20 preguntas: Camila Chaín

En un mundo machista, diestro y heterosexual, esta costeña nació mujer, zurda y gay. De cualquier modo ha decidido ser feliz. Apoyada por su familia y amigos le demuestra al mundo que uno solo debe ser lo que quiere ser.
Imagen por Carlos Cruz

Este artículo sale en la edición impresa de PLAYBOY COLOMBIA de junio-julio de 2018

P1: Tu libro comienza con una dedicatoria a tu mamá con una pregunta. ¿En qué momento ella te hizo esta pregunta?

CAMILA: Ella me hizo esa pregunta en el momento en el yo le confieso que me gustan las mujeres, que lo hago además en un contexto un poco complicado porque estaba muy molesta conmigo y me hizo un reclamo. Entonces yo le contesté de una vez, ¡pum! Se lo conté de manera cronológica, casi como aparece en el libro, y ella se quedó pensativa. Se puso a llorar, me dijo que no esperara que ella lo entendiera del todo, que era una paisa de una familia muy católica, pero que me amaba porque yo era su hija y que solamente quería hacerme una pregunta: “¿Qué tengo que hacer yo para tú seas feliz?”. Y fue como la bomba atómica, era todo lo que yo no esperaba de su respuesta, entonces por eso el libro va dedicado a ella, porque qué pregunta más increíble.

P2: ¿Cómo manejó tu familia el tema?

CAMILA: Cuando hablé con mi mamá, ella poco a poco fue hablando con mi hermana, ella me hizo el enorme favor de empezar a replicar, porque es superdifícil. Mi papá y ella ya estaban separados en ese momento, entonces con él no habló, pero sí habló con mis abuelos, con mi hermana y con todos. Creo que lo dijo de una muy buena manera porque finalmente recibí mucho apoyo y mucho amor. Creo que lo hizo bien, ¡Gracias! Me quitó un peso de encima, me hizo un favor.

P3: ¿Por qué crees que las mujeres en el mundo del entretenimiento, siendo un medio “liberal”, son más tapadas al hablar de su orientación sexual?

CAMILA: Esa pregunta me parece muy buena, porque ni siquiera yo me había puesto a analizarlo. El hombre como que lo hace con más facilidad, no sé. Si fuera muy suspicaz —normalmente no lo soy— diría que tiene que ver con que en nuestro medio a la mujer todavía se le ve como un objeto sexual y a la belleza como algo muy relevante cuando una persona está buscando trabajo. Yo pienso que la gente le teme un poquito a hablar de eso, que no se le vea con los mismos ojos y no la contraten igual. Podría ser mentira lo que estoy pensando, pero podría ser una de las opciones, una teoría. O, podría ser más suspicaz y pensar que muchas de las mujeres no hablan de una sexualidad definida, sino de una bisexualidad, entonces hay muchas chicas en este medio que no te dicen, “yo soy lesbiana”, sino, “yo soy una persona muy abierta”, y así como tengo novias, tengo novios. Segunda teoría suspicaz. Tercera teoría, parece que las mujeres hablan menos de eso que los hombres, puede ser.

P4: ¿Es más fácil para los hombres homosexuales hablarlo públicamente?

CAMILA: Es que fíjate si nos ponemos a analizar, el término “lesbiana es tan feo, hablando del lenguaje como tal, el término en español es horrible. Yo creo que desde ahí ya está la complicación, decir, “soy gay” es mucho más fácil, se oye menos feo, entonces para un hombre decir que es gay ya en el lenguaje es mucho más sencillo que decir “Soy lesbiana”, de hecho, muy pocas veces yo repito esa palabra, no me gusta, me parece horrible. Yo digo gay. Pero si uno analiza gay significa: hombre homosexual, si lo buscas etimológicamente y yo no me equivoco, solo habla de hombre homosexual, por eso a las mujeres se les dice “lesbianas”. El término lo dividen: hombre gay y las mujeres lesbianas. Es complicadísimo. Mejor dicho: yo soy lo que soy.

P5: ¿Cuándo dijiste:“Sí, a mí me gustan las niñas”?

