Las monjas del cannabis

Imagen por Evan Woods

Imagina esto: Monjas feministas que cultivan y producen cannabis, llevando pistolas en un esfuerzo por ahuyentar a los oficiales de la ley y al cartel de la droga. Estas son las mujeres que se presentan al mundo en el trailer del próximo documental de Good Deeds Entertainment, Breaking Habits. Un retrato verdadero, o al menos parcialmente cierto.

Las Hermanas del Valle están compuestas por decenas de mujeres (y algunos hombres) que se identifican como monjas y que elaboran brebajes de cannabis para vender en todo el mundo. Pero, contrario a lo que parece, estas monjas no son defensoras de las armas. “Decimos sí a casi todos los medios, así que cuando algunos documentalistas británicos se acercaron con la idea de hacer un documental sobre nosotras, les dijimos que sí. Pero luego decidieron presentarnos como un grupo de gángsters, algo que no somos”, explica la hermana Kate (Christine Muereños), fundadora de Las Hermanas del Valle. “Pero como lo hicieron de esa manera, estamos recibiendo atención de todas partes del mundo. La gente está fascinada por las armas, les gusten o no”.

Y no está equivocada. Los titulares de internet prueban la importancia de la conversación al respecto de las armas de fuego, y fue la imagen de la Hermana Kate sosteniendo un rifle en el tráiler declarando "Haré lo que sea necesario para proteger lo que construí", lo que llamó la atención de PLAYBOY. “ Somos lo que nos gusta llamar un circo para todo el mundo”, bromea Kate antes de revelarnos que recibe a más de 52 medios de comunicación al año para entrevistas. Después de que se le prohibió publicitar en Facebook cuando estaba comenzando, descubrió que la prensa gratuita sería la clave para hacer crecer su negocio, fundado en 2013.

Pero con una política de puertas abiertas como esa, Las Hermanas del Valle quedaron expuestas a la posibilidad de que su propósito se tergiversara. Tras mirar varias veces de el adelanto de Breaking Habits, nos dedicamos a buscar y estudiar todas y cada una de las apariciones en prensa de las hermanas. Cada caracterización difería: unos pocos exhibían una versión más ruda de ella, y otros las describían mujeres floridas, una especie de diosas hippies. Pero ninguna de las interminables representaciones de las Hermanas  nos preparó adecuadamente para lo que experimentaríamos y aprenderíamos durante nuestra tarde en su sede en el condado de Merced.

La sede central central en California se compone de una pintoresca casa establecida en cuatro mil metros cuadrados de tierra. Aquí es donde Kate y su equipo (de cinco a seis mujeres) producen su lucrativa línea de bálsamos, tinturas y aceites caseros infundidos con CBD. Es una línea que, solo en 2017, obtuvo $ 1.1 millones USD en ganancias. Y solo este año, las ventas han aumentado de $ 2,500 a $ 4,000 USD por día.

Los reporteros de PLAYBOY fueron recibidos por una mujer con uniforme de enfermera y sonrisa desbordante, con pañuelo decorado con hojas de cannabis en la cabeza. “¿No es el mejor olor?”, dice la mujer de veintitantos ordena la cocina. “La hermana Kate estará aquí en un momento”. Después de un rato apareció vestida con túnica y hábito y preguntó: “¿nos permitirían sage you?”Su mano derecha, la Hermana Alice (que no quiso revelar su verdadero nombre por miedo a algún tipo de represalia), agitó el manojo de salvia humeante e instruyó: “Inspírenlo. Dejen que la negatividad se vaya. Siéntalo en su corazón”.

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 Somos lo que nos gusta llamar un circo para todo el mundo

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Rápidamente se hizo evidente que, si bien las hermanas se ven como monjas, están lejos de parecerse a las monjas afiliadas a la Iglesia Católica. “Nuestra única religión es el cannabis, y seguimos la enseñanzas de nuestras madres beguinas", explicó la fundadora. Las beguinas, de quienes Kate confiesa haber aprendido en Internet, eran facciones femeninas de la Edad Media que vivían, trabajaban y oraban como si fueran una, lejos de los hombres o de la Iglesia Católica.

“Eran mujeres eruditas y espirituales, y se vestían para identificar su enclave. Se extinguieron porque no creían en alinearse con ninguna religión, por lo que la Inquisición las eliminó. Y creemos que estas acciones dieron lugar al celibato y la castidad de las monjas católicas.” Kate continúa explicando que ellas “creían en que las mujeres podían tener propiedades, nosotras creemos en que las mujeres pueden tener propiedades, no creían en la religión organizada, y nosotras no creemos en organizarnos como una religión”.

Más allá de las paredes de la propiedad, decoradas con ollas gigantes que apestan a humedad y al arte con temas de cannabis, el espacio es  una especie de país de las maravillas de los amantes del cannabis. En el medio hay dos filas de exuberantes flores rodeadas de frutas y verduras, una yurta y un mirador. Las hermanas se reunieron en el medio para recoger su cosecha y me describieron sus vidas en este lugar: Trabajan en sus propios horarios, algunas tienen hijos, otras tienen maridos. "No hay un día normal", dice Kate. A veces se las puede ver caminando por las calles de la ciudad, visitando a los vendedores o atendiendo su huerto de frutas y verduras, elaborando brebajes en sus cocinas o columpiándose en el patio delantero.

