié un mensaje. Siento que en Instagram, cuando conversas con alguien por mensaje interno puedes darte cuenta, de inmediato, si esa persona es un bicho raro”.

Kerrigan es fotógrafo por lo que su perfil de Instagram es bastante agradable estéticamente. Él encuentra que esto es una ventaja. Jason también presta especial atención en mostrar su buen estilo en Instagram y hace uso del mismo tipo de acercamiento amigable y al tiempo crítico, a la hora de elegir a quién enviarle un mensaje. “¿Encontramos llamativas las mismas cosas? ¿Se fija en los detalles?”, dice Jason. “Eso es algo importante para mí”.

¿Realmente un perfil puede ser tan diciente? “Si él muestra todas estas fotos de sus aventuras, lo que está diciendo es que puede ser alguien interesante”, explica Vanessa Marin, terapeuta sexual. “Si cuando está comunicándose con alguien, esa persona va a mirar su perfil y le resulta interesante, ya tienen una gran cantidad de cosas sobre las que pueden hablar”.

Por cada mensaje bien intencionado hay un puñado de mensajes desagradables que van desde el que no tiene idea, al que se cree superior y por supuesto los que incluyen amenazas y acoso. Es evidente que las mujeres son las que se llevan la peor parte con estos mensajes, y por eso es importante implementar una serie de guías para evitar a los trolls y aprender a enviar mensajes de la forma apropiada. Amy Perlingiero, por ejemplo, ha enviado una buena y justa cantidad de mensajes internos por Twitter. Aunque nunca ha tenido que lidiar con una situación agresiva, que son comunes en redes sociales, en muchas ocasiones ha tenido que exigirle al tipo que la deje en paz. “Algunas veces los hombres me mandan mensajes sin ningún motivo”, dice. “Me envían un mensaje sobre algo que podrían simplemente twittearme”.

Sin embargo, cuando se encontró a Mike Pelusi en sus mensajes, las circunstancias fueron distintas. Habían hecho match en Tinder un año antes, pero las cosas no se dieron. Como estaban en círculos similares en internet, se volvieron a cruzar sus caminos. Tener un conocimiento más real de la vida en internet del otro, resultó mucho más útil que un perfil de citas. “Pude obtener una mirada real de cómo era ella como persona al leer sus tweets”, dice Pelusi. “Sé que en internet se ve, hasta cierto punto, una versión diferente de las personas, pero siento que pude conocerla mucho mejor por este medio que por el corto tiempo que pasamos hablando por Tinder”.

Cuando Pelusi por fin reunió el valor para enviar su primer mensaje directo en la vida, lo usó para preguntarle a Perlingiero si estaría dispuesta a salir con él. Ella le dijo que sí. Están juntos desde hace dos años. Pelusi siempre ha sido una persona más bien tímida—“No tiendo a acercarme a las personas y comenzar a hablar casualmente”— así que las redes sociales, desde Friendster hasta Twitter, han sido una parte integral en su proceso de ganar confianza para poder hablar con nuevas personas.

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Con todo, sin importar cómo nos metimos en esto, Instagram es al final una herramienta que nos pertenece y sirve para socializar y comunicarnos, pero no somos esclavos de ella ni de cómo moldea nuestras interacciones

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Los mensajes directos también le permitieron a Lindsay VanSomeren ser más abierta. Cuando tenía 20 años, su primo le tomó una foto posando junto a un convertible Mustang. Tan pronto publicó la imagen en MySpace, comenzó a recibir mensajes. Respondió unos cuantos pero solo uno le llamó la atención, “sobre todo porque estaba bien escrito, con buena ortografía”, dice. Como era muy tímida, los mensajes en internet le permitieron desarrollar una relación a su propio ritmo. “De haber comenzado a hablar de frente con él, no habría sido capaz de permitirle conocerme como lo hizo”, dice. “Fue más fácil porque tenía un computador al frente”. Un año después de comenzar a intercambiar mensajes, la pareja estaba casada. Y acaban de celebrar su décimo aniversario.

Los expertos dicen que por mucho que los mensajes directos hayan cambiado la manera en la que nos acercamos a hablar con alguien por primera vez, nunca podrán reemplazar la intimidad de mirarse a los ojos. Jason entiende esto y sabe que Instagram no es, ni puede ser, todo en su vida amorosa. “Con todo, sin importar cómo nos metimos en esto, Instagram es al final una herramienta”, dice, “que nos pertenece y sirve para socializar y comunicarnos, pero no somos esclavos de ella ni de cómo moldea nuestras interacciones”.

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