CAMILA: Yo lo dije por primera vez, aunque parezca redundante, muchas veces. Lo que pasa es que tenía una creencia con la que me habían educado, yo decía: “No, esto no es amor, es una tontería mía”. Pero sinceramente, a los nueve años ya tenía plena conciencia.

P6: ¿Y quién era? ¿Sabe que ella fue tu primer amor?

CAMILA: Era una compañerita del equipo de voleibol del colegio, que además era la mejor. Hoy en día yo digo que es mi hermana mayor, porque me lleva como un año, pero la suya es una de las familias más importantes de mi vida. Ellos me acogieron en la separación de mis papás.

Ella solo sabe algunas cosas, pero le envío el libro desde Colombia para que las lea todas, ya le advertí. Es la única persona a la que le he advertido algo del libro, y le he dicho que lo lea desde el amor, que no se vaya a sentir mal, que no piense cosas que no son, que pasó hace mucho tiempo y que muchas gracias por el aprendizaje. ¡Qué pecao’! No tiene ni idea de cómo fueron mis sentimientos, sí sabe que la quise con todo mi corazón, pero no sabe cómo fue para mí ese momento, que fueron muchos años —seis— de un amor imposible… estando callada. Duro. Y no poder decirle a nadie: ni a ella, ni a mi mejor amiga ni a mi familia. Uno no se demora ni cinco minutos en llamar a una amiga y decirle: “¡No sabes lo que hice!”, y yo duré seis años callada.

“Cuando no te puedes expresar es como si no hubiera luz, como si vivieras en la oscuridad, y estar dentro de un clóset es exactamente igual, entonces yo sí acepto ese símil porque creo que es muy parecido”.

P7: ¿Por eso es que se siente un cambio —una liberación— cuando una persona “sale del clóset”?

CAMILA: Hay gente a la que no le gusta la expresión “salir del clóset”. Hay gente que dice que eso es muy cliché, pero si tú lo analizas, guardar silencio —como lo hice yo— es muy parecido a estar en un lugar cerrado donde nadie me puede oír, estamos hablando de mis propios pensamientos. El no poder decirle a nadie debió generar en mi corazón un frío intenso terrible, como cuando uno está dentro de un clóset, encerrada, ahí hace frío. Cuando no te puedes expresar es como si no hubiera luz, como si vivieras en la oscuridad, y estar dentro de un clóset es exactamente igual, entonces yo sí acepto ese símil porque creo que es muy parecido; estar dentro de un clóset es muy parecido a mentir sobre ti mismo, es horrible.

P8: Muchas personas viven sometidas a la presión social de tener un novio, casarse, tener hijos de manera heterosexual. ¿Tú sentiste lo mismo? ¿Tuviste novio?

CAMILA: ¡Claro! La máxima presión era “hay que tener novio”. Como desde los 10 u 11 años, ya en el recreo pasaba; mi colegio era mixto y la mayoría eran niños, entonces eran 50 pelaítos correteando a diez niñas, era complicado. Todas mis amigas empezaron a tener novios y a mí en los recreos me buscaban. Y yo solo decía: “¡Ay, Dios mío! ¿Qué hago?”. Mi papá me había dicho que yo no podía tener novio porque era muy chiquita, entonces yo dije “¡Esta es la excusa perfecta!”. “¿Quieres ser mi novia? No, es que mi papá no me deja” [risas]. Me convertí en una mentirosa profesional en cuanto a mis sentimientos, pero en este tema eso era real, mi papá no me dejaba tener novios [risas].

Yo siempre he dicho que la diferencia está en el amor. Yo hubiese podido tener sexo con mis compañeritos; no hay nada más rico que bailar con un hombre, el olor del perfume de un hombre, los brazos fuertes de un hombre, que un hombre te abrace, que te diga cosas lindas al oído, eso no se puede negar. Pero uno sabe que de un beso o una noche loca no va a pasar, ¿entonces uno para qué lo hace? Hay gente que nunca lo decide, yo decidí que no iba a transgredir esa barrera porque ya iba a ser demasiado fuerte para mí y me iba a hacer más daño todavía y le iba a hacer daño al otro. Siempre diferencio el tener sexo con hacer el amor; yo hubiera podido estar con cualquier hombre, pero sabía que me iba a enamorar de una mujer.

