El mundo de los vibradores para hombres

Los hombres heterosexuales también necesitan sextoys, pero la industria no es que ofrezca muchos. 
Imagen por Molly Cranna

Mi primera experiencia con un vibrador para hombre fue de todo menos buena. Francamente, ninguna de mis experiencias ha sido buena, pero la primera fue la peor de todas. Había pedido mi primera vagina portátil (como la de la foto), el juguete para hombres más vendido en todo el mundo, y estaba más que emocionado por probarla. En ese tiempo vivía en la casa de mis padres, así que tuve que esperar a que me dejaran solo. Fue en la tarde. Subí las escaleras, destapé la caja y le quité las figuras de Batman con las que había tapado el juguete.

Me senté en la cama para examinar el dispositivo. A simple vista me di cuenta de que era definitivamente más largo que una linterna, el objeto en el que se inspiraron para hacer el juguete (llamado fleshlight en inglés, después de flashlight, linterna en inglés. Lo que traduce la primera es linterna de carne). Acto seguido puse algo de porno y, distraídamente, puse el juguete en mi pene. La sensación fue... insoportable. Cegado por la emoción, había olvidado usar lubricante antes de la penetración. Después de una succión dolorosa, inmediatamente quité el juguete e inspeccioné mi pene, tenía miedo de haberme cortado el prepucio.

Afortunadamente no me sucedió nada. Pero mi opinión sobre los consoladores para hombres quedó marcada para siempre. Cada experiencia que le siguió a esa resultaba igual, nunca mejoró. Incluso si usaba cantidades descomunales de lubricante. Me di cuenta que tanto la vagina portátil como los otros juguetes (que tienen muchos nombres raros) no se comparaban con mi mano, que no me costaba grandes sumas de dinero. También es silenciosa, no requiere de carga, y lo más importante de todo: si la encuentran no me voy a sentir avergonzado.

Los juguetes a menudo están hechos de silicona, de caucho o de materiales parecidos al caucho, que tienden a tirar la delicada piel del pene. Y esa no es la sensación que quieres cuando te masturbas. Aunque la sensación de la vibración puede ser muy placentera, solo la proporcionan dispositivos más grandes, lo que anula un poco la intimidad del contacto que se pueda producir piel con piel. En cuanto a las texturas de algunos juguetes, diseñadas para generar sensaciones más sutiles en el tronco del pene, nunca sentí la diferencia. Al menos no lo suficiente como para comprarlos exclusivamente por eso. Y, finalmente, ver un objeto (que no tiene nada de humano) succionar tu verga es todo menos atractivo.

Pero no soy el único que se siente así sobre este aspecto de los juguetes. Las reseñas en Amazon citan estas mismas deficiencias. Por ejemplo, en la primera reseña sobre el modelo Pink Lady Fleshlight -el mismo que me quitó la virginidad de juguetes- hay una calificación de una estrella. "A este producto le hicieron tanto bombo… que realmente me sentí decepcionado cuando lo probé. Muy por debajo de las expectativas", escriben. "Independientemente del lubricante que se utilice, se siente áspero por dentro y la fricción es tanta que es como si quemara… igual, muy poca textura en el interior. La succión es exactamente como la habían prometido, pero eso es todo. Para nada se compara a una vagina real”. Y claro, también hay fantásticas reseñas de cinco estrellas. Para gustos los colores.

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Existe el imaginario de que los hombres que se masturban mucho son perdedores y enfermos, mientras que una mujer que se masturba es una mujer empoderada y deseable.

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El problema no son los juguetes para hombres en sí mismos, el problema es la percepción que tenemos los hombres heterosexuales de los mismos. "Una de las razones por las que mujeres, y hombres homosexuales, están un paso más adelante que los hombres heterosexuales es que los juguetes para ellos ofrecen muchísimas más posibilidades, lo que los hacen más atractivos que las propias manos”, dice Magnus Sullivan, propietario de Manshop y autor del libro Better Than the Hand: How Masturbation Is the Key to Better Sex and Healthier Living. "Le agrega vibración, temperatura, variaciones en tamaño, forma y grosor ¿entiendes? estas sensaciones no se logran sin juguetes”.

A diferencia de los hombres heterosexuales, la comunidad gay ha aceptado -y de una manera muy abierta- los juguetes sexuales. Al hacerlo, también le han abierto el espacio a conversaciones de un alto nivel sobre la sexualidad y los juguetes, lo que ha motivado al mercado a fabricar mejores aparatos y, a decir verdad, a innovar. Los mismos hombres heterosexuales son los que han entorpecido los avances culturales de las comunidades que los rodean. Su recelo y su propio prejuicio ha impedido el desarrollo en materia de sexualidad, no se ha hecho mucha investigación con el objetivo de facilitar la masturbación masculina.

“Existe el imaginario de que los hombres que se masturban mucho son perdedores y enfermos, mientras que una mujer que se masturba es una mujer empoderada, libre y deseable”, menciona Sullivan en cuanto al estigma que hay alrededor de la masturbación masculina. “Uno de los efectos de este avance cultural [de las mujeres y la comunidad LGTB+] es que el diálogo y las conversaciones sobre la autoestima está mucho más avanzado allí. No solo es que el obstáculo cultural se siente más pequeño en este caso, sino que también tienen más información sobre qué productos usar y cómo usarlos”.

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Si uno junta la vergüenza que sienten los hombres en torno a los juguetes sexuales, con la falta de información o educación, se entiende por qué la mayoría no se atreve siquiera a probarlos. 

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Si uno junta la vergüenza y el miedo que sienten los hombres heterosexuales en torno a los juguetes sexuales, con la falta de información o educación en nuestra sociedad, se entiende por qué la mayoría no se atreve siquiera a probarlos. En muchos casos, se debe a que ven amenazada su masculinidad. Y, como resultado, uno no encuentra consoladores para hombres en las estanterías de un sex shop como sí lo haría con los juguetes para mujeres. Por supuesto, que no haya oferta afecta aún más las ventas.

Otra percepción que afecta las ventas de sex toys para hombres es la idea colectiva de que los hombres no los necesitan, ya que el orgasmo masculino es fácil de alcanzar. Debido a que los consoladores para hombres generalmente se consideran innecesarios, no se venden tan bien como, por ejemplo, los dildos que también estimulan el punto G. Es oferta y demanda; con un interés limitado, hay poco espacio para innovar. Los vibradores y consoladores para hombres escasean porque no hay interés real mucho menos motivación para mejorar los que ya existen.

Después de hablar con Sullivan, mi opinión sobre estos juguetes ha cambiado, aunque sigo sin ser el más fan. Me di cuenta de que acercarse a los juguetes para hombres, desde la comparación, es un enfoque erróneo. Al hacerlo, solo estoy perjudicando a una industria que de por sí ya está muy fracturada. La pregunta no es si los juguetes son mejores que tu mano, sino cómo los juguetes permiten experiencias únicas, que son más intensas y placenteras. "Aquí es donde el marketing de los juguetes sexuales para hombres ha estado muy mal. Se nos hace creer que es igual o mejor que lo real", dice Sullivan. "Pero, normalmente, no es mejor que darse una buena mano. Aunque puede llegar a serlo. Y cuando sucede, se convierte en una experiencia que abre la mente a un mundo de posibilidades”.

 

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