Los hombres, el sexo y el café

Nadie niega que el café tiene una connotación sensual, pero ¿se la merece?
Imagen por ilustración por Kyle Fewell

Antes de irme de mi hogar natal, una zona costera en el país de los latte, me imaginaba que las primeras citas eran para ir a tomar café y que luego terminaban en la cama tomando café de una prensa francesa, como en las películas de la Nueva Ola Francesa; así me imaginaba yo mi vida a los 20 años.  No se puede negar que el café tiene cierta connotación sensual: se toma caliente y es amargo, una combinación interesante en cualquier bebida o, incluso, en una persona. Es estimulante, y supuestamente, bombea sangre a tus órganos sexuales, lo que puede romper la tensión sexual de cualquier pareja y mandarla a una habitación. Pero, en mi experiencia, después de tomarme un espresso de un solo tiro, al único lugar que me llevó fue al baño.

Nunca entendí muy bien la relación entre el café y el sexo; asociación que se ha convertido en objeto de estudio de varios artículos. En cambio, siempre he estado convencida de que hay una correlación negativa entre la cerveza y la libido. No es que un americano sofoque mi deseo sexual, pero nunca he sentido que el café tenga un efecto positivo en mi líbido —la que, por cierto, ya es muy alta—.

"El café estaba tan lejos de relacionarse con la sexualidad desbordada que muchos lo consideraban un anti-afrodisíaco, y de tal magnitud, que podía hacer estériles a las mujeres e impotentes a los hombres", escribe Brian Cowan en The Social Life of Coffee, libro que rastrea la historia del café al mirar las menciones del mismo en los primeros textos escritos en inglés. A mediados del siglo XVII, un hombre llamado Edward Pococke, tradujo un texto sobre medicina (originalmente en árabe) en el que se describe al café como un afrodisiaco en estado puro. Sin embargo, es probable que el texto más famoso sobre el café sea uno que salió en 1674 (momento en el que los cafés de Londres eran los lugares favoritos de escritores y políticos), llamado ‘Petición de mujeres contra el café’, en el que se argumentaba que la bebida estaba volviendo impotentes a los hombres.

Pero en algún momento de la historia, la relación entre el café y la habilidad sexual se volvió menos sombría, en parte, tal vez, a que se clasificó como un afrodisíaco. Además del argumento ya mencionado, en el que se indica que es un estimulante (el café acelera tu metabolismo y manda sangre hacia lo que sea que esté entre tus piernas), los "expertos" de todas las áreas han contemplado al café, como una bebida para la virilidad, rompiendo la única lección que recuerdo de mi clase de estadística: la correlación no implica causalidad.

Si el café está ligado a tener éxito en la cama, entonces estamos hablando de acostarse con la misma persona a la que le conoces bien el aliento matutino, las manchas en la piel y hasta la pijama roída que usa desde hace años.

"La pérdida de interés sexual es una de las primeras manifestaciones de la depresión, un problema que se puede prevenir con la ingesta diaria de café", escribe el científico farmacéutico Roseane Santos en An Unashamed Defense of Coffee. "El consumo de una taza de café al día está asociado, y de manera significativa, a una mayor actividad sexual en las mujeres y a una mayor tasa de potencia en los hombres".

A mediados del 2015, un estudio de la Universidad de Texas, encontró que el café ayuda con la disfunción eréctil; al igual que innumerables artículos, termina con el mensaje de que un espresso puede hacer que tu verga se ponga más dura. Uno de ellos tiene por nombre “La relación que existe entre una taza de café matutina y tus erecciones”. Tal vez sea algo que no puedo entender por mi evidente sesgo sexual, ya que no tengo un pene, pero sigo sin estar convencida. Han sido años de tener citas en cafés, de tomar café a la mañana siguiente, o de tomarlo antes de ir a la cama con alguien, que me hacen dudar de los resultados. Si el café está ligado a tener éxito en la cama, entonces estamos hablando de acostarse con la misma persona a la que le conoces bien el aliento matutino, las manchas en la piel y hasta la pijama roída que usa desde hace años. Yo no quiero tomar café con alguien que todavía me haga sentir “nerviosa”, con alguien que haga de una placentera charla, acompañada de una taza de café, un suplicio. O sencillamente, lo que sí quiero, es tomar mi café sola, tal vez con un libro al lado o incluso mi gato, cualquier cosa que no quiera verme desnuda. A la mayoría de personas a las que les pedí que me dieran su opinión sobre la relación entre sexo y café, les parecía que era mejor una cita tranquila en compañía de un café, que ir a comer. Y aunque la connotación que ahora tengo del café es más bien negativa, no puedo negar que quedaría impresionada si alguien me trajera una buena taza de café en la cama. Claro, mientras esté rico y lo hayan preparado bien. Hay maneras fáciles de no echar a perder un café preparado en una prensa francesa: muele el grano de café entero —bien molido—, y no lo dejes ni mucho tiempo ni muy poco en el agua caliente. Y, si estás tratando de ganar el cariño de alguien, sírvele de primeras la taza. Desde mi experiencia, siempre queda un poco de ese sedimento en el fondo de la prensa francesa. Si realmente te preocupas por la otra persona, estarás dispuesto/a a ser el que se tome el cuncho.

 

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