P9: Las personas gays son muy reservadas con sus vidas (y con toda razón), pero tú decidiste mostrarte abiertamente, incluyendo el día de tu matrimonio. ¿Por qué?

CAMILA: La primera decisión que tomé en ese sentido vino después de lo que pasó cuando lo dije públicamente. Yo no lo dije con ninguna intención, no dije: “Ok, voy a esperar a que me llamen de la emisora [La W] y voy a decir que soy gay”. No, lo que pasó fue que yo estaba defendiendo una posición ante lo que estaba pasando en una emisora y que a mí me parecía irrespetuoso. Empecé a hablar y a defender eso. Cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo, el mejor entrevistador que conozco, el más incisivo [Julio Sánchez Cristo], me pregunta: “¿Si usted fuera gay, lo diría públicamente?”, y yo contesto: “Si no fuera gay, no estaría hablando de estos temas”. Cuando me di cuenta le había dicho a un millón de personas en Colombia y en el mundo que yo era gay.

Desde ese día pensé en utilizarlo como una herramienta positiva. ¿Qué puedo hacer con mi experiencia para que la gente se vea reflejada positivamente en mí y no negativamente? Cuando me casé eso fue la misma vaina que si un hombre se casa con una mujer, da igual, entonces yo les mostré lo mismo. Si tu entras a YouTube vas a ver lo mismo: suena una música, uno entra, se para allá, se sienta, alguien habla —puede ser desde la religión o desde lo civil—, hay unos padrinos, hay intercambios de anillos y luego se van a bailar. Es exactamente lo mismo, eso traté de hacer de esa vez, que si alguien entra a mis redes sociales ahí está mi vida.

Finalmente ¿cuál es la diferencia? Ninguna. Y si hablamos de la parte sexual… [Risas] ahí menos. Los hombres se llenan la boca diciendo, “esa pobrecita niña no sabe de lo que se está perdiendo” y de pronto él no sabe de lo que se está perdiendo. En la sexualidad, por ejemplo, hay tantas maneras de disfrutar, que ahí tampoco hay ningún problema.

P10: ¿Qué piensas cuando los heterosexuales afirman que las mujeres gays no disfrutan?

CAMILA: Lo primero que dicen es: “Con uno de caucho no deben sentir nada”. Con mi esposa nos reímos y yo le digo, “Pobrecitos… ni uno queda embarazado, ni le pegan ninguna enfermedad de transmisión sexual y lo puedes hacer 60 veces sin parar” [risas]. A veces me da pesar cuando ellos se ponen a hablar de esas estupideces. Nadie se queda dormido, si quieres que dure media hora pues dura media hora, si quieres que dure cinco minutos pues dura cinco minutos, mejor no digo nada más porque incito a que mis amigas piensen en cosas y pobres hombres… se van a quedar solteros [risas].

Este punto también va. Cuando se habla con los hombres sobre su punto G —que queda en la próstata— y dicen: “¡Qué porquería los hombres gay!”. Y yo digo: “¡Ay papá!”, esos hombres disfrutan su sexualidad al máximo mientras que los otros no lo hacen por morrongos, por ignorancia, porque podrían hablar con su novia o esposa sobre el tema y experimentar al máximo el placer.

Es que en la cama todo es válido, pero después de que las dos personas estén de acuerdo. Siento que la heteronormatividad ha llevado a la sociedad —gracias a Dios yo no estoy inmersa ahí— a no tener plenitud en su sexualidad, en sus relaciones amorosas, porque: “El hombre no puede llorar, no puede usar rosado. La mujer no puede gustar de alguien más, hay que estar para siempre juntos aunque todo esté mal”. ¡Qué locura! Esa vaina tiene a la mitad del mundo viviendo infeliz.

P11: ¿Qué significa Kelly en tu vida?