Cuando nos sentamos con Kate en su oficina, inmediatamente comenzó armar un porro sobre el anuncio de la campaña de Devin Nunes. "Estoy armando un porro encima de sus mentiras", se ríe. No, Kate no es delicada, y ciertamente no es conservadora (a pesar de la mentalidad predominantemente pro-Trump de su entorno), pero es excéntrica, hiper inteligente, tenaz y divertida. No se disculpa por sus creencias y tiene una especie de ferocidad suave cuando habla. Es tan extraña como su modelo de negocio. Y a 59 años ha recorrido un largo camino para llegar a este punto. Cuando era niña, no estaba interesada en la hierba, pero fue a una escuela católica donde las monjas lo manejaban todo: “Eran ellas las que hacían el trabajo duro, y los sacerdotes eran decoración”.

En la universidad prefería el cannabis al alcohol (“Principalmente porque vengo de una larga línea de alcohólicos”) pero no fue hasta que su trabajo como analista de negocios llevó a su esposo e hijos a Amsterdam, que descubrió que la planta era mucho más que una droga recreativa. “Fui a ver a mi médico porque no podía dormir y me dijo: ‘¿Alguna vez has probado el cannabis?’ Sí lo había probado, y el me dijo que fumara más. También me recomendó que dejara el alcohol y la cafeína. Fue entonces que comprendí por primera vez las propiedades medicinales del cannabis”.

Los poderes medicinales del cannabis fueron evidentes de nuevo cuando su hermana le envió a su hijo con la esperanza de ayudarlo a superar su adicción a la heroína. “El cannabis lo alejó de la heroína y desde entonces no ha consumido. Luego lo usé para ayudar a la gente a dejar las anfetaminas, y luego a los fumadores, y así sucesivamente”. Ella se convirtió en una stoner completamente funcional y orgullosa mientras cuidaba a sus tres hijos, hacía de esposa y llevaba a casa "mucho dinero", pero su mundo se derrumbó cuando su esposo le robó sus ahorros y la dejó "sin un centavo". Fue entonces cuando vino al Valle Central de California para estar con su hermano y su familia. “Ya no podía seguir en mi trabajo anterior porque requería demasiados viajes para una madre soltera, y la industria es muy pequeña en el valle”.

Fue en 2009 cuando Kate y su hermano Joe convirtieron su pasión por el cannabis en una empresa sin fines de lucro llamada Caregrowers, un programa de entrega de cannabis medicinal que atendía a los enfermos y moribundos. Operar en California, uno de los pocos estados con cannabis medicinal legal, le permitió a Kate difundir lo que amaba sobre el cannabis. Podía ayudar a las personas a curar el dolor crónico, la adicción o, al menos, hacer que los moribundos se sintieran más cómodos en sus últimos días.

“And then my brother made me homeless because I wasn’t respectful to him and making him enough money fast enough.”

Muchos de sus pacientes no podían fumar porros, por lo que Kate tuvo que buscar una alternativa. Buscó en YouTube por formas de crear sus comestibles y tinturas. Al mismo tiempo, en 2011, Kate comenzó a viajar de un lado a otro de la costa para participar en las protestas con el movimiento Occupy, una lucha internacional contra la igualdad social y económica. Su atuendo de marcha incluía principalmente una túnica y un hábito que había usado en Halloween, lo que comenzó a inspirar  a la gente a llamarla Sister Occupy. “Y luego mi hermano echó de su casa porque no lo respetaba y no estaba haciendo dinero lo suficientemente rápido”.

Cansada de depender de hombres que siempre la estaban decepcionando, Kate disolvió el negocio en 2013 en busca de una nueva vocación con un interés renovado. “En las protestas, la gente me preguntaba cómo podían unirse, como si fuera una religión. Mi respuesta era: ‘¡No hay nada a lo que unirse!’”. Sin embargo, las preguntas que inspiraba su aspecto la hicieron pensar: “Si hubiera una religión de la nueva era, ¿qué aspecto tendría? ¿Cómo olería? ¿Cómo sabría? ¿Cuáles serían los roles de hombres y mujeres?” Su respuesta fueron las Hermanas del Valle.

“Somos sanadoras espirituales, una combinación entre las creencias Wiccan y las creencias de los nativos americanos”. Como analista de oficio, analizó las creencias de sus antepasadas beguinas y las creencias de los antepasados aztecas de Merced y creó su propia lista de votos: 1) Servicio a la planta y a la gente; 2) obediencia a los ciclos lunares; 3) Vivir con simpleza; 4) activismo; 5) Castidad (pueden tener sexo, pero deben mantener su vida sexual en privado); 6) Ecología, en que todo lo que hacen es para la Madre Tierra.