CAMILA: Ella tiene unos significados que yo puedo aterrizar muy bien. Kelly significa mucha paz para mí, para mi vida. Mucha tranquilidad. Significa conocer casi que por primera vez una relación tranquila, una relación que debí tener desde la primera vez, una relación en la que se respeta a la gente y se ama como es. Eso para mí a veces es nuevo. Ella significa un renacer en mi vida porque he pasado por cosas muy complicadas, y esto me salva en muchos sentidos. Y significa mi sueño hecho realidad porque siempre soñé con estar con alguien y crear un mundo ideal, y lo hicimos. Es el comienzo de una etapa que esperé desde siempre.

P12: ¿Van a tener hijos?

CAMILA: Esa es nuestra idea. Como todo ser humano un día uno se levanta y dice: “No, no, el niño de la vecina está llorando, no, no”. Pero la verdad es que yo quiero ya, porque creo en el tema de la edad, y tengo un papá pediatra, entonces he oído muchas historias sobre ese tema: los embarazos de alto riesgo, por ejemplo, yo no quiero vivir eso. Yo soy una tía enamorada, de un amor que yo no te sé explicar, entonces yo no me imagino como mamá. No sé cómo será. ¿Se me irá a salir el corazón? Yo quiero amar de esa manera a alguien. Entonces un día me levanto y digo: “Sí, de una”, pero hay otros días en los que digo: “No, para el otro año, que casi no hemos viajado”, y es que nosotras no hemos compartido tanto juntas.

Y como todas las viejas del mundo pensamos: “Ay, pero es que todavía no hay plata”. Mentira, uno tiene que tener los hijos y se acabó, o no los va a tener nunca. Pero veo a mis amigas complicadas con los bebés, y se les dañan las relaciones con sus parejas, porque el hombre pide más atención…  ¡Dios mío, que susto!

Yo creo que a Kelly le asusta eso, que yo tenga un bebé y me quede obnubilada y no la voltee a mirar. Esa una preocupación que hemos conversado muchas veces antes de dormir, no solo de ella también es mía, de cualquier pareja en realidad. Así como hay bebés que unen hay bebés que separan. Pero sí, algún día. Yo les aviso con tiempo [risas].

P13: ¿Cómo sería el registro civil de ese bebé, queda con tu apellido o con el de Kelly? ¿Cómo está funcionando eso?

CAMILA: En Colombia la madre es quien da a luz, por eso no podemos subrogar vientres en el país, entonces si antes yo tenía un bebé, fuera de mi óvulo e inseminado por alguien más, ese bebé era mío porque había nacido de mí. Si el óvulo era de mi pareja y era inseminado y puesto en mi vientre, era mío, aunque los genes fueran de mi pareja, era una cosa absurda.

Luego la Corte dijo: “Lo que vamos a hacer es lo siguiente: tú tienes el hijo y tu pareja lo adopta”. Es una forma que encontraron dentro de la ley para ayudar. Existió el caso de una pareja de mujeres paisas que tenía una hija, una de ellas salió del país y quería dejar a su pareja como acudiente, pero esta persona legalmente no era nada de la niña. Tuvieron muchos problemas, es un tema muy complicado, hablar de eso no es fácil, pero nosotras lo haríamos así.

Lo que sí decidimos fue que el óvulo de cada una estuviera en su útero, para no complicar tanto la normatividad. Pero me parece divino poder tener el óvulo de la otra persona en el vientre, es que el hijo de mi pareja también va a ser mío, porque yo lo voy a tener, pero genéticamente se parece a ella; es lo más cercano a un embarazo de una pareja heterosexual.

“Cuando me dí cuenta le había dicho a un millón de personas en Colombia y en el mundo que yo era gay”.

P14: ¿Cómo fue el proceso de escribir el libro y por qué tomaste la decisión de hacerlo?

CAMILA: Un día estaba en el lanzamiento del libro de bienestar de una amiga, y una editora se me acercó y me preguntó si me interesaba escribir un libro. Le dije que me dejara pensarlo y un día le respondí que sí, porque yo no encontraba ningún otro como este que escribí. Les propuse un libro desde lo que yo he vivido y cómo eso podría ayudar a otras personas en su vida y en su realidad, en su verdad.

No fue fácil, porque al sentarme a escribir tuve que recordar cosas dolorosas, esos seis años y las cosas que pensé en hacer antes de dormir o en los pensamientos oscuros que tuve sobre la vida y la muerte. Era horrible. Fue una terapia compleja, pero acepté y fue una catarsis con final feliz. Me propuse hacerlo, pero yo trabajo bajo presión entonces me dieron un tiempo prudente y cuando ya no fue prudente, lo hice [risas]. Escribí todo muy rápido, pero iba muy juiciosa a la editorial y le trabajé desde la ortografía hasta el diseño de la portada, los colores internos, participé en todo. Es un hijo querido, deseado.

P15: ¿Cómo crees que este libro pueda aportar a la vida de la gente?

CAMILA: De muchas maneras. Mi primera intención es que un chico que está descubriendo su sexualidad lo lea porque se ahorraría seguramente muchos años de incertidumbre, de mentiras y de miedo al juicio. Eso para mí sería ideal. Después me gustaría que los profesores o los papás lo leyeran para estar preparados y no reaccionar de mala manera. Porque todas esas reacciones negativas vienen del miedo, no es que una persona quiera juzgar. Uno teme cuando no sabe de algo, porque no sabe qué va a pasar; yo no juzgo a los papás o a la gente que ataca a los demás porque lo hacen desde el miedo, se ve que tienen pánico.

Pero también me gustaría que lo leyera cualquier persona que no suelta la verdad porque que está atada al miedo. Cualquiera, el que estudió la carrera que no era, o la señora que lleva 30 años casada y el marido la tiene hasta la coronilla. O las personas que quieren viajar pero lo posponen; al papá de un amigo le sucedió eso: le dio cáncer y no pudo hacerlo. Todo esto es miedo a liberarse, a ser feliz.

P16: Hay una parte del libro en la que hablas de la opción de sentirte como una víctima y tu decisión de sentirte afortunada. ¿Qué te ayudó a que ese camino fuera un poco más fácil?

CAMILA: Primero, si encuentras a alguien que te ama incondicionalmente todo va a ser más fácil. Amarme mucho también. Yo me veo en el espejo y me encanta lo que veo. Soy afortunada. Si hablamos de la sexualidad, yo vivo una sexualidad plena. ¿Por qué ser hetero? No, yo no quiero ser hetero. Los zurdos tenemos unas ventajas en ciertas cosas o desarrollamos unas inteligencias que están en el hemisferio contrario del cerebro, entonces, ¿por qué me voy a sentir mal por ser zurda? Pues no.

Y después a mí me parece divino ser mujer y no quiero dejar de ser mujer. De ahí sale, que soy súper afortunada, qué delicia haber sido casi todo lo contrario de lo que el mundo esperaba de mí, sin necesidad de ser rebelde, porque yo no soy rebelde, yo soy lo que soy.

“Al sentarme a escribir tuve que recordar cosas dolorosas, esos seis años y las cosas que pensé en hacer antes de dormir o en los pensamientos oscuros que tuve sobre la vida y la muerte”.

P17: Cuando uno es tan feliz en su casa —en su hogar—, ¿qué se siente salir a un mundo que juzga, que odia, que condena?

CAMILA: Es terrible. Hay gente que dice: “Ay, a mí me resbala”, pues yo no estoy de acuerdo. A nadie le resbala lo que digan, ni a la persona más poderosa del mundo. Me parece muy duro afrontar ciertas cosas: mala cara de la gente, que me griten cosas por mi pelo o que me digan cosas por mi sexualidad, eso es dolorosísimo. Yo no le deseo esas cosas a nadie, todo el mundo merece respeto. A mi ese cuento de “yo he sido muy tolerante”… el primer amigo que me diga que es tolerante conmigo, espero que no sea más mi amigo porque tolerar es como aguantarse una cosa. Una cosa es tolerar y otra es respetar, son dos términos que no sé quién los puso como iguales, hay que respetar al otro y punto.