Desde que se lanzó el negocio en 2014, la mayoría de las hermanas que se quieren unir se comunican a través de las redes sociales y visitan el negocio antes de volverse parte del movimiento. “Siempre digo que inicié el negocio con 5,000 amigos de Facebook”, recuerda Kate. Ahora hay hermanas en varios países y aquellas que trabajan en el lado de los negocios, cosechan, podan y preparan sus cepas con alto contenido de CBD con aceite de coco, ganando desde $15 USD a $35 USD por hora.

Las cepas son solo CBD, la parte no psicoactiva del cannabis, porque es legal a nivel federal y puede pasar de un estado a otro y a otros continentes. “Ninguna está muy entusiasmada con solo poder producir CBD, porque es solo la mitad de la medicina”, explica Kate. “Pero es lo que nos permite hacer envíos internacionales, y no estaríamos ganando $4,000 USD por día sin eso”.

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Nos consideramos parteras del matriarcado y sentimos que estamos aquí para marcar el comienzo de una nueva era.

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Las hermanas disfrutan de cannabis con THC durante todo el día. “Fumamos mucha hierba, y eso es parte de nuestro programa de seguridad. Si la gente de aquí sabe que gastamos $ 100-300 en hierba en dispensarios cercanos, saben que no estamos cultivando”. Es una táctica que, contrario a lo que se muestra en el tráiler de Breaking Habits, ha evitado que las hermanas tengan grandes problemas con la policía.

Más allá del dinero, el que los productos tengan solo CBD también les permite llegar a más personas. "Nuestro caso más famoso es una niña que tenía en promedio 100 convulsiones por día, y ahora ya lleva 15 meses sin convulsiones después de usar nuestro producto. Tratamos que saliera en Breaking Habits, pero prefirieron mostrar armas”. Y Kate señala que no pasa un mes sin al menos una carta de un paciente con cáncer que informa que su tumor se ha reducido, y la única adición a su régimen fue su producto.

Durante el almuerzo, un menú de hamburguesas congeladas de Foster, papas fritas y coca-cola dietética, revela que estas mujeres no viven estrictamente de la tierra. “No somos alienígenas”, bromea la hermana Alice. “Nos consideramos sanadoras naturales, pero si alguna de nosotros tuviese un tumor, Dios no lo quiera, usaríamos la medicina moderna. Nos consideramos parteras del matriarcado y sentimos que estamos aquí para marcar el comienzo de una nueva era. Somos mujeres que trabajan en una franja entre el mercado negro y el próximo mercado legal del cannabis y también entre quienes ejercen la medicina moderna y los remedios naturales”.

Alice es considerada una anciana entre las mujeres debido a su edad y su dominio del Reiki, una técnica japonesa que reduce el estrés y promueve la curación con el toque de su mano. Al igual que muchas de sus compañeras, se enteró de la Hermana Kate y las Hermanas del Valle a través de las redes sociales. Hace poco más de un año, estaba investigando remedios naturales para su fibromialgia, una enfermedad que amplifica el dolor, y el movimiento apareció en su pantalla: “Después de hacer mi investigación, le escribí a Kate, explicando un poco sobre mí, y que dejé de usar analgésicos con opiáceos debido al CBD”.  Ha pasado un año desde su llegada y no tiene planes de irse pronto.

Otra anciana, la hermana Sierra, obtuvo su estatus debido a su edad y su comprensión de la espiritualidad. Antes de llegar a Merced, fue monja de la orden católica durante 23 años, pero “dejé el convento y la iglesia después de sufrir abuso y ver demasiadas cosas. Ya no podía entregar mi corazón a la iglesia, pero aún quería seguir desempeñándome como una hermana y busqué maneras de hacerlo. No pude encontrar lo que quería hasta que vi un video de YouTube de estas hermanas fumando. Fue como ‘¿Monjas, espiritualidad, hierba y comunidad? Claro que sí’”.

potenciales. Cuando se contactan por correo electrónico generalmente comienzan haciendo preguntas simples sobre su historia con el activismo y la espiritualidad. “Luego las invitamos a una ceremonia lunar, que incluye comida, bebida y cosecha. Ahí es cuando podemos decir si pertenecen”, dice Alice. “A veces no nos molesta ir a dejarlas en la parada del bus, otras veces estamos listas para inducirlas con una ceremonia en la que toman los seis votos”.

Las Hermanas del Valle son solo uno de los movimientos dentro de la comunidad del cannabis que demuestra las distintas maneras en que la planta está cambiando la cultura estadounidense. Y lo hermoso de esta nueva industria floreciente es que es tan multifacética que permite el desarrollo de formas alternativas de vivir. El milennial, por ejemplo, fue educado para sobresalir en los estudios solo para lograr más en el trabajo y encontrar una manera de equilibrar el trabajo y la familia nuclear perfecta.

Si bien no se puede negar que sus productos son transformadores, son sus votos, su doctrina y su hogar lo que más llama la atención. Las Hermanas del Valle ejemplifican un mundo que incorpora la meditación no como una obligación, sino como una forma de vida que deja de lado las restricciones de la sociedad. Su historia no es folclórica, no es un culto, sino un recordatorio de que la vida se basa en elecciones y está somos nosotros, con o sin ayuda del cannabis, quienes decidan cómo vivir.

Los realizadores de Breaking Habits no estaban disponibles para hacer comentarios.

 

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