Es muy triste eso, porque uno se siente como un ciudadano de segunda o tercera categoría, pero yo soy una mujer muy libre entonces no podría vivir encerrada porque mi familia sí me ama. Pero te voy a decir algo, toca volver. Después de una insultada en la calle toca salir corriendo para la casa y cerrar la puerta con llave.

P18: Tú eres un prototipo muy específico: la chica que decidió cortarse el pelo, que si va a un matrimonio no se pone vestido sino corbata y la gente puede decir cosas sobre esto, pero ser gay no significa dejar de ser mujer. ¿Cómo vives tu feminidad?

CAMILA: La vivo intensamente. Primero me siento muy bien con mi cuerpo, me veo en el espejo y me encanta, me veo mis tetas en el espejo y me encantan. Yo soy delicada, absolutamente consentida, lloro por todo. Tengo mi femenino completamente desarrollado, más que cualquier mujer en el mundo.

Te voy a explicar por qué mis pintas y por qué mi pelo: yo siento que cuando uno logra abrirse al mundo y ser completamente libre, rompe con cualquier esquema y cualquier estereotipo. Para mí no existe el femenino ni el masculino dividido, para mí existe el ser humano, entonces me gusta usar más pantalón, me parece más cómodo, y la ropa masculina me parece divina, entonces yo me voy por ahí porque tengo la libertad y me pongo una corbata. Yo soy libre, a mí nadie me tiene que decir que tengo que hacer.

Me libero de cualquier prejuicio o etiqueta que se ponga, porque me tocó esta vida que me tocó, yo hago lo que me da la gana. Si quiero ponerme una falda me la pongo y si no quiero pues no, pero eso no me hace mujer ni hombre ni nada. Yo sigo siendo la misma niña/mujer, me resbala lo que digan de mi pelo y mis pintas, eso sí me resbala, porque yo me siento divina con mi corbata.

Yo no me creo hombre, si pensara que soy hombre, me hubiese operado, sería Camilo Andrés, tendría barba, no tengo problema con eso, no me interesa ni es mi idea. Solo soy una mujer a la que le encanta como se ve, y a mi esposa le fascina como me veo, entonces no tengo ningún complique. Mi mamá me ve con corbata y dice que me veo divina.

P19: ¿Por qué decidiste ser periodista?

CAMILA: Yo tenía otra opción de vida. Quería ser bióloga, científica o genetista, algo por ese estilo, pero no se me dieron las cosas por temas familiares —como en todas las casas: bancarrota, papá que no da plata, la misma vaina— las familias sí son todas iguales, igual de disfuncionales. Entonces para sobrevivir dije: “Voy a estudiar lo que sé hacer bien”. En el colegio declamaba poesía, presentaba los actos cívicos, participaba en la clase de español, entonces una cosa era que yo quisiera ser científica y otra era que yo fuera una comunicadora innata.

Me gradué con una medio especialización en política y economía, pero me asustó mucho mi país, a mí la realidad de Colombia me parece terrible, el veto me parece terrible, los juicios políticos… además de que me enjuician por mi sexualidad, imagínate los otros juicios y dije: “No, primero es mi vida, mi familia, mi entorno y mi tranquilidad”. ¿Qué me quedaba? Me quedaban otros aspectos: la música, el entretenimiento o la vida cotidiana. A mí me da rabia cuando dicen: “Es que ustedes tienen unos programas light”. Si light es hablar de tu relación en pareja o hablar de salud, entonces listo, yo lo que hago es light. ¿Cómo que light?

P20: ¿Qué es lo más bonito que alguien te ha dicho a lo largo de tu vida?

CAMILA: Pues aparte de la frase de mi mamá, que Kelly me diga que me ama exactamente como soy, me parece espectacular, creo que está un poco loca [risas], pero lo acepto con mucho amor. ¿Qué me quiera como soy? Y cuando mi papá me dice que fui su primer amor, eso me parece una cosa divina. ¡Wow